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La entrada Pensando en producir cada vez con menos agua, van ganando terreno frutas provenientes de los cactus como la pitaya se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Así aparecen en el radar algunos frutos provenientes de distintas variedades de cactus, que aunque aquí solo pueden observarse en el noroeste de nuestro territorio, en países como Israel, China y Vietnam su producción y comercio está por demás extendido.
Aunque por su forma no se distingan tanto, estas frutas tienen nombres muy variados según el lugar en donde sean cultivados.
Un ejemplo de esto es la “pitaya”, un fruto de color vibrante y con escamas en su exterior, que en México adquirió el nombre de cactus trepados y en China el de “dragon fruit” o fruta de la pasión.
Centrándonos en el caso particular de la pitaya, su producción se ha extendido sobre todo en aquellos países que presentan serios problemas de escases de agua. Es Israel, donde la crisis hídrica se ha extendido por más de una década, los agricultores se han tomado el trabajo de dedicarle tiempo a su investigación para volverla una fruta atractiva al consumidor y de gran sabor.

La mayoría de las variedades de pitaya no tienen espinas, aunque algunas, como la amarilla, tienen algunas. Las más comunes son las rojas, aunque la intensidad de sus colores puede variar en función de sus cruzamientos genéticos. Algo similar ocurre con su pulpa, que es la parte que se consume, que puede ser de color blanca o roja. Aportan gran cantidad de calcio y minerales.
“Las primeras introducciones de esta especie en Israel se dieron hace 30 años. El sabor de las primeras era mediocre y no tomó mucho tiempo convencer a las personas de que podrían ser sabrosas, y no únicamente ornamentales. Además al principio tenían picos productivos altos y concentrados, por lo que había mucha fruta en un solo momento y su precio bajaba. Por eso se apeló a su mejoramiento genético”, explicó Noemí Tel-Zur, investigadora de la Universidad Ben Gurión de Israel, durante una exposición sobre esta fruta exótica.
Según la especialista, la pitaya puede vivir libre de sustratos, ya que al ser trepadoras puede sujetarse de otras plantas –sin ser parasitas de ellas- o de estructuras colocadas por el agricultor como postes. Su maduración se da durante el verano (aunque la variedad amarilla solo madura en otoño e invierno) y en comparación con otras frutas, al momento de ser cosechada, la fruta no aumenta su grado de dulzor, por lo que es importante no arrancarla antes de tiempo.
Sobreviven con riego y fertilización por goteo en territorios con climas áridos, pero a la vez las variedades que se cultivan en zonas tropicales como Vietnam resisten grandes lluvias. Otra diferencia está en la polinización: en zonas áridas no hay suficientes insectos polinizadores, por lo que los mismos cultivadores deben realizarlo en forma manual durante las noches, único momento del día en que las flores se abren.
Actualmente Israel obtiene una producción de pitayas de entre 25 y 35 toneladas por hectárea, para lo cual emplea entre 500 y 1000 metros cúbicos de agua por hectárea por año. “Esto supone menos de la mitad de lo requerido para la producción de cítricos”, aseguró Tel-Zur.
Otro beneficio es su precio: las pitayas pueden llegar a venderse a 9 dólares el kilo (aunque el productor recibe la mitad de eso).
Ahora bien, ¿existen experiencias similares en nuestro país? La respuesta es afirmativa. Una de las variedades más desarrolladas de frutos provenientes de cactus es la tuna, que es producida principalmente en el noroeste del país, aunque también hay importantes experiencias en la provincia de Córdoba.
Al igual que la pitaya, la tuna tiene una cascara gruesa que debe pelarse para llegar a la pulpa, pero se diferencia por tener una mayor presencia de espinas, que puede dificultar su recolección. Esta fruta puede venderse entre 55 y 60 pesos por kilo.
Otras variedades que puede encontrarse en nuestro país son la “ulua” y la “ucle”, ambas provenientes de las cactáceas. La primera resiste temporadas más frías, y la segunda jornadas de radiación solar intensa, sin demandar por eso más agua. Si bien ambas tienen flores que solo se abren de noche, a diferencia de lo que ocurre en Israel no tienen problemas con los polinizadores naturales.
Por el momento, estas dos frutas crecen de forma silvestre en nuestro país, y especialistas se encuentran evaluando su “domesticación” para conseguir insertarlas en el mercado.
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]]>La entrada Producir pitaya hasta debajo de luces Led: Una finca de Jujuy envasa la pulpa de esa extraña fruta y la vende en Buenos Aires se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“El 95% de la comercialización se realiza en Buenos Aires”, cuenta Federico Martínez, ingeniero agrónomo de 41 años (foto). “Soy la cuarta generación que trabaja en esto, ya que arrancó mi bisabuelo y yo trabajo con mi padre”. Utilizan riego por goteo y por aspersión, según el cultivo (también producen palta, banana, mandarina y limón).

La pitaya es muy vistosa (color púrpura por dentro), nutritiva y se puede usar en muchas cosas. Su componente comestible más valorado y usado es la pulpa, que constituye un 70 u 80% de la fruta. Generalmente se consume en estado natural (sin procesar), como fruta fresca, y en cierta forma su sabor es similar al del kiwi aunque con otra textura. También puede ser enfriada y cortada en pedazos, que resultan muy atractivos por su color y por eso se a usa mucho en ensaladas de frutas en restaurantes.
“Además puede ser procesada en una gran variedad de productos, como jugos, mermeladas, jarabes, helados, yogur y productos de pastelería. Incluso en Malasia se utiliza para la elaboración de vinos”, explica Federico.



Los productos procesados pueden ser elaborados tanto con la fruta fresca como congelada. Y también puede ser utilizada como colorante en la industria alimenticia.
Es muy buscada porque además de ser llamativa, es fuente de vitaminas (B1, B2, B3, C), fibra y antioxidantes (especialmente la variedad roja que contiene licopeno), y existen investigaciones que demuestran el potencial de la fruta como fuente antioxidante. También posee caroteno, calcio y zinc. Su valor nutricional no sólo está limitado a la pulpa y a la piel sino que las semillas también son consideradas como antioxidantes y contienen un alto contenido graso y vitamina E.
“Como nuestra plantación tiene dos años aún no llegó al pico de producción que, según la bibliografía, es de 20 toneladas por hectárea. Así que el rendimiento lo estamos evaluando”, agrega.
“La idea de envasar y vender la pulpa surge a partir de ir buscando darle valor agregado a nuestros productos. Como tenemos un cultivo que no es para nada convencional, decidimos empezar por ahí. Ese es nuestro criterio general para organizar la finca: diversificar los cultivos ya que originalmente en su totalidad era de cítricos y hoy nos quedan solamente 13 dedicadas a ellos”, dice el agrónomo.



Martínez agrega: “La pandemia nos afectó mucho al ser una finca que produce productos no esenciales. Pero acá seguimos, buscándole la vuelta. Vendemos los productos a través de nuestras redes y mientras seguimos probando cosas”.
“Por ejemplo, a una parte de la producción de pitaya le pusimos luces Led de 12w, que es un ensayo que ya se realiza en zonas productoras y tiene como objetivo extender el periodo de floración de forma artificial. O sea, buscamos alcanzar las horas de luz que necesita la planta para florecer y hasta ahora nos va bien, hemos logrado una floración más”.
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]]>La entrada Raros cultivos nuevos: La pitaya se investiga en Formosa desde 2012 y ahora está en búsqueda de productores que se le animen se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Aunque es incipiente la introducción de esta fruta en la Argentina, y no hay comercialización, tiene un potencial único y una demanda que sería fuerte, ya que estas frutas exóticas siempre encuentran un mercado interesante, sobre todo en Buenos Aires”, dijo a Bichos de Campo Ricardo López, quien trabaja en el Cedeva, en lo que es extensión, producción y manejo de frutas como la banana, el mango y también la pitaya.
Hay dos tipos de pitaya, nos explicó López: “Una de cascara roja con pulpa roja, y otra de cascara roja con pulpa blanca. La más productiva es la que tiene pulpa roja, que se produce por debajo de los 800 metros sobre el nivel del mar”. Su sabor “es suave y dulce, similar al de una sandía, pero con una consistencia parecida a la de un kiwi, la cual es conferida por sus semillas”, añadió.
Se cree que la pitaya fue descubierta por primera vez en forma silvestre por los conquistadores españoles que avanzaron sobre México, Colombia, Centroamérica y las Antillas. El origen de su nombre deriva de “fruta escamosa”.
Luego, esta fruta se propagó por zonas tropicales altas, concentrándose su producción en la costa oriental de Vietnam (de hecho, es la fruta de exportación más importante de ese país). También se cosecha en el sur de Florida, el Caribe, Hawái, Asia, Australia, Malasia, Israel, y la América tropical (Colombia, Ecuador y México).
¿Y cómo es que llegó a Formosa? López contó que “aquí conviven muchos ciudadanos orientales que introdujeron frutas exóticas como la pitaya, la carambola y el litchi. Así es que intentamos difundir su cultivo y evaluar los resultados productivos en el noreste de Formosa”.
Al momento, esta fruta se produce, según López, “en cantidad y calidad, con toda la validación del paquete tecnológico. Por ende, hoy cualquier productor puede obtener plantines para propagar y obtener manejo y conocimiento. Lo que hace falta es que ese productor se interese en nuevos cultivos”.

López explicó que antes de validar tecnologías, se deben validar especies. “Una vez validado un cultivo, su manejo y sus insumos, se lo debe comenzar a promocionar. Ahí entran a jugar un rol importante los municipios, que proveen el pedido, y el Cedeva, que ejecuta la entrega de plantines y se aboca a la tarea de capacitación y manejo en los productores”, agregó el ingeniero agrónomo.
¿Y cómo hacer entonces para que este tipo de frutas encuentren nicho e interés de parte de los productores? “La clave pasa ahora por una correcta promoción, que debe ir acompañada desde el gobierno, desde el propio Cedeva, y lógicamente por el propio productor”.
“En este punto, es mucho lo que se está haciendo, y el caso más ejemplar lo da la banana en la zona. Formosa está adelantada 40 años en la producción de esta fruta. Por eso decimos que es la provincia pionera en multiplicación de banano. Entonces, ¿Por qué no lograrlo con la pitaya?”, manifestó López.
“Yo creo que no hay productores pitayeros aún en Argentina porque hay todavía un desconocimiento muy grande, pero los cimientos productivos ya están instalados. Si el productor tuviera conocimiento de estudios de mercado que deben salir desde el Gobierno, ahí se empezaría a difundir más esta fruta”, agregó el ingeniero agrónomo.

López recordó que “en Formosa se realiza, cada dos años, la feria Frutar. Allí, en 2016 presentamos oficialmente la pitaya, y la dimos a conocer como un cultivo potencialmente productivo”. Luego remarcó que están utilizando canales como YouTube, para postear tutoriales sobre manejo de frutas como, por ejemplo, mango, y que lo mismo quieren hacer con la pitaya, la carambola o el maracuyá.
El ingeniero López se especializó en Jujuy, como asesor de fincas, y de cultivos como banana y mango. Luego pasó a la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Yuto, donde trabajó en un cluster de frutos tropicales (especialmente en banana bajo invernadero, para control de daños por heladas). Allí estuvo tres años y luego recaló en el Cedeva.
El Cedeva vendría a ser la pata científica de este poryecto de innovación, del mismo modo que el Ministerio de Producción de Formosa y Paippa (Instituto Provincial de Acción Integral para el Pequeño Productor Agropecuario), brindarían el apoyo técnico y de proveeduría de insumos para los productores.
Mirá este video institucional sobre el trabajo del Cedeva:
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