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La entrada ¿Qué es el “Compartimento Libre de Enfermedades”? Senasa aprobó un nuevo estatus sanitario para impulsar la producción local de cerdos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La encargada de determinar un estatus sanitario en los diversos países es la Organización Mundial de Sanitad Animal (OIE), que brinda las recomendaciones para los controles sanitarios que cada país efectúa. La Organización Mundial del Comercio (OMC) luego las toma de referencia para poder dar garantías zoosanitarias de los productos que se comercializan a nivel mundial. La OIE reconoce tres categorías: país libre, zona libre y compartimento libre, recientemente aceptada en nuestro país.

“La diferencia con el compartimento es que no está circunscripto al territorio, sino que son todas las medidas que hacen que una subpoblacion de animales determinada esté separada del resto de la población que está en el mismo territorio. Al igual que con los demás status, se deben dar las garantías al comprador o importador de ese producto o animal, y se debe asegurar que sean libres de tal o cual enfermedad”, explicó a Bichos de Campo Alejandro Pérez, veterinario encargado del Programa de Enfermedades Porcinas de Senasa.
La resolución define en el Artículo 2 al “compartimento” como una “subpoblación animal mantenida en una o varias explotaciones interrelacionadas, bajo un mismo sistema de gestión de la bioseguridad e infraestructura productiva, que en su conjunto contribuyen a una separación epidemiológica con poblaciones de diferente estatus sanitario”.
A continuación define a la “compartimentación” como el “procedimiento que utiliza un país o zona para definir en su territorio a subpoblaciones de animales, a efectos de preservar un estatus determinado respecto de una enfermedad, de un conjunto de enfermedades o del comercio internacional”.
Esta normativa, entonces, abre paso a que los productores puedan entablar relaciones comerciales sin depender exclusivamente de que su zona de su producción sea libre de una enfermedad.
“Si un grupo de productores elige un mercado que solicita ciertos requisitos sanitarios, y tienen un nivel de gestión de bioseguridad y de trazabilidad determinado, y pueden costear todos esos requisitos, pueden acceder a un compartimento. El Senasa verificará que se cumplan todas las condiciones acordadas y dará las garantías a la contraparte de que esos productores conformaron un compartimento según las recomendaciones de la OIE”, indicó Pérez.
El veterinario agregó luego que este nuevo estatus “blinda” la relación comercial entre los países, ante la situación de que ingrese una nueva enfermedad al territorio o se produzca un cambio de estatus sanitario en la región.
El texto de la resolución no incluye especificaciones sobre los mercados a los que se puede acceder a través de esta herramienta ni las enfermedades que deben ser controladas. Desde el Senasa señalaron que esto se debe principalmente a las negociaciones que puedan establecer los productores, a partir de las cuales se definirán luego los requisitos sanitarios para realizar el intercambio de animales y productos.
Otro punto importante a aclarar es que el compartimento se conforma en “tiempos de paz”, es decir, cuando no exista ningún evento sanitario de magnitud que lo contradiga de alguna manera.
“Son los productores los que han solicitado al Senasa que evalúe una normativa que de un marco a esto. En virtud del crecimiento que hay de las exportaciones de porcinos, del consumo y de como está creciendo en general todo el sector, esto viene a ser una herramienta más para dar previsibilidad a ese crecimiento”, concluyó Pérez.
En ese sentido, el consultor especializado Juan Uccelli contó a Bichos de Campo que los compartimientos fueron reclamados como “principio para reconocer que en un país donde se vacuna contra aftosa a los bovinos, hay establecimientos porcinos que cumplen con una determinada condición de bioseguridad y otras reglas y que pueden ser reconocidos como ‘compartimentos’ libres de Aftosa. Esto permite negociar con países como Japón y Corea del Sur”, se ilusionó.
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]]>La entrada Argentina ya no da pelea contra el proteccionismo: No firmó una declaración donde 79 países se comprometen a no trabar las exportaciones de alimentos básicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Reconocemos el apoyo humanitario fundamental brindado por el PMA, que se hizo más urgente a la luz de la pandemia de Covid-19 y otras crisis. Por ese motivo, nos comprometemos a no imponer prohibiciones o restricciones a la exportación de productos alimenticios comprados con fines humanitarios no comerciales por parte del PMA”, señala el documento.
Como es previsible, la declaración –difundida este jueves– fue firmada por muchos de los principales exportadores mundiales de alimentos, tales como Australia, Brasil, Canadá, EE.UU., la Unión Europea, Nueva Zelanda, Paraguay, Reino Unido, Ucrania y Uruguay.

Pero en la lista faltan dos grandes exportadores mundiales de alimentos: Argentina y la Federación Rusa, dado que, precisamente, se trata de naciones que implementan derechos de exportación y restricciones operativas para concretar ventas externas de productos agroindustriales.
Además de Brasil, Uruguay y Paraguay –que integran el bloque del Mercosur junto con la Argentina–, otras naciones latinoamericanas que firmaron la declaración fueron Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Jamaica, México, Perú y Santa Lucía.
Brasil, por su parte, indicó que la declaración firmada ayer “está en línea con el compromiso del país en el marco del G-20 de continuar trabajando con las organizaciones internacionales para coordinar acciones e identificar y compartir buenas prácticas para facilitar los flujos internacionales de bienes y servicios necesarios para responder a la pandemia”.
“Brasil también ha seguido de cerca las discusiones a nivel de la OCDE sobre el impacto de Covid-19 en la seguridad alimentaria, en las que se destacó la capacidad del país para mantener sus compromisos mundiales de suministro de alimentos sin interrupciones. Así Brasil confirma su compromiso de promover la seguridad alimentaria no solo en el territorio nacional, sino en todo el mundo, ayudando a alcanzar el Objetivo número dos de Desarrollo Sostenible” de Naciones Unidas, añadió en un comunicado oficial.
En el contexto de la pandemia de Covid-19, Brasil comprometió raciones de alimentos, en el marco del PMA, para 5000 niños de 6 a 59 meses en Namibia y 1220 refugiados de la etnia peul (fulani) en Malí, además de 4000 toneladas de arroz para Líbano y otras 4000 para Mozambique.
El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas distribuye, según asegura la propia organización, unas 15.000 millones de raciones de alimentos por años en las naciones menos favorecidas del mundo.
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]]>La entrada Frigoríficos reclaman al Gobierno que se ponga firme frente al atropello de China: Por controles de Covid, muchas plantas podrían quedar fuera del negocio se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Desde hace un tiempo, las autoridades chinas comenzaron a controlar la presencia de Covid-19 en la mercadería y encontraron (aseguran) rastros del virus en cargas ya nacionalizadas (es decir que ya habían ingresado a China y habían sido manipuladas allí). Aunque el hallazgo del virus se producía sobre las cajas y no implicaba riesgo alguno en la ingesta de la carne, no se pudo evitar la sanción de varias empresas que durante noviembre y lo que va del presente mes de diciembre quedaron fuera de ese mercado.
En las últimas semanas, los chinos comenzaron a exigir más. “Piden testeos de PCR al personal, que se desinfecten las cajas por dentro y por fuera, y luego en la superficie del container”, contaron a Bichos de Campo empresarios del sector cárnico.
También indicaron que “se necesita un protocolo claro, reglas de juego que den previsibilidad al negocio. Todo esto generó sobrecostos y en el mismo tiempo en que antes hacíamos diez containers, ahora hacemos solo uno. Hace falta que las autoridades sanitarias se pongan de acuerdo”.
Además, está dando vueltas la versión de que China incluso pediría el deslistado definitivo de las plantas industriales autorizadas a vender a ese destino en las que se haya detectado al menos un caso positivo de Covid-19. Esto dejaría fuera del mercado a muchísimos de los 80 frigoríficos habilitados para vender a China.
Lo que sospechan los empresarios de la carne es que, en realidad, se trataría de una maniobra para controlar el flujo comercial, pero sobre todo para infundir temor entre los operadores y bajar los precios. En rigor, la exigencia y las suspensiones se repiten con todas las carnes (también con embarques de productos porcinos y aviares) y otros países.
En efecto, un despacho típico para ese mercado, que integra el garrón y el brazuelo, no se movió de los 5.200/5.500 dólares la tonelada en los últimos cuatro meses, momento en que se dio el incremento de las ventas por la proximidad del Año Nuevo chino, que se festeja esta vez a inicios de febrero.
En este contexto, desde el Consorcio ABC emitieron un comunicado de prensa en el que señalan su “profunda preocupación ante las reiteradas solicitudes de la República Popular de China debido a la pandemia de Covid-19, las cuales no cuentan con aval científico ni epidemiológico y afectan la producción de alimentos cárnicos argentinos”.
“No existe evidencia científica que demuestre que el SARS-CoV-2 se transmita por carne bovina, ni por la superficie de sus empaques”, enfatizaron los frigoríficos exportadores.
Luego vino el reclamo del sector al Senasa para que tome cartas en el asunto: “Se solicita al Senasa mayor firmeza y claridad en la negociación bilateral con China, ya que la implementación de las acciones mencionadas no tiene base científica y por ende no deberían ser aceptadas”.
Tanto es el malestar entre los exportadores de carne con este atropello chino que indicaron que “de ser necesario, se solicita al Senasa que tome las medidas del caso para elevar esta situación a la Organización Mundial de Comercio (OMC)”.
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]]>La entrada Efecto Coronavirus: La OMC advierte que el comercio mundial podría llegar a caer hasta 32% este año se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La amplia brecha en el daño que la pandemia podría generar en el comercio global, de casi 20 puntos , se explica “por la naturaleza de esta crisis sanitaria sin precedentes y la incertidumbre en torno a sus repercusiones económicas concretas”, explicó el organismo multilateral en un informe. Pero algo es concreto: en cualquier escenario los economistas de la OMC piensan que el descenso probablemente sea mayor que el desplome del comercio registrado a raíz de la crisis financiera mundial de 2008/09.

“Esta crisis es ante todo una crisis sanitaria, que ha obligado a los Gobiernos a adoptar medidas sin precedentes para proteger la vida de la gente”, dijo el Director General de la OMC, Roberto Azevedo. Luego afirmó que “el inevitable descenso del comercio y de la producción tendrá dolorosas consecuencias para los hogares y las empresas, aparte del sufrimiento humano causado por la propia enfermedad”.
“Las cifras son feas, no hay cómo negarlo. Con todo, una recuperación rápida y vigorosa es posible. Las decisiones que se adopten hoy determinarán la configuración futura de las perspectivas de recuperación y crecimiento mundiales. El comercio será un componente importante en este sentido, junto con la política fiscal y monetaria. Para reactivar las inversiones que necesitaremos será fundamental que los mercados se mantengan abiertos y sean previsibles, y fomentar un entorno empresarial más favorable en general. Si los países colaboran, veremos una recuperación mucho más rápida que si cada uno actúa por su cuenta”, trató de llevar consuelo el alto funcionario internacional.
El comercio ya experimentaba una desaceleración en 2019 antes del ataque del virus, debido a las tensiones comerciales y la ralentización del crecimiento económico. El volumen del comercio mundial de mercancías registró un ligero descenso durante el año, pasado del -0,1%, tras haber aumentado un 2,9% en el año anterior. Al mismo tiempo, el valor en dólares de las exportaciones mundiales de mercancías se redujo en 2019 un 3%, a 18,89 billones de dólares.
En cambio, el comercio mundial de servicios comerciales aumentó en 2019, ya que las exportaciones en dólares se incrementaron un 2%, a 6,03 billones de dólares EE.UU. El ritmo de expansión fue más lento que en 2018, año en que el comercio de servicios aumentó un 9%.
¿Y ahora que llegó el Coronavirus? La OMC trazó dos hipótesis distintas:
“En ambas hipótesis, todas las regiones sufrirán disminuciones de dos dígitos en las exportaciones e importaciones en 2020, salvo en el caso de las “otras regiones” (categoría integrada por África, Oriente Medio y la Comunidad de Estados Independientes (CEI), incluidos los Estados asociados y los antiguos miembros)”, estableció la OMC.
Luego evaluó que “si se controla la pandemia y el comercio empieza a crecer de nuevo, la mayoría de las regiones podrían registrar repuntes de dos dígitos en 2021, de alrededor del 21% en la hipótesis optimista y del 24% en la hipótesis pesimista, si bien en ese caso partirían de mucho más abajo”.
Luego de repetir varias veces que hay demasiada incertidumbre para hacer pronósticos más ajustados, la OMC afirmó que “es probable que la caída del comercio sea más pronunciada en sectores caracterizados por la complejidad de los vínculos en las cadenas de valor, sobre todo en el caso de los productos electrónicos y de la industria del automóvil”.
También arriesgó que “el comercio de servicios bien podría ser el componente del comercio mundial más directamente afectado por la Covid-19 por la imposición de restricciones al transporte y los viajes y el cierre de muchos establecimientos minoristas y hoteleros o de restauración”.
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]]>La entrada En contra de lo que propuso Samid, La OMC, la FAO y la OMS piden velar por la circulación de alimentos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>A partir de una declaración conjunta, la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), pidieron a los gobiernos minimizar el impacto de las medidas restrictivas sobre el comercio de alimentos, y garantizar fluidez, especialmente para evitar la escasez de alimentos.
“Ahora es el momento de mostrar solidaridad, actuar con responsabilidad y cumplir nuestro objetivo común de mejorar la seguridad y la inocuidad alimentarias y la nutrición, así como el bienestar general de las personas en todo el mundo”, dijeron esos tres organismos a través de un comunicado.
Paradoja del destino o lógica pura, este pedido se contradice con los grotescos dichos del reconocido matarife Alberto Samid, condenado por evasión fiscal, que en vez de fomentar la solidaridad y la circulación de alimentos aconseja cerrar los envíos de alimentos argentinos al exterior y usarlos como material de cambio de avances científicos contra la enfermedad.
El escenario sanitario actual obliga a los países a tomar medidas para frenar el avance del Coronavirus. En este sentido, la OMC, FAO y OMS pidieron tener en cuenta que “las restricciones al comercio de alimentos podrían generar preocupaciones sobre la inocuidad de los de los mismos, lo que interrumpiría la cadena de suministro principalmente para poblaciones más vulnerables y con inseguridad alimentaria”.
Además, desde esos foros globales advirtieron que “la incertidumbre sobre la disponibilidad puede provocar una ola de restricciones a la exportación, creando una escasez en el mercado global”. Por eosn enfatizaron que es necesario proteger a quienes producen los alimentos y trabajan en toda la cadena e industria.
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]]>La entrada La Argentina junta hinchada para que la edición génica no se regule tanto como los OGM se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ver Martín Lema: El regulador de transgénicos cree que todo será más rápido gracias a la edición génica
La Secretaría de Agroindustria informó este lunes que el país presentó formalmente ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) una nueva Declaración en favor de la edición génica, en el marco de la 74° Reunión del Comité de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (SPS) que tuvo lugar en Ginebra, Suiza.
El pronunciamiento de la Argentina contó con el apoyo explícito de diez países hasta el momento. En principio, la avalaron los gobiernos de Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile, ya que la declaración había sido acordada en septiembre pasado durante la reunión del Consejo Agropecuario del Sur (CAS) en Buenos Aires.
Pero una vez que se dio a conocer el contenido de la presentación ante la OMC, el organismo que estbalece reglas para el comercio a nivel global, se recibieron declaraciones de apoyo adicionales por parte las delegaciones de países pertenecientes a otras regiones, incluyendo Canadá, Colombia, Estados Unidos, Sudáfrica y Honduras. Hasta ahora, y como ya es costumbre, el bloque más reticente a no regular los avances de la edición génica es la Unión Europea.
En la declaración impulsada desde la Secretaría de Agroindustria se llama a la comunidad internacional “a reconocer que los productos de estas nuevas biotecnologías pueden ser abordados adecuadamente por los marcos regulatorios y las normas de seguridad existentes, de tal modo que se eviten distinciones arbitrarias respecto a otros equivalentes que se obtienen mediante otros métodos de producción”.
Ver Por la Conabia ya pasaron 17 proyectos de edición génica
En criollo, esto quiere decir que la edición génica -a diferencia de los transgénicos- no incorporar genes de otras especies en determinado ADN, ya que solo se limita a “editar” o “anular” rasgos genéticos de una misma especie. Por lo tanto, este grupo de países considera que las regulaciones para la aprobación de esos cultivos mejorados no debería pasar el exigente tamiz al que han sido sometidos hasta ahora los OGM.
“Los cultivos mejorados por edición génica tienen el potencial de desempeñar un papel fundamental para abordar los desafíos que enfrenta la producción agrícola, contribuyendo a aumentar el suministro de alimentos y otros productos agrícolas, de manera sostenible”, consideró el pronunciamiento liderado por la Argentina.
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]]>La entrada Trump versus XI: ¿Habrá un acuerdo este mes? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Avanzan las negociaciones entre Estados Unidos y China luego del “cese del fuego” que los presidentes Donald Trump y Xi Xinping acordaron en Buenos Aires el pasado 1 de Diciembre. En ese momento se dieron un plazo de 90 días para llegar a un acuerdo, bajo la amenaza de que de no alcanzarlo Estados Unidos aplicaría 200 billones de dólares extras en nuevas tarifas por sobre los 250 billones que ya habían entrado en vigencia durante 2018. Ese acuerdo incluyó la promesa china de aumentar “sustancialmente” las compras de productos estadounidenses, lo que principalmente significa más compras de granos e insumos para la industria alimenticia.
La última semana de Enero una delegación china encabezada por el viceprimer ministro visitó Washington para reunirse con el Secretario del Tesoro y el de Comercio, luego de que a principio de mes se dieran las primeras reuniones cara a cara en Beijing, aquellas de nivel vice-ministerial.
Los negociadores parecen conformes, pero el reloj corre: quedan apenas unos 25 días para negociar. Trump celebró los avances pero antes había recordado que es un “hombre de tarifas”, ¿será también un hombre de acuerdos?
En estas horas se comenzó a hablar de una posible reunión entre Trump y Xi en Vietnam los últimos días de Febrero, apenas horas antes que culmine el plazo para negociar. ¿Habrá algún anuncio allí de paz comercial o seguirá escalando la guerra luego de un este impasse?
Ha habido algunas señales positivas. Inmediatamente tras regresar de Buenos Aires del G20 el gobierno chino retomó la compra de soja americana. Este dato es de suma importancia: Estados Unidos es el segundo proveedor de soja hacia China, por un valor de 12.0000 millones de dólares en 2017.
Ver Diego de la Puente: “China comenzó a comprar soja norteamericana, pero yo sería muy cauteloso”
Desde que se desató la guerra comercial las compras chinas se fueron derrumbando, hasta llegar a cero en el último noviembre. El reemplazo fue principalmente sudamericano, aunque no de bandera argentina: China importó 5,07 millones de toneladas de soja brasileña en noviembre, casi el doble de los 2,76 millones de toneladas importados hace un año.
La vuelta a las compras de soja americana tras semejante debacle es más que una señal, es un paso económico concreto, y si se retoma el comercio normal entre ambos países se distenderá el impacto económico negativo que este conflicto viene teniendo en los farmers americanos, base electoral del Presidente Trump.
Se autorizó también la entrada de cinco nuevos cultivos transgénicos (dos eventos para soja, uno para maíz y dos para colza) que venía largamente demorados, hecho que abre la puerta a mayores compras de alimentos americanos a futuro.
Más aún, se permitió por primera vez en la historia que ingrese el arroz americano. Por supuesto que esta importación de arroz jamás será competitiva versus la producción local o la que pueda comprar de sus vecinos del sudeste asiático, pero ciertamente es una señal de buena voluntad.
Pero hay más avances y no sólo en agro: China anunció también que se irán reduciendo las tarifas a los automóviles y autopartes americanas, una de las industrias que a toda costa Estados Unidos quiere sostener.
Ver: Dos sojas transgénicas de interés para la Argentina fueron liberadas por China
Beijing quiere negociar y no tiene pudor en entregar símbolos, mientras pueda mantener sus estrategias de largo plazo razonablemente inalteradas. Y justamente allí estará la parte difícil de esta negociación.
Las quejas o demandas más fuertes de Estados Unidos, más allá del “fetiche” con el déficit comercial o la industria automotriz que tiene la actual administración republicana se centran en dos puntos. El primero es la transferencia forzada de propiedad intelectual al obligar a las empresas americanas a tener socios chinos para invertir en aquel país (los cuales, alegan los americanos, se quedan con sus secretos industriales y tecnológicos, lo que sería una práctica contraria a la OMC).
El segundo es el programa “Made in China 2025”, con el cual el Estado quiere poner recursos y prioridad en desarrollo de inteligencia artificial, robótica y transporte entre otras industrias de punta, con el claro objeto de obtener el liderazgo tecnológico mundial, y con él, el económico y también a la larga el militar.

Mientras el punto de la propiedad intelectual puede quedar solucionado en una discusión un poco más técnica, por su parte del referido al avance tecnológico es sin duda el trasfondo de la pelea estratégica entre las dos potencias.
En la crisis de 2008 la economía americana era tres veces superior a la China, hoy con datos actualizados a finales de 2018 solamente es un tercio superior. China sabe que aún no está en condiciones de ganar esa pelea económica de fondo, pero se prepara para darla. Necesita tiempo, tiempo es lo que pareciera va a buscar en esta negociación.
Ver Diego Guelar: “Estamos vendiendo muy poco y mal a China”
En estos días las segundas líneas parecen tener sobre la mesa de negociación dos “concesiones” chinas sobre estos temas. Por sí solo aquel país está modificando su legislación sobre propiedad intelectual y prohibiendo la transferencia forzada de tecnología. China jamás aceptara que ha “robado” datos o fórmulas en el pasado, pero por primera vez ha convalidado que de aquí en adelante el tema esté en discusión y propone medidas para proteger mejor las inversiones externas. No es poco, pero las dudas occidentales son las de siempre: cuánto de las promesas chinas respecto a conductas empresarias que serán controladas por el partido comunista pueden ser creíbles.
Respecto al plan “Made in China 2025”, se ha bajado la propaganda y retórica del mismo, y se pretende dejar de mostrarlo como prioridad. Pero por supuesto, no parece lo más realista pensar que Beijing abandone sin más sus planes de desarrollo tecnológico de punta, más allá de concesiones puntuales que pueda hacer en esta negociación.
De esta forma, con esta “oferta mix” de mayores compras de alimentos, bajas de tarifas en autos, mostrar acción sobre defensa de propiedad intelectual y al menos en la retórica dejar de lado la competencia tecnológica, China pretende que Trump quede por satisfecho y dé por terminada la guerra comercial, declarándose por supuesto ganador absoluto de la misma. Mientras tanto el presidente americano se guarda en la manga la carta que más le gusta jugar: sanciones unilaterales y tarifas, sin preocuparse mucho por su legalidad ante la OMC.
¿Se conformará Trump con un acuerdo de este tipo? ¿Será posible pasar del cese del fuego al acuerdo? Queda lo que resta de febrero para negociar. El esquema que se ha informado de conversaciones y se está cumpliendo hasta ahora es ir de menor a mayor en la escala/nivel de negociadores, listar acuerdos y pedidos, realizar consultas en cada lado y elevar los resultados para su evaluación de cara a las siguientes reuniones. Las tensiones crecerán día a día a medida que se acerque el “deadline” del 1 de marzo, y la reunión de los líderes en Vietnam si se confirma.
Ya ha habido pérdidas concretas en estos meses de tensión. Nombramos a los sojeros americanos, que se espera que hacia final del 2018 haya vendido un 40% menos a sus clientes chinos y además con mayores aranceles, pero también los productores de carne en China, que usan esa soja como insumo para alimentar su impresionante demanda interna de carnes, han debido enfrentar mayores costos al comprar soja en Brasil. En China, se conoció que las exportaciones de diciembre cayeron un 1,4% respeto a noviembre y un 4,4% respecto al mismo mes del 2017, es decir, al mayor caída en dos años. Impacto directo de la guerra comercial.
Mirando al impacto de largo plazo, varias cadenas de valor transnacionales están pensando en buscar nuevos proveedores de bienes intermedios e insumos que ahora compran desde China (textiles, partes eléctricas, procesadores, diversos productos plásticos) en otros países de Asia, de aún menor costo de mano de obra. Están previendo que aunque ahora se lograse un acuerdo, el conflicto China-USA marcará el futuro, y prefieren muchos de ellos asegurarse los suministros, ya sea desde Vietnam, Filipinas, Thailandia o Cambodia. Pase lo que pase, la transnacionalización de la economía ya comenzó una nueva reorganización hacia adentro de lo que se conoce como la “gran fábrica asiática”.
Tanto China como Estados Unidos han sido grandes beneficiados del sistema internacional de comercio, que hoy cruje por la pelea entre ellos. El fenomenal ascenso chino se basa en la exportación, y saben allí que su país aún necesita mercados abiertos para sus productos para completar su desarrollo en camino a ser una superpotencia. Se da la paradoja de tener al país comunista y autoritario más grande de la tierra bregando por el libre comercio y el multilateralismo, mientras que el país que era el campeón de esos conceptos ahora los ha dejado de lado.

Hasta aquí mucha información y análisis, pero …. ¿Habrá acuerdo? Una pista nos la puede dar el USMCA (Acuerdo America-Mexico-Canada), el nuevo NAFTA. Luego de denostar al NAFTA como el peor acuerdo de la historia y presionar hasta el límite para renegociarlo, amenazando lisa y llanamente con romperlo, Trump cerró primero con México y luego con Canadá un nuevo acuerdo, en donde lo más nuevo es el nombre. El mismo contiene más protección a la propiedad intelectual, mayores promesas de compras de bienes americanos (lácteos) por parte de Canadá, y obligaciones de aumentar el porcentaje de producción local de los autos (en otro ataque indirecto a China), y se agregaron cláusulas de renegociación permanente. Quizás la única gran novedad es el capítulo de protección de datos digitales, realidad que no existía cuando se firmó el NAFTA. Así las cosas, un nuevo acuerdo que no cambia tanto, le dio el título que buscaba Trump: El NAFTA murió y fue él quien consiguió un acuerdo mejor.
Todo esto puede estar presente en la negociación con la potencia ascendente de Asia. Ya China aceptó retocar su regulación sobre propiedad intelectual y aumentar sus compras de bienes americanos, podría incluso auto-limitar algunas de sus exportaciones, dar mayores promesas de protección a las inversiones, alguna novedad en temas de tecnología y datos, y porque convalidar una nueva fecha para evaluar resultados y volver a negociar.
Si para el 1 de Marzo las potencias logran esta agenda levemente ambiciosa, aunque acotada, y sobre todo, posible, habrá “pax comercial”. No será un gran acuerdo integral, pero podría ser el acuerdo alcanzable y realista que por lo menos posponga o reduzca los males de una confrontación comercial abierta. Trump habrá ganado. Y China habrá ganado tiempo para seguir creciendo y preparándose para la batalla final.
La entrada Trump versus XI: ¿Habrá un acuerdo este mes? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada De buena leche lo pedimos: Trump, no te metas con la OMC se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Desde que la agricultura se integró al marco de la OMC bajo el acuerdo de la Ronda Uruguay de 1995, el comercio de productos lácteos casi se ha duplicado, así como que las cadenas alimentarias regionales y mundiales se han expandido ofreciendo productos lácteos de alta calidad a un número creciente de consumidores a precios asequibles”, indicó el comunicado que por la Argentina firmó el presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL), Miguel Paulón.
El momento oportuno para este pronunciamiento desde los principales países lecheros de todo el mundo se conoció en la antesala de la cumbre del G20 en Buenos Aires, donde se espera colisiones posiciones que desprecian el multilateralismo, con el presidente estadounidense Donald Trump a la cabeza, con otras que piden conservar y profundizar la construcción de un derecho comercial global como herramienta para preservar el libre comercio.
En este caso, la industria lechera global tiene claro de qué lado está. “Las asociaciones del sector lácteo que representan la mayoría del comercio mundial de productos lácteos convocan a los ministros del G20 que prioricen el mantenimiento, la reforma y revitalización del sistema normativo multilateral del comercio mundial”, arranca el comunicado que firman Argentina (Centro de la Industria Lechera); Australia (Consejo Australiano de la Industria Lechera); la Unión Europea (European Dairy Association y Eucolait); Nueva Zelanda (Asociación de Compañías de Productos Lácteos de Nueva Zelanda); Estados Unidos (Asociación Internacional de Alimentos Lácteos, la Federación Nacional de Productores de Leche y el Consejo de Exportación de Productos Lácteos de los Estados Unidos); y Uruguay (Cámara de la Industria Láctea del Uruguay).
Esas asociaciones expresaron que “es importante que todos los miembros de la OMC respeten sus compromisos con la OMC y trabajen colectivamente para fortalecer y promover los marcos de la OMC”, al tiempo que piden a los líderes del G20 “que rechacen las acciones que distorsionan el comercio, tales como imponer aquellas regulaciones altamente complejas y sin base científica o regulaciones no tarifarias que distorsionan el comercio mundial; el aumento unilateral de los aranceles de importación en formas no son compatibles con la OMC; o proporcionar subsidios a la exportación ilegales con la OMC”.
“Estas acciones socavan el funcionamiento de las cadenas de valor, conducen a desvíos del comercio, precios volátiles en los commodities básicos y que conllevan una asignación de recursos menos eficiente con costos más altos”, afirman los industriales lácteos.
En el comunicado, el inédito bloque instó a los paíse slíderess que sesionarán en Buenos Aires “a intensificar los esfuerzos para establecer una hoja de ruta para la OMC que consolide su importante papel en el futuro”, aunque reconocen que ese organismo multilateral deberá adaptarse “a las cambiantes circunstancias económicas y comerciales globales a fin de abordar preocupaciones actuales, mantener su relevancia mundial y sentar las bases para un crecimiento futuro y sostenible en el comercio, incluso para los productos lácteos”.
En ese sentido, los lecheros recomendaron a la burocracia de la OMC que:
La entrada De buena leche lo pedimos: Trump, no te metas con la OMC se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Trump ya puede pedirse un bife de chorizo argentino y nosotros tendremos mollejas más baratas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Donald Trump, el presidente estadounidense amigo de Mauricio Macri, también postergó varias veces esta definición largamente esperada por la industria frigorífica argentina, ya que le permitirá recuperar una cuota de exportación libre de aranceles de 20.000 toneladas de cortes vacunos de buen valor. Oficialmente se estima que los negocios podrían llegar a entre 150 y 180 millones de dólares anuales, que es un 10% más de lo que ese sector exporta ahora.
Ver Si la carne era débil, Argentina lo es más: Analizan abrir el mercado a los bifes de Estados Unidos
Tal como anticipó Bichos de Campo hace un par de meses, para convencer a Trump -que en su conglomerado de empresas también tiene intereses en el negocio de la carne vacuna-, para la Argentina fue necesario ceder en un par de negociaciones con los servicios veterinarios de EE.UU. para obtener el reclamado regreso de sus bifes a ese mercado. El año pasado ya se había anunciado una apertura del país a la carne porcina estadounidense. Y en las próximas horas se anunciará que también podrán comenzar a ingresar aquí cortes bovinos y sus derivados “made in América”.
Nadie cree, en el gobierno argentino, que estas aperturas tengan una gran significación comercial, como si sucede a la inversa. “Pese a las protestas que hubo, en un año no ha habido una sola importación de carne de cerdo de Estados Unidos”, me dijo hace unos días un alto funcionario de Agroindustria. Y tiene razón.
Tampoco parece probable que Trump y sus amigos “cowboys” puedan vendernos algunos de sus bifes. En todo caso, lo que podría suceder es que Estados Unidos reanude un comercio que fue bastante popular en los años ’90: la venta de mollejas. En Estados Unidos las desprecian y aquí serían bien recibidas, por los altos precios que suele tener esa achura.
Ya veremos como corre Estados Unidos esta carrera, que tuvo su largada el lunes tarde a la noche, cuando se conoció que la Agencia de Inspección de la Sanidad Animal y Vegetal del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (APHIS/USDA) comunicó al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) la restitución del sistema de equivalencias entre ambos organismos.
“El restablecimiento implica que las medidas utilizadas por Argentina para la inocuidad de las carnes bovinas, tienen el nivel apropiado de protección sanitaria como las exigidas por el FSIS/USDA y proporciona la misma protección a sus consumidores”, explicó un comunicado del Gobierno macrista, donde festejaron la noticia como si la Argentina hubiera salido campeón en el mundial de fútbol.
Ver Según el USDA, en 2019 Argentina vuelve a ser el 5° exportador mundial de carne
El canciller Jorge Faurie, por ejemplo, destacó la “importancia de esta decisión para el sector agropecuario argentino, ya que ofrece nuevas oportunidades comerciales para nuestros productores y exportadores. Además, representa el éxito de la política de inserción inteligente liderada por el presidente Macri para impulsar el crecimiento y desarrollo argentino”, evaluó. En realidad, hubo que esperar 18 años para que la “inteligencia argentina” pudiera obtener este resultado.
Por su lado, el Ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, destacó que “exportar es el mejor camino para crecer y crear empleo y esta decisión nos permite llegar a los Estados Unidos con la riqueza de nuestra producción y el valor de nuestro trabajo”. A esa frase no podemos ofrecer reparos.
Finalmente, el secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere,se ilusionó en que este sea le primer paso para “llevar adelante una intensa agenda estratégica, no solo en cuestiones comerciales, sino también en inversiones y cooperación técnica” con los Estados Unidos.
Según la evaluación oficial, con esta definición del APHIS la Argentina contará con una cuota de 20.000 toneladas anuales “que puesta en valor representaría 150 a 180 millones de dólares”. Como sucedía hasta 2001, las exportaciones de carne a ese país tendrán un arancel preferencial que hará posible los negocios. Superada esa cuota, los frigoríficos argentinos podrán vender más carne a ese país, pero deberán abonar otro arancel de ingreso de 26,4%.
“Se estima que el 80% del producto a exportar sería carne magra que demanda la industria estadounidense para la producción de hamburguesas y que no es producida en cantidades suficientes por los productores estadounidenses”, indicó el comunicado oficial. Según esta visión, “el 20% restante serían cortes de alta calidad, producto ‘premium’ con características especiales”. Es decir que el mismísimo Trump podrá pedir desde la Casa Blanca por delivery un bife de chorizo argentino, para compararlo con los suyos.

El cierre del mercado estadounidense desde 2001 se mantuvo sin razones sanitarias de valía y el propio Trump se tomó su tiempo para cumplir con un fallo de la OMC que le ordenaba a Washington habilitar este comercio, ya que no había fundamentos para mantenerlo bloqueado. En rigor, el 2 de julio de 2015, la APHIS/USDA ya había autorizado la importación de carnes bovinas frescas de Argentina, pero la decisión no se hacía efectiva.
Estados Unidos es el principal mercado importador de alimentos del mundo, con compras de productos agroindustriales por más de 160.000 millones de dólares en 2017. Además es también el primer importador mundial de carne bovina por 4.300 millones de dólares. A pesar de ser un fuerte productor y exportador, compró 1 millón de toneladas en el 2017, sobre todo desde Canadá, Australia, Nueva Zelanda y México.
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]]>Sí, leyó bien. El gobierno argentino está dando los primeros pasos para habilitar a futuro el ingreso de cortes bovinos producidos por los cowboys. O mejor dicho, en los enormes feed lots de los cowboys.

¿Qué deberían verificar los veterinarios oficiales que viajan hacia el país del Norte? Varias cosas, comenzando por las tareas que allí se realizan para controla la temible Encefalopatía Espongiforme Bovina o “mal de las vacas locas”, de la cual Argentina se han mantenido a salvo hasta ahora. O la utilización de ciertas hormonas de crecimiento, que aquí están prohibidas.
Este proceso recién comienza y no quiere decir que las góndolas de los supermercados Wal Mart se vayan a llenar de “bistec” o de “steak”, ni que el menú del restaurante Dallas vaya a ser realizado únicamente con cortes llegados desde Oklahoma. El asado no va a sucumbir frente a la barbacoa, tranquilos. Habrá que ver, cuando esto se concrete, cuáles son las condiciones objetivas para hacer negocios. Tanto la Argentina como Estados Unidos son jugadores importantes en el mercado de la carne. A los dos les sobra y exportan.
La noticia no es la “invasión” de cortes gringos. La noticia, en todo caso, es la enorme fragilidad de la política comercial argentina frente a esta gran potencia global. ¿Por qué? Porque Estados Unidos debería haber abierto su mercado a la carne vacuna de la Argentina por lo menos hace 15 años, pero no lo hace porque sencillamente no se le da la gana. Ahora, que sigue sin hacerlo, reclama un tratamiento equitativo que la Argentina, al parecer por estas inspecciones, estaría dispuesta a concederle.
Leáse bien: la Argentina podría abrir su mercado a la carne vacuna de un país que desde hace 17 años prohíbe la suya.
Los bifes argentinos ingresaron a Estados Unidos, a través de una cuota de 20.000 toneladas, durante un cortísimo lapso de tiempo, entre la erradicación de focos de aftosa lograda en 1998 y la reaparición de esa zoonosis en marzo de 2001. Luego de eso, Estados Unidos clausuró el negocio con argumentos sanitarios que, con el correr de los años, se transformaron en barreras paraarancelarias. En rigor, la Argentina volvió a controlar rápidamente la aftosa y recuperó el status sanitario previo de parte de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE).
Washington, a lo largo de diferentes gestiones, ignoró aquel pronunciamiento y los innumerables pedidos de la diplomacia nacional, que siempre fueron tibios, no vaya a ser que alguien se enoje. Pero, peor todavía, la Casa Blanca también desobedeció un fallo de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que en 2013 le ordenó reabrir su mercado a la carne pampeana. Con Donald Trump en el poder, por supuesto, todos esos pronunciamientos multilaterales cayeron en saco roto.
El día que el mismísimo Trump nos la puso con la carne porcina
Los últimos movimientos en estas negociaciones fueron, entonces, bilaterales, y tampoco surtieron demasiado efecto ni significaron grandes beneficios para los productores argentinos. Hubo una limitada apertura a los limones de Tucumán, pero a cambio -a mitad de 2017- el presidente Mauricio Macri otorgó a su “amigo” Trump los guiños necesarios para que se inicie la importación de carne porcina estadounidense, un producto que aquí sí es cuestionado sanitariamente.

En ese momento, con el aval para sus chachos, el secretario de Agricultura de EE.UU., Sony Perdue, expresó: “Este avance es el resultado de los esfuerzos de esta administración para ayudar a los agricultores y ganaderos de Estados Unidos a llegar a nuevos mercados y garantizar prácticas de comercio justo por parte de nuestros socios internacionales”. Comercio justo, eso mismo. La Argentina esperaba un gesto de reciprocidad, pero nada.
El 1° de agosto pasado, el ex ministro de Agroindustria, ahora degradado secretario Luis Miguel Etchevehere, se volvió a reunir con Perdue durante un viaje de éste a Buenos Aires. El principal asunto en agenda volvía a ser la carne vacuna. El ex ruralista quería ver si podían de una vez encaminar las cosas: 17 años habían sido mucho tiempo y el país ya había agachado la cabeza demasiadas veces.
Fue entonces que Estados Unidos reclamó una “reciprocidad” en materia de carne vacuna que la Argentina, una vez más, aceptó sin chistar. Las misiones de Senasa a Estados Unidos en noviembre próximo responden exactamente a esa definición.
El periodista Martín Di Natale, del diario digital Infobae, contó tras aquella reunión de hace dos meses que consultó a un vocero del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) para ver qué había sucedido. El gringo respondió: “Se está trabajando actualmente con sus contrapartes argentinas en el acceso mutuo a la carne vacuna, y estamos progresando”.

Nada más cierto. En muy poco tiempo Estados Unidos logró que la Argentina pusiera en marcha el andamiaje burocrático necesario para habilitar el ingreso de la carne vacuna de los cowboys. Quizás cuando eso suceda los poderosos de Washington acepten poner fin a un bloqueo injustificado que ya viene durando 17 años.
Ahora lo interesante será ver quién entra primero: si el bife o el bistec.
“Si 20 años es nada, 17 años son nada menos 3. Es decir nada tampoco”, ha de ser la contabilidad que hicieron los diplomáticos nacionales.
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