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perito moreno – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Mon, 25 Oct 2021 13:45:30 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png perito moreno – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Del Perito Moreno a Douglas Tompkins: En la Argentina las áreas protegidas creadas por privados tienen una larga historia, pero se necesita mucho más http://wi631525.ferozo.com/del-perito-moreno-a-douglas-tompkins-en-la-argentina-las-areas-protegidas-creadas-por-privados-tienen-una-larga-historia-pero-se-necesita-mucho-mas/ Mon, 25 Oct 2021 11:17:07 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=83730 Alrededor del 80% del suelo argentino está en manos privadas y hay ecosistemas enteros, como el pedemonte de las yungas o el pastizal pampeano, que prácticamente no tienen áreas estatales. A la vez la población mundial aumenta, lo cual implicará cada vez mayor presión sobre los ecosistemas. Por eso el gran desafío es buscar las […]

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Alrededor del 80% del suelo argentino está en manos privadas y hay ecosistemas enteros, como el pedemonte de las yungas o el pastizal pampeano, que prácticamente no tienen áreas estatales. A la vez la población mundial aumenta, lo cual implicará cada vez mayor presión sobre los ecosistemas. Por eso el gran desafío es buscar las herramientas para que la naturaleza silvestre conviva con la producción de alimentos.

En este contexto la conservación privada, que es la voluntad de un propietario de destinar una porción de su territorio a la conservación de la biodiversidad, es clave.

“Lo ideal para que estos paisajes sean realmente sustentables es que la proporción de producción y de naturaleza sea 50-50”, expresa Gustavo Aparicio, naturalista y director de conservación de la Fundación  Hábitat & Desarrollo. “En nuestro país podríamos empezar por establecer que al menos el 20 o 30% de cada unidad productiva permanezca silvestre; ese es el enfoque necesario para fortalecer la conservación voluntaria como una de las mejores estrategias de conservación basada en áreas”.

La conservación privada tiene larga data en nuestro país: en 1904 Francisco “perito” Moreno donó 7.500 hectáreas para la creación del actual Parque Nacional Nahuel Huapi; en 1937 Martín Tornquist cedió a la provincia de Buenos Aires 3.228 hectáreas en las Sierras de la Ventana, para preservar la belleza paisajística de esa zona; en 1950 la provincia de Entre Ríos aceptó la donación de Enrique Berduc de 600 hectáreas próximas a la ciudad de Paraná para fundar una escuela conservando el monte nativo.

Ya más cerca de la actualidad, en 1998, la pareja danesa de botánicos Troels Pedersen y Nina Sinding, donaron sus dos estancias (1.700 hectáreas) para la creación del PN Mburucuyá. Y en 2018 otra pareja de conservacionistas extranjeros, Douglas Tompkins y Kristine McDivitt, donaron 158.000 hectáreas para la creación del Parque Nacional Iberá.

“En 1993 la Fundación Hábitat y Desarrollo creó la Red Hábitat de Reservas, vinculándose primero a productores agropecuarios del norte santafesino, a la Universidad Nacional del Litoral y a empresas forestales de la cuenca del río Uruguay”, detalla Aparicio. “Actualmente poseemos una reserva propia en Misiones (Tenondé) y se encuentra en tratativas para adquirir una propiedad en la meseta de Somuncurá (Río Negro); además administramos las Reservas Asociadas Cañadón del Duraznillo y Monte Loayza, en la provincia de Santa Cruz, propiedad de estancia La Madrugada”.

A la vez, otras organizaciones ambientales también poseen programas de reservas privada, como la Fundación Félix de Azara y la Fundación Pro Yungas. Desde 1995 la Asociación Aves Argentinas administra la reserva privada El Bagual, en Formosa, propiedad de la empresa Alparamis.

“La conservación voluntaria en la Argentina ha sido principalmente un compromiso personal y familiar de muchos propietarios rurales motivados por el genuino interés de preservar espacios silvestres en sus predios, a los que no llaman reservas pero que son espacios silvestres protegidos de hecho”, reflexiona Aparicio.

“Afortunadamente en la última década se consolidó la Red Argentina de Reservas Naturales que le dio envergadura a este movimiento sobre el cual diez años atrás había todavía mucha desconfianza; además la Red ayudó a visibilizar que la mitad de las provincias no contemplaban a las reservas privadas en sus legislaciones, por lo cual no podían recibir ningún reconocimiento ni auxilio estatal. Actualmente la cantidad de provincias que incluye la figura de reserva privada se incrementó, aunque todavía falta mucho por hacer”.

Con respecto a esto de la desconfianza, el naturalista menciona que durante mucho tiempo se escuchaban frases como “lo hacen para lavar dinero” o se asociaba a la idea de que las reservas privadas sólo podían servir como apoyo a las reservas estatales, funcionando como áreas de amortiguación pero que no eran herramientas serias de conservación. “Al interior del movimiento de conservación voluntaria todavía existe cierta desconfianza entre los propietarios familiares y las empresas, por lo cual generalmente no integran espacios comunes”.

“En Latinoamérica existen redes nacionales de reservas privadas desde hace dos o tres décadas. La Argentina vino a sumarse a un movimiento ya existente que tiene mucho impulso en países como Colombia, Nicaragua, Chile o Costa Rica”, destaca.

“Algo notable al observar las áreas protegidas de otros países, es que incluyen reservas comunitarias protegidas por pueblos indígenas o comunidades locales. Esto es común en lugares como la Orinoquia, el Amazonas, el Chaco o las selvas centroamericanas y es un fenómeno que aquí no ocurre todavía”.

Según el especialista, entre las medidas más valoradas por los propietarios se destaca el apoyo técnico para la elaboración de planes de manejo y la presencia de guardaparques provinciales que recorran las áreas para controlar la caza furtiva. A la vez, como en la mayoría de las reservas privadas hay gente viviendo, cuentan con límites definidos y caminos, están en mejor situación que las reservas provinciales en cuanto a `control y vigilancia`, que suele ser el rol principal para el cual se contrata a un guardaparque.

“En las reservas privadas se emplean agentes de conservación para realizar tareas de mantenimiento de senderos y de infraestructura de uso público, apertura y mantenimiento de cortafuegos, combate de incendios, control de especies exóticas, acompañamiento de investigadores, atención a visitantes o tareas de educación ambiental”, explica Aparicio.  “Para cumplir con estas tareas cada vez es más necesaria la creación de brigadas ambientales que puedan contratarse por 2 o 3 meses para realizar algunas acciones, tal como lo hacen los prestadores de servicios agropecuarios o forestales con personal especializado”.

¿Qué ambientes naturales queremos conservar? Según el naturalista Gustavo Aparicio, no existen lugares “prístinos” y muchos ya fueron modificados por la presencia del hombre

¿Cuál es el principal problema de la conservación privada en la Argentina?

-Que no es para siempre.

-¿Por qué no?

-Porque depende del pasar económico del propietario y, en caso de fallecimiento, de la voluntad de sus hijos o herederos.

-¿Cómo se puede solucionar esto?

-Podría adoptarse el modelo de Brasil que en 1990 creo las Reservas Particulares de Patrimonio Natural (RPPN) bajo la órbita del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio). La constitución brasileña de 1988 otorga una función social a la propiedad y en ese contexto se crearon estas reservas privadas, voluntarias, gravadas a perpetuidad. Se declara ante el registro de inmuebles el nuevo estado de la propiedad convertida en Reserva, reciben ayuda impositiva y esa situación no puede ser revertida. Son más de 500 en todo Brasil.

-¿Solo los ricos hacen estas cosas?

-Ya no. Hoy mucha gente vende su departamento y compra un par de hectáreas en lugares con alta biodiversidad para hacer reservas. Son personas que quieren restaurar su relación con la naturaleza y es un movimiento que está creciendo en toda América Latina.

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Sabores y saberes: En Perito Moreno, "Pepa" Contreras organiza fogones y prepara sanadoras cremas de Paramela, una planta que crece en la cordillera http://wi631525.ferozo.com/sabores-y-saberes-en-perito-moreno-pepa-contreras-organiza-fogones-y-prepara-sanadoras-cremas-de-paramela-una-planta-que-crece-en-la-cordillera/ Sun, 12 Jan 2020 22:40:40 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=32273 El abuelo de Ramona “Pepa” Contreras había nacido un 19 de marzo de 1860 en Junín de los Andes, a orillas del frondoso río Limay. Pero ya grande, llegando a sus setenta años de edad, realizó varios viajes exploratorios a la actual Perito Moreno, que acababa de ser fundada en 1927, hasta que decidió migrar […]

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El abuelo de Ramona “Pepa” Contreras había nacido un 19 de marzo de 1860 en Junín de los Andes, a orillas del frondoso río Limay. Pero ya grande, llegando a sus setenta años de edad, realizó varios viajes exploratorios a la actual Perito Moreno, que acababa de ser fundada en 1927, hasta que decidió migrar en caravana, junto a la familia de los Oporto, a vivir a ese poblado. Fue en 1930, siendo uno de los pioneros.

El abuelo, Don José Jaramillo, era de sangre tehuelche, pero se había criado y educado con los padres salesianos, allá en Junín de los Andes. Hablaba y escribía en la lengua española, y por eso tenía nombre católico. En la caravana llevaba árboles frutales, manzanos, perales, ciruelos, groselleros, guindos, además de álamos para cortar los vientos. Pero al pasar por El Senguer, donde había un asentamiento tehuelche, realizó un trueque, dejando dos caballos a cambio de una buena moza aborigen de apenas diecisiete años de edad, llamada Emma Patella Chapalala. El hombre tuvo tres hijos con esa mocita, y entre ellos la madre de Ramona.

Cuenta Pepa que su abuelo Jaramillo fue quien diseñó todo el sistema de riego de la zona de Perito Moreno, en 1936, y que luego de unas décadas se pretendió modernizar este antiguo sistema, pero los cambios fueron ineficientes y tuvieron que volver a su sabia y antigua traza. Su abuelo, en un lote de 20 hectáreas, diseñó una bellísima chacra con la impronta neuquina. Dice Pepita que lo descubrió cuando viajó por primera vez a esa provincia, ya que por ejemplo, se accede hasta la casa por un camino arbolado, cruzando un canal que ya le da un carácter de ensueño. Luego la descendencia del abuelo José María sembró alfalfa, arvejas y siguió criando animales.  

Al fin llegó Ramona, alias Pepita, hija y nieta de tehuelches. Se crió presenciando las carneadas, preparando morcillas y cuidando la chacra. Hoy vive con su actual marido, Walter Millán, y un solo hijito, ya que los cinco restantes buscaron otros destinos. Ahora sólo siembra forrajes: avena, alfalfa, vizia, triticale, y cría algunas gallinas ponedoras. Recuerda que su papá era buen soguero y se quedaba de noche arreglando los cueros y contando cuentos al lado del fogón de la pequeña cocina. Ella aún duerme en la cama de su abuelo, ya restaurada, la que llevó aquel desde Junín. Pepa conserva todas las herramientas de tracción a sangre que usó Don Jaramillo en la chacra, y sueña con exhibirlas algún día.   

Además de atender su chacra junto a su marido, es Coordinadora de Chacareros en la Municipalidad de Perito Moreno y Presidente del Consejo Local Asesor –CLA- que nuclea la AER (Agencia de Extensión Rural) Los Antiguos, del INTA, que incluye a Perito Moreno y a Lago Posadas. En ese trabajo mancomunado ha logrado muchos cambios favorables en cuanto a la legislación que regula la actividad de las tres mineras de la zona, y que se concretaran obras en el río Tarde, en Lago Posadas. Y han conseguido financiar, a través del Programa ProHuerta, también del INTA, dos pozos para compartir el agua entre los chacareros de Perito Moreno.

A pesar de que tiene que ocuparse de su chacra y de tener un gran compromiso social a través de sus cargos, Ramona acaba de recibirse de cocinera profesional en la escuela de talleres y oficios con el diploma de la empresa Cookins. Pepita además es famosa en su región porque prepara una crema casera de Paramela, el yuyo de un arbusto de la Cordillera que crece por encima de los 2000 metros de altitud.

Lo aprendió de su madre nativa, que ya la hacían sus abuelos. Calma los dolores, y se aplica para las picaduras, el reuma, la artritis o los golpes. Lo hace para uso familiar o cuando le piden sus vecinos o amigos. Hierve las hojas y ramas durante tres o cuatro días en agua. Luego cuela el yuyo y al agua le agrega aceite de oliva y cera de abejas, que compra. Lo revuelve y se forma una crema espesa de paramela. Al líquido que sobra, ya su madre lo usaba para lavar los pisos o se lo colocaba en las piernas porque decía que era un buen desinfectante.

Nota sobre la Paramela: “Su nombre científico es Adesmia boronioides. Conocida también como Yakén y Yagneu, en lengua nativa, es usada desde tiempos remotos por los pueblos originarios de la región para aliviar dolores articulares y calentar el cuerpo, haciendo vahos y baños con la planta sumergida en agua caliente. Se utilizan principalmente las hojas y en menor medida los tallos. Se puede beber su cocimiento en situaciones de fatiga, desgano, resfríos, enfriamientos, trastornos digestivos. Enjuagando el cabello con paramela, lo fortalece. En los últimos años, en Chile, se la promociona y vende como el “Viagra mapuche”. Fuente: Plantas para la salud. Doctora Sara Itkin. (Recomendamos ver todo el artículo).

Pepa recuerda que de chica bebía cascarilla, y su padre cocinaba el tradicional “ñaco de pavo”, plato al que se llamaba “Pan de los pobres”: picaba ajo, cebolla blanca y de verdeo, panceta, lo freía en aceite o grasa y calentaba chicharrones, le echaba agua hirviendo y la condimentaba con pimienta, pimentón y sal hasta formar un caldo, y le echaba el tradicional ñaco, harina de trigo tostada hasta formarse como una especie de tortilla espesa. Era un manjar.

Ver Sabores y Saberes: El Ñaco, de pan de los pobres a tener un gran futuro

En febrero de 2019, fue a hacerse atender al hospital y le llamó la atención el mal humor de la gente en general. Y se le ocurrió que la razón debe ser a que cada día estamos más desunidos, aislados y con más problemas. Así es Pepa decidió armar encuentros comunitarios alrededor de una fogata en su chacra, sin fines de lucro, adonde cada invitado lleve lo que quiera compartir para comer y beber y donde se charle, cante, baile hasta el amanecer, a la luz de la luna. Ya realizó dos con mucho éxito y parece que se hará costumbre. El pasado sábado 21 de diciembre realizaron uno para celebrar el equinoccio de verano. En esos encuentros hasta ha recordado entre mates, las que pasó cuando erupcionó el volcán Hudson.  

Hoy Pepa sueña con crear cooperativas de trabajo para sus hermanos mapuches. Y a ella le han dedicado estos versos cuando recibió una mención:

“Ella es Pepa Contreras.
Y la placa, bien merecida.
Por diez años de su vida
Trabajando en forma mera.
Qué orgullo para mi bandera.
Adhonores trabajando,
Con altura organizando,
Año a año, jineteada.
Pepa es una abanderada.
De las que estamos
Añorando.”

Me cuenta Pepita que en los bailes de la Patagonia no comienzan hasta que se pasa un pasodoble. Le queremos dedicar a nuestro común amigo, Fabio Riquelme, profesor de esquila, que nos presentó a Ramona, el “Pasodoble Santana”, de Héctor Gato Ossés, cantautor nativo de Perito Moreno.

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Melones en el glaciar, cosas de agrónomo http://wi631525.ferozo.com/melones-en-el-glaciar-cosas-de-agronomo/ Sat, 19 Aug 2017 13:47:31 +0000 http://bichosdecampo.com/?p=3223 AgroLeaks, por Alejandra Groba.- Cerca del glaciar Perito Moreno, Pablo Morresi está probando hacer melones. No porque sea un loco lindo, sino porque es agrónomo. Radicalmente: toda cosa viva que llega a sus manos y no es animal, la planta. Y si bien por ahora lo de los melones es más bien un experimento por […]

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AgroLeaks, por Alejandra Groba.-

Cerca del glaciar Perito Moreno, Pablo Morresi está probando hacer melones. No porque sea un loco lindo, sino porque es agrónomo. Radicalmente: toda cosa viva que llega a sus manos y no es animal, la planta. Y si bien por ahora lo de los melones es más bien un experimento por gusto, no habría que tomar en broma a alguien que, en un lugar con inviernos de 15°C bajo cero, saca tres veces más frutillas por metro cuadrado que lo normal.

Morresi pisa los 30, se crió en Bariloche y se recrió en Concepción del Uruguay. Hace menos de tres años, recién recibido, se instaló en Calafate y armó Las Moras, que hoy es el principal proveedor de frutas finas y hortalizas gourmet de la zona. Los socios capitalistas fueron su padre, agente de turismo, y los dueños de uno de los restaurantes más tradicionales de Calafate, La Tablita. Él sería el CEO, o mejor, el que pone el lomo, el conocimiento y el tesón.

El proyecto partió de una necesidad insatisfecha. Los restaurantes selectos de la ciudad, que atienden a muchos turistas potentados, comparten el problema del abastecimiento. Para poner un plato en la carta, la continuidad se les hace más importante que el precio.

Morresi se propuso atender esa demanda, sobre todo con el mayor problema, las hortalizas. Hoy les vende lechugas de todos los colores y formas, rúcula, espinaca bebé, hakusai, pack choy, tomates raros, canónigos y otros toda la temporada, que allí empieza a tener fuerza en octubre/noviembre. También produce frutillas, frambuesas, cerezas, grosellas, moras, cassis, sauco, corinto, zarzamora, ciruelas, rosa mosqueta, ruibarbo y hasta flores comestibles. Y aromáticas: mostaza roja, ciboullete, albahaca, romero, tomillo, orégano, salvia, curry, cilantro y eneldo. A diferencia de las verduras, las frutas se las compran principalmente los habitantes de la ciudad, algunos para producir dulce.

A la legua se nota que a Morresi le gusta mucho lo que hace. Anda todos los días por esa hectárea que es la chacra, siempre con ropa de trabajo, si no es haciendo plantines es inspeccionando si hay babosas o si se tapó el riego por goteo, calculando el momento exacto de la siembra en función de cuándo precisa cosechar, viendo las podas, evaluando el compost para ir mejorando el suelo, arreglando tutores, comprando o reparando lo que se rompe, calculando los precios, y así. Entre varios que viven del turismo y se ganan el mango más fácil, su actitud provoca entre admiración y respeto.

Aprovechar al máximo lo que natura parece uno de sus lemas. El problema en esa latitud es el frío extremo y las escasas horas de luz del invierno, que hace que una planta que tarda seis meses en desarrollarse en el centro del país, allá requiera ocho. Pero el frío permite sembrar con mayor densidad. Y, a medida que llega el verano, las horas de luz pasan a ser la gran mayoría y la fotosíntesis festeja. De allí, en gran medida, los 3,5 kilos de frutillas por metro cuadrado que obtuvo la cosecha pasada en su vivero.

Así como en el resto del país, la frutilla es la fruta fina más requerida. La variedad que Morresi puso bajo cubierta es refloreciente, por lo que da dos cosechas anuales. La temporada pasada le dio 3.500 kilos. Pero entre una y otra cosecha, se quedaba cerca de un mes clave sin producción. Lo resolvió poniendo unas hileras de otra variedad de una sola floración a la intemperie, que calibró para que genere unos 500 kilos justo en el medio, con lo que no se queda sin frutillas ni un día de la temporada.

Si bien no es fanático, evita los agroquímicos todo lo posible. Por ejemplo, al pulgón, quizá su mayor enemigo, si se pasa del umbral tolerable le abre el techo del vivero una noche de helada y deja que la naturaleza se encargue. “No me interesa certificar como orgánico, es muy caro y complejo, y mis clientes no me lo van a pagar. Si las cosas se complican, sé que puedo acudir a un plaguicida y manejar los períodos de carencia”, dice.

Hace unos meses abrió la chacra al público, con la idea de convertirla en una atracción turística y vender también dulces y frutas con su marca. Está a un par de cuadras de la reserva de aves Laguna Nimez, en la llamada zona de Chacras, porque allí cultivaban los primeros pobladores, muchos de ellos croatas, cuando Calafate era un punto de acopio de lana de las estancias camino al puerto de Río Gallegos. Por entonces, se producía sobre todo papa y cebolla.

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