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La entrada Agua con arsénico: Instalan en Pipinas un sistema para purificar hasta 20 mil litros por día se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Comenzaron con estudios de laboratorio para pasar luego a pruebas piloto en algunas localidades obteniendo, inicialmente, 700 litros de agua por día (L/día) apta para consumo. La novedad ahora es que próximamente instalarán una planta de tratamiento de agua en la localidad de Pipinas. El objetivo es llegar a los 20.000 L/día. Luego se replicará el modelo en otras ciudades afectadas.

El sistema desarrollado consiste en una planta modular para la remoción de arsénico del agua de consumo basada en la técnica de hierro cero-valente (ZVI). Esta técnica involucra compuestos de hierro en diferentes estados de oxidación generados durante el tratamiento y se destaca por presentar una relación eficiencia/costo muy favorable.
La ingeneira Eliana Berardozzi, integrante del proyecto, detalló que “el diseño de la planta fue pensado utilizando materiales de bajo costo y fácilmente disponibles en el mercado. El prototipo consta principalmente de columnas y cañerías de PVC, tanques domiciliarios de agua y filtros comerciales de arena. También incluye un sistema de control de pH muy sencillo”.

La planta de tratamiento se encuentra en la localidad de Verónica donde se realizan trabajos de optimización para su posterior instalación en la cooperativa de la localidad de Pipinas, perteneciente a la Federación de Cooperativas de Agua Potable y Saneamiento de la Provincia de Buenos Aires (FEDECAP). Su construcción fue financiada con un subsidio de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación y fondos de la cooperativa Eléctrica de Pipinas.
Los investigadores y técnicos de la UNLP-CONICET están trabajando en el ajuste del diseño de las etapas de filtrado de la planta. “El sistema está pensado para el tratamiento de 20.000 L/día, pero debido a algunas limitaciones observadas en las etapas de filtración, estamos trabajando para obtener, en primer lugar, 10.000 L/día. Sin embargo, si fuera necesario el caudal se podría duplicar replicando sólo las etapas finales del proceso”, explicó la ingeniera.

Según estimó Berardozzi, teniendo en cuenta una dotación de 5 litros por habitante por día y una familia compuesta de cuatro personas, con la planta de 10.000 L/día se podrá abastecer aproximadamente a 500 hogares de agua segura para bebida y cocción de alimentos.
De acuerdo a los resultados que se obtengan durante los ensayos planificados para la primera mitad de este año en la Cooperativa de agua potable de Verónica, se espera poder trasladar la planta y comenzar las pruebas definitivas en la localidad de Pipinas en el segundo semestre de este año. La idea a futuro, además, es poder adecuar la planta para poder remover también otros contaminantes.
Los prototipos diseñados por los científicos de la UNLP fueron previamente probados, con resultados satisfactorios, en las ciudades bonaerenses de Castelli y Verónica.
El ingeniero hidráulico Luis Ojer, gerente de la Cooperativa de agua potable y otros servicios públicos de Verónica, que participa del proyecto, advirtió que “el problema del arsénico en la provincia de Buenos Aires es una preocupación para las cooperativas, que es un sector de pequeños operadores de servicio de agua potable, que en general no tienen acceso a la tecnología disponible para poder remediar la calidad de las aguas”.
Para Ojer, “replicar la planta sería una solución para muchas pequeñas localidades, parajes y caseríos donde, en algunos casos, el servicio de agua potable es operado por cooperativas de otros servicios como el telefónico o de electricidad”.
La planta de tratamiento de agua opera de manera continua y se basa en la capacidad de los productos de corrosión, compuestos principalmente por especies insolubles de óxido de hierro Fe (III), de co-precipitar y/o adsorber una fracción mayoritaria del arsénico presente en el agua. En primer lugar, el agua atraviesa 4 columnas (conectadas en paralelo) rellenas con ZVI en los que este material reactivo es oxidado por el oxígeno disuelto presente naturalmente en el agua, generando así diferentes productos de corrosión.

El arsénico es uno de los elementos que por su elevada toxicidad ejerce una significativa limitación sobre la potabilidad del agua. La mayor parte del As incorporado a los acuíferos utilizados para abastecimiento en Argentina tiene origen natural y provino de la disolución de minerales vinculados a erupciones volcánicas y actividad hidrotermal.
La llanura Chaco-Pampeana es una región reconocida a nivel mundial por su elevado contenido de arsénico en agua subterránea, ya que el área involucrada abarca 10 millones de kilómetros cuadrados del país y afecta a 4 millones de habitantes. En la provincia de Buenos Aires el 87 % del territorio se ve afectado, donde se han identificado zonas con altos niveles de As, principalmente en la zona sur y noroeste.
La ingesta prolongada de agua con tenores elevados de arsénico causa daños al organismo, dando lugar a una enfermedad conocida como hidroarsenicismo crónico regional endémico (HACRE). Produce cáncer de riñón, hígado, pulmón entre otros, además de otros efectos. Se acumula en huesos, músculos y piel. Se fija en pelos y uñas produciendo hipo/hiper pigmentación, queratosis y cáncer de piel.
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Claudia nació en Pipinas, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires, en el extremo norte de la Bahía de Samborombón. Su padre fue trabajador rural en la estancia de Corcemar, empresa que dio vida a ese pueblo dedicando 2000 hectáreas a la ganadería y 500 a la extracción de conchillas, materia prima para producir el cemento Portland, llegando a tener el horno cementero más grande de América del Sur. Junto a la llegada del ferrocarril, y la construcción de un gran hotel en 1940, provocó un gran movimiento de gente, alcanzando a tener 3500 habitantes.
Esa región también se convirtió en una importante cuenca lechera. Claudia se acuerda que de niña repartía leche con sus dos hermanos, y de más grande, soda. En el año 1991 Corcemar fue comprada por Loma Negra, su principal competidora, pero en la crisis del 2001 quebró y fue desmantelada por ésta, llevándose hasta su cine. Hoy quedaron 900 pobladores.

Pipinas pertenecía al partido de Magdalena y La Pipi participó activamente en la gesta por la autonomía de los pueblos del sur, que en 1994 se concretó en la creación del municipio de Punta Indio, con el objeto de lograr una autonomía económica, sustentada en el turismo y la soberanía alimentaria, porque en esa región tienen como atractivo principal a la reserva de Biósfera “Parque Costero del Sur”.
Fue así como en 2004 Claudia participó de la creación de la Cooperativa de Trabajo “Pipinas Viva” para desarrollar un proyecto de turismo comunitario.
Los habitantes recuperaron y pusieron en valor el predio deportivo del club municipal y el viejo hotel del pueblo, para cuyo servicio gastronómico comenzaron a comprar pastas caseras, salamines, quesos, mermeladas, miel, pastelitos y cerveza artesanal de productores locales, quienes luego se pusieron a vender además en la feria municipal, sobre la ruta 36, al punto de que lograron vivir todo el año de sus producciones.
Por gracia del destino, la CONAE compró la vieja fábrica en el año 2014 para instalar allí un Polo Espacial con el lanzador de satélites “Tronador II” y necesitó alojar a sus ingenieros en el hotel, de modo que la Cooperativa pudo reinvertir en la colocación de calefactores y televisores en las habitaciones.
En 2013, durante el centenario de Pipinas, el muralista chileno Alejandro “Mono” González les había regalado un mural y propuesto la creación de un museo a cielo abierto, con murales, que concretó la museóloga Romina Peralta creando “El sendero de la chimenea”. En este sendero autoguiado se puede hoy recorrer, a través de 15 murales: los pueblos originarios que habitaban la región, la fauna y la flora de la Reserva de Biósfera, homenajes a personajes del pueblo, las producciones rurales y sobre todo la historia de la fábrica Corcemar.
Pero volvamos al año 1996, año en que Claudia estudiaba Comunicación Social y para solventar sus estudios trabajaba de camarera en el primer carrito de comidas del pueblo, sobre la ruta 36, cuyo dueño era Pedro Costa, pionero turístico de Pipinas.
Un día pasó a visitarlo su amigo, el arquitecto Jorge Guitelman, y le presentó a Claudia. Jorge resultó ser el fundador del diario El Pionero, director de Turismo de la Provincia de Buenos Aires y pregonero de una cultura de la hospitalidad como base del desarrollo social, por un turismo comunitario -en las antípodas del industrial- basado en el intercambio solidario y afectivo en el que los habitantes de los territorios sean los anfitriones y huéspedes.
La Pipi y Jorge empatizaron enseguida y éste la invitó a escribir en su diario. Al tiempo se integró a trabajar en turismo para el Estado provincial. Luego conoció a Teresa García, una secretaria que abrió el abanico del turismo provincial orientado a la costa atlántica para también dar vida a los pueblos olvidados desde el turismo comunitario.
Claudia fue haciendo carrera y su primera tarea en el Estado había sido relevar las pulperías y almacenes de ramos generales de toda la provincia. Hoy es Jefa del Departamento de Turismo Comunitario de la Provincia de Buenos Aires.

Ella ubicaba a Pipinas en el turismo “rural”, pero en el año 2006 conoció al antropólogo rural Hugo Ratier, quien hizo allí un trabajo de campo y le hizo ver que su pueblo tenía, sobre todo, un pasado industrial. También en el mismo año conoció una experiencia jujeña que desarrolló el turismo de base comunitaria en aquella provincia.
Luego, junto a Teresa, conoció dos experiencias de turismo, en Barker y en la Estación La Niña, que le inspiraron la necesidad de dialogar con el Estado sobre políticas públicas, a fin de buscar soluciones para esas pequeñas localidades que crecieron con el ferrocarril o con la gran fábrica, que un día cesaron en su actividad. Eso más el monocultivo de la soja que expulsó a muchos pequeños productores a las grandes ciudades, además de las crisis económicas que perjudicaron a los emprendedores. En ese contexto Claudia llegó a participar de la creación del Movimiento “Pueblos que laten”. En el año 2008 La Pipi escribió y logró que se ejecutara el Programa provincial “Pueblos Turísticos”. Hoy trabaja sobre 35 municipios.

La pandemia ha reconfigurado todo el territorio, que es como un caleidoscopio, dice Claudia. Sabe que tiene mucho por hacer pero en el camino descubrió que la gesta comunitaria, en la que todos los vecinos son protagonistas, es la que puede sostenerse en el tiempo a contrapelo de las sucesivas crisis.
Dice que “el turismo debe ser como la misma felicidad: debe construirse desde adentro hacia afuera”.
Le sonó el teléfono, la llamaba una emprendedora desconsolada, al borde de la quiebra, al no poder afrontar una deuda de cien mil pesos por el servicio de luz. Lo bueno de esto es que aquella mujer la llamó porque sabía que La Pipi haría lo imposible para salvarla, porque está llena de esperanza y, mientras sueña con un país más justo, no cesará de luchar por alcanzarlo.
La Pipi está agradecida de trabajar hoy en el Estado junto a Ana Shaposnick y de su hermano, “El Topo” José Díaz, que hace base en las políticas sociales, en Pipinas, mientras Claudia viaja por toda la provincia. Ella nos ha querido dejar la canción esperanzadora de Alfredo Zitarrosa, Crece desde el pie.
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