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La entrada El cabañero Marcelo Treachi protagoniza una revolución ganadera que incluye muchos cambios: De las vacas a la ovejas, de la Holando a la Dorper, de Buenos Aires a Santiago se publicó primero en Bichos de Campo.
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Treachi estudió primero en la escuela agrotécnica de Vedia, que era de una cooperativa de tamberos que tenía una fábrica de quesos. Después cursó la carrera de veterinaria en la ciudad de Buenos Aires. Pero cuando estaba en cuarto año de la facultad, fue convocado por Santiago Di Tella para ser asesor genético de la Cabaña Los Nogales en su remplazo, por cuatro años, porque se iba a Estados Unidos.
“En 1985 comenzamos allí con la importación genética. Hicimos muchísimas transferencias embrionarias, porque era la época en que comenzaban a hacerse las transferencias móviles. Yo asignaba a qué vacas se les podían hacer las transferencias y los servicios de esas vacas. Me reportaba directamente a Guido Di Tella (el ex canciller, a la vez productor lechero) y acumulé una experiencia laboral y de vida muy importante. Me volví a Vedia, me casé y pasé a ocuparme del tambo familiar y otros emprendimientos agropecuarios”, rememora Marcelo.
En Vedia alquiló en 1990 otro campo para agrandar el tambo de su abuelo. Y en 1994, levantó una fábrica de quesos sobre la ruta 7, que debió cerrar cuatro años después cuando su principal comprador se presentó en convocatoria de acreedores. Se reinventó haciendo agricultura y engorde de novillos en Feed Lot. A fines de 2001, vendió todo mis novillos y compró un campo en La Pampa, que en 2003 también vendió en busca de nuevos desafíos.
-¿Y fue así como llegaste a Santiago del Estero?
-En 2004 decidí instalarme y desarrollar un feedlot en Santiago del Estero, una tierra de oportunidades con mucho potencial, donde estaba todo por hacer. Producía novillos de calidad para todo el norte. En ese mismo año logré vender la fábrica de quesos a Miguel Nucete, así que en 2005 mi familia se instaló en Santiago capital.
Mirá la entrevista con Marcelo Treachi:
Treachi se vio obligado una vez más a reinventar su negocio agropecuario cuando el gobierno de Néstor Kirchner cerró las exportaciones de carne vacuna en 2006 y los precios de la hacienda se desmoronaron. “Me agarró con 2000 novillos encerrados en en el feedlot y todavía lo estoy maldiciendo. Lo fui desarmando y compramos una buena superficie sobre la ruta 176, a 15 kilómetros al norte de La Aurora”.
Fue ahí que a su primer cambio le sumó una segunda gran decisión: pasar de ser un productor de bovinos a serlo de ovinos.
“Empecé a pensar en cambiar hacia una actividad que vinculara a mis dos hijas con lo agropecuario. Y pensé en las ovejas, porque son más fáciles de transportar a las exposiciones y a mis hijas les iba a encantar. De paso, yo podía continuar con mi pasión por la genética, pero ahora en ovinos”, relató Marcelo.
-¿Y cómo fueron aquellos comienzos con las ovejas?
-De entrada compré ovejas en general, sin pedigree, para evaluar cómo las podía manejar en este ambiente. Así nación en 2015 nuestra Cabaña La Aurora del Monte, a la que inscribí a nombre de mis dos hijas, María Clara (21) y Felicitas (18). Después compré Dorper de segunda y tercera generación. Hoy ya tengo, de cuarta.

-Todos están hablando de la raza Dorper…
-La Dorper es una raza rústica, sin lana, para la producción de carne, generada en zonas desérticas de Sudáfrica y que para estas zonas norteñas se comportan como una “4 x 4”. No necesita de esquila, tiene una gran resistencia a los parásitos. Consume mucha fibra y en el norte, que tenemos una época del año con mala calidad de fibras, la consume sin disminuir mucho su condición corporal.
-¿Es la única raza que trabajás?
-No. Luego agregué Hampshire Down puro, de pedigree. Ésta es una raza inglesa, carnicera por excelencia, la número uno del mundo en calidad de carnes, por su “marmoreo”. Sería la Angus de las ovejas. Es más apropiada para la pampa húmeda, pero se adapta perfectamente en el norte. En Argentina importamos genética de Dorper, pero en cambio, en genética de Hampshire, nuestro país es líder en Sudamérica, nos hemos convertido en proveedores de genética de élite, a Paraguay, Brasil y Uruguay. Ya están viniendo también de Perú, Bolivia y Colombia. Somos vendedores de genética Hampshire para Sudamérica. Hasta criadores de Sudáfrica nos siguen en esta raza. Se acaba de rematar una borrega Hampshire en 30.000 dólares. Y la cosa cambió, en la actualidad no conviene invertir en animales de doble propósito porque el mundo camina hacia la especialización. O te dedicás a producir carne o leche o lana.
-Decís que en el norte muchos tienen ovejas para autoconsumo, pero pocos son productores de ovejas. ¿Falta mucho para que todo se profesionalice un poco más e incorporen mejoras genéticas?
-Sí, falta muchísimo para que se transformen en productores. La ley ovina ayuda mucho a que el productor compre un animal de mejor calidad, y al comprar un reproductor caro, lo cuida. Porque a ese no lo va a cruzar con un animal regular. Este rubro requiere de un tratamiento personal pero con capacitación, lo cual escasea. Pero genera arraigo, porque la oveja mejora el suelo del campo, permite arrancar con baja inversión y tiene un rápido retorno. Además, sobra mercado porque se vende todo.
-¿Y existe en el norte del país un mercado para tu negocio de cabañero, que es vender reproductores?
-Hay exposiciones locales y nacionales a las que concurrimos y además estamos analizando los remates virtuales. Una cosa es proveer genética a los productores que recién se inician, y otra cosa es si proveés genética de élite, que es un negocio mayor. Algo importante también es que ahora los criadores de las razas Dorper y White Dorper tenemos nuestra propia asociación, de la cual soy cofundador.

-¿Y será Santiago del Estero tu lugar definitivo?
-Me acabo de comprar un campo en Colonia Dora para trasladar mi cabaña ovina. Además un amigo en esta misma zona me consultó para comprarme algunas ovejas con el fin de regenerar su suelo donde cultiva alfalfa. Le propuse asociarnos y ya tenemos 300 ovejas. De paso, estoy trabajando allí para hacer absorción de ovejas generales con Dorper. Santiago del Estero es una linda ciudad para vivir y en la provincia los calores extremos no son tantos, van del 15 de diciembre al 15 de enero. Acá queda mucho por hacer. Y criar ovejas te da muchas satisfacciones cotidianas y tanto a mí como a mis hijas nos llena de felicidad.
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]]>La entrada Ramiro Iturriaga cría ovejas, gallinas y cerdos sobre pastizales y con métodos regenerativos: “Quiero dejarle el campo a mis hijos mejor de lo que yo lo encontré” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La Encimera es un campo de 30 hectáreas en donde Iturriada produce ovejas, gallinas, pollos y cerdos pastoriles, llevando adelante un manejo ciento por ciento agroecológico. Además cuenta con varias colmenas distribuidas por el campo. Natalia, su mujer, se ocupa de la comercialización de los productos en una tienda especializada que también forma parte del planteo familiar.

Las distintas técnicas que aplica esta joven agrónomo las aprendió en parte en la facultad, aunque también de manera autodidacta, acercándose primero al sistema de Pastoreo Racional Voisin (PRV) y a los trabajos realizados por el agrónomo estadounidense Joel Salatin sobre ganadería regenerativa, con quien hasta logró hacer una capacitación años atrás.
“Hacemos integración de especies. El campo lo dividimos primero en parcelas de aproximadamente 1 hectárea, y respetamos los periodos de descanso de las pasturas para que puedan desarrollarse y llegar a su vigor. De esa forma fijamos materia organiza, vamos regenerando el suelo y mejoramos la cantidad de animales que podemos llegar a tener”, explicó a Bichos de Campo Iturriaga.
Mirá la nota completa acá:
Las pasturas del campo son las naturales de esa zona productiva, que se caracteriza principalmente por pastizales nativos aptos para llevar a cabo planteos sistemas ganaderos. Allí puede encontrarse una mezcla de raigrás, estipa y lotus.
“Para nosotros una ventaja en este sistema agroecológico que desarrollamos es que no tenemos agricultura cerca, no hay pulverizaciones y podemos hacer esto a lo que apuntamos. Es a su vez una ventaja para las colmenas, ya que las abejas van de mi campo al campo de los vecinos. Es una zona muy buscada para la parte apícola al de no haber agroquímicos en el ambiente”, señaló el agrónomo.
El modelo de integración de especies implica rotar el recorrido que los distintos animales realizan por el campo. Así, luego del pastoreo de las ovejas, las gallinas para huevos y los pollos para carne también realizan un pastoreo libre, y en el lugar ingieren semillas, bichos y larvas que no son incorporados por los ovinos. Esto ha permitido mejorar mucho la situación sanitaria de las ovejas.

Las gallinas “comen las larvas de los parásitos de las ovejas. Nosotros venimos haciendo análisis de HPG, que es el recuento de larvas en la materia fecal de las ovejas, y cada vez venimos teniendo menos por esto mismo. No tenemos que desparasitar y de esa manera usamos menos químicos y algún tipo de medicamento”, afirmó Iturriaga.
La Encimera produce ovejas y cerdos para carne, lana -aunque la misma tiene en esta zona de Buenos Aires poca salida al mercado ante los bajos precios que recibe-, huevos y miel. Todos estos productos más otros elaborados por otros productores agroecológicos son comercializados en un local propio ubicado en la localidad platense de City Bell y en ferias cercanas.

“Es una ideología, una forma de vida, una manera de ver las cosas. Esto lleva mucho trabajo y te tiene que gustar. Acá viene mucha gente a asesorarse para tener este sistema y les digo que no es algo que podes manejar a control remoto. Acá tenés que estar encima y con frecuencia”, dijo Ramiro.
Añadió que “no es fácil en Argentina emprender, pero nos gusta y lo hacemos porque estamos convencidos de que este es el camino de lo agroecológico y lo sustentable. El campo que yo encontré acá quiero dejárselos a mis hijos mejor de lo que lo encontré”.
A continuación remarcó: “La gente de la ciudad piensa en algo muy idílico de lo que es el campo. El campo también es duro. A veces no hay servicios, en una época no había luz. Hoy en día es otro tipo de campo. Tenemos luz, internet, un buen camino. Eso no quiere decir que en todo el país sea así, pero estos modelos son una manera de volver y generar arraigo. Creo que esta es una interesante salida laboral para campos chicos o grandes”.
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]]>La entrada Agustina Córdoba va sorteando obstáculos y mudando sus ovejas para poder cumplir su sueño: montar su pequeña fábrica de quesos se publicó primero en Bichos de Campo.
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En 2015 Agustina obtuvo una beca de intercambio para ir a la universidad de Montepellier SupAgro, en la cuenca francesa de los quesos roquefort, donde permaneció seis meses. Los recuerda como una de las épocas más felices de su vida. Como ella no sabía hablar francés, primero la destinaron a vivir dos meses en una estación experimental del INRA en La Fage, que sería como una experimental del INTA de Argentina, donde debió trabajar en un tambo de ovejas junto a 15 personas.
Pero de noche, todos se iban a sus casas y ella se quedaba sola en un antiguo casco de campo, construido en piedra. “Me encerraba en mi cuarto y comía queso roquefort, de ovejas, claro –porque el auténtico roquefort debe ser de oveja-”, cuenta, mientras pone cara de gran placer. Allí trabajaba 8 horas, tres de ellas haciendo medición de consumo y armado de dietas de las ovejas en el final de la lactancia para ver cómo se modificaba la cantidad de proteínas y grasas según las dietas. Luego, ordeñaba, despezuñaba, vacunaba, caravaneaba (colocaba “caravanas” de identificación) alimentaba a las borregas y demás. Luego pasó un mes en otro campo y los tres meses restantes, en la universidad.
Agustina se quedó dos meses más en Europa y cuando regresó a Bahía Blanca le ofrecieron entrar al INTA, pero ella ya tenía claro que quería ser productora de algo propio. De pronto le ofrecieron un trabajo comercial de vendedora de insumos agropecuarios en la ciudad de América, al noroeste de la provincia de Buenos Aires y aceptó, porque pronosticaba una buena remuneración.

Pero ya instalada en esta ciudad, cada tanto se acordaba de Francia y experimentaba una gran nostalgia, hasta que se dijo: “Tengo que armar mi propio emprendimiento, y será un tambo de ovejas”.
“Comencé a interiorizarme en el tema. Los tambos de ovejas en Europa son mecanizados, como los de vaca de Argentina. Pero acá los de oveja en su mayoría son rústicos y con pocos animales. En toda la Argentina hay unos 100 tambos, y unos 20 o 30 en la provincia de Buenos Aries. Pero la mayoría tiene menos de 200 ovejas. Es una actividad poco difundida, porque no consumimos mucho queso de oveja como en Francia, por ejemplo, donde después del plato principal y antes del postre, siempre se come un plato de quesos. De modo que no era una actividad muy conocida en nuestro país y me costó informarme”, explica la joven agrónoma.
Agustina cobró un dinero de premios laborales y lo invirtió en comprar ovejas. Debía pedir las mañanas en su trabajo, pero decidió renunciar y se puso a asesorar a productores agrícolas, de modo independiente. Pero como necesitaba más dinero, se consiguió un tercer trabajo extra de administración para unos empresas agrícolas, que hacía en su casa al final de sus otras obligaciones. Alquiló una quinta de veraneo a 4 kilómetros de América, donde contaba con tierra para criar sus ovejas. Allí hizo su huerta y armó su gallinero.
En junio de 2018 compró 15 ovejas y una ordeñadora portátil y sus amigos la ayudaron a instalarse. En la primavera ordeñó por primera vez. Las ovejas tuvieron 18 corderos y luego compró 10 ovejas más. Se contactó con Hugo Chatelino de la fábrica de quesos “AMERILAC”, para que le hiciera un queso a fasón. Obtuvo su primera producción de 45 kilos de queso semiduro, que fraccionó en cuñas de 300 gramos y los vendió con su propia marca “La Cardabelle, quesos de oveja”. Le puso ese nombre porque así se llama un cardo endémico de la región ovejera de Larzac, Francia. Su flor es el amuleto de los pastores de allí, que la colocan en las puertas de sus casas, explica Agustina.

Ella no conocía a mucha gente de América aún, pero los vendió “de boca en boca” a 750 pesos el kilo. Aunque ahora comenzaba a tener otro atenuante que la acobardaba: la maldita inflación. Cuenta que Chatelino la asesoró y ayudó incondicionalmente. Ella sabía de pastorear ovejas y de tambo, pero no tanto de hacer quesos. Y él sabía mucho de quesos de vaca, pero nada de la leche de oveja, de modo que intercambiaron conocimientos.
Agustina comenzó a experimentar la misma felicidad que había sentido en Francia. Pero debido a la cercanía de la ciudad, comenzaron a hurtarle ovejas. Le contó a su padre y éste le dijo que le enviara sus 36 ovejas a su campo en Bahía Blanca, y así lo hizo. Algunas murieron en el traslado porque estaban a punto de parir. Agustina se puso muy triste, pero como si fuera poco, le surgió otro nuevo problema: al campo de su padre ingresaba un puma que le mataba de a tres ovejas y llegó a matarle 10 en total.
La joven agrónoma decidió repatriar sus ovejas y las llevó a un campo lejano, a 75 kilómetros de América. De las 35 que le envió a su padre, por culpa de los pumas, le regresaron 20. Ahora tenía el inconveniente de la lejanía, en pérdida de tiempo y gasto de combustible, porque ella seguía viviendo en la quinta a 4 kilómetros de América. Allí tenía buenas pasturas pero no podía montar el tambo. Necesitaba mudar las ovejas más cerca de su casa. Lo bueno es que allí conoció a una pareja de caseros que la ayudaron mucho y hoy están entre sus mejores amigos.

De pronto aparecieron en su vida Claudia y Diego, quienes decidieron dejar la ciudad de América e irse a vivir a su campo, “La Esther”, a 10 kilómetros de la ciudad, donde se dedican a la agricultura extensiva, pero con la intención de desarrollar en unas ensenadas -que son lotes chicos que rodean el casco del campo- un entorno productivo con la mayor biodiversidad posible: abejas, ovejas, pollos y gallinas, con pasturas naturales perennes, es decir, todo el año y agricultura agroecológica. A este proyecto lo llamaron “Suma Kaman, alimentos para el buen vivir”.
Ellos destinaron 40 hectáreas para producciones agropecuarias intensivas. Convocaron a diversos productores a asociarse, y ellos les dan las parcelas que necesitan. Le ofrecieron a Agustina ser parte del proyecto y aceptó. Llevó su tambo portátil y sus ovejas que ahora comparten las pasturas con gallinas pastoriles que van rotando en jaulas. Cuenta, feliz, que pronto llegarán las chicas de “Verde Porá”, que producen verduras agroecológicas a cielo abierto. Ya está presente Apícola Rodriguez con “Api Rod”, con sus colmenas para polinizar.
El ánimo de Agustina comenzó a mejorar. Se levanta a las 6 de la mañana y en 5 minutos ya está en el campo. Ahora tiene 80 ovejas y ordeña 36. Luego freeza la leche y la envía para hace quesos a fasón a una empresa de la ciudad de Las Flores, que hace quesos con leches “finas”. Le acaban de otorgar un crédito por la ley de promoción ovina con el que comprará un tambo de línea de 6 bajadas, una envasadora al vacío y más freezers. Es que su próxima etapa consiste en agregar valor a sus quesos. “Es que los yuyos que crecen acá son especiales y mis ovejas comerán un maíz agroecológico, que le darán otro sabor a la leche y a mis quesos”, asegura.

Además, explica que necesita llegar a un piso de 200 ovejas en ordeñe con unas 300 en total, lo que le permitirá tener un encargado que le ordeñe, para que ella se pueda dedicar a elaborar allí mismo, sus quesos. “Ya estoy decidida, el año que viene montaré la sala de elaboración en el campo”. Agustina hace cinco años que se mantiene sola y sueña con tener hijos para compartir sus pasiones con ellos. Estima que en un año dejará de poner dinero de sus otros trabajos.
“Todas las cosas malas que me pasaron, hoy me sirven como experiencia. Vender leche que ordeño, tomar mi propio yogur, ver las pariciones y ponerle apodos a cada una de mis ovejas es algo que me llena de felicidad y colma mi vida. Además, este lugar definitivo es hermoso. No sueño con una gran empresa. Me considero una pastora y sólo quiero poder vivir de lo que me gusta y no vivir para trabajar, sino gozar de esto que me apasiona”, asegura esta joven emprendedora a la que nada la detiene, y por esa razón su veterinaria la apodó “La loca Córdoba”.
Nos quiso dedicar, para coronar esta nota: “Al otro lado del río”, de y por Jorge Drexler:
La entrada Agustina Córdoba va sorteando obstáculos y mudando sus ovejas para poder cumplir su sueño: montar su pequeña fábrica de quesos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Todos somos ovejas: Apenas terminada la elección, el gobierno promulgó la extensión de la Ley Ovina hasta 2031 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El decreto 791, que hace efectiva la promulgación de la ley, lleva las firmas del presidente Alberto Fernández, el jefe de gabinete Juan Manzur y el ministro de Agricultura Julián Domínguez.
La ley fue muy discutida, con demoras, en el Congreso Nacional en los últimos meses. En los hechos prorroga la vigencia de la ley Ovina vigente desde principios del milenio y le otorga un mayor presupuesto, aunque debido a la inflación los 850 millones asignados ahora representan menos moneda dura que los 20 millones de pesos originales.
En su artículo 1° la ley establece un Régimen para la Promoción, Desarrollo y Consolidación de la Ganadería Ovina “y de Llamas”, como continuación del régimen anterior. “El Régimen estará destinado al desarrollo sostenido de la producción, la transformación y la comercialización de la ganadería y sus productos derivados, a través de la actualización permanente, modernización e innovación de los sistemas productivos”, dice el texto legal.
Luego establece que los fondos asignados a la promoción de la actividad se repartirán entre productores que presenten “un plan de trabajo y/o un proyecto de inversión, según corresponda, ante la Unidad Ejecutora Provincial”.
“El Poder Ejecutivo incluirá en el Presupuesto de la Administración Pública Nacional durante diez años a partir de la publicación de la presente Ley que prorroga el régimen de la ley 25.422 y sus modificatorias, un monto anual a integrar en el FRAO el cual no será menor a 850.000.000 pesos”, define el artículo clave de esta discusión. La frase “no será menor” da pie a una actualización en el caso de que la inflación pulverice esos recursos.
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]]>La entrada Rosita Dellafiore pasó las mil y una para poder vivir en su chacra de Laboulaye: Pero allí es feliz y sus ovejas le transmiten paz se publicó primero en Bichos de Campo.
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El establecimiento de 126 hectáreas no tenía nombre. Todos decían “Vamos a la chacra del `Chico` Dellafiore”, su padre. Ella tomó 15 hectáreas y le puso “La Nueva Chacra”. Está ubicada en el kilómetro 510 de la Ruta 7. En ese tiempo conoció al que luego fuera padre de sus dos hijas y se casó. Juntos decidieron emprender la cría de cerdos. Ella se ocupaba de las tareas livianas y él de las más rudas. Llegó a tener 80 madres, lo que representa unos 400 animales entre lechones, cerdas y capones. Pasó cinco años criando cerdos hasta que su matrimonio llegó a su fin.
“Después de que me separé, como necesitaba capacitarme en la parte reproductiva, inseminación, extraer semen, atender los partos, me fui a aprender a Vicuña Mackenna”, dice. Pero como estaba sola con el emprendimiento, y sus hijas ya iban a empezar la escuela en la ciudad, se dio cuenta de que no iba a poder disponer del mismo tiempo. Entonces comenzó a pensar en cambiar de emprendimiento por algo que implicara menos mano de obra y, de paso, con costos más bajos.
Averiguando, se enteró de la “Ley Ovina” –aún vigente-, por la que el Estado otorga créditos blandos a quienes quieran invertir en la cría de ovejas. “Te dan dos años de gracia y a devolver en cinco años, sin interés. Me asesoré con contadores, veterinarios e ingenieros agrónomos y en 2015 presenté mi proyecto para comprar 100 animales, hacer pasturas y montar algunas instalaciones”.

“Tenés que tratar de no equivocarte, explicar con qué contás y cómo vas a desarrollar tu emprendimiento, como negocio. Al año me aprobaron y al fin cambié los cerdos por ovejas de la raza Hampshire down, netamente carnicera. No me arrepiento, porque con ellas todo es más fácil, son más limpias y me transmiten paz”, relata.
Con el dinero que pidió, , como había inflación, cuando se lo otorgaron apenas pudo comprar 60 animales. “De todos modos me sirvió y hoy me declaro una agradecida de la ley ovina”, explica Rosita, con una sonrisa. “Pero suspendí el proyecto de las pasturas y compré rollos, porque los campos se podían inundar. Adapté las instalaciones de los cerdos por ovejas y empecé nomás”.
La etapa de criadora de cerdos le ocupó 11 largos años a Rosita. Eso implicaba que en toda la región la conocían como tal, y ahora debía cambiar su imagen: “Se me ocurrió presentarme en la Rural de Laboulaye, donde pedí que me dejaran organizar la parte ovina y me aceptaron la propuesta. Así lo hice durante 5 años hasta que vino la pandemia. Pero gracias a ello, hoy soy la referente ovina del sur de Córdoba”, cuenta con orgullo.

En su campo ya se han hecho dos jornadas de trabajo. Se mantiene en contacto permanente con el INTA. De la Universidad de Río Cuarto han ido a hacer prácticas. Recibe cabañeros. Luego de la cuarentena reconoce que no le gustan los remates virtuales porque se pierde el clima afectivo y festivo del encuentro, las mateadas, la charla amena y directa.
Rosita hoy tiene 120 ovinos y reconoce que recién hace dos años ha comenzado a ver los frutos después tanto sacrificio. Agradece a su gran referente, el ingeniero agrónomo, Néstor Franz, especialista en ovinos: “Yo le comento toda la situación y él siempre está atento a todos los detalles”, dice.
Rosita lleva dos años vendiendo corderos faenados y borregas para madres. “Tengo a un hombre que nos ayuda y mis dos hijas –Guadalupe, de 16, y Georgina, de 14- me ayudan los fines de semana, porque están estudiando. Pero ya atienden una parición, hacen el descole, saben alimentar y dentro de poco ya van a saber todo lo que yo aprendí. A ellas les gusta la actividad rural y ganadera, pero noto que no es común hoy en las chicas de su edad, porque sus profesores me cuentan de la pasión con que hablan de sus ovejas. Y cuando viene el veterinario, ellas se plantan a mi lado para aprender”, cuenta feliz, Rosita.

“En el campo, siempre se está aprendiendo, y nunca se puede aplicar una idea a todos por igual. Yo, a todos los que vienen, les `exprimo` su sapiencia. Y parte de mi felicidad está en compartir con los demás todo lo que tanto me costó aprender. Además, mis padres me enseñaron que una persona que trabaja conmigo no es ni más ni menos que yo, de modo que comparto mi mesa con ellos. Y le pongo un ejemplo: unos esquiladores me pidieron quedarse a dormir en el galpón y les dije que no. Les di una casita que tenemos para huéspedes”, alecciona Rosita.
Pero la vida en el campo no es toda de color rosa. Sufrió inundaciones y llegó a ver su campo bajo el agua, incluso con su criadero de cerdos. En otra ocasión pasó una cola de un tornado y le arrancó medio galpón, muchas plantas, de todo. En 2017 perdió 24 ovejas y 8 corderos porque le entraron unos perros, que no eran salvajes, pero que les da por lastimar a las ovejas, según parece, por instinto, ya que no fue por hambre, explica Rosita apenada.
Y siguió: “Entonces, para proteger a mis majadas pensé en comprar perros de raza `Pastor Maremmano-Abrucense` -que viven con ellas- pero no me alcanzaba el dinero. Contacté a unos criadores de Tandil con los que hice amistad. Y al tiempo me dijeron que me regalaban uno. Un gesto inolvidable”.
Rosita me contó que colaboró en la filmación de “Curapaligüe, memorias del desierto”, de Ricardo Martinelli, y aparece en una escena cabalgando con su familia. Ella lleva más de 20 años desde que regresó al campo y hoy sueña con tener su pequeña cabaña de Hampshire down. Para eso debe seguir mejorando la calidad de sus animales y capacitarse más en el manejo. Por ahora le compra los reproductores a La Manfrina.
Recapacita que a pesar de todo lo que sufrió nunca pensó en abandonar la vida en el campo. “Me doblé, pero nunca me quebré”, asegura antes de despedirse con la siguiente anécdota: “Yo soy muy devota. Cuando cumplí 40 años en vez de gastar plata en una fiesta decidí construir un templete en honor a San Expedito en la entrada de la ciudad, y cada vez se junta más gente.
“Y le cuento otra: Don Santo Jaime fue el último empleado de mi papá. Su hijo, Víctor, me vino a decir que había hecho la promesa de traerme una imagen de la Virgen de Luján, desde su Basílica, en bicicleta. Y como soy fan de Horacio Guarany, pasó por la casa de él, Plumas Verdes –cuando vivía- le sacó una foto junto a la imagen y me la trajo. Armé una ermita en la entrada del campo y puse la Virgen con esa foto. Así es que les quiero regalar ´Si se calla el cantor´, de y por Horacio Guarany”.
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]]>La entrada Salta tenía las cabras pero no un lugar para faenarlas: Familias campesinas montaron el primer matadero para pequeños rumiantes y camélidos en Seclantás se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Pero eso es historia antigua, ya que un grupo de familias campesinas –unidas en la Cooperativa Agropecuaria y Forestal Bresec y acompañadas por el INTA, la ONG Red Valles de Altura, la organización Comunidades Unidas de Molino (CUM) y la Dirección de Ganadería de Salta- instalaron en el municipio de Seclantás el primer y único matadero para pequeños rumiantes y camélidos de la provincia, lo que permitirá potenciar el mercado local de este tipo de carne.
“Es un logro muy importante. Esta zona tiene más o menos un 33% de cabezas de caprinos y ovinos y es muy loco que no haya habido un matadero. Hasta ahora el abastecimiento de carne de cabra y oveja venía de Santiago del Estero a Salta. En el sistema productivo local, la gente no podía comercializar esta carne porque no había instalaciones adecuadas para tal fin”, dijo a Bichos de Campo Paula Olaizola, veterinaria y jefa de la agencia de extensión del INTA Seclantás.

El trabajo con productores y campesinos en esa zona del Valle Calchaquí inició en 2002 junto a la ONG Red Valles de Altura y a la organización CUM, que nuclea a 16 comunidades locales. Durante estos casi 20 años de trabajo, se realizaron innumerables proyectos que van desde la realización de obras de agua para consumos, canales de riego y la creación de una marca colectiva para artesanías, hasta el armado de botiquines para la sanidad animal y campañas contra la fiebre aftosa.
En 2007 se inició un proceso para dinamizar la ganadería local, que incluyó la realización de muestras y ferias ganaderas y el mejoramiento sanitario y de corrales, pero que nunca generó un real impacto ya que todavía no había instalaciones habilitadas que permitieran la faena y comercialización.
Eso llevó a los investigadores a identificar una problemática en torno al bajo consumo de carne a nivel local, derivada principalmente por los altos precios de la misma. Fue entonces que se optó por inaugurar una primera plata de faena, de características muy básicas y con solo dos trabajadores, que permitió ofrecer precios más competitivos para las familias de la zona.

Esa fue la semilla de un proyecto mucho más amplio que comenzó a gestarse entre 2008 y 2009, y que culminó con el actual matadero, que cuenta con una habilitación provincial para abastecer de carne caprina y ovina a todo Salta.
“Fue todo a pulmón, no recibimos un financiamiento total. Ejecutamos muchos proyectos de Ley Ovina, CEPYME, del INTA a través del Pro Huerta y del Ministerio de Desarrollo Social, de la Dirección de Ganadería, del INTI y de líneas de financiamiento para el agro de cooperación internacional”, señaló Olaizola.
Gracias a estos aportes, el matadero -que fue construido desde cero en un terreno aportado por los mismos productores- cuenta con cámara de frío, envasadora al vacío, un laboratorio habilitado para hacer pruebas zoonóticas, un camión para transportar hacienda y otro con refrigeración.
Su capacidad máxima de faena es de 50 cabezas diarias, y gracias a la cámara de frío, en los momentos de estacionalidad de la producción, se podrá faena y acopiar para la venta.
Si bien actualmente trabajan solo dos personas, el objetivo es que en planta trabajen seis operarios. A eso se le sumarán dos puestos por cada camión y otros tantos en cada puesto de comercialización local, que serán atendidos por los mismos socios de la Cooperativa Bresec.
En relación a quienes se encargarán exclusivamente de la faena, se realizaron pasantías, intercambios y capacitaciones en convenio con la Dirección de Ganadería de Salta y el Municipio de Seclantás.

“Para nosotros el matadero tiene un doble propósito. No sólo está la comercialización de ganado, que es sumamente importante para las familias de la zona y que generará puestos de trabajo, sino también la salud pública. Acá las faenas en las casas y aquellas clandestinas hacen perdurar la Equinococosis, una enfermedad parasitaria zoonótica muy compleja”, indició Olaizola.
La Equinococosis, conocida también como Quiste Idiático, es una enfermedad parasitaria causada por tenias que afectan al hígado, los pulmones y el cerebro, y que contagia por el contacto con heces de animales infectados. En Salta la enfermedad es endémica.
“El matadero busca resolver esta cuestión de la salud pública, al igual que con otras enfermedades como la Triquinosis. Por eso dentro del matadero tenemos un laboratorio habilitado para identificarla. Logramos un convenio con la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata y conseguimos dos becas Conicet para la identificación de las parasitosis zoonóticas de los animales, y estamos trabajando con un entrenamiento laboral del Ministerio de Trabajo para la identificación temprana de parasitosis”, afirmó la veterinaria.
En este mismo sentido, se trabajó con el INTI en un proyecto de investigación de tratamiento de efluentes a nivel territorial, que fue aplicado a las instalaciones del matadero. El mismo comprende un sistema de cámaras que filtrarán los deshechos de la playa de faena, dando lugar a un “líquido limpio que saldrá hacia un corredor de riego cuyo destino es la arboleda que rodea el matadero”, según explicó Olaizola.

De cara al futuro, uno de los próximos objetivos es difundir la marca “cabrito sanclateño” y “cordero sanclateño” como forma de darle valor agregado a la carne obtenida. Además se podrá a punto una sala de producción para la obtención de subproductos como hamburguesas o derivados del cuero, que llevarán la marca de los productos CUM.
Fotos: INTA – Paula Olaizola
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]]>La entrada Advierten que se reduce el stock de ovinos de la Patagonia y se achican las exportaciones de ese tipo de carne se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Hasta 2020 el stock ovino no había sufrido una gran reducción. Según los datos del Ministerio de Agricultura, la suma nacional fue de 14,5 millones a marzo de ese año, un nivel similar al promedio de la última década. Pero según dirigentes sectoriales, la pérdida de ovinos fue mayor desde el arranque de la pandemia. Todavía no está el conteo oficial, avisan.
Lo que sí puede verse ya es una baja en el stock de las provincias patagónicas y también en su faena.

Los números que surgen de la estadística oficial a marzo de 2020 indican que en Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén y Tierra del Fuego había 8,23 millones de ovinos, 6% menos que en los primeros 7 meses del 2017.
En esa región se realiza la mayor parte de la faena de ovinos que registra Senasa, ya que los principales frigoríficos se encuentran en Santa Cruz. La cantidad de animales enviados a los frigoríficos en enero –julio de este año fue de 490.400 cabezas contra las 553.000 del mismo período del 2020. La baja fue del 11%.

Al respecto Eduardo González Ruiz, de la Cámara de Frigoríficos de la Patagonia, dijo que “la caída se explica por el clima, las sequías, nevadas muy intensas generaron una fuerte y pérdida de animales así como también todos los demás factores que atentan contra la producción, como es el caso de los depredadores y el abigeato. A esto se suma la preocupante competencia por el forraje con el guanaco. Todo eso hizo disminuir la producción”, enumeró..
González Ruíz también se refirió a la comercialización de carne. Dijo que cayó el consumo interno de carne ovina por la pandemia, que profundizó la crisis económica interna.
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Según González Ruíz también hay dificultades en las ventas al extranjero. “Este año tenemos una exportación de casi 4.000 toneladas en los primeros 7 meses del año, a las que se pueden sumar otras 500 en lo que queda de 2021, cuando el año pasado se vendieron 3.500 toneladas. Esperábamos exportar más, pero también el mercado exterior está retraído”.
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]]>“El año pasado el frío extremo redujo cerca de 10% el stock de madres y entre 40 o 50% la zafra de corderos” explicó el productor ovino santacruceño Miguel O´Byrne a Bichos de Campo.
“Pensábamos que este año el clima iba a venir mejor porque el invierno fue benévolo en cuanto a las temperaturas, pero resultó también muy seco, no hay forraje, la hacienda está en mal estado corporal, muy lejos del nivel óptimo y se vienen las pariciones”, agregó el titular de la Federación de Instituciones Agropecuarias de Santa Cruz.
El impacto de la seca, que afecta sobre todo a la estepa patagónica y no tanto a las zonas cordilleranas o costeras, tendrá múltiples efectos. “En un año normal en Santa Cruz nacen entre 900.000 y un millón de corderos, pero el año pasado eso se redujo a 500 a 600.000, lo que achicó mucho la oferta, porque una parte va a reposición. Este año suponíamos que la situación iba a ser mejor, pero sequía mediante se calcula un nivel de producción similar a la de 2020”, dijo O´Byrne.
Además en años climáticamente buenos el peso promedio de destete es de 12 kilos y se calcula que los que sobrevivan en este pesarían 10 kilos como máximo, lo que significa una menor producción de carne y también de lana por la falta de forraje suficiente.
Para reponer los stocks perdidos bueno sería que el sector cuente con la financiación de la ley ovina que venció este año y de la que se espera su renovación con un incremento considerable de fondos en pesos y no tan considerable en dólares.
El proyecto de renovación de la promoción ovina –que ya cuenta con media sanción del Senado– establece un fondo anual de 850 millones de pesos, pero, campaña electoral mediante, el tratamiento del mismo se viene demorando en Diputados y comienzan a surgir temores de que no llegue a ser tratado en lo que queda de este año, lo que haría que en 2022 se disponga del remanente del fondo asignado en 2021, que sería de apenas 130 a 140 millones de pesos.
“Esa ley ayudaría a revertir estos procesos; esperábamos que un mes atrás ya estuviera resuelto el tema porque se supone que está consensuada entre los diferentes bloques. Para el sector es importante porque nos ayudará a repotenciar la inversiones, sobre todo en infraestructura, que tanta falta hace en todo el país ovino”, dijo O´Byrne.
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]]>La entrada Los hermanos Apesteguía producen lana merino en la Patagonia austral y cobran hasta 10% más porque certifican que es orgánica se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En esas circunstancias desarrolla su actividad el productor Sebastián Apesteguía, que hace 10 años junto con su hermano decidió apostar por la certificación orgánica para transformar la lana merino que genera su majada en una especialidad y salir del mercado de los commodities.
El campo de los Apesteguía está situado en Santa Cruz, a 70 kilómetros de Puerto Deseado y a 300 kilómetros de Comodoro Rivadavia, en la meseta central, un área semidesértica característica de la Patagonia Austral. Su abuelo comenzó a producir allí a inicios de los años 50 y, si todo va bien, espera Sebastián que lo sigan trabajando sus sobrinos.

“Manejamos 37 mil hectáreas. Suena algo impresionante para otros lugares del país. Sin embargo, no podemos pasarnos de los 5 mil animales por año pastoreando, porque si no las condiciones nutricionales no serían las óptimas. La carga es de una oveja cada 8 hectáreas”, explicó.
Apesteguía contó a Bichos de Campo en qué consiste la producción ovina orgánica y qué beneficios productivos y económicos le reporta.
“Hacemos todo dentro del marco de un protocolo, no usamos agroquímicos, y tenemos un determinado manejo de los residuos y su disposición final. También tenemos que acreditar determinada producción forrajera y carga animal para que no pasen hambre. Por eso se hacen estudios de pastizales, que permiten calcular la cantidad de ovinos que se pueden tener en el campo, todo eso lo certifica una empresa argentina llamada OIA (Organización Internacional Agropecuaria)”, enumeró el productor.
Además también certifican el bienestar animal: “Son 5 puntos a respetar, el principal es que las ovejas no pasen hambre, que no pasen sed, el trato y manejo; todo eso está certificado, tenemos todos los años una inspección, hay que presentar documentación para avalar los procesos y eso a nivel internacional y en los mercados es muy aceptado. Por eso hace más de 10 años que lo hacemos”.

Todo eso en un marco geográfico y climático no muy amigable y en muchos años por demás hostil. Además de enfrentar los humores del clima y la escasez de forrajes que son propios de la región, los dos hermanos tienen que convivir con depredadores como el zorro colorado y gris, el puma y también el guanaco, especie silvestre que compite con los ovinos por pastizal y el agua.
A pesar de todo el resultado obtenido es positivo. Cuando comenzaron a la certificación orgánica, hace más de una década, debieron bajar la carga y recién hace 5 años que las laneras demostraron un interés más marcado por este tipo de productos. “Hay demanda internacional por estos lotes, hay plus económico que ronda el 8 a 10% por encima del producto convencional”, contó Sebastián.
Apesteguía se refirió a cómo los afecta a ellos el desdoblamiento cambiario. “Hoy una lana de mi zona de 20 micrones con un rinde de 50% está en 4 dólares, que nos los cambian a 92 pesos”, es decir al valor oficial mayorista. Eso afecta la rentabilidad de las empresas que venden con un valor del dólar pero deben comprar insumos que muchas veces se rigen a otro valor mucho más cerca del dólar blue, MEP o bolsa. El combo afecta la posibilidad de realizar inversiones o mejoras tanto en genética, forrajes o infraestructura.
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]]>La entrada Cuestionando la idea de que toda actividad ganadera necesita de una alfalfa, el veterinario Javier Aguilar decidió aplicar un pastoreo rotativo para sus ovejas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Llego a esto luego de un largo recorrido; primero todos los años de la carrera de médico veterinario y luego el ejercicio de la profesión donde se ponen en práctica cosas que se enseñan en la facultad y que luego aplicamos con total naturalidad y sin cuestionar… pero que a mí siempre me hacían ruido”, resume de un tirón.

Una de las cosas que a Javier no le cerraban del todo era la premisa de que para alimentar vacas, caballos u ovejas había que sembrar una alfalfa, una avena o un verdeo cuando estamos en una región donde los suelos son magníficos y donde hay un pasto natural espectacular.
“Entonces yo me preguntaba por qué esta idea de que primero había que arrasar con todo para luego sembrar un pasto y así tener una sola especie. Me parecía absurdo romper todo y fumigar todo para empezar de cero”, explica.
La zona privilegiada donde Javier vive con su marido Cristian es un predio de 4 hectáreas, a 7 kilómetros de Río Cuarto. Y como la pandemia los obligó a estar mucho tiempo en casa, Javier sintió que era el momento perfecto para comenzar un planteo agroecológico de su predio que –eso sí- demanda una presencia constante en el lugar, como él mismo dice.
El primer paso ocurrió cuando Viki Nievas, una colega de producción ovina fue a visitar su campo y le dijo que era “muy factible” hacer lo que él quería hacer… y el segundo fue hacer un curso de manejo holístico con Ovis 21.
-En concreto, ¿qué era lo que quería hacer?
-Un manejo holístico, respetando la naturaleza local y sus ciclos. Por eso lo primero que hicimos entonces fue comprar redes metálicas para el pastoreo rotativo. Pasamos de tener los animales sueltos en un potrero de 2 hectáreas a hacer parcelas de 150 metros cuadrados, dándoles el tiempo a los animales para que coman y dejando a las otras parcelas descansar. Hace 2 años que estoy haciendo esto y ya veo resultados muy interesantes desde lo productivo y desde el ambiente.
-¿Cómo fue el proceso?
-Bastante rápido porque me di cuenta de que había otra forma de hacer las cosas, una forma más sensata y más armónica con el ambiente. No tuve ningún problema en dejar de usar herbicidas ni ningún tipo de compuestos
-¿Qué le dijeron sus colegas cuando empezó con esto?
-Que me iba a quedar sin pasto y que el poco pasto que iba a tener sería de baja calidad. En fin, lo que nos vienen vendiendo desde siempre tanto desde las facultades, asociaciones y empresas de insumos.

-¿Cuántas veces escuchó el “esto es imposible”?
-Muchas. Sobre todo, que es imposible producir sin los insumos. Sin embargo, así crío mis 34 ovejas. Es cuestión de no escuchar tanto las voces de afuera y seguir convencimiento interno que uno tiene y ver cómo responden en el suelo y la naturaleza.
-¿Y por qué se insiste con lo imposible si hay muchos que están produciendo así?
-Porque vivimos en un sistema que nos quiere convencer de que todo se soluciona comprando más cosas. Y muchas veces la respuesta no está en agregar una droga más sino cambiando el manejo y con una mirada holística.
Javier cuenta que este predio de 4 hectáreas también es su hogar y donde hay, en total, 3 familias viviendo. “Estamos haciendo una combinación de producción animal y `jardinería´ ya que las ovejas son una herramienta fantástica para modificar este paisaje: ellas pasan y dejan todo ordenado bonito y hasta más fértil porque el pasto luego crece con fuerza”.
“Mi actividad siempre estuvo más ligada a los caballos y con ellos empecé el pastoreo rotativo, para luego ir agregando ovinos. Ahora sólo tengo ovejas pero no me voy a desvincular de los caballos; en cualquier momento voy a retomarlo”.
“Estar las 24 horas en casa me dio la confianza necesaria de que todo esto iba a estar bien controlado porque este planteo eso es lo que demanda: estar en el campo monitoreando todo lo que ocurre con los animales y con el sistema”, reflexiona. “Hacer pastoreo rotativo y con pastos nativos siempre me pareció lo más sensato en este lugar de tierras ricas y único por su fertilidad… es una locura pensar que sus propios pastos no son buenos”.
-¿También está reforestando?
-Sí. Sobre todo con frutales y arbustos nativos porque creo que son esenciales, por eso cada año vamos incorporando plantines. El problema son los agroquímicos de los vecinos que enferman nuestros árboles y muchos mueren. Hemos hablado con ellos y también hemos llamado a la policía y hasta hemos detenido fumigaciones, pero no es fácil porque se sigue fumigando.
-¿Entonces se puede decir que a usted le funciona el planteo productivo agroecológico?
-Yo lo practico con total convicción. No es, como se ha dicho muchas veces, un delirio o un planteo inocente. Es el cambio que como sociedad necesitamos hacer porque este planeta no da más y el clima nos lo está diciendo todo el tiempo.
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