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La entrada Pellegrini, que no es Carlos, renueva su oferta de turismo rural buscando la atención de los viajeros que van y vienen del sur se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Uno de los atractivos es el paraje de Bocayuva, ubicado a 10 kilómetros de la ciudad de Pellegrini, donde se ha armado un circuito pensado para que el visitante recorra la estación de tren como museo y los corrales donde años atrás se juntaba el ganado que se cargaba en los vagones para ir a Buenos Aires, con la idea de recuperar la historia y la identidad del lugar.
La visita se complementa yendo a conocer la capilla de Fátima con bellos mosaicos portugueses y una obra realizada en chapa por una artista local que también es bombero que homenajea a Juanita Bordoy, la famosa asistente de cocina de la más famosa todavía Petrona C. de Gandulfo cuyos libros descansan en las bibliotecas y alacenas de muchas familias argentinas.
Mary Perretti arregla maquinaria agrícola, es soldadora, artista y también bombero. ¿Quién da más?
El final ideal del recorrido es comiendo unas empanadas en la casa/bar/almacén que llevan adelante Ignacia y Diana, con impronta correntina, Gauchito Gil incluido.
Otro paraje que recibe visitantes es De Bary, ubicado a 15 “de Pelle” (como se dice por acá), donde Oscar y Meli, en su campo La Hormiga de 76 hectáreas ofrecen comidas (se destaca el pollo al disco), pasar el día en campo y, ya a la tarde noche, peña con guitarreada y baile. “Nos encanta recibir gente”, dicen a coro y se nota que es verdad porque todo el tiempo ofrecen cosas ricas para picar y tienen una anécdota para compartir.
La visita se completa con los bombones y chocos que elabora Sofia (nieta) y que se pueden ver en esta página de IG.
Volviendo a Pelle, lo que se destaca es que cuenta con una de las obras más imponentes y completas de Francisco Salamone: la municipalidad, que se yergue en medio de la plaza central, con su blanquísima y sublime prestancia y majestuosidad. Esta sensación se fortalece con la torre de treinta y cuatro metros que culmina con un reloj en ambas caras y con un interior en perfecto estado de conservación (ver los pisos, barandas y luminarias es un viaje al pasado y a la perfección del diseño).
Pero más allá de este despliegue de arte y urbanidad, lo lindo de Pelle es que a 10 cuadras del centro ya hay vacas. O sea, que ya hay campo y caminos rurales donde se ha armado un circuito de biciturismo para recorrer la zona y divertirse en familia, pasando por la laguna Sanquilcó, que significa “agua que salta o agua que brota” en mapuche.
Además, se ofrecen circuitos relacionados a las distintas producciones de la zona, como ganadería, huevos pastoriles y miel convencional y orgánica, conocer los talleres de distintos artistas, ya sea quienes trabajan con chatarra, madera y alambre como plateros que se especializan en obras más relacionadas a lo gauchesco, como rastras, cuchillos y mates, y la visita a la planta recicladora de residuos para ver cómo se procesan y reutilizan los distintos materiales.
Un punto aparte merece la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, creada en 1906 y que en la actualidad cuenta con un teatro totalmente reciclado y que también brinda comidas y espectáculos. “Nació como un lugar de encuentro entre los inmigrantes y para poder seguir hablando el idioma” explica Elsa Catellani, presidenta de la entidad. “Nuestro objetivo era recuperar este edificio y que esté abierto a la comunidad y a los visitantes y lo hemos logrado. Nuestro lema siempre fue: `Si nuestros mayores pudieron, nosotros debemos`. Y lo hemos logrado”.
“Buscamos el desarrollo de emprendimientos y generar trabajo a través del turismo”, resume Joaquín Gastañaga, ingeniero agrónomo y director de Producción de Pellegrini. “Somos el lugar ideal para que la gente que va al sur haga un alto y tenemos mucho para ofrecer”.
Una de las cosas que se destaca es el Vagón de los Emprendedores, que está sobre la ruta y brinda la posibilidad de comprar productos caseros, lindos y típicos del lugar, ideal para “llevar un recuerdo”. También sirve para par un rato, comer algo y estirar las piernas.
“El Vagón abre de lunes a lunes de 9 a 21 y agrupa a agrupa a 23 emprendedores”, detalla Miriam Bonini, coordinadora del Club de Emprendedores Pellegrinenses, “y hay constante renovación de propuestas porque el vagón muchas veces funciona como disparador para testear y fortalecer los emprendimientos que luego siguen su propio camino y, por ejemplo, instalan un negocio”.
“Pellegrini es un pueblo con muchísimo potencial turístico, en particular iniciando una propuesta de calidad vinculada a su cultura y patrimonio arquitectónico, a las tradiciones, al agroturismo y a la gastronomía rural”, destaca la licenciada Graciela Gallo, experta en desarrollo del turismo rural y presidenta de SIRIRI, Institución que contribuye con el impulso de la actividad en Argentina y Latinoamérica.
“Sus parajes tienen el encanto de las pequeñas poblaciones, sus calles de tierra, las casas típicas rurales con grandes y floridos jardines, y las plazas… entre muchos detalles que se van descubriendo al recorrer. No es raro ver a los pobladores haciendo sus tareas cotidianas o, si andan a la tardecita, compartiendo momentos familiares y con vecinos en la vereda. Es para disfrutar a paso lento y dejándose abrazar por la calidez de su gente”.
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]]>La entrada A Ernesto Jáuregui lo gastan porque produce “maíz autista”, pero bajar la densidad de siembra fue la clave para consolidar ese cultivo en el oeste bonaerense se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>No es que en aquella región el maíz no se implantara. Se hacía. Pero había que tener mucha suerte con la lluvia para que el cultivo prosperara. Por eso Jáuregui y el resto de los socios de esa regional de Aapresid pusieron manos a la obra para investigar la siembra de maíces en baja densidad. La fórmula permitió estabilizar los rendimientos.
“Mis amigos del norte me joden con que estoy plantando ‘maíz autista’, porque no tienen contacto entre una planta y otra”, bromeó Ernesto. Pero ese ‘maíz autista’, como lo llamaron los productores de otras regiones, logra tener más recursos que uno plantado en una zona de mucha densidad.
“Así lográs que, comparada con una siembra en zona núcleo, la planta consiga tener el recurso que tendrían dos plantas de zonas de plantación más densa. Eso hace que llegue a una mejor formación y que logres un piso y la estabilidad de cosechar siempre”, explicó.
Podes mirar la entrevista completa acá:
En la zona de Guaminí y Carhué llueven habitualmente 600 milímetros al año (la mitad de lo que llueve en la zona núcleo agrícola), y esto siempre resultó una limitante para sembrar maíz, pues un año se obtenían unos 8.000 kilos por hectárea y al año siguiente quizás nada.
Frente a tan erráticos resultados, los socios de la Regional Aapresid se hicieron la siguiente pregunta: “Si con 70 mil plantas en Pergamino tienen un potencial de 14 a 15 mil kilos por hectárea, ¿por qué acá con la mitad de plantas no podemos lograr la mitad de rendimiento?”. La idea, según contó el agrónomo, no era generar el cultivo de maíz más rendidor sino, más bien, ver cómo podían hacer para adaptar esta plantación a una zona con restricciones hídricas y con un suelo poco profundo.

En los ensayos realizados por Jáuregui y otros productores han sido más que prometedores: “La idea es lograr un piso de rendimiento. Nadie ya hace un maíz acá pensando que en un año llovedor puede sacar 12 o 14 mil kilos sino pensando que en el peor de los años poder cosechar 3 o 4 mil kilos. Con planteos de entre 25 y 35 mil plantas por hectárea llegamos a tener esos resultados” como base.
Con esta vuelta de tuerca se están cubriendo dos flancos: por un lado se logra contar con el insumo maíz para la ganadería, ya sea como grano forrajero en las raciones o en la confección de silos húmedos. y por el otro lado pudo incorporarse ese cultivo a la rotación agrícola en una zona que “estaba trabajando con mucho trigo y girasol”.
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]]>La entrada Darío Carello convenció a su padre de reabrir el tambo en Bunge y ahora la pelean codo a codo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Los Carello, padre e hijo, Rubén y Darío, son la excepción, porque creen, aun siendo pequeños productores, que vale la pena seguir en la actividad. “Cuando fundaron la cooperativa en 1944 se llegaban a juntar hasta 30 tambos en un circulo de 10 kilómetros. De hecho el equipo de Fútbol Club Bunge es denominado el plantel del Tambero, hasta que luego empezaron las idas y venidas con la política”, afirma Rubén Carello, en alusión a las sucesivas macroeonómicas que golpearon al negocio lechero.
Los Carello, pequeños productores que se instalaron en Bunge allá por 1905, siempre tuvieron tambo, hasta que en 2017 una gran inundación tapó todo de agua y los obligó a cerrar después de 110 años en la actividad. Cuando se fueron las aguas, un año y medio atrás, volvieron al campo familiar para reabrir la unidad lechera.
Tal como sucede en Oceanía, el renacido tambo de los Carello se sostiene gracias a que trabajan ellos mismos junto con un empleado. Si tuvieran que pagar más sueldos, sosrtienen, perderían plata en su establecimiento de 250 hectáreas.
“Antes era otra época, se trabajaba más, pero ahora se perdió hasta la cultura del laburo y cuesta encontrar personal para el tambo. Si encontrás uno tenés que cuidarlo”, dice Rubén, quien asegura que el tambo y el campo son su lugar en el mundo. “Pienso que me voy a morir acá”, reflexiona.
Su hijo Darío (38) fue el que le dio el empujón que necesitaba para reabrir el tambo. Antes de la inundación, producían unos 7000 litros diarios, mientras que actualmente están en torno a los 2000 litros.
Darío vive en el pueblo de Bunge. Los caminos de tierra para llegar hasta el campo se encuentran en estado calamitoso, la señal de celular es muy mala y no se han hecho obras que puedan llegar a evitar otra gran inundación como la de 2017. Pero ellos siguen: llevan la lechería bien adentro en el corazón.
Para Darío “el tambo es arraigo y su manejo es muy diferente del de otras actividades”. En sus recuerdos de la inundación de 2017 cuenta que “fue una lucha, cargando vacas, metiéndolas en una lomita, para venderlas y también alquilarlas”. El joven tambero declara que si tuviera que buscar un culpable por la inundación, sin dudas sería “la falta de obras: no podemos echar culpas de una provincia a otra”.
Si bien en los últimos meses el poder de compra de la leche que recibe el tambero perdió mucho, Darío dice que “al menos todos los meses tenés una moneda y la vas peleando”.
“Hay una gran brecha entre el valor de lo pagado en góndola y lo que le queda al productor”, se lamenta. Darío cree que “no deberíamos tener tanta carga impositiva; es terrible lo que pagamos en impuestos, una guasada de plata; si eso, en cambio, nos quedara en el bolsillo, seguro lo invertiríamos”.
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