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La entrada Una Navidad con pechugas importadas: La producción argentina de pavos lucha por sobrevivir ante la competencia feroz de Brasil se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Es complicado producir. Estamos con falta de genética y el INTA Pergamino es el único que la provee a los productores que quedan. Hay muy poco apoyo del Estado a esta producción y se sabe que el pavo brasileño, el Sadia, entra a precios irrisorios de dumping a la Argentina”, dijo a Bichos de Campo Jorge Herman, productor de pavos hace más de veinte años en Mercedes, provincia de Buenos Aires.
Aún teniendo que recorrer más de 5000 kilómetros y pasar por todos los eslabones de la cadena, es decir la producción, faena, frío, transporte, impuestos y comercialización, la pavita brasileña, gracias a la economía de escala, ingresa con un precio más barato que la producida en la Argentina. Hoy en día, el precio por kilo de la pavita se consigue en el país a $450.

Es por este motivo que Herman, en el establecimiento “La Rubia”, que comparte junto a su familia, decidió virar su estrategia y producir pavos “a campo”, de una forma semi intensiva y con cuidados muy específicos para centrarse sobre todo en la calidad del producto final.
“El pavo no tiene grasa, la calidad biológica proteica es superior a todas las otras carnes. Los costos para los productores son inferiores a los de la carne vacuna y está ahí nomas con la carne porcina. Si hubiera más difusión de la actividad, de la bondad de la carne de pavo, sin duda las escalas serian distintas”, aseguró el mercedino.
Los insumos son los mismos que para criar pollos: sólo difieren las cantidades. Maíz, pellet de soja, soja extrusada o núcleo conforman la dieta básica. Los mayores recaudos deben tomarse en los primeros estadios del pavo, donde es más susceptible a contraer enfermedades –especialmente afecciones como la difteroviruela- o incluso a ser lastimado por otros ejemplares.
“De acuerdo con el manejo se pueden dar situaciones de canibalismo. En las actividades intensivas es muy bravo. Se da en toda la avicultura, pero no se difunde. Por eso se despica a la ponedora”, contó el productor, que agregó que esto no ocurre con producciones a campo, donde las aves cuentan con un mayor espacio disponible.
El otro gran problema se da con los frigoríficos. Cada vez es más difícil encontrar establecimientos que ofrezcan servicios para la faena de pavos. Aunque el proceso sea el mismo, donde la única diferencia está en el tamaño de las perchas y norias en las que se traslada al animal, los frigoríficos no tienen interés en trabajar con escalas productivas reducidas
“Es una limitante y la hemos trabajado también con el INTA Pergamino. Es un tema también para el pequeño productor de corderos o lechones. No hay inversiones públicas o privadas para solucionar esta traba”, se lamentó Herman.
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]]>“Es difícil producir en la Patagonia, pero se puede. Nosotros lo logramos. Somos los únicos que criamos pavos en la zona, y por eso encontramos un mercado”, dice Gigli a Bichos de Campo. Luego explica que una parte de su producción la vende en fresco dentro de la región, pero otra buena porción la vende elaborada como escabeche bajo su propia marca, “El escondite de los Duendes”. Eso le permite llegar a mercados más alejados, sobre todo a Buenos Aires.
Mirá lo que nos decía María Gigli:
Gigli, que ya criaba pavos desde 1993 en Buenos Aires y de modo comercial comenzó a hacerlo en el sur a partir de 2014, dice que esa especie de granja requiere de 4 meses de crianza hasta que se puede carnear.
¿Es difícil hacerlo con el clima del sur? Ella explica que tiene su complejidad. “En invierno, cuando son chiquitos, permanecen un mes en una habitación con losa radiante y calor a base de gas, lo que implica un costo de energía importante. Luego pasan a los galpones para seguir engordando. Las pavitas arrancan en 5 kilos y los pavos pueden ir desde los 8 a los 14 kilos”, explicó la productora.
Ver: Jorge Solmi: “Para repoblar el campo hay que volver a hacer política de desarrollo local”
El escabeche de pavo es la vuelta de tuerca que encontraron Gigli y su familia para poder llegar con su producción a zonas alejadas, como Buenos Aires. “Al ser envasado, nos permite viajar y llegar a ferias para venderlo, dado que no tenemos infraestructura ni logística para salir a vender carne fresca como sí podemos hacer en nuestra zona”, declaró.
En la Argentina no es tradicional el consumo de carne de pavo, pues se consumen alrededor de 100 gramos por habitante por año. En Estados Unidos la cosa es muy diferente, y por eso ese país concentra 55% de la producción total.
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