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La entrada Radiografía de un cosechero: ¿Cómo trabajan quienes se dedican todo el año, todos los años, a recolectar la fruta? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ahora bien, ¿cómo es la vida de un cosechero y su trabajo? ¿Se trata de una actividad que eligen o que realizan por necesidad? Bichos de Campo entrevistó al tucumano Pedro Luis Villafañe, “Luchín” para los amigos, que ha dedicado gran parte de su vida a las tareas zafreras, tanto en su provincia como en el sur del país.

Villafañe, un hombre aguerrido de 53 años y oriundo de la localidad de Santa Lucía, divide su año entre la cosecha de peras y manzanas en Río Negro, y la de limones y arándanos en Tucumán.
A partir de los primeros días de enero se inscribe para viajar a una chacra en el Alto Valle, y trabajar hasta fines de febrero o principios de marzo, dependiendo de los resultados de la campaña. A su regreso se inscribe para comenzar a cosechar limones en fincas cercanas a su casa, actividad que se extiende hasta finales de octubre. A partir de allí y hasta el comienzo del nuevo año, se dedica a la recolección de arándanos para asegurarse un ingreso durante los meses de noviembre y diciembre.

“Con respecto a los viajes a Río Negro, el gobierno arregla con algunas empresas y pone micros. A partir del 3 o del 4 ya nos podemos anotar. Son más o menos ocho o diez viajes que ponen para todas las personas que viajan al sur. Es gratis”, indicó Villafañe a Bichos de Campo.
Su primer trabajo en la zona del Valle fue en una chacra a las afueras de Villa Regina, a la que podía asistir con su familia. El trabajo en ese entonces demoraba unos 40 días y el pago se efectuaba recién al finalizar la cosecha, en negro. Según el tucumano, Río Negro ya no permite el viaje de los cosecheros tucumanos junto a sus familias (mujer e hijos), por lo que los hombres deben ir solos.
Tiempo después consiguió un trabajo en General Roca, en donde logró estar registrado y recibir aportes, aunque sólo duro un año. Desde hace siete campañas atiende, junto a otros compañeros, una finca en Cipolletti en la que también trabajan sus hijos.
-¿Cómo son las condiciones de su estadía allí?- le preguntamos al cosechero.
-En Río Negro cada uno tiene su pieza. En ese sentido estamos bien de comodidad. Si las condiciones no son las esenciales lo digo, estoy muy en contra de ese tipo de cosas. Nos dan una habitación grande y un baño al lado. Las comidas nos las pagamos nosotros, ellos no nos dan nada. Incluso nos pagamos el gas. El único servicio que no pagamos es la luz. Las piezas están dentro de la chacra, en un galpón. Y pegado a él está el encargado. El dueño tiene una casa en la misma allí mismo también.
-¿Cómo es la modalidad de pago?
-Es mensual. Todos los días 5 cobramos, aunque cerca del 20 nos dan un anticipo. Si necesitamos antes para comer u otra cosa nos lo dan y después nos lo descuentan.
-¿El sueldo es fijo o depende de la cosecha?
-Todo depende de los días trabajados. En Río Negro pagan por bines (contenedores plásticos). Cada uno tiene un precio. De acuerdo a la cantidad de bines que uno hace es más o menos el jornal del día. No es un jornal permanente de todos los días porque todo depende de cómo está la fruta, del corte que uno hace. No es lo mismo la primera pasada que la segunda, donde cuesta más llenar el bin. El año pasado promediamos cerca de los 1800 pesos por jornal por día.
El valor de cada bin se fija anualmente a través de un convenio en el que media el gremio UATRE. Si bien Villafañe no integra el mismo, todas las fincas se ajustan a esas cifras y los cosecheros cobran aproximadamente lo mismo. Cada bin puede almacenar entre 17 y 20 kilos, que luego son depositados en contenedores más grandes, de entre 350 y 400 kilos.
Podés ver acá los valores acordados por UATRE para la campaña 2020/2021:
Escala cosecha 2021Las jornadas de trabajo de Villafañe son de ocho horas de lunes a viernes, y los sábados trabaja solo hasta las 12. Entre las 12 y las 14 cuenta con un receso para almorzar.
-Mucho se ha hablado sobre los problemas para conseguir mano de obra en las cosechas. ¿Notó que faltó gente en la zafra de Río Negro?
-No, la gente siempre se movilizó. Acá no hay trabajo, no hay absolutamente nada. Uno sí o sí tiene que viajar al menos en enero y febrero, hasta que en marzo se pueda empezar con la cosecha del limón.
Una vez que finaliza el trabajo en el sur, Villafañe regresa junto a su cuadrilla a Tucumán. Allí integra la cooperativa La Asturiana, que brinda servicios a la firma Citromax, una de las tres empresas de cítricos más importantes de la provincia junto a San Miguel y Citrusvil.
A diferencia del caso anterior, muchas de las chacras de limones quedan en Santa Lucía, por lo que por las noches puede regresar a su casa con su familia. El traslado hasta el lugar de trabajo se encuentra provisto por el gobierno provincial.

-¿Las jornadas laborales son iguales que en la cosecha de peras y las manzanas?
-No, acá trabajamos quincenalmente. Trabajamos hasta el día 15 y cobramos el día 20. Luego trabajamos hasta el día 30 y cobramos el día 5.
-¿Cuánto está el jornal en el caso del limón?
-En la actualidad está bajo. Lo que marca el convenio del gremio son 1360 pesos de jornal. Pero acá, a diferencia de Río Negro, no todos pagan eso. Aunque estén en blanco, algunos pagan 1000 pesos el jornal. Lamentablemente tenemos un gremio que permite que pasen esas cosas. UATRE acá es un desastre.
Villafañe integra desde hace varios años la Coordinadora de Limoneros Autoconvocados, una agrupación que reclama por mejoras en las condiciones laborales de los cosecheros.

-¿Qué problemas identifica usted en UATRE?
-No estamos bien remunerados, esa es una de las principales causas por las que estamos en contra del gremio. Hay muchas cosas que se tendrían que mejorar para que el trabajador esté más cómodo. Nos dan ropa dos veces al año, pero normalmente cuando ya varios cosecheros dejaron la cosecha y la cuadrilla es más chica. A veces nos falta el agua en los días de calor, y otras, cuando alguna persona se descompensa o tiene algún problema no hay una ayuda directa hacia el trabajador. Estamos ahí bajo las plantas hasta que se les antoja arrimar algún vehículo para llevarlo a un hospital. Por suerte no hemos tenido un caso grave. Lo primero que ellos toman es que no queremos trabajar. Siempre es una presión para exigirnos. Nosotros nos sentimos un poco desprotegidos
-¿Cuál es la situación laboral en Tucumán luego de la cosecha de limón?
-No hay trabajo, queda prácticamente nada. En las fincas grandes quedan las personas estables, o algunos temporarios que hacen tareas de mantenimiento. Lo que hacen es darles un receso en los meses en que no se cosecha. Esas personas luego pueden hacer otro tipo de tareas. Todo lo hacen para no darles un trabajo seguro y que dependan de la misma firma. Al estar todo un año completo la empresa los debería tomar como estables.
A continuación Villafañe agregó: “Luego de la cosecha los muchachos no se pueden quedar parados, tienen que darle de comer a la familia. Lo que hacen es salir a buscar otras changas esos dos meses hasta que la empresa los vuelva a tomar. Así no los dejan de forma estable”.

Cuando la cosecha de limón finaliza, el gobierno otorga lo que se conoce como “planes interzafra” para aquellos que, luego de siete meses de cosecha, no tienen una actividad hacia el fin de año. El mismo supone una erogación de 16.500 pesos: 10.000 como parte del plan, 4000 dentro de la Tarjeta Alimentar y 2500 más de parte del gobierno provincial. Este dinero se entrega en los meses de noviembre, diciembre y enero.
–¿Qué hace usted cuando termina la cosecha de limón?
-Nosotros terminamos normalmente en el mes de octubre y arrancamos la cosecha de arándano. Se hace en noviembre y algo en diciembre. Es un período corto porque es una fruta muy delicada. Ni bien toma color ya se la tiene cosechar.

-¿Qué lo llevó a ser cosechero?
-Es una buena pregunta. Es lo que había, no había muchas opciones. Opté por el campo porque me parece un trabajo bueno. Hoy por hoy, en mi caso, estoy luchando. Se están haciendo muy mal las cosas y mucha gente se dio cuenta.
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]]>La entrada Bananeros: La Argentina gasta más dólares en importar esa fruta que los que obtiene por exportar peras o limones se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La estadística del INDEC marca que entre enero y septiembre de este año, la Argentina lleva importadas 341 mil toneladas de bananas por la módica suma de 183 millones de dólares. Es decir, viene pagando cada kilo de bananas a poco más de medio dólar o más exactamente 0,53. Son divisas que el Banco Central canjea a valor del dólar oficial y que aprovechan entonces la enorme brecha que existe con el dólar libre.
Desde que la economía argentina ha empezado a convivir nuevamente con esta brecha cambiaria, tras la crisis de fines de 2018, las importaciones de bananas no han parado de crecer. En 2019 se importaron 434 mil toneladas por 196 millones de dólares, y al año siguiente los volúmenes importados se incrementaron a casi medio millón de toneladas: fueron 470 mil toneladas por 243 millones de dólares. Al ritmo que llevan las importaciones en 2021, en tanto, es posible que este año se superen los 250 millones de dólares gastados en importar bananas.

El dólar oficial Banco Nación, según el cual se fijan el tipo de cambio para importaciones y exportaciones, está cotizando prácticamente a 100 pesos por unidad. Esto implica que en los ocho primeros meses del año la Argentina estuvo importando banana a un promedio mayorista de 53 pesos por kilo valor CIF. En el Mercado Central el valor de esa fruta a nivel mayorista en octubre oscilaba entre 81 y 140 pesos según su tamaño y su país de origen. La que más cotizaba era la banana grande de Ecuador, principal país del cual se provee la Argentina.
En sus recomendaciones de precios acordados con las empresas del rubro, la Corporación Mercado Central recomendaba vender la banana a no más de 155 pesos por kilo a nivel mayorista y con un top de 190 pesos en las verdulerías. Pero en realidad, en los supermercados hoy la banana ecuatoriana cotizaba a entre 160 y 250 pesos por kilo. Salta a la vista que desde el momento de la importación los valores se multiplican tres o cuatro veces cuando llegan al consumidor.
Mientras el negocio de la venta de banana importada marcha sobre rieles, no sucede lo mismo con las economías frutícolas de la Argentina, que exportan también sujetas a un dólar oficial que muchas veces apenas les permite cubrir sus costos productivos. Así, resulta que complejos exportadores de los cuales solía ufanarse la Argentina, como el limón o la pera, andan de capa caída y no logran producir las divisas necesarias para por lo menos compensar las crecientes importaciones bananeras.

Según los datos del propio INDEC recopilados por el Ministerio de Agricultura, el poderoso complejo limonero con asiento en el NOA había podido exportar entre enero y agosto de este año unas 260 mil toneladas de ese cítrico insignia de la Argentina, por 170 millones de dólares. Como la temporada está llegando a su fin, sería raro que estos valores mejoren mucho más.
Desde el sur, las exportaciones de peras en el mismo tramo de 2021 sumaban 276 mil toneladas por valor de 196 millones de dólares. También en este caso la temporada está cerrada.
Quiere decir que, en definitiva, la Argentina utiliza más dólares en importar bananas de los que generará por las exportaciones de sus principales frutas.
¿Y cuál es el problema? Son varios, pero el más evidente es que debido a la existencia de un dólar oficial de 100 pesos, que cotiza a casi la mitad de lo que lo hace el dólar en el mercado libre, el Banco Central aparece casi subsidiando las importaciones de 0banana, mientras condena a un visible atraso cambiario a los principales rubros frutícolas de la Argentina.

El otro problema es que, debido a los bajos precios que percibían en el mercado, varios productores bananeros del norte de la Argentina -de dónde suele provenir el 15% de la oferta total al mercado- tuvieron que tirar su producción, pues no llegaban a compensar los costos productivos. Hace unas semanas, a modo de ejemplo, la Federación Agraria Argentina de Laguna Naineck, principal localidad bananera de Formosa, se solidarizó con el productor Calixto Fretes, a quien se le pudría la produccio´n por falta de mercado. “Tengo que vender 100 kilos de banana para comprar un kilo de kilo de carne”, sintetizó el bananero en una entrevista con Clarín Rural.
“Su producción de banana se echó a perder por falta de comercialización; una imagen que se repite en los bananales de cientos de familias de nuestra provincia”, advirtió un comunicado de la FAA que se repite casi todos los años y que reclamaba: “Los bananeros formoseños no podemos seguir soportando esta situación de desprecio y abandono”.
Por cierto, hacia fines de octubre la banana nacional en el Mercado Central cotizaba bastante más abajo que la banana importada, a unos 65 pesos por kilo, por lo menos 50% por debajo de la importada.
Otro flanco crítico de este escenario es que son muy escasas las campañas de promoción del consumo interno de frutas producidas en la Argentina, y que podrían equilibrar los consumos de ese tipo de alimentos nacionales con los de banana importada. Por lejos, con 12 kilos anuales por habitante, esa resulta ser la fruta más demandada por los argentinos.
En este escenario, en las últimas semanas se ha visto una fuerte presencia en el mercado local de bananas que llevan la marca Chiquita. una de las marcas más populares del mundo y que suele ser asociada -debido a la historia de sus empresa propietaria (Chiquita Brands International) con el derrotero de los llamados “países bananeros” caribeños.

La marca fue reintroducida al país a partir de 2016 por la mayor importadora local de bananas, la firma Tropical Argentina, que es una fuerte operadora en el Mercado Central. Pero recién desde el mes pasado se ha hecho visible su desembarco masivo y una apuesta publicitaria por instalar ese nombre.
“Sonreí, llegó Chiquita”, dicen los carteles luminosos que han podido llegar a verse a metros del Obelisco en el marco de una intensa campaña publicitaria para posicionar el producto importado. .
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]]>La entrada “Las frutas del Alto Valle son buenas por naturaleza”: La Cámara de Fruticultores lanzó una campaña para aumentar el consumo de peras y manzanas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“La campaña es poner en marcha un anhelo que teníamos hace muchos años. La idea es trabajar en dos sentidos: aumentar el consumo per cápita de peras y manzanas, y revalorizar al sector productor”, comentó a Bichos de Campo Marcelo Loyarte, director ejecutivo de CAFI.
Argentina es la primera exportadora mundial de peras del hemisferio sur, y la quinta en manzanas. Este sector productivo representa más de 40.000 hectáreas cultivadas, más de un millón y medio de toneladas producidas y más de 450 mil exportadas. Sin embargo, desde hace varios años los números del consumo interno de estas frutas han estado en una constante baja. En Argentina el consumo per cápita de manzana llegó a estar en los 12 kilos y hoy ese número ha bajado a los 6,5 kilogramos. Las peras por su parte, se han mantenido entre 1,8 y 2,1 kilos.

Según indicaron desde la Cámara, esto se debe principalmente a dos razones. La primera es que la fruta siempre fue considerada como un postre, y por tanto ha perdido la competencia contra las campañas de marketing de aquellos productos industriales más elaborados.
“En todo lo que es la mayor sofisticación del consumo de postres, con herramientas de marketing más avanzadas e inversión en publicidad, nosotros nos fuimos quedando atrás y ahora la idea es recuperar ese terreno. Ya no hay duda de que su consumo es saludable, ahora hay más conciencia”, señaló Loyarte.
La segunda razón se vincula a la baja en el poder adquisitivo de los consumidores, que ha impactado de lleno en la demanda de alimentos frescos como frutas y verduras.
Mirá el spot publicitario:
-¿Por qué considerás que no se pudo avanzar con esta campaña antes?- le preguntamos al director.
-Es complejo. Requiere recursos y una estrategia. La agenda sectorial siempre se nos complicaba con otros temas, pero esta vez dijimos que había que arrancar. Seguramente se convertirá en algo más grande, en donde participen más empresas. Esto está abierto a seguir trabajando para ampliarlo.
-¿En qué sentido plantean la revalorización del sector productor?
-Nosotros decimos que las manzanas y las peras son buenas para cuatro cosas: son buenas para el medio ambiente, para la economía y la sociedad, para la salud y para la producción. Dedicarse a eso está bueno y consumirlo también está bueno. Para nosotros hay mucho de valor en lo que hace a la producción, empaque y comercialización, y así lo queremos mostrar. Por eso la campaña va a contener no sólo recomendaciones y acciones para adaptar el consumo, sino también para que la gente conozca dónde y cómo se produce la fruta.
La campaña se enfocará principalmente en los consumidores de AMBA, en Rosario, en Santa Fe y en Córdoba capital.
-¿Cómo ves actualmente al sector?
-El 2021 es un año que terminó con volúmenes similares a los del año pasado en cuanto a mercados externos, y en lo que es mercado interno se dio una desaceleración en las últimas semanas. Si bien es cierto que hay una desaceleración estacional en esta época del año, vemos también una cierta represión de la demanda general.
A continuación Loyarte remarcó: “La campaña intenta levantar la mirada un poco más allá de la coyuntura. No vamos con ella a aumentar el consumo ahora. Sabemos que esto es un objetivo de mediano y largo plazo pero un día había que empezar”.
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]]>La entrada La usurpación de una chacra en el Alto Valle dejó entrever la triste situación que afrontan las fincas productoras de peras y manzanas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Por desgracia esta no es la primera toma que afronta la familia Tarifa, que ya perdió seis hectáreas en un predio adjunto, a manos del mismo grupo de invasores. El lote que ahora está en disputa tiene siete hectáreas y está ocupado por 150 familias, que desde hace tiempo venían presionando a las hermanas, según las denuncias.

“La familia tenía peras y manzanas. La gente de acá les prendió fuego la chacra, les han robado postes y alambres. En este momento tienen plantas chiquitas de manzanas y el resto lo han destinado a maíz y alfalfa”, contó Sebastián Hernández, presidente de la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, a Bichos de Campo. Desde el primer momento, la Federación se psuo al servicio de las damnificadas.
Del conflicto participó incluso la intendenta de Allen, Liliana Martín, quién se reunió con los representantes de la toma para acercarles copias del título de propiedad y de los planos de la Dirección de Catastro, pero éstos se negaron a recibirlos.
En este punto podría pensarse que se trata de una nueva situación provocada por el déficit habitacional del país, aunque Hernández sostiene que el verdadero motivo es otro.
https://twitter.com/FederacionFrut1/status/1435261852238426117
“Se usa la toma de tierras como un medio de venta inmobiliario. Toman los terrenos y luego se los venden a otros. Se ha hecho una costumbre en el período de elecciones porque en estos momentos nadie se atreve a sacarlos por temor a perder votos. La Justicia después no los saca más”, dijo a este medio. Y a continuación agregó que “como Federación defendemos la propiedad privada, más allá de que sea o no productiva, de que la estén o no trabajando; es propiedad privada y se tiene que respetar”.
Es allí donde reside el quid de la cuestión: muchas chacras se han abandonado y muchos frutales se han erradicado debido a la baja sostenida en los rendimientos de la fruta –que es un 20% menor al rendimiento de otros países del hemisferio sur-, acompañada de una baja inversión, lo que genera un círculo vicioso de baja calidad y escaso retorno económico que, finalmente, termina con la salida de las fincas del circuito productivo.

Si entre 2008 y 2010 había entre 8000 y 9000 productores primarios activos en la región, es decir, que vendían su producción a terceros, hoy quedan alrededor de 1200 en todo el Alto Valle. “Los lugares que se toman son lugares elegidos, y mucho tiene que ver con el tema inmobiliario. Acá, en la zona del Alto Valle, supo haber entre 60.000 y 70.000 hectáreas en producción bajo riego. Hoy por hoy no creo que haya más de 30.000. Lo demás se ha abandonado o loteado”, explicó a Bichos de Campo José García, productor y presidente del Consorcio de Riego de General Roca.
El sistema de riego es provincial, aunque se encuentra manejado por un consorcio de productores. Por cada hectárea se paga un canon de riego anual que en promedio está en 5000 pesos. Aquellos lotes que han dejado de producir, han dejado también de pagarle al sistema. Este dato no es menor ya que eso genera un aumento de costos para quienes sí siguen aportando y dependiendo del riego.
“En General Roca, por ejemplo, si la hectárea deja de ser productiva, debe seguir pagando o desempadronarse, es decir, renunciar al sistema de riego de por vida. Eso sale 100 veces el canon de riego, es decir 500.000 pesos; es una traba para evitar que se desempadronen las chacras y se achique aún más la actividad”, indicó García.
Esas tierras, que sí tienen dueño, entran en un estado de abandono ante la baja rentabilidad de la actividad y la migración de los más jóvenes hacia los centros urbanos; las plantaciones quedan así inmersas en un descuido hasta que se pierden. Es en ese contexto es que empieza a jugar la presión del sector inmobiliario.
“La autorización de un loteo la tiene que dar el gobierno provincial. Hay una ley que indica que tienen que tener el libre deuda de la chacra. La mayoría, por no decir todas, habilitan los loteos para hacer barrios privados o casas quinta. Esa gente podría irse más lejos, hacia hectáreas desocupadas junto a las bardas, y es lo que impulsamos, pero no tenemos mucha ayuda del gobierno”, expresó con pesar García.
Y como si esto fuera poco, a la rapiña inmobiliaria hay que sumarle la petrolera, ya que muchos productores recibieron la visita de empresas que buscan explotar el gas y el petróleo que hay debajo de sus pies, para lo que les ofrecen alquilar algunas parcelas. Por esa situación no es extraño ver fincas con peras y manzanas, y una boca de extracción pegada al lote.

Este es parte del contexto que atraviesa a varias localidades del Alto Valle, entre ellas a la ciudad de Allen, que, si bien carga con el título de “Capital Nacional de la Pera”, refleja ahora una falta total de planeamiento territorial y de promoción de la actividad frutícola.
Fotos: Juan Thomes – Diario Río Negro
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]]>La entrada Además del Paraná, otros ríos estratégicos fueron declarados en emergencia: La cuenca hídrica que riega el Alto Valle acumula 13 años de sequía se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“El estado de situación de la cuenca es grave. La diferencia del año pasado a este es que tenemos 4.000 millones de litros menos de agua. Mayo, junio y julio no nos ha dado la humedad de un invierno normal, no tenemos nieve, no se han recargado los acuíferos y por lo tanto nosotros no vemos que podamos reponer el agua que hemos perdido”, señaló Elías Sapag, representante de Neuquén en la AIC, en el programa Vos a Diario de la radio RN (89.3).

El objetivo de los administradores de la cuenca, entonces, será priorizar el recurso hídrico para el consumo en las ciudades –que representa el 10% del total-, para la industria -que representa el 20%-, y para el riego productivo –que representa el 70% restante.
Además de la falta de precipitaciones, que arrastran una bajante de 6.000 hectómetros (6 billones de litros) en los embalses -lo que equivale casi a un tercio del caudal del lago El Chocón-Ramos Mexia-, Sapag llevó la atención también al aumento de la demanda para la generación de energía hidroeléctrica e instó en la necesidad de “gobernar nuestra agua” y “tener nuestras represas en manos de Río Negro y Neuquén”.
Las proyecciones de la AIC sugieren que en lo que queda del invierno el nivel de erogación se mantendrá en 300 metros cúbicos por segundo aguas abajo del Limay, y en 35 metros en el Neuquén, con la proyección de elevarse hasta los 120 metros cúbicos por segundo cuando inicie la temporada de riego.
Ahora bien, ¿qué impacto podría tener esto en la producción de peras y manzanas? Bichos de Campo habló con Sebastián Hernández, presidente de la Federación de productores de Fruta de Río Negro, quien indicó según las promesas de la AIC “la cuota de agua de este año y el que viene estaría asegurada”.

“La AIC ha determinado bajar el nivel de erogación del año pasado a este. Se ve que hay un claro desabastecimiento de agua. Puede haber un problema más adelanta, pero hoy lo tendríamos asegurado”, afirmó Hernández. En el Alto Valle se produce el 80% de la oferta nacional de peras y manzanas, además de otras frutas y mucho forraje para la hacienda.
Aún así, el dirigente no omitió puntualizar en el hecho de que la situación del sector frutícola no es peor porque lo cierto es que hay muchas menos hectáreas productivas en funcionamiento.
“Hay que tener en cuenta que nuestra actividad dejó muchas hectáreas sin trabajar, por lo que hay menos consumo de agua del que se necesitaría. Si estuviera todo el Valle produciendo seguramente no alcanzaría”, confesó Hernández.
Agregó que “actualmente estamos alrededor de unas 60 mil hectáreas de las 160 mil que supone una producción completa”. Esto se debe principalmente a cuestiones económicas que bajaron la rentabilidad y que obligaron a muchos productores a dejar de trabajar sus chacras.
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]]>Peor todavía, una nota del diario Río Negro refleja que “estudios oficiales indican que los valores del mercado externo para esta fruta tocan mínimos históricos”, poniendo en evidencia una crisis estructural y de largo plazo.
Para el caso de la manzana, los precios de exportación de este año tuvieron un piso de 0,18 dólares y un techo de 1,21 dólares por kilo. En medio de tan exagerada brecha, el promedio de esta temporada se ubicó en 0,65 dólares por kilo, lo que implica una caída del 6% respecto al año anterior, pero del 40% con relación a los primeros cuatro meses de la temporada 2018. ¿De qué depende la variación en el precio? Principalmente de la calidad ofertada y del destino de la manzana.
Mirá el gráfico que armó el diario Río Negro con la evolución histórica de los precios en peras y manzanas:
En cuanto a las peras, los valores FOB indican que su precio cayó un 13% en lo que va del año respecto de la temporada 2020. Durante los primeros cuatro meses del 2021 las exportaciones de peras alcanzaron las 185.000 toneladas –contra las 340.000 toneladas del año pasado- y el valor promedio declarado por este volumen fue de 0.69 dólares por kilo.

En este escenario de continua baja de los precios, el sitio especializado AgroValle entrevistó a Marcelo Loyarte, gerente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI). “Si tomamos las exportaciones de enero a abril, hemos visto hasta el momento una caída del 14% en la exportación de manzanas. La caída más grande está en Europa”, advirtió el directivo.
Las causas para esta baja son muchas. Una de ellas es una demanda menor de los mercados relacionada a una desaceleración en el consumo, pero también a una sustitución de importaciones producto de que muchos países han comenzado a producir sus propias manzana. Pero además, y como telón de fondo, el 85% de la producción local se concentra en variedades ya no tan demandadas, lo que provoca una menor participación y peor valor en los mercados externos.
Loyarte indicó además que, teniendo en cuenta los volúmenes exportados de manzana en fruta y del stock que se tiene de manzana en frío, se cree que no se llegó a producir lo estimado originalmente.

En este escenario, “la pera representa prácticamente el 80% de nuestras exportaciones. El mercado de la pera se ha comportado en volúmenes similares al año pasado”, afirmó el gerente de CAFI.
De lo exportado este año, cerca de 50.000 toneladas se orientaron hacia el mercado ruso, 39.000 se colocaron en Brasil y 37.000 se vendieron a Estados Unidos.
“En la ecuación de exportación en general la caída, sumando manzana y pera, está entre un 3% y 4%”, sostuvo Loyarte.
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]]>La entrada Peras y manzanas se suman a la lista de productos del agro con precios de referencia para evitar subfacturación se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La normativa publicada fijó para las exportaciones de estas dos frutas valores de entre 0,55 y 0,88 dólares, según cada variedad.
Para el caso de la venta al exterior de peras y de manzanas estos valores rigen para cuando se destinen a Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Irlanda, Islandia, Italia, Malta, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia, Alemania, Rusia, Estados Unidos, Canadá, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
Con 340.000 toneladas de peras, Argentina se posiciona en el quinto puesto como exportador mundial y con unas 100.000 toneladas de manzanas, en el número 15. Los principales destinos para las exportaciones de peras argentinas son Brasil, Rusia, Estados Unidos e Italia. En el caso de manzanas, los principales destinos son Brasil, Paraguay, Rusia, Alemania y Estados Unidos.

Con estos valores la Aduana establece precios testigo como instrumentos para detectar la subfacturación en las exportaciones. Así, busca identificar desvíos respecto de los valores usuales para mercaderías idénticas o similares. Estos precios de referencia constituyen un primer control de las declaraciones en resguardo del interés fiscal.
Como en casos anteriores, la Aduana recordó que este instrumento “había sido desarticulado durante el gobierno anterior y comenzó a restablecerse en diciembre de 2019 como parte de la estrategia de fiscalización y control del comercio exterior de la nueva gestión”.
En los últimos meses se establecieron valores referenciales para la exportación de ajo, carne de cerdo, tomate perita, mosto concentrado, carne vacuna, arándanos, leche en polvo, cebolla, papa, pasas de uva y corvina.
La entrada Peras y manzanas se suman a la lista de productos del agro con precios de referencia para evitar subfacturación se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Fruta marchita: Un informe muestra el largo pero constante proceso de decadencia de la fruticultura argentina se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El documento de Frutas de Argentina, un bloque conformado por los productores locales de arándanos (ABC), peras y manzanas (CAFI), cerezas (CAPCI), y limones y naranjas (FEDERCITRUS), compara los datos finales sobre la producción y el comercio mundial de frutas entre 2008 y 2018, último año con números finales consolidados. Las cosas no han cambiado desde entonces (por el contrario, empeoraron), con lo cual es un buen retrato de lo que pasa ahora.
Lo que queda claro es que la Argentina, que tiene un potencial de producción de frutas envidiable, está quedando prácticamente al margen de lo que sucede en el mundo, donde la producción en esa década se contrajo un 9%. Aquí el desplome habría sido mucho mayor. Según datos de la FAO, la oferta argentina de todas las frutas se redujo de 8,1 millones de toneladas en 2008 a 5,32 millones diez años después. Esto es, se contrajo un 35%.

Dentro del ránking mundial de productores, que es liderado por China, India, Brasil y Estados Unidos, la Argentina retrocedió hasta la posición 17°. Como premio consuelo, dentro del Hemisferio sur es el segundo productor en volúmenes después de Brasil y está por encima de Chile, Perú y Australia. Este posicionamiento debería permitirle tener un muy buen posicionamiento en el comercio de frutas en contraestación. Ya veremos que no sucede.
La Argentina debería estar mejor parada, porque la mayor caída de la producción global se registró en frutos que aquí no son los más difundidos: sandía, frutillas, damascos y en menor medida en uva. Las subas de producción en esa década analizada se registraron en frutas tropicales (mango, papaya) pero también en las zonas templadas como las que abundan en el país, con mayor oferta de palta, limón, pomelo, kiwi y arándano.
Como consumidor de frutas, según el documento, la Argentina está bastante por encima de la media. Según la FAO se consumían aquí en 2018 unos 201 kilos por habitante y por año, cuando la media mundial era de solo 81 kilos, sumando todas las frutas. Con respecto a países similares, el consumo argentino es inferior al de los países mediterráneos (como España o Italia) y también de Chile, pero supera
al consumo de las naciones del norte europeo y al otros países sudamericanos.
La Argentina frutícola tampoco juega en las ligas mayores entre los exportadores de fruta y la razón es que sus embarques también retrocedieron fuerte en el periodo histórico bajo análisis, de unas 1.406.951 toneladas en 2008 a solo1.021.264 diez años más adelante. Ese volúmen no se ha recompuesto en los últimos tres años.

“Según el Internacional Trade Centre la Argentina es en el comercio mundial de frutas el número 14° (basándose en el valor, expresado en dólares estadounidenses, de la fruta exportada). Dentro del hemisferio sur la Argentina es superada por Chile, que exporta un valor tres veces superior al argentino, pero por encima de Argentina también se encuentra Ecuador y Sudáfrica. Ecuador exporta principalmente bananas, por lo cual no es un competidor de Argentina. La diferencia con Sudáfrica es pequeña y se redujo en forma más marcada en los últimos 2 años”, explicó el trabajo.
En este carrera, la nota para la Argentina también es negativo, sobre todo porque “casi todos los grandes exportadores incrementaron al valor exportado”. Hubo algunos países que duplicaron en estos diez años su penetración en el negocio de la exportación de frutas, como Holanda, Vietnam, México, China, Sudáfrica, Perú, Nueva Zelanda, Australia, Iran y Colombia. Las caídas en facturación se dieron en pocos países de Europa, como Italia, Bélgica y Francia; y de Sudamérica, con Brasil y Argentina.
En este escenario, donde los números van confirmando la lenta decadencia de la fruticultura local (ya hablaremos de las razones en otras notas), la Argentina dejó de ser la tan mentada principal exportadora mundial de peras y solo conserva esa posición en el negocio del limón. Retrocedió posiciones en el negocio internacional de la manzana, de los cítricos dulces y hasta de los arándanos, uno de los rubros frutícolas que últimamente había despertado expectativas de crecimiento. Este cuadro resume la situación:

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]]>Afuera, sobre la aún estrecha ruta 22 pasan los desvencijados camiones con su aromática carga de peras recién cosechadas. Faltan algunos días para que entre la manzana, que fue la reina de las frutas porque el año pasado hubo un 30% menos de cosecha y porque en la pandemia se disparó su consumo entre un 30 y un 35%.
Comenzada la recolección de frutos, los grandes jugadores mostraron sus cartas: bajaron las metas de compra habituales. “No van a comprar”, dice en criollo el interlocutor. Siguen los llamados. “La mitad, no tiene protocolo con Brasil. Si tenés protocolo podés conseguir algo más de 30 pesos por kilo de pera, pero sin protocolo, puede andar entre 15 y 18 pesos porque va a mercado interno”.
Ese número de 15/18 pesos ha golpeado fuerte en algunos grupos de los medianos y pequeños productores.

Para que la fruta vaya a Brasil (ha vuelto a ser el principal comprador de fruta del Alto Valle), se debe seguir un plan sanitario, que exige determinada cantidad de aplicaciones de agroquímicos, y la instalación de determinada cantidad de trampas de feromonas, que actúan como agentes de confusión sexual para que las mariposas no pongan huevos, de los cuales salen los gusanos que horadan la fruta hasta su corazón.
Ese plan sanitario implica hacer inversiones. El Estado provincial, en Río Negro, financia al 0% de interés anual la compra de los agroinsumos. A fines del año pasado 155 productores, de unos 900, accedieron al financiamiento por un monto total de 107.337.300 pesos.
El debate por años, ha sido el costo de producción, que rondó los 30 centavos de dólar por kilo de fruta. “Es relativo ese número”, acota la fuente y saca simples cuentas: “Si lo sacás sobre una producción de 30.000 kilos por hectárea, no te va a dar, pero si lo sacás por 55 0 60 toneladas, cambia toda la ecuación”.
Y aclara: “Ese es el costo con amortizaciones, intereses y demás, pero el costo operativo debe estar en la mitad. Por eso hay distintas realidades dentro de la actividad”.

Los entes oficiales han calculado los costos, en algunos casos, tomando como referencia el sistema de monte en “espaldera”, por el cual se plantan los frutales a 4 metros entre plantas y 4 metros entre filas. Pero hoy ya existen montes de las grandes empresas que se pone una planta cada 1 metro.
“El costo de la aplicación de agroquímicos, de la energía para regar, la lucha contra heladas es el mismo para 25 toneladas que para 60; solo cambia el costo de la mano de obra”, advirtió la fuente.
Otro elemento que deja a los chacareros con pocas opciones fue la política de las grandes empresas del sector de dejar de depender de fruta de “terceros” y concentrarse en procesar y exportan la producción propia. Algunos productores de punta conservan el privilegio de mantener una relación comercial, pero un porcentaje cada vez mayor va quedando al margen de sus estrategias.

En este contexto, la perspectiva para manzanas es buena porque “estamos completos”, lo que implica que la producción se ajusta a la demanda. Los precios de esta pomácea se dispararon por la concurrencia de dos factores: una caída del 30% en el volumen de la cosecha el año pasado, y un incremento del 30/35% en el consumo, alentado por la pandemia.
A fines del año pasado, a los compradores del mercado interno (de Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe), se les complicó el abastecimiento atento a que también presionaron fuerte sobre la oferta compradores de Bolivia o Paraguay.
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]]>Sebastián Hernández, presidente de la Federación de Productores de Fruta de esa región explicó el drama que sufren hace décadas y que parece importarle poco a sucesivos gobiernos nacionales.
Hernández indicó a Bichos de Campo que la cosecha de peras y manzanas será de aproximadamente 1,2 millones de toneladas cuando hace una década era de 1,8 millón. La Argentina –aseguró– se dio “el lujo” de que caiga su producción de esas dos frutas en un 33% y “a nadie se le movió un pelo”.
Esa merma es consecuencia de la salida de productores del sistema. Hernández dijo que hace 25 años había unos 7000 y que ahora, si bien quedan alrededor de 1200, tales cifras están infladas porque comprenden gran cantidad de subdivisiones de chacras producidas por recambio generacional.
Los productores este año, por la fruta entregada en enero-febrero, van a terminar cobrando entre 10 y 12 $/kg, mientras que el costo de producción promedio ronda los 20 $/kg, explicó el dirigente rural, para luego agregar que “el abuso comercial es costumbre y cotidiano” en el sector.

“Los productores van a recibir alrededor del 50% del costo de producción; esas pérdidas son en la chacra, pero no en toda la cadena, porque otros eslabones tuvieron avances y aumentos”, aseguró.
¿En qué consiste ese abuso comercial? “Sólo el 8% de los productores son grandes empresas que guardan fruta y la tiene hasta fin de año, mientras que el resto la entrega en cosecha y desde ese momento ya no es suya. Y en diciembre te hacen la liquidación final, porque ahí uno se compromete en la entrega de la cosecha que sigue y entonces te dicen que el mercado no dio y que tuviste descartes que no había cuando entregaste la mercadería”.
Es decir: el productor cobra en cuotas en pesos –en un contexto de alta inflación– y queda a expensas del manejo de los demás eslabones de la cadena comercial.
Escuchá la entrevista a Sebastián Hernández
Para evitar que el proceso de concentración se profundice, muchos comenzaron a vender fruta a reparticiones del Estado de la provincia de Río Negro con el objetivo de lograr saltear a los intermediarios que le venden al gobierno provincial. El destino de la mercadería son comedores comunitarios, colegios y hospitales.
“En Río Negro entregamos durante el año y a pesar de la pandemia peras y manzanas, papas, cebollas, hortalizas de la región e incluso intercambiamos naranjas con otras regiones para entregar a los chicos”, explicó el dirigente gremial.
Esa estrategia dio tan buenos resultados que ahora quieren expandirla a otras regiones argentinas. “Esta semana tendremos reunión con el ministro de la Producción de Formosa (Raúl Omar Quintana) y el de Río Negro (Carlos Banacloy) para llevar peras y manzanas allá y traer bananas (desde el norte). También se comprometió el ministro de Agricultura de la Nación (Luis Basterra) para arrancar la iniciativa con municipios de Buenos Aires. Lo bueno de todo esto es que se puede hacer y que en el programa le liquidamos al productor el costo y una utilidad del 3 a 4%”, finalizó Hernández.
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