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La entrada Un ganadero todo terreno: Alberto Rodríguez no se encasilla en ningún sistema y ha logrado integrar toda la cadena con creatividad y sacrificio se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El campo contaba con pastizales naturales que sirven para una explotación ganadera limitada, con una carga que en la zona no supera 0,7 vacas por hectárea. Entonces Alberto comenzó a “pivotear” entre el negocio de su padre, el campo y la UCA.
Con el tiempo el campo empezó a demandar más dedicación y en 1995 Alberto sufrió un violento asalto en el conurbano y decidió irse con su familia a vivir a la ciudad de Verónica, cabecera del partido de Punta Indio, cerca de su campo familiar. Apostó a la ganadería con todo. Cuenta que al comienzo hacía 100.000 kilómetros por año comprando hacienda hasta que decidió vender todas sus vacas Angus, compró vacas “conserva” y arrancó de nuevo.
Alberto tuvo que volver a empezar varias veces, porque no tiene reparo en contar que se fundió en la crisis del 2001 y luego también en 2010. “Nos fundimos por las políticas de Estado, pero en cuanto el mismo nos deja de pegar, los productores nos levantamos de nuevo”, asegura.
Mirá la entrevista completa a Alberto Rodríguez:
Con el esfuerzo de años, Alberto hoy pudo constituir una empresa llamada “La Perla Agropecuaria”, que juega en todos los flancos del negocio ganadero. Cuenta con 600 hectáreas propias y otro tanto alquiladas en la zona de Hipólito Vieytes, partido de Magdalena, sobre la Ruta 20. Allí realiza cría, recría y engorde con suplementación.
En el lugar fue agregando silos de autoconsumo con alimento balanceado que él mismo fabrica en su propia planta, ubicada muy cerca, en el parque industrial de la localidad de Verónica. Con el balanceado se abastece para el engorde de todos los terneros de su propia producción y también para engordar animales de compra directa a otros productores.

Su sistema es bastante innovador, pues se trata de un engorde “a consumo voluntario”: los animales pastorean en pequeñas parcelas con uno o dos días de permanencia pero a la vez tienen libre acceso a los comederos para consumir el balanceado. Eligen ellos y Alberto dice que siempre eligen bien. Comienzan con consumos bajos y a medida de que pasa el tiempo, van aumentando el consumo de alimento balanceado con muy buena conversión, ya que la tasa se ubica entre 5 y 6 kilos por kilo de carne ganado, dependiendo de la calidad de los animales.
Este curioso emprendedor tiene cinco hijos y tiene la inmensa fortuna que hay tres de ellos que se integraron al trabajo de la empresa, lo que le permitió agregar más valor a la misma. Así fue como en la planta de Verónica comenzó a producir expeller de soja, aceite y biodiesel, que aprovecha como combustible para los camiones y camionetas de su propia empresa. Y claro, tiene transporte propio.
Como si le faltara algo a este modelo de integración, Alberto faena sus animales y los vende. Una buena parte de su producción la comercializa en dos carnicerías que también pertenecen a la empresa, una en Magdalena y otra en Verónica. Al excedente lo vende “al gancho”, en media res, a otros dirstribuidores.
Tiene además un campo alquilado, de 320 hectáreas, habilitado para Hilton, en el que hace engorde de vacas y novillos, pero exclusivamente a pasto. También comparte con un productor de Punta Indio, un campo de médano y monte, en el que hacen recría precoz y semi-precoz, a porcentajes. “Es un campo que funciona muy bien con esas categorías, nos ayuda a destetar anticipado y nos permite poder comprar vacas viejas con cría. Y hacer por un lado, la recría de terneros, y por el otro, la vaca pasa a engordar para exportación”, señala Alberto.

Inquieto como pocos, Alberto llegó a ser presidente de la Sociedad Rural de Punta Indio entre 2014 y 2020. Hoy se sigue denominando como un emprendedor familiar, a pesar de que La Perla Agropecuaria tiene 25 empleados. Uno de sus encargados suele contar que Alberto no sólo le dio trabajo sino que lo ayudó a superar una dura crisis familiar, por lo que dice que nunca lo piensa dejar, sino agradecerle con trabajo, de por vida.
Cuando empezó la pandemia Alberto armó un grupo para ayudar a las personas que se habían quedado sin trabajo. Lo llamaron “Ayudemos a Ayudar” y se dedicaron a juntar alimentos. Durante 4 meses entregaron más de 1000 bolsones. “Y en ese momento junté a todas las instituciones intermedias del partido, desde Sociedad Rural, Cámara de Comercio, Clubes Deportivos, Centros de Jubilados, Centros Tradicionalistas y otros –unas 35 instituciones- y actuó de coordinador entre las mismas y el Municipio.

Rodríguez dice que su esposa siempre lo apuntaló y que si no hubiese sido por ella, no hubiese llegado a constituir la empresa que hoy exhibe con orgullo. Le duele mucho que uno de sus hijos ha emigrado de Argentina, en busca de mejores oportunidades, luego de ver a su padre cómo pasó largas horas de su vida luchando contra las políticas de Estado que casi siempre le han sido adversas.
Pero Alberto no pierde la esperanza y sigue apostando al trabajo, la producción y la capacitación de su gente, que dice ser “es la única vía para dejar de caer, y volver a crecer como país”.
Recomendamos mucho este reportaje. es un placer escuchar a este ganadero todo terreno.
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]]>La entrada Enrique Landa aplica el pastoreo racional desde hace décadas y lo mide a la criolla: “Si al dar vuelta una bosta está seca, no hay sistema. Si está llena de escarabajos y lombrices, es que comenzó a funcionar” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La familia Landa siempre estuvo relacionada a la zona ganadera de Punta Indio, en la provincia de Buenos Aires. El primer campo que compraron allí fue en 1950, el cual destinaron por completo a la cría de animales ya que la tierra no tenía la suficiente calidad para hacer una agricultura rentable. Con los años probaron suerte en distintos campos en las localidades de Lincoln, Madariaga y Pipinas, pero nunca se apartaron demasiado de la Bahía de Samborombón.
Enrique hizo la primaria en Pipinas y de manera temprana se volcó al trabajo en el campo, porque todavía no había colegios secundarios en la zona. En los primeros años de la década de 1970 la comunicación, los teléfonos y la luz eran palabras mayores por lo que Landa –en aquel entonces todavía un niño- dedicó a hacer cursos y a estudiar a la distancia para completar su formación.

“Siempre me gustó indagar y conocer. Tendí siempre más a la parte técnica que a los animales. En el campo siempre tenés que ser medio mecánico, medio molinero, saber soldar, saber de todo. Me fui armando. En el último año de primaria, a la mañana iba al colegio y a la tarde en el tractor, sembrando, arando, lo que fuera”, contó el productor a Bichos de Campo.
En esos mismos años en una estancia que estaba al lado del campo familiar, los vecinos comenzaron a aplicar algo así como el pastoreo rotativo, algo muy innovador y poco conocido en la zona. Gracias a su buena relación, Landa los visitó en varias oportunidades para entender de qué se trataba y, sin saberlo, germinó en él el interés de aplicar ese sistema de manejo tan novedoso.
“Esto era comer el pasto cuando está en su máxima calidad y dejarlo descansar hasta que vuelva a ese mismo estadio. Apuntaba más a los descansos que al momento de comida, que era muy cortito. No es el intensivo de horas que hoy vemos, porque está mucho más tecnificado. Era una semana o quince días y se movía la hacienda. Lo que se notaba y destacaba la gente es que el campo nuestro siempre estaba verde, aun en periodos secos. El campo estaba descansando”, recordó Landa.
Mirá la nota completa acá:
Hoy el campo de los Landa, que él administra junto a un hermano, tiene 1.200 hectáreas -entre superficie propia y alquilada- y alberga 1100 madres. Se maneja íntegramente con pastoreo rotativo.
“Lo primero que marca si el sistema funciona o no son los bicharracos del suelo. Si al dar vuelta una bosta está seca, no hay sistema. Si está llena de escarabajos o de lombrices el sistema comenzó a funcionar. Eso lo leí y lo empecé a observar como forma de medir” el impacto de las rotaciones, indicó el ganadero.
“La intensificación en el campo llevo a que uno tenga que maximizar el consumo de pasto, aprovecharlo al mango y la forma de hacer eso es con un rotativo, sino se pierde mucho. El pasto que no se come, no solo es perdida porque no lo comiste sino que se retrasa el próximo pastoreo porque deja de producir y entra en una especie de letargo que el ciclo no continua como tiene que continuar. Conocer eso es básico para implementar un rotativo”, agregó.
A pesar de que las condiciones del suelo no favorecieron a que la empresa familiar realice agricultura, Landa asegura que prefiere realizar actividades ganaderas ya que brindan un margen de tiempo mayor para actuar y corregir parámetros.
-¿En qué momento considerás que estamos de la ganadería?- le preguntamos a Landa.
-La ganadería argentina es siempre una incógnita. Yo siempre escuché que era bueno, que hay mercados. Ahora nos pasó Uruguay exportando carne vecina. En nuestro país hay un componente político que nos hace estar en un bucle permanente. La carne en el mundo es una exquisitez y acá es popular. Tiene que estar barata por definición.
A continuación remarcó: “La ganadería tiene la ventaja, comparado a años anterior, a la información. Al tener acceso a la información, tanto de mercado, de clima, de comportamiento del consumidor que se puede medir. Hoy hay mucha más previsibilidad de la que se tenía hace 30 años atrás. Hay cuestiones que nos permiten medir sobre bases objetivas. El productor se dio cuenta de que no puede producir por producir. Tiene que producir con lógica porque si no atenta contra su propio interés”.
-¿Es fácil conseguir mano de obra para ganadería?
-No es fácil. Es ganadería por ahí lo es más porque todavía se hace mucho a mano, a caballo y no hay tanta tecnología aplicada en maquinaria. Yo tengo un equipo de siembra directa parada hace tres años porque no tengo tractorista. No consigo uno que sea confiable para hacer trabajo a terceros. Quedó para trabajo interno y lo manejo yo o un empleado. Yo siempre defiendo que cada cosa tiene su profesionalidad. Si voy arreglar un molino que lo arregle quien sabe de molinos.
-¿Qué necesitan para seguir siendo más eficientes del gobierno y de la política?
-Estabilidad. En la ganadería es clave porque son ciclos largos. Los cambios en Argentina son típicos. En 1973 explotó el país y el dinero de 150 hectáreas en Lincoln, que teníamos la posibilidad de comprar pegadas a las nuestras, terminó siendo equivalente a comprar un tractor nuevo con arado. Te agarra eso con una vaca con tres meses de preñada, a la que le faltan seis meses para parir y otros ocho para entregar el ternero, la vendes y la quemas antes de tiempo. La estabilidad es clave.
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]]>La entrada El gobierno distribuye otros 3.000 boyeros solares entre pequeños productores y busca impulsar el pastoreo racional se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Con esta política llegamos a las zonas rurales de todo el país, aisladas de la red de suministro eléctrico, mejorando la calidad de vida de sus habitantes, para que cada uno pueda desarrollarse donde elija. Queremos potenciar una Argentina más federal, con la visión y el mandato del presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner”, expresó el secretario de Energía, Darío Martínez, en un comunicado.

Según se explicó en la publicación, los boyeros solares son una tecnología de bajo costo y de alto impacto, que permite a los productores utilizar selectivamente el espacio de los predios, aprovechar más eficientemente los recursos forrajeros disponibles, mejorar las pasturas, incrementar el kilaje de sus animales y proteger sus cultivos y rodeos contra animales furtivos.
Además, señalaron que su utilización en el medio rural disminuye la carga horaria de todos los miembros de la familia dedicada al pastoreo y protege aguadas naturales, entre otros beneficios.
La empresa que resultó adjudicataria para la provisión de los boyeros se llama Fiasa y es argentina. Este mismo tipo de equipos, provistos de batería y panel solar integrados, ya habían sido entregados previamente, con excelentes resultados, a 1.442 pequeños productores en las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán, La Rioja, Corrientes, La Pampa y Córdoba.
El coordinador General de PERMER, Luciano Gilardón, manifestó que “el proyecto demuestra ser una poderosa herramienta de política pública que apunta a combatir la pobreza rural de los ciudadanos de nuestro país. La dotación de estas tecnologías permite a las familias mejorar sus condiciones de vida”, remarcó.
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]]>La entrada La frambuesa del postre: En El Bolsón hay un lugar donde se producen frutas finas, cereales, yogures, quesos, helados y hasta novedosos trigos, todo con certificación orgánica se publicó primero en Bichos de Campo.
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“Siento que aún hoy no hay un reconocimiento a lo orgánico certificado; de hecho en el mercado local no tenemos precio diferenciador, algo que sí se reconoce en el mercado internacional”, explica Wenceslao, hijo de Paul e ingeniero agrónomo. “A pesar de esta diferencia hoy no exportamos porque la demanda local es alta y creciente y, por otra parte, exportar hoy es cada vez más engorroso”.
Humus vende toda su producción de fruta fina en la zona, especialmente en Bariloche, donde el consumo de fruta fresca de estación es muy interesante y el formato de congelados permite la comercialización durante todo todo año.
Aunque producen mora, cassis, corinto, grosella, guinda, sauco y frutilla, la mayor parte de la producción de fruta fina del predio está dedicada a la frambuesa porque se da muy bien en la zona. Debido tanto a las condiciones climáticas como agronómicas, se obtienen rindes de entre 12 y 15 toneladas por hectárea (algo que no ocurre con la cereza, que tiene mejores producciones más al sur).
En este punto, la pregunta que surge es por qué, si la frambuesa cada vez más está posicionada, no llega a Buenos Aires ya que es un producto que no se ve en las verdulerías y rara vez en un supermercado.

“El tema es que el acopiador, que es el mismo que compra sandías y papas, no sabe manejar el producto y a esto se le suma que las verdulerías no quieren arriesgarse a perder nada y como la frambuesa es delicada, prefieren evitarla”, resume Wenceslao.
“El mercado y la demanda están, pero hay que ajustar los procesos para lograr que llegue el producto en buen estado; esto en la gastronomía está resuelto porque se manejan con congelados, pero quien quiere comer frambuesas frescas en Buenos Aires, por ahora no puede”. La comarca andina, compuesta por una buena suma de pequeños productores de menos de media hectárea, y medianos de 2 a 3 hectáreas,, produce 250 toneladas de frambuesas por año.
Pero Humus no se limita a las frutas finas sino que se compone de 5 unidades de negocio. En el mismo predio hay vacas, para la elaboración de yogur, dulce de leche, helados y quesos; hay vivero de plantines de fruta fina; hay cereales; y hay un circuito de agroturismo (con heladería incluida) que culmina en una sala de ventas de sus productos.
En cuanto a los animales, poseen 70 vacas (de las cuales hay 50 en ordeño) en su mayoría de raza Holando, aunque algunas con cruza Jersey para ganar en leche con mayor tenor graso para la producción de lácteos, y un toro (antes hacían inseminación). “Los animales son grandes generadores de abono, algo que nos resulta indispensable para la producción orgánica”, detalla.
“Nos manejamos con parcelas con eléctrico y hacemos nuestro propio forraje ya que las vacas están encerradas 4 meses y medio por el frio y hay que alimentarlas”. (En total, con las tierras arrendadas, el predio suma 110 hectáreas).
Wenceslao enfatiza que en el sistema de rotación de parcelas la clave es hacerla lo más sistemáticamente posible y para eso hay que estar siempre “encima del campo” y pensando la mejor forma de hacer las cosas. “Los cuadros más alejados y que son más incómodos para la cosecha de fruta fina los dejamos directamente para pasturas. Hacemos siembras consociadas con gramíneas y leguminosas (como trébol con raigrás) porque nuestras primaveras son frías y si tenemos que esperar a la alfalfa para hacer un corte perdemos muchos días, mientras que las gramíneas son más rápidas y ya tenemos un primer uso tanto en primavera como en otoño y logramos más oferta de pastoreo”, explica.
“Una vez que la pastura está agotada y la parcela ya no es rendidora nos vamos a una rotación con un cereal, que tiene rápida reacción y así no dejamos el suelo descubierto en invierno a la vez nos ayuda a controlar las malezas, algo que para nosotros, como chacra orgánica, es fundamental”.

“En lo que es berries el ciclo es más largo: hacemos una rotación de unos 10/12 años de ese uso y recién después de ese tiempo ponemos un cereal, que puede ser avena, centeno o cebada, o también algo de trigo espelta; para volver a tener berries en esa parcela van a pasar 10 años más”.
El trigo espelta en los últimos años se ha convertido en un producto gourmet y muy buscado (otro “difícil” en Buenos Aires), así que parte de la producción que tienen la venden localmente a una panadería que elabora todos sus productos con masa madre y, también, el turista que va a visitar la chacra puede comprar la harina de espelta en el salón de ventas. Pero, debido al gran valor nutricional de esta variedad de trigo, la mayor parte se destina a forraje para silo en un proceso donde se corta antes de espigar y los rollos de heno permanecen en nylon para producir una fermentación anaeróbica donde predominan la fermentación lactica.
“Esto hace que el forraje sea más nutritivo y palatable y sobre todo nos da un alimento con buen aporte en la época de frío”, dice Wenceslao. “Es lo más parecido a tener un pastoreo en invierno”. El rinde en granos es de 6 toneladas por hectárea y tienen 10 plantadas.

Tan buenos resultados ha dado el sistema de rotación de parcelas que su vecino, también productor de frutas finas, se sumó a esta idea y desde hace un tiempo Wenceslao lo está asesorando: “Con mi vecino no tenemos ni siquiera cerco divisorio, así que cuando se interesó por el sistema rotativo en seguida empezamos y ya está viendo los resultados de la rotación y de los suelos con descanso… y de paso mis vacas se pasan a su chacra y ahí comen también”, cuenta entre risas.
“Es fundamental trabajar en sintonía, estar al tanto de lo que le pasa al vecino, compartir experiencias y ver cómo entre todos se puede mejorar”, concluye.
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]]>La entrada En Balcarce engordan bovinos con un sistema Voisin que no es Voisin: Rotación intensiva, pero con pasturas implantadas y fertilizantes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Esta definición sobre el sistema intensivo para la ganadería creado por el francés André Voisin en los años 50, corre a medias para lo que Bichos de Campo pudo ver en la estancia El Volcán, ubicada cerca de Balcarce. Allí engordan los bovinos en pequeñas fracciones de media hectárea de campo, y los hacen rotar aceleradamente como manda este método de ganadería regenerativa. Pero no lo aplican sobre pasturas naturales sino sobre alfalfa y festuca implantada sobre tierras que vienen de la agricultura. Para peor, no le hacen asco a los fertilizantes o a los agroquímicos cuando hace falta.
Es un Voisin que no es Voisin, o al menos que no cumple con todos los preceptos que marca la agroecología, que en ganadería se ha volcado masivamente a este tipo de planteos de rotación intensiva debido a los efectos regenerativos que tiene sobre los suelos.

La estancia El Volcán, perteneciente a la empresa Los Lazos SA, del empresario Federico Boglione, es un vasto territorio ávido de nuevas tecnologías que buscan hacer más sustentable la producción. De entrada se nota un gran esfuerzo en la sistematización de los suelos agrícolas, para evitar la erosión hídrica propia de esta zona ondulada. También se utiliza una altísima rotación de cultivos (por suerte allí la soja es la menos importante), y se han incorporado con fuerza los cultivos de cobertura o “de servicio”.
En materia ganadera, unas 128 hectáreas de lomas han sido sistematizadas hace un año y medio para aplicar este Voisin que no es Voisin. El veterinario Pablo Veiga, responsable de este proyecto, cree que son los únicos en el país que por ahora lo aplican. Aunque todavía no han cerrado los números de la primera temporada, afirma que los resultados de combinar la alta rotación con pasturas implantadas y fertilización son notables, pues les permiten logran más de 800 kilos anuales de carne por hectárea.
Mirá la entrevista a Pablo Veiga:
https://youtu.be/gstW3TjopR4
El paisaje ondulado de la estancia muestra que el sector ganadero tiene muy distintos tonos de verde. Los potreros que explican estos matices son de media hectárea cada uno, pero pueden ser divididos por la mitad o hasta en tercio dependiendo de la disponibilidad de pasto y la dotación de vacas que haya que alimentar.
“Lo que permite esto es hacer un aprovechamiento del 80% de la disponibilidad de pasto, que al dejarlo descansar uno a los diez días va viendo el rebrote. En primavera podemos volver a entrar a los 20 o 25 días, y en invierno se le deja más descanso, pro siempre basado en la disponibilidad de pasto”, nos explicó Pablo.
El profesional reconoció que lo que hacen es muy semejante a un Voisin, pero en este caso con agregado de fertilizantes, de acuerdo con la tasa de extracción, y que “en el caso de que hiciera falta algún herbicida o fungicida también se le puede llegar a aplicar”.

Al leer esta nota, los agroecologistas deben estar maldiciendo en este preciso momento. Pero Veiga insiste en que no son tan rígidos respecto de utilizar insumos externos en el planteo. Cuando los necesitan y los análisis de suelos los aconsejan, hacia ellos van. “Se trata de utilizar lo menos posible, pero sí hay que devolver (con nutrientes) lo que uno extrae”, explica.
Hay un factor clave en este planteo de ganadería intensiva y racional a pasto, que es la disponibilidad de agua en el misma parcela, para evitar que los animales tengan que caminar en su búsqueda hasta una aguada o bebedero, y entonces desparramen la bosta y el orín (finalmente fertilizantes) en el mismo lugar del que comen.
Esto se logró con bombas que le meten presión a un sistema de cañerías subterráneas, y que distribuyen el agua en las 15 hectáreas. Cuando las vacas cambian de potrero, el encargado simplemente desenchufa la manguera de un lugar y la enchufa en el otro. Un flotante, luego, hace todo el trabajo, habilitando el flujo de agua en la medida que los bovinos la van consumiendo.

-¿Qué beneficios le encontrás a este sistema?- le preguntamos a Pablo.
-Que podemos tener muchísimos más animales por hectárea de los que teníamos antes, y que se pueden manejar los lotes en forma más uniforme. Mejora la docilidad de los animales.
-¿Y la producción aumenta?
-Todavía no cerramos el ejercicio, pero a esta altura vamos más de 800 kilos de carne por hectárea. Es impresionante.
En El Volcán tienen la conciencia muy tranquila por haber alterado el Voisin tradicional con el agregado de pasturas implantadas, fertilización y aplicaciones de agroquímicos si hiciera falta. Veiga nos enfatiza que en esta experiencia los objetivos ambientales se cumplen con crecer, porque las distintas mediciones muestran una recuperación de la materia orgánica y los minerales de los suelos. “La fertilidad mejora notablemente”, indica.
Estamos sin duda delante de un nuevo sistema, revisado y renovado, no tan dogmático en materia de insumos. ¿Tendrá nombre?
“Nosotros le llamamos sistema Elena Patrón”, nos dice el veterinario, haciendo referencia a una especialista uruguaya que los ha asesorado desde el inicio de este proyecto. Patrón es experta en manejo de pastos y agua. La hemos podido entrevistar en un reciente congreso de Fertilizar realizado en Rosario.
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]]>La entrada Juan Pablo Oppen decidió volver a ser productor. Y explica: “Cuando comenzó el boom sojero pasamos a ser rentistas” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Juan Pablo es arquitecto, sapo de otro pozo, pero quedó a cargo del campo familiar desde hace ya 4 años, y decidió cambiarlo por completo, aunque va avanzando paullatinamente. A medida que puede, bva cancelando contrato con sus arrendatarios y va incorporando esos lotes a un planteo de ganadería regenerativa o agroecológica.
“Es un campo que tiene la mitad monte y la otra mitad con aptitudes agrícolas”, dijo sobre las más de 1.000 hectáreas que desde hace un siglo y medio pertenecen a su familia. Un par de décadas atrás, las ofertas de alquiler les llovían de todos lados. “Era irresistible. Een nuestro caso, siempre pagaban un plus por la ubicación del campo y por la calidad”, comentó Oppen a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa con Juan Pablo Oppen:
El arquitecto admitió que la buena renta de la soja hizo que, como muchos en situación similar a la de ellos, se fuera “cegando, al no ver el deterioro que le estábamos ocasionando al campo en cuanto a falta de fertilidad, de biodiversidad y sobre todo en cuestión de cultura de trabajo”.
En este último punto, el productor observó que “la ruralidad se pierde cuando se maneja desde el escritorio, porque lo que se hace es una planificación financiera: qué se va a hacer con la renta que le dieron. Pero no es fruto del trabajo, no es fruto de ir al campo, de ver cómo está la hacienda, de ver cómo hacer para mejorar la fertilidad. Y la consecuencia social ha sido tremenda”.
Oppen dejó en claro que no está de acuerdo con los sistemas productivos que se han desarrollado durante los últimos 30 años en el país, en los que la ecuación financiera se impuso en detrimento de la composición de los suelos y el ecosistema en general. Para él, este modelo provocó además que “el campo se haya vaciado de familias, que no haya más chicos, que no haya escuelas”.
“Puede haber tenido una consecuencia positiva para el bolsillo de unos cuantos, dentro de los que me encuentro involucrado, pero la consecuencia social fue tremenda para el país”, lamentó.
Desde 2016, el entrerriano lleva adelante un sistema de cría ganadera a base de pastoreo racional, tratando de recuperar el pastizal natural por convicción y para vivir la experiencia en carne propia. “Cuando comencé el campo estaba todo alquilado para hacer soja. Los arrendatarios me van devolviendo el campo por malo – según su propia definición “choto”-, porque no tiene fertilidad”, contó.
Durante el período en el que pasó de ser un campo de una condición a otra él no lo trabajó: “Todo fue con agricultura intensiva que no me benefició y fue deteriorando el campo. Tengo menos fertilidad, erosión y hasta se desmantelaron las instalaciones”.
En términos agronómicos, es sabido que al no haber una cobertura permanente, dejar los campos desnudos durante meses, en barbecho químico, en temporada lluviosa la tierra se erosiona. Pero además, Oppen resaltó que cuando se alquila el campo “es necesario que el dueño del campo haga cumplir los contratos en los que se exige hacer terrazas o mecanismos para temperar la erosión”.
-¿Cómo fue que empezaste a capacitarte en el sistema de producción agroecológica?- preguntó Bichos de Campo.
-Tuve que arrancar de cero. Dentro de las alternativas productivas estaba hacer la que está imperando en todos lados, es decir soja. Pero como a mi mucho no me gusta la agricultura quise hacer ganadería, que es lo que siempre se hizo acá. Tuve la suerte de toparme con alguien que me dijo que hay otras alternativas productivas un poco más amigables con el medio ambiente, con la vida, con tu conciencia, y son rentables. Me contacté con Eduardo Cerdá, quien me asesoró durante un tiempo. Viajé mucho a Uruguay donde hay una defensa del campo natural enorme- narró Oppen, quien aseguró que a partir de allí, se dio cuenta que los beneficios de la ganadería regenerativa eran enormes.
El ganadero transmite entusiasmo y cuenta que “todos los días descubro en este sistema productivo algo nuevo que me convence que tengo que apostar a que todo el campo sea igual. Cuando uno hace un planteo agroecológico está tratando de imitar a la naturaleza. Por eso las pasturas deben ser lo más variadas posibles y el pastoreo racional nos permite eso. Manejamos tiempos de descanso, cuestiones técnicas que hacen que el campo se recupere rápidamente”, explicó.

-¿En qué consiste tu planteo?
-No tengo hacienda propia. Tomamos hacienda en capitalización con un contrato a cumplir con un objetivo con gramos y kilos por día, desde que entran hasta que salen, y los vengo cumpliendo bien. El campo está respondiendo con la oferta de alimento necesaria para ganar esos kilos, y esa cantidad de hacienda que es creciente, a mí me generando cada vez más materia orgánica, porque este bosteo concentrado me queda en el campo. Veo beneficio desde todo punto de vista. Y fundamentalmente estoy haciendo lo que quiero y no lo que el mercado me pide.
-¿Qué es lo que el mercado te pide?
-Me pide que haga soja, maíz o trigo, y que sea lo más eficiente posible. En mi campo estoy haciendo lo que yo quiero y me cierra económicamente la ecuación. Lo mío quizás es un poco menos ambicioso, tengo la vara un poco más baja que un productor de soja, pero cumplo con mis impuestos. Crecí en cantidad de personal y la inversión que estamos haciendo en el campo es enorme, recuperando todo lo que se deterioró durante los años de agricultura. Además, tengo una independencia de insumos importante, fertilizo con cultivos de cobertura, con una tecnología de procesos que de insumos.
-¿Y es posible pensar que la agricultura más intensiva también sea amigable con el ambiente?
-Lo primero que debo decir es que no es un trabajo de oficina, ni de agenda ni de teléfono. Es de observación y de corrección. Quizás se puede hacer algo muy intensivo como lo que se hace, pero con diversidad, con otras alternativas, con protección de las periferias urbanas, y protección de la salud de la gente involucrada.
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]]>La entrada Historia de un encuentro: A Guillermo Rossi le decían que no se podía hacer pastoreo racional, hasta que apareció Alejandro se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El ingeniero uruguayo aterrizó en La Cristina, un pequeño campo ganadero donde se hacía ganadería extensiva sobre 220 hectáreas, con hambre: quería demostrar que era viable producir bajo el sistema de Pastoreo Racional Voisin (PRV) sobre el que tanto había leído en sus horas de facultad. Alejandro Wells, el dueño de ese campo, estaba en una búsqueda semejante y fue como un choque de planetas.
Mirá la entrevista completa con Guillermo Rossi:
Con solo 32 años de edad, Rossi puso en práctica en La Cristina el antiguo método Voisin, que consiste en “empotrerar” (segmentar) el campo en pequeños lotes de 1 hectárea cada uno para luego hacer un sistema rotativo de alta carga instantánea, y así evitar la selectividad de los pastos más preferidos por los animales. Esto permite que las especies más valiosas y nutritivas dentro de la pastura natural puedan recuperarse luego de tener un tiempo de descanso.
Estas y algunas más eran recomendaciones que encontró en el libro del reconocido ingeniero Luis Carlos Pinheiro Machado, pero el uruguayo no tardó en poner en práctica su propia impronta según las necesidades de los lotes que trabaja. “Al principio trataba de respetar todo lo del Pinheiro Machado, luego fui adaptando, dependiendo las características del campo”, comentó a Bichos de Campo.
Como estudiante de agronomía, Guillermo cuenta que “observaba los desgastes naturales que se venían generando y justo estaba estudiando los principios activos para controlar las malezas. Ahí me preguntaba: ¿por qué mejor no estudiar porque nacen y evitar que suceda así no tener que agregar principios activos?”. El joven ingeniero que desafió a sus profesores rememora que ellos le decían “que el pastoreo racional ya era viejo”.
En La Cristina, con la venia de un entusiasta Alejandro Wells, el joven Rossi pudo hacer y deshacer a gusto. A su criterio, el PRV es la fórmula perfecta para que el negocio ganadero sea rentable y ambientalmente sustentable, pues ofrece productividad y cuidado del medio ambiente.
“Nos llevó dos años armar todo el sistema, y los primeros resultados que obtuvimos fue duplicar los kilos de carne. Antes se sacaban 70 kilos con verdeos y fardos, y pasamos a 130 kilos solamente con intensificar la mitad del campo”, contó Rossi.
“Luego intensificamos todo el campo, hicimos 125 potreros dentro de las 227 pastoreables y sacamos 247 kilos de carne en todo el predio, a solo pasto, agua y manejo, sin suplementación”, resaltó.
Rossi cuenta que en invierno la carga disminuye a un ternero por hectárea, pero luego durante el resto del año la aumentan para aprovecha al máximo su planteo ganadero. “Empezamos con cría, pero luego -cuando vimos que funcionaba-, decidimos cambiar a recría de hembras. En dos años salieron las vaquillonas para el frigorífico. Entran con 170 kilos y salen con 420 a 480 kilos”, detalló.
También “estamos haciendo inseminación. Con 300 kilos ya las podes inseminar y en dos meses ya sabes si está preñada, y la vendes a un buen valor, inclusive hasta más cara que llevarla a 400 kilos”.
Según Guillermo, “el premio (de esta actividad) está en bajar costos: Dupliqué la producción pero baje insumos. La ganancia está en que en los insumos los precios suben y suben, y a la vez sube la cantidad de aplicaciones que tenes que hacer, mientras que el precio de la carne no sube tanto y hasta a veces baja”, comparó el ingeniero.
Rossi, por último, resaltó la importancia de difundir este tipo de ganadería: “Apostamos a mejorar el valor del campo. Si entregas un campo que trabajaste en 10 años con una buena pastura, fértil, y una infraestructura armada, finalmente se está capitalizando el campo”, observó.
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]]>Wells, que venía de trabajar en el área de commodities en Suiza, dio un cambio de timón radical en su vida hacia 2008, en medio de la crisis mundial financiera que desató el gigante financiero Lehman Brothers. “Es ahí cuando entendí que el dinero en un banco podía desaparecer de un día para el otro, y que era mejor tener algo que uno pudiera tocar siempre que se respete la propiedad privada. Así es que compré este campo, sin pensar en el potencial ganadero que tendría”, comentó Wells.
“La Cristina”, al que bautizó así en honor a su esposa, , están ubicado en el departamento Colonia, y actualmente cuenta con 300 animales que se engordan en base al sistema de Pastoreo Racional Voisin (PRV), una técnica creada hace varias décadas por el francés André Voisin, que busca un método productivo respetuoso del ambiente, que no depende de insumos o agroquímicos.
“En Europa hay mucha conciencia del daño que causan los agroquímicos sobre el sistema productivo actual. No es sólo una visión personal, sino una visión neutra de que, lo que estamos haciendo a nivel de agricultura industrial, no funciona”, remarcó Wells, quien también admitió que cuando llegó con su visión, recibió críticas que sostenían que no había forma de producir sin un paquete tecnológico. Así, por lo menos duplica los índices productivos de su zona.
“Yo no soy un Mesías que caí con una idea. Hay ejemplos exitosos en Estados Unidos y hay libros sobre este método Voisin que datan de los años ´60. Lo que ocurre es que a los ingenieros agrónomos no se nos enseña esta técnica”, declaró el ganadero, que antes de abrazar la producción agroecológica había ensayado un esquema de producción tradicional.
“Luego de tres o cuatro años de producir muy poca carne, decidí contratar cinco ingenieros agrónomos que me aseguraron que, para incrementar la producción, debía invertir en un mosquito (una máquina aplicadora) y echar glifosato”, comentó.
Mirá el reportaje completo realizado a Alejandro Wells:
¿Y cómo fue que sucedió el click? Fue gracias a un encuentro.
“Un día me cae Guillermo Rossi, que en ese momento estaba por recibirse de ingeniero agrónomo, quien me dijo que quería apostar al pastoreo racional, porque había leído bastante del tema por fuera de la facultad. Por fin había alguien que estaba dispuesto a jugarse por un sistema productivo de este tipo”, celebró Wells, quien recordó que en aquel momento no había una red de campos que trabajaran de este modo en Uruguay, Hoy Wells asegura que gracias a aplicar este método de producción, logró duplicar su productividad.
El establecimiento de Wells cuenta con 220 hectáreas de superficie de pastoreo, dentro de las cuales existe un esquema racional de 125 potreros, de entre 1 y 2 hectáreas promedio, todos interconectados por un sistema de vías que facilita el manejo del ganado.
El empresario, que dejó todo el diseño en manos de Rossi, asegura que el método de PRV es más redituable que los demás métodos de producción a pasto. “Este sistema es muy rentable para el chacarero, porque puede producir más sin insumos, sus costos son más bajos. Pero al mismo tiempo, no es un negocio para muchas industrias, porque no se necesitan semillas, agroquímicos, tractores ni diésel. Sólo se requiere de electricidad para los cercos”, reveló Wells, que además obtiene parte de la energía que necesita de fuentes renovables.
Para Wells, la pregunta clave que cualquier productor debe hacerse ante la demanda de producir más es a qué costo hacerlo. “Cuando traemos esa pregunta a la mesa, ahí empezamos a ver que muchos sistemas productivos no cierran, o bien que cierran menos que este. En este caso, se obtiene una rentabilidad neta con costos prácticamente cero, salvo la inversión inicial, que tampoco es tan grande, de poner bebederos y cercos eléctricos”, reflexionó.
“La Cristina” logró en mayo de 2017, la certificación como Empresa Ganadera B, tras un riguroso proceso donde demostró su rentabilidad y compromiso tanto medioambiental como social, lo que coloca a la empresa como ejemplo mundial en la producción ganadera natural sustentable.
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