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payadores – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Mon, 31 May 2021 18:04:05 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png payadores – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Paula y Rubén protagonizan una historia gaucha de amor que va más allá de ellos dos: Folklore y hospitalidad en Roque Pérez http://wi631525.ferozo.com/paula-y-ruben-protagonizan-una-historia-gaucha-de-amor-que-va-mas-alla-de-ellos-dos-folklore-y-hospitalidad-en-roque-perez/ http://wi631525.ferozo.com/paula-y-ruben-protagonizan-una-historia-gaucha-de-amor-que-va-mas-alla-de-ellos-dos-folklore-y-hospitalidad-en-roque-perez/#comments Sun, 25 Oct 2020 11:33:52 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=49957 Paula Reina nació y creció en Banfield, al sur de la Capital Federal. Todos los inviernos soñaba con ir de vacaciones al campo de sus padrinos, que eran peones, encargados de la estancia El Yuquerí, en Roque Pérez, al noroeste de la provincia de Buenos Aires. En la crisis del 2001, ella tenía 19 años. […]

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Paula Reina nació y creció en Banfield, al sur de la Capital Federal. Todos los inviernos soñaba con ir de vacaciones al campo de sus padrinos, que eran peones, encargados de la estancia El Yuquerí, en Roque Pérez, al noroeste de la provincia de Buenos Aires. En la crisis del 2001, ella tenía 19 años. Su hermana se fue a España y ella se fue a vivir al campo con sus padrinos, que tenían un hijo de 42 años, el Pocho. Comenzó a acompañar a éste en todos los oficios rurales, de a caballo, y de él aprendió a pialar, alambrar, vacunar, ordeñar y también capar. Tanto, que hoy no necesita de la ayuda masculina para ningún oficio rural. Pero además se enamoraron y se “acollaró” con Pocho. Pasaron muchos años juntos, sin tener hijos. Comenzaron  a hacerse su propia casita en Roque Pérez, porque Paula ya se daba maña para colocar pisos y levantar paredes.

De pronto, en 2014, se les vino encima la gran inundación del río Salado. Los padrinos de Paula eran muy viejitos y no querían dejar su casa. Como Pocho y Paula eran baqueanos salieron a salvar gente. Les llegaban con unas galletas arriba de los caballos que “no hacían pie” y manoteaban a los terneros de la cola y los cargaban en el recado.

En 2015 el agua les llegó a las ventanas, y Pocho, Paula y sus padrinos tuvieron que irse a la casa de Roque Pérez, ya casi terminada. Pero al poco tiempo le hallaron a Pocho un tumor en el cerebro. Lo operaron. Comenzó a perder la memoria y poco a poco se apagó el amor de pareja, pero el amor de amistad siguió intacto, porque Pocho era un gaucho fuera de serie, muy querido en todo el pago.

En 2016, Paula decidió separarse pero seguir compartiendo el mismo techo, la vida laboral y acompañarlo en su enfermedad hasta las últimas consecuencias. En 2017 compraron una casita en Carlos Beguerie, cerquita de Roque, para acondicionarla como alojamiento de fin de semana. A los pocos días, a Pocho le detectaron leucemia y comenzó a declinar.

Un día Paula, navegando en Facebook, empatizó con Rubén Feit, de 41 años, que le “chateaba” desde Ramírez, cerca de Diamante, en Entre Ríos. Rubén siempre prefirió llamarse recitador, y no payador, porque apenas toca la guitarra. En el año 2010 había creado en Ramírez, el programa radial “Ser campero”. Recitaba las publicidades con versos gauchescos. Fue ganando audiencia hasta que en el 2014 creó en su pueblo, el “Encuentro Internacional de Payadores”, en noviembre. Hoy tiene siete discos con recitados de sus payadas.

Rubén se había separado de su mujer y no dudó en viajar a Roque Pérez a conocer a Paula. Fueron a casa de Paula a buscar algo y Pocho, su ex marido, le preguntó: “’¿No va a bajar el gaucho?”. Y Rubén bajó. Pocho lo invitó con unos mates, y como se cayeron muy bien, le dijo: “No te vas a ir, quedate a compartir con nosotros un rico guiso”. Y Rubén se quedó y le contó que pensaba alquilar para juntarse con Paula. Pero Pocho fue más lejos y le dijo: “No alquiles, venite a vivir a nuestra casa”. Y así lo hizo.

Pocho había sido un peón de campo tan fiel que casi nunca había viajado. Rubén lo llevó a pescar a Entre Ríos, y como Pocho era mayor, lo trataba como al hijo que no tuvo. Un día estaban en medio de la nada, y a Pocho le dolía mucho un oído. Rubén, que había sabido “rumiar” el saber de los indios, buscó tres bichitos bolita, calentó aceite en una cuchara sopera, puso los bichitos en el aceite y luego los retiró. Dejó enfriar el aceite y se lo echó en el oído. Lo calmó enseguida. Parece ser que es una anestesia ancestral.

Rubén le cayó bien a toda la gente y Roque Pérez lo adoptó. Tanto que al poco tiempo le ofrecieron hacer su programa “Ser campero” en la radio más potente, y aceptó. Paula y Pocho lo acompañaban. Y en noviembre de 2021 hará el Encuentro Internacional de Payadores en el “Boliche El 55” de Roque Pérez.

Pero Pocho se estaba muriendo de leucemia y comenzaron las internaciones. Rubén se turnaba con Paula para cuidarlo. Pocho le decía a ella que estaba feliz de verla con tan buen compañero. Falleció en 2018.

El papá de Paula era carpintero y ella es artesana en madera, cuero y cerámica. En los días de lluvia hace cintos, forra mates, hasta hizo una jarra-tatú. Un año entero dio cursos en un taller protegido para chicos con capacidades diferentes y uno de ellos ganó la medalla de plata en el torneo bonaerense con una rastra.

A la casita de Beguerie la llamó Alojamiento turístico “El Rebusque”. Un día, con sus dotes de artista, se puso a cubrir una pared exterior -que tenía una mancha- con la técnica de componer figuras o paisajes con pedazos de mosaicos, que los catalanes llaman “Trencadís”. Al final cubrió casi toda la casa, con un gaucho que representa a Pocho y demás motivos camperos.

La casa quedó hermosa y ahora el pueblo la llama Pedazo de Pueblo, La pequeña Gaudí, la Casa Lúdica, porque fabrica juegos de mesa para los huéspedes y hasta puso un tradicional sapo. Tiene una matera, pileta de natación, una habitación con cama matrimonial y 4 camas individuales para que un grupo familiar pase un buen descanso. La panadería del pueblo obsequia a los huéspedes el primer desayuno, gratis, y ellos les pueden hacer un buen lechón o un cordero al asador, adornado de una buena payada. A Paula y Rubén les “llega un turista y se va un amigo”, dicen.

En Roque Pérez se realiza la fiesta de “La Noche de los Almacenes” el primer sábado de enero. Hay más de 10 almacenes llenos de historia para conocer y sólo dos de ellos permanecen abiertos durante el año. Cuatro de ellos están en Beguerie. Paula sigue trabajando en los campos y, arreando animales, le encanta sacarse selfies con una sonrisa de oreja a oreja, porque al vacío que le dejaron, su gran compañero Pocho y sus padrinos -que ya no están- sólo lo pudo llenar la llegada a su vida de otro gran gaucho, tan especial y querido, el entrerriano Rubén Fleit, que hoy es su pareja y con él sueña casarse y tener un hijo.

Ahí nomás Rubén nos grabó una payada para los Bichos de Campo y también la quiso dedicar a María Inés Goñi y Riki Olazagaste, de Roque Pérez, que los adoptaron como a sus hijos.

 

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Pablo Solo Díaz, pintor y payador: “Creo que el campo esconde y tapa una historia compleja, interesantísima y densa” http://wi631525.ferozo.com/pablo-solo-diaz-pintor-y-payador-creo-que-el-campo-esconde-y-tapa-una-historia-compleja-interesantisima-y-densa/ Fri, 03 Jul 2020 12:50:38 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=42298 Pablo Solo Díaz es un artista múltiple: pintor, escritor, actor, payador… Y maestro. Y todo su trabajo está atravesado por la ruralidad. Vive en Las Flores, Buenos Aires, y su obra se ve en Mapa Espacio de Arte o en su muro personal.   -¿Se considera un hombre de campo? -A esta altura no sé […]

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Pablo Solo Díaz es un artista múltiple: pintor, escritor, actor, payador… Y maestro. Y todo su trabajo está atravesado por la ruralidad. Vive en Las Flores, Buenos Aires, y su obra se ve en Mapa Espacio de Arte o en su muro personal.  

-¿Se considera un hombre de campo?

-A esta altura no sé qué se entiende por “un hombre de campo”. Nací en la ciudad, crecí entreverado con la campaña y  su cultura. Hace cuarenta años que vivo y trabajo en el partido de Las Flores, provincia de Buenos Aires. Que aquellos que observen mi obra saquen sus propias conclusiones.

 –¿También es maestro rural?

-Sí. Con mi título de Maestro Nacional de Dibujo trabajo en cinco escuelas desparramadas en un radio de cincuenta kilómetros, rurales todas. También me gusta mucho dar talleres, los he dado en distintos eventos, en ferias del libro, o en escuelas o bibliotecas. Ahora voy a trabajar más tiempo en mi obra: escribir, dibujar y pintar. Y payar, claro.

¿Dónde suele payar?

-Los payadores somos medio como los juglares de la edad media a quienes todos los escenarios les servían. A mí me pasa algo así. Me gusta decir mis pensamientos en versos improvisados o escritos dónde sea que me escuchen. Trabajé mucho en jineteadas los primeros años, recorriendo el país con mi guitarra y mi relato. Después aparecieron otros ámbitos y lo mismo actúo en encuentros de payadores en Argentina, Chile y Uruguay que en bibliotecas, museos, escuelas, sociedades de fomento, municipios o plazas.

¿Tiene un unipersonal inspirado en Martín Fierro?

-Así es. Hace más de una década que comencé a personificarlo y con ese espectáculo he recorrido media Argentina en moto, desde Tecnópolis hasta el Centro cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires y desde la Feria del Libro en CABA hasta escuelas de montaña de Amaicha del Valle, a dónde tuve que llegar con los títeres a cuestas por huellitas donde se va en mula.

-¿Y esta cuarentena cómo lo trata?

-En febrero, antes de que empezara todo esto, recorrí la Patagonia chilena, la zona del Aysen, improvisando con colegas como Saúl Huenchul, en encuentros que juntaron los tres países del cono sur, Chile, Uruguay y Argentina. Ahí realicé varias funciones del “A perro, perro Martín Fierro” y me invitaron para que vuelva. En abril íbamos a ir a Minas, Uruguay pero se canceló por la pandemia.

-¿De qué forma lo inspira el campo?

-Sus temporales inspiran, creo. Sus tensiones. La gesta de su gente. Sus andares. Mi primera muestra fue en 1986, en San Telmo. Venía de tres años de cruzar de a caballo la provincia de Buenos Aires de este a oeste, había llegado a los montes de caldén en la provincia de La Pampa, Quehué, Achá, Utracán, Leuvucó, Potrillo Oscuro. Volví a leer a Mansilla y “vi” los toldos ranqueles y a Mariano Rosas entre los médanos, buscando respuestas. Esa muestra se llamó “Los desaparecidos de la Campaña al Desierto”, título tomado de una reflexión de David Viñas en “Indios, ejército y frontera”.

-O sea que no tiene una mirada bucólica…

-Para nada. Me interesa de lo rural sus tensiones; creo que el campo esconde y tapa una historia compleja, interesantísima, densa, fuerte. Un espacio donde mujeres y hombres de distintas culturas intentaron hacerse un lugar, crecer, formar sus hijos, hacer su historia. El devenir de la propiedad de la tierra, los arrendatarios que poblaron y sembraron y después fueron desplazados, tal es así que los mapas de catastro ni los registran. El ocaso y la desaparición del ferrocarril. Los pueblos pequeños. Hay mucha vida silenciada ahí. No es un paisaje sólo lo que motiva. Es un paisaje observado en la pasión de su gente.

-¿Qué le provocó el boom de la soja?

-Sorpresa primero, horror después. Recuerdo que cuando apareció la siembra directa, en los 90, un vecino, chacarero de toda la vida, probó de aporcar un pedacito del maíz transgénico que habían sembrado. Estaba seguro de que aporcando iba a tener mejor rinde pero terminó resultando que eso que parecía que iba a dar de comer al mundo… en realidad nos está matando. Mató la vida rural, que hoy agoniza. Quién sabe ahora qué sucederá cuando esta pandemia y sus cuarentenas terminen. Tal vez tomemos conciencia. El agua, el aire y la tierra nos pertenecen, son patrimonio de la humanidad. No pueden envenenarse así nomás… porque da dinero. Y sin embargo lo estamos haciendo. El despoblamiento rural no es algo solo nuestro, empezó en el mundo después de la Segunda Guerra y aquí también se dio y se da. La posibilidad de revertirlo, se me ocurre, es saludable y necesaria. Con una tierra que no esté envenenada por agrotóxicos.

-¿Qué se puede hacer para evitar el desarraigo?

-Desde mi ignorancia, desde ser sólo una persona sensible y un maestro que trabaja hace treinta años en la zona, creo que lo principal es que haya trabajo. Pero no trabajo precario: estabilidad y posibilidades de progresar. Hace falta conectividad, luz eléctrica, escuelas rurales. Se están quemando las naves en muchas zonas. Se va rumbo al “desierto” del que hablaban en el siglo XIX. Se quitan tranqueras, molinos, puestos, mangas, corrales. Montes y casas también. Se entierra todo. Parece un chiste pero es así. Un chiste macabro. ¿Entonces? Así no se volverá a poblar, al contrario. Quedamos atados a un modelo que, con perdón, nos está matando. Literalmente.

-¿Siente que hay una grieta entre la persona de campo y el urbanita?

-Tenemos un país extenso y con naciones previas a lo que hoy llamamos “Argentina”, como la Guaraní, la Quechua, la Diaguita, la Tehuelche y otras… A eso se sumó la variedad de costumbres que trajeron los “gringos” que vinieron de toda Europa más los que llegaron -por la fuerza- de África a poner el lomo y que dejaron su sangre en las vanguardias de todos los ejércitos. Esa suma de “argentinidades”, por decirlo de alguna manera, somos hoy. Por eso es muy difícil, creo, hablar de un país. Somos un gran rompecabezas donde cada pieza llena un espacio imprescindible, entonces puede ser que haya, entre otras muchas grietas que también hay, una grieta de desconocimiento entre lo urbano y lo rural. Sin embargo como dice Jorge Drexler hablando de la música: ‘las cosas solo son puras si uno las mira de lejos’. Mirando de cerca todo está entreverado. Todo se mezcla de alguna manera. Y entonces terminamos siendo un pueblo mestizo en muchísimos sentidos.

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AgroDiscos: "Tata, yo quiero ser diputado", por Gustavo Guichón http://wi631525.ferozo.com/agrodiscos-tata-yo-quiero-ser-diputado-por-gustavo-guichon/ Fri, 20 Dec 2019 13:48:28 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=31710 Va la letra de “Tata yo quiero ser diputado”, escrita por el payador uruguayo Abel Soria, e interpretada en esta ocasión por Gustavo Guichón, otro reconocido payador del vecino país que murió en 2016 y que era un ícono del festival de doma y folclore de Jesús María, en la provincia de Córdoba: Tata, búsquese […]

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Va la letra de “Tata yo quiero ser diputado”, escrita por el payador uruguayo Abel Soria, e interpretada en esta ocasión por Gustavo Guichón, otro reconocido payador del vecino país que murió en 2016 y que era un ícono del festival de doma y folclore de Jesús María, en la provincia de Córdoba:

Tata, búsquese otro socio
que el campo me tiene hastiao
yo no nací pa el arao
sino pal lujo y el ocio,
plantar papas no es negocio
ni tarea muy sencilla
uno compra la semilla,
que da miedo lo que cuesta,
y el año que no se apesta
se la come la vaquilla.

Los porotos de manteca
este año no dan pa un guiso
porque les cayó granizo
y son pura chaucha hueca.
Los moñatos con la seca
se arrollan como en el fuego
y si a la virgen le ruego
que no se sequen del todo
llueve mucho y de ese modo
se pudren pasaos de riego.

El alfalfa en este páis
parece una maldición
la lagarta o el pulgón
le comen hasta la ráiz
y cuando uno planta máiz
y no hace más que cuidarlo
pa más tarde saborearlo
convertido en mazamorra
aparecen las cotorras
y no le dejan ni el marlo.

Si hace daño un hormiguero
hay que echarse de barriga 
y perseguir a la hormiga
hasta dar con el aujero
después darle un frasco entero
del mejor insecticida
pero con esta medida
aunque les parezca raro
matarlas sale más caro
que perdonarles la vida.

Hasta el campo está cansao
y no hay cosecha que rinda
la chac’ra no es cosa linda
pa estar en ella enterrao.
Yo quiero ser diputao
en vez de un triste paisano
no cinchar como un enano
sino hacer cada vez menos
comprarme perjumes güenos
y no andar jediendo a guano.

Gastar plata a troche y moche
sin sentir la carestía
y en vez de arar todo el día
garufear toda la noche
no andar a pie sino en coche
con distintivo en la chapa,
tomar whisky en vez de grapa
eso es todo lo que quiero,
y en vez de ser un papero
poder estar con la papa.

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Sabores y Saberes: el Guiso Carrero según Luis Domingo Berho http://wi631525.ferozo.com/sabores-y-saberes-el-guiso-carrero-segun-luis-domingo-berho/ Sat, 13 Jan 2018 11:49:39 +0000 http://bichosdecampo.com/?p=6262 Por Esteban “El Colorado” López.- El poeta, cantor y guitarrero Luis Domingo Berho nació en un humilde hogar rural, entre arados y maquinaria agrícola, a una legua de la ciudad de Lobería, provincia de Buenos Aires. El escritor y poeta tradicionalista Agustín López, amigo de Berho, cuenta que no sabe si fue trabajador rural en […]

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Por Esteban “El Colorado” López.-

El poeta, cantor y guitarrero Luis Domingo Berho nació en un humilde hogar rural, entre arados y maquinaria agrícola, a una legua de la ciudad de Lobería, provincia de Buenos Aires.

El escritor y poeta tradicionalista Agustín López, amigo de Berho, cuenta que no sabe si fue trabajador rural en su juventud campera, pero que conocía muy bien ese tipo de vida. Se supone que al quedar huérfano de chico, habrá ayudado a su madre en las tareas rurales.

Berho apenas cursó 4° grado, pues en aquel entonces en las zonas rurales no se enseñaba más que hasta ese nivel. Aun así, desde niño, sintió atracción por la lectura y los versos. Entre los linyeras que llegaban en tren solía haberlos anarquistas, que llevaban algún libro. Parece que éstos le transmitieron el gusto por la lectura.

Cuenta López que Berho anduvo unos cuatro años viajando como linyera, con pocos pesos, y con un bolsito en el que llevaba apenas un anotador y un lápiz adonde anotar sus canciones cuando le llegaba su inspiración. Fue muy leal a sus amigos, y dice: “El servicio militar lo llevó a Mar del Plata, y por un tiempo breve a Bariloche. Pero anduvo por Bahía Blanca, Monte, San Justo, Navarro”.

Berho le aclaró una vez al escritor Carlos Raúl Risso: “Mire que yo no soy un poeta gauchesco…”. El maestro Risso desmenuza esta sentencia de Berho de modo inigualable: “…dejando (Berho) así en claro que su poesía tenía una sutil diferencia con todo lo producido hasta el momento relacionado con el ámbito rural: una de sus particularidades fue que le añadió la forma de hablar del hombre de campo, y que su obra versaba sobre la chacra y su entorno, que no formaba parte de la vida del gaucho, ‘pastor ecuestre’ sino del campo ya alambrado, el trabajo detrás de los caballos, con temas como el carro, el tren, el molino, el viejo arado, o la humilde cocina. No hay en sus composiciones tropas, reseros, jinetes, tropillas, ranchos de puestos de estancia, piales o palenques, aunque es cierto también que nada de eso desconocía, pero entendió que eso ya tenía quiénes le cantaran”.

Logró un lugar destacado dentro de “la poesía gauchesca”, pero con una visión de un campo diferente al tratado por los poetas clásicos del género. Su estilo consistía en escribir con palabras comunes, pero que rara vez se escriben juntas, como él lo hizo de modo magistral.

 “Te veo como hace mucho / molinorodiao de quinua / y a tu música continua / me parece que la escucho”

ó

“Estación vieja y deshecha / que fuiste todo alegría, / cuando era una romería / el tiempo de la cosecha. / Hoy parece que te pecha / el mancarrón del olvido. / Quién sabe pa’ ande se han ido / bolseros y capataces; / hombres fuertes y capaces / quepa’ siempre se han perdido”.

(Fuente: “Simplemente Don Luis Domingo Berho”, por Carlos Raúl Risso, en Revista De Mis Pagos Año 14 – N° 45 tercera época, edición digital agosto – setiembre 2012. Revista de mis Pagos N° 45 en Inernet).

Por esta razón se lo conocía en zonas rurales como el poeta chacarero.

Su lenguaje popular, con la fonética del hombre rural pero con nuevos temas, lo convirtieron en uno de los poetas más acreditados en la segunda mitad del siglo XX, en cuanto al regionalismo bonaerense.

Si queire profundizar, el escritor costumbrista Carlos Raúl Risso y su amigo Agustín López, nos cuentan de Berho en un documental de Patricio Kostoff:

Sus principales obras fueron: Cortando Campo, Puerta a Juera, El Maceta, De Lobería, Estación de Vía Muerta, Tranquera de Alambre, Molina Campos, Alpillera, Galleta ‘e Campo, Receta del Guiso Carrero, Sulki Viejo, muchas de ellas musicalizadas y grabadas por Roberto Cambaré, Víctor Velázquez, Argentino Luna, Francisco Chamorro, Alberto Merlo y tantos otros.

 

En 1986 Berhor ecibió el Premio Payador. El escenario de la “Fiesta de las Tropillas y la Tradición”, que organizaba la agrupación “Gauchos de Lobería”, fue bautizado con su nombre.

Falleció en San Justo, Provincia de Buenos Aires, en 1992, pero sus restos descansan al pie de la sierra La Barrosa, en el cementerio de Balcarce, provincia de Buenos Aires.

Todos los años, en la fecha de su deceso, se realiza un homenaje junto a la tumba, en la que una décima del gran payador, José Curbelo, lo evoca diciendo:

 “Fue Don Luis Domingo Berho / el descriptivo poeta / de la chata, del maceta / y del arado primero. / Del rastrojo, del potrero, / la cocina y los galpones /  En las sureñas regiones, / escribió su canto eterno, / con la chacra por cuaderno / y los surcos por renglones.”

Esta vez dejo que el mismísimo Berho que nos de una feceta de guiso carrero.

“La güelta es una esijencia
que a veces mata el esmero,
pero el guiso de carrero
no se ha de hacer con urgencia.
Si usté no tiene pacencia
más vale que ni se ponga.
Es preciso que disponga
de su tiempo necesario,
aunque debe ser contrario
de andar con mucha milonga.

Echelé grasa a la olla
y pongalá sobre el fuego,
medio lento, desde luego
y haga dorar la cebolla.
Pique la carne a la criolla,
media grande piquelá;
ahí no más echeselá;
que se fraigadespación,
y agreguelé el pimentón
de la mejor calidá’.

Muevaló y el fuego aquí
puede ser más vivaracho
y si quiere un guiso macho
le puede agregar ají.
Con laurel yo lo comí,
con orégano también,
más ni con un almacén
le dará mejoramiento,
porque el mejor condimento
es saber hacerlo bien.

Puede agregarle algún diente
de ajo y pimienta si quiere
y pa’que no se apuchere
echelé el agua caliente.
No le eche mucho ingrediente
que lo puede malograr.
De la sal no ha de abusar,
más vale después le agrega;
cuidao, que si se le pega
ya no lo podrá salvar.

Después de echarle la papa
nunca lo cubra del todo
y así debe hacer de modo
que queda a un costao la tapa.
Si este detalle se escapa
podría ser que se le ahumara.
Con ninguna cosa rara
quiera mejorarlo al ñudo.
Saqueló medio caldudo,
pa’comerlo con cuchara.

Que lo haga hervir despacito
es condición que le pongo,
pa’que se haga suavizongo
arrimelé de a un cardito.
De una chata al trotecito
es el ruido que ha de hacer.
No lo vaya a revolver
después de echarle el fideo,
porque en cualquier toqueteo
lo puede echar a perder.

Le saldrá de rechupete
con fideo caracol,
con cinta o con mostachol
o el que llamanespaguete.
Si se le acabó el paquete
y no tiene más que fino…
espere, a más que imagino
que aumentarlo es oportuno
si por ahí se arrima alguno
que viene por el camino.

Si está, peleló en seguida;
medio pa’uncostao lo pone
y deje que se sasone
después de una revolvida.
Tendrá una güena comida,
apetitosa y barata.
Sirvaló en forma inmediata
después de darle reposo
y, pa’que sea más sabroso
comaló bajo la chata.”

Mi agradecimiento a mi gauchazo amigo Luis Hardoy, quien me presentó a Carlos Raúl Risso y a Agustín López, y sin vueltas nos cede la receta y las fotos alusivas, de su monumental Blog Gauchoguacho.

Y como no logramos hallar una grabación de estos versos de o por Berho, nos despedimos con otra receta dada por los Ivotí, en su tema “Pa’ un buen guiso carrero”.

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