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La entrada “Siempre hago desde el hacer”, se presenta Teresita Martinoya, la primera mujer en integrar la conducción de la cooperativa ACA se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Es un gran orgullo y honor ser la primera mujer en participar del consejo de ACA. A la vez es un cargo que me genera una enorme responsabilidad. Pero como me gusta decir a mi, las cosas siempre se demuestran haciendo, por eso hay que participar de las instituciones”, reflexiona en diálogo con Bichos de Campo.

Oriunda de Pigüé, en el sudoeste bonaerense, obtuvo en noviembre de 2020 el cargo de consejera regional zona sur, representando a las tres Comisiones Asesoras Regionales (Cares) que conforman la provincia de Buenos Aires. También tiene a su cargo el sudoeste de Buenos Aires, La Pampa y Río Negro.
ACA es la mayor cooperativa agropecuaria de segundo grado del país y de América, integrada por 150 cooperativas primarias que agrupan a unos 50 mil productores y que conforma un engranaje clave dentro de la cadena agroindustrial de la Argentina.
Dentro del consejo administrativo históricamente las sillas fueron ocupadas por hombres. Lo cierto es que al igual que Teresita, son miles las mujeres que trabajan codo a codo, pero que lamentablemente “lo hacen desde un lugar invisible y muchas veces no reconocido”.
“Creo en la igualdad entre hombres y mujeres. Por eso considero que las posibilidades deben ser para ambos, sobre todo cuando estamos convencidos de que lo que hacemos lo hacemos bien. Son muchas las mujeres que ponen el hombro todos los días dentro de su explotación y en su trabajo diario, y sobre todo en montones de economías regionales. Solemos ver el producto terminado sin ver el sacrificio que hubo en el medio hasta llegar a ese producto”, asegura.
-¿Cómo te definís?
-Como una mujer muy emprendedora que va siempre para adelante, me encantan los desafíos.
-¿Lo tuyo siempre fue el cooperativismo?
-Si. Vengo de Pigüé, donde vive una población netamente agropecuaria, y nací en el seno de una familia agropecuaria que desde siempre estuvo muy ligada al sistema cooperativo. Por parte materna mi bisabuelo fue el primer presidente de la cooperativa “El Progreso Agrícola de Pigüé Seguros”, que en 1896 fue la primera cooperativa argentina de seguros. Mi padre también estuvo muy vinculado al sistema cooperativo, en su caso el bancario, cuando fue gerente de la Caja de Crédito Pigue, y luego se vinculó al campo. Así que llevo al sistema cooperativo en mis venas.
-¿Cómo fue tu formación hasta ocupar este espacio?
-Mi carrera universitaria fue aprender en el sistema cooperativo. Pero mi primer lugar de formación, mis primeros pasos, los hice en la juventud agraria de la Cooperativa La Alianza de Pigüé Agrícola Ganadera. Ahí me formé también en lo personal, en afianzar los valores que realmente tiene este sistema, en conocer y disfrutar lo que me brindó en ese momento que era conocer personas en la misma que yo pero que vivían en otros lugares.
-¿Tuviste posibilidad de conocer el sistema cooperativo de otros países?
-Si. Cuando empecé a hacer mi trayectoria a nivel nacional y regional en el consejo central de juventudes de ACA, tuve la posibilidad de recorrer todas las cooperativas del país vinculadas al ACA, conociendo su gente, su cultura, sus tradiciones, fortaleciendo los principios y valores cooperativos. Y tuve también la posibilidad de conocer el sistema cooperativo en Europa, donde hice un intercambio en el que conocí productores, sus cultivos y sus formas de vida. Luego tuve la posibilidad de conocer el sistema cooperativo en Mondragón, un grupo de cooperativas y empresas originario del País Vasco y actualmente extendido por el resto de España. Esa experiencia fue realmente una gran enseñanza y una apertura de cabeza muy grande.

-¿Aparte de integrar el consejo administrativo de ACA, dónde más estás?
-Hoy me encuentro participando del consejo de administración de mi cooperativa y también soy la primera mujer en hacerlo. También me encuentro dentro del consejo de administración de Avalian, cooperativa de prestaciones de salud. Además, estoy vinculada a un negocio familiar: la casa de fotos de uno de mis bisabuelos, la casa más antigua de Pigüé, fundada en 1896. Por eso esto de seguir con ese negocio de la fotografía tan antiguo es otro gran desafío para mi. Lo trabajamos todos los días y le ponemos mucho esfuerzo en honor a lo que hizo un inmigrante italiano con una visión de futuro muy grande. Y seguimos en ese camino.
-Es ese arraigo familiar el que parece definirte…
-Mis recuerdos de chica era pasar los veranos en el campo y hoy es un lugar del que sigo disfrutando mucho. Hoy administro una sociedad con mi hermano y mi madre. Yo cubro toda la parte administrativa mientras que mi hermano se aboca a la parte productiva. Tengo tres sobrinos a los que les encanta el campo y valoran el esfuerzo de sus abuelos y bisabuelos. Eso es muy importante para los que trabajamos en la producción agropecuaria. Y es mi familia la que me llevó a participar de las instituciones. Yo siento que siempre hago desde el ´hacer´, porque creo que las cosas siempre se demuestran haciendo. Aprendo todos los días, de la vida, del sector agropecuario y del sistema cooperativo. Aprendí a disfrutar el día a día, a valorar lo que tengo, a agradecer lo que mi familia logró con tanto trabajo y hoy, poder sostener esto que nos dejaron es un gran desafío y lo hacemos en familia, nos llena de mucho orgullo eso.
-¿Qué pensás de “el campo”, un espacio tradicionalmente concebido como un universo más masculino?
-Es algo cultural. El campo es un mundo liderado por hombres porque venimos de una cultura donde el patriarcado estuvo muy marcado. De todos modos, pienso que las mujeres venimos ocupando lugares convencidas de que estamos haciendo las cosas bien. Nos podemos capacitar de la misma manera tanto hombres como mujeres, ya que estamos a la misma altura y en las mismas circunstancias. Pero sí, generalmente la cultura manda y el hombre es el que más participa, y esto se ve mucho en las cooperativas, donde generalmente son los hombres los que integran el consejo directivo y los que participan de las reuniones, pero al mismo tiempo se ven montones de mujeres que de a poco se van animando y van buscando ese lugar que les pertenece.

-¿Cómo está ese universo de mujeres rurales hoy? ¿Son realmente muchas?
-Si, montones de mujeres trabajan en la producción agropecuaria, incluso ahora se las ve en los encuentros y seminarios de ACA. Hay mujeres participando pero creo que muchas lo hacen en silencio y con un perfil muy bajo. De todos modos eso no quita que hay muchas que le ponen garra desde la primera hora del día en un trabajo muy loable aunque a veces no se visibilice o comparta.
-Noto un gran compromiso en vos con el verbo ´hacer´. ¿Cambiarías algo de este sistema cooperativo?
-Es que tengo un gran compromiso por los lugares de los que participo, pero también guardo un gran compromiso en la economía social y por el otro. Creo que es muy importante que cada uno de nosotros se involucre en las organizaciones y las sienta como propias, porque es el único camino por el cual podemos empezar a cambiar las cosas. Podemos cambiar desde nuestro metro cuadrado; si nos responsabilizamos en las pequeñas cosas que hacemos todos los días ya estamos aportando ese granito de arena que todo el país necesita. Considero que todos los días hacemos política y sobre todo los que estamos dentro de las organizaciones y cooperativas. A veces se confunde con política partidaria porque todos hacemos política de alguna u otra manera, en las instituciones, en los clubes, en las cooperadoras. Yo no le cambiaría nada, solo pediría involucrarnos más para mejorar.
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]]>La entrada Entre aligot y pascadas: Pigüé rescata la influencia francesa en la cocina de sus vecinos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“La tarea del grupo es identificar los platos que se preparan en Pigüé desde el momento de su fundación; trabajamos con la memoria de la gente y hasta el momento tenemos unos 15” preparados, explica Marcelo Champredonde, doctor en Estudios Rurales de la Universidad de Toulouse 2 Jean Jaurés (Francia) e investigador de INTA Bordenave.
Algunos de los platos que permanecen son el aligot (una suerte de puré con mucho queso y ajo); las papas trufadas (también con queso) y las pascadas, bocadillos de verdura de buen porte.




“También realizamos talleres en torno a cada plato, identificando las distintas formas de prepararlo que se conocen en Pigüé y que son adaptaciones a las condiciones locales y regionales de las recetas originales. Se registran los procedimientos para facilitar la transmisión de los saberes (elaborar, degustar) a otros miembros de la comunidad, tanto los que viven en nuestra ciudad como los que constituyen la diáspora de pigüenses diseminada en distintos lugares del país y del mundo. Para ello se hizo una actividad abierta a fines de 2019 y se han generado redes sociales sobre comidas piguenses de origen averonés”.
Champredonde cuenta que al proyecto se fueron sumando vecinos y luego instituciones como el Museo de Pigüé, la oficina de Turismo de Saavedra y el grupo de Cambio Rural de Turismo Rural, que es uno de los ámbitos donde más se ponen en valor los platos locales que siguen “latiendo” en la sociedad pigüense desde que fue fundada.

“Los platos evolucionaron en el marco de la cultura pampeana, donde los insumos como quesos, carne, verduras y ciertos hábitos alimentarios presentan diferencias sustanciales con los de la región de origen de aquel grupo fundacional”, reflexiona Champredonde. “Las hibridaciones con poblaciones diversas como criollos, españoles, italianos, ruso alemanes e inmigrantes de otras regiones de Argentina y de países limítrofes fueron imprimiendo esa impronta en los platos: por ejemplo, las papas trufadas se hacen con quesos como el Sardo argentino fresco y las pascadas, con acelga”.
“Aunque se trata de una comunidad multicultural, en la que se identifican aportes de distintas culturas, Pigüé es considerado como un pueblo de franceses donde se destacan algunos componentes heredados de los grupos de colonos averoneses y que son únicos, como los platos que se elaboran desde 1884 y que adoptaron formas propias en el contexto pampeano. Es por eso que constituyen una parte importante del patrimonio local y el desafío del proyecto es que la comunidad se los apropie y asegure la transmisión a las generaciones futuras”, contó el integrante del INTA.
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]]>La entrada Era rubia y de ojos celestes: Anabela Cleppe es la nueva pulpera de Dufaur, en el partido de Saavedra se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Venimos de una familia muy arraigada al lugar, que siempre está viendo qué hacer por el pueblo. Por remate municipal en 2006 con mi marido compramos el edificio donde había funcionado un almacén de ramos generales, con el único objetivo de utilizar el galpón que estaba al fondo y que linda con el patio de nuestra casa”, cuenta Anabela.

Mientras tanto en la región despuntaba el turismo y así fue que en 2011 llegó a Dufaur una propuesta del INTA Cambio Rural para difundir el turismo rural y ver la posibilidad de formar un grupo en esta zona. Si bien el almacén estaba en total abandono y deterioro, luego de esa charla Anabela sintió que algo se podía hacer. Esa reunión fue el comienzo del proyecto “Pulpería”.
“El tema era que había tanto por limpiar y reconstruir que entrábamos y salíamos sin poder hacer nada y no sabíamos cómo arrancar. Fue un poco desesperante, había de todo por todas partes. Entonces fue cuando intervino la gente, nuestros vecinos, amigos y familiares… gente linda que nos acompaña. Así, entre todos, trabajando codo a codo días y días, logramos el almacén que hoy es y que sea un lugar de todos, con la historia del pueblo impregnada en sus paredes”.




Hoy ‘La Moderna’ se utiliza para reuniones familiares, eventos programados desde el grupo de turismo rural Raíces de Campo al que pertenece la pulpería o particulares, para actividades culturales como presentación de libros y espectáculos. Y cada vez que organizan algo a Anabela le llegan los mensajitos preguntando: “¿Necesitás algo?”.
“Si bien aún no estamos en actividad plena, basta con abrir las puestas de La Moderna para que algún vehículo pare a conocer y recorrer el lugar con gente que se interesa por las actividades que desarrollamos y por nuestra historia. Nuestro sueño es habilitarlo como restaurante de campo y que oficie, a su vez, de centro cultural. Me interesa que sea un espacio de oferta de aquellas cosas que en nuestro ámbito son carencias como espectáculos, talleres y capacitaciones”, explica.
“Dufaur es mi lugar en el mundo. Sueño con un Dufaur que encuentre en el turismo la veta para seguir existiendo y creciendo, con el compromiso de su gente. Y que a la vez siga siendo ese lugar que siempre pueda ofrecer su valor más preciado: la tranquilidad y el sentir de familia”.
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