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]]>La provincia que se destaca, por lejos, en ese sentido es La Pampa con un 7,52% de sólidos útiles el mes pasado, seguida por Buenos Aires con un 7,27% y por Santa Fe con un 7,23%, aunque en este último caso con un nivel promedio de condiciones de sanidad de la leche inferior al óptimo.
Las razones de ese fenómeno residen fundamentalmente en dos factores. El primero es que el volumen de leche elaborado en La Pampa es muy limitado, con lo cual unos pocos grandes tambos pueden explicar el promedio. El segundo es que, al tener condiciones menos propicias para diseñar sistemas de base pastoril, las empresas lecheras presentes en La Pampa suelen contar con planteos intensivos.
En términos ponderados, si se considera el enorme volumen de leche aportado, la provincia de Buenos Aires es la que cuenta con los mejores indicadores sanitarios y de calidad de leche argentina.
A partir del ingreso a la primavera, la productividad de los tambos de las diferentes cuencas lecheras comienza a incrementarse junto con un descenso relativo de los sólidos útiles, que recién se incrementan a partir del otoño.
La normativa vigente (resolución 189/2014) establece que la liquidación de la leche cruda deberá conformarse de forma tal que, como mínimo, el 80% resulte de la ponderación de atributos de calidad composicional e higiénico-sanitarios y, como máximo, el 20% por otras bonificaciones o bonificaciones comerciales.
La valorización que corresponda a los contenidos de sólidos (grasa y proteína) y calidad higiénico-sanitaria, deberá respetar la siguiente proporción: 65% como mínimo para grasa y proteína y 35% como máximo para la calidad higiénico-sanitario.
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]]>La entrada ¿Por qué los exportadores comenzaron a quejarse a viva voz por la baja proteína de la soja argentina? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), explicó la situación a Bichos de Campo. Hablando del estancamiento en la producción de soja que se registra en el país en los últimos años, el ejecutivo señaló que para volver a crecer se necesita recuperar los niveles de proteína en ese grano. Y disparó: “La Argentina es el país con peores niveles de proteína de soja de todo el mundo”.
“El valor que tiene la soja en el mundo es por su proteína. Tiene la capacidad de ser un alimento muy saludable para cerdos y aves, particularmente en el sudeste asiático, donde está creciendo la demanda. Lo que piden allá es alta proteína en la soja o en la harina de soja. El mundo está en estándares de proteína de 40% para la soja y del 48% para la harina, pero la Argentina está hoy en 35% para el poroto y 46,5% para la harina. Esto significa que el precio de nuestra soja es inferior a la de Brasil y Paraguay”, resumió Idígoras.
Mirá la entrevista completa con el presidente de Ciara-CEC:
Según Idígoras, para remediar algo esta situación la industria sojera local desarrolló un método que mejora los niveles de proteína en la harina, pero que tiene un alto costo porque implica gastar más tiempo y energía en el procesamiento del poroto en las grandes plantas de crushing. “Esta situación hace también que no haya un incentivo a mejorar el precio de la soja en Argentina, y esas es una de las causas del estancamiento” en los volúmenes de cosecha de la oleaginosa en el país.

En el mismo sentido, un informe elaborado por Julio Calzada, Blas Rozadilla y Emilce Terré, todos especialistas de la Bolsa de Rosario, estimó cuáles han sido las pérdidas que sufrió el complejo oleaginoso argentino y toda su cadena de valor en la campaña 2018/2019 por la baja proteína que viene registrando. El estudio se basó en registros que viene llevando a cabo el INTA Marcos Juárez, que en este último ciclo mostraron una leve mejoría.
“Nuestras estimaciones muestran la existencia de un costo extra de alrededor de 674 millones de dólares para el complejo oleaginoso nacional, debido a la consecuente y persistente caída en la calidad proteica de la harina de soja, principal producto de exportación de la República Argentina”, resume el trabajo de la BCR.
Tan elevada cifra, equivalente por ejemplo al 10% del dinero que aporta la soja al Estado en materia de retenciones, surge de considerar los siguientes conceptos:
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]]>La entrada La baja calidad de la soja argentina sale plata: Unos 400 millones de dólares al año se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Nuestras estimaciones muestran la existencia de un costo extra de alrededor de US$ 400 millones para el complejo oleaginoso nacional, debido a la consecuente y persistente caída en la calidad proteica de la harina de soja, principal producto de exportación de la República Argentina”, es la conclusión de un trabajo publicado por la BCR.

Primero a lo primero: del proceso de molienda de soja utilizado pro las grandes industrias aceiteras salen dos derivados: el aceite y la harina proteica, que luego se pelletiza. En los últimos veinte años, los promedios fueron de 22,9% para el óleo de soja y de 38,2% para la proteína, con una suma del 61,1% de aprovechamiento.
Varios trabajos, entre ellos uno del INTA publicado en mayo de 2018 y otro de la Cámara Arbitral de la BCR de julio (sobre 570 muestras llegadas al laboratorio por un total de 17.000 toneladas de poroto de soja de la campaña 2017/2018, verificó un nivel promedio del 36,1% de proteína, con mínimos de 32,9% y máximos de 41,6%), confirman esta tendencia a la caída de los valores proteicos.
“Este problema de la proteína en la composición del grano deviene en crecientes esfuerzos por parte del complejo de crushing nacional para lograr una harina de soja que cumpla con los estándares de comercialización internacionales, situados en un 47-49% de tenor proteico”, advierten los expertos de la BCR. Las fábricas, cuentas, deben esforzarse mucho más “para evitar el incumplimiento de las condiciones internacionales de comercialización de harina de soja”.
Según el informe de la BCR, este mayor esfuerzo por parte de las aceiteras para hacer un producto que no reciba penalizaciones conlleva una serie de tareas, que a la vez implican costos extras e ingresos reducidos:
La Argentina, a través de la intervención de la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA-CEC) y en consenso con todas sus empresas, ha definido un standard mínimo de comercialización internacional del 46,5%. Por eso las industriales locales deben realizar un proceso de secado adicional para llegar al 46,5%, lo cual provoca una pérdida de peso en la harina que se obtiene.
“Si se supone que se parte de un grano de soja con insuficiencia de proteína, cuya harina necesitará un proceso de secado adicional, se estima que una planta de crushing modelo situada en el Gran Rosario (la cual utiliza tecnología de punta), consumirá alrededor de un 5% más de gas y un 4% más de energía eléctrica por tonelada de grano procesado para obtener una harina con proteína del 46,5%”, hicieron cuenta los expertos.
En este sentido, se calcula que el costo adicional por tonelada de poroto procesada llega a 0,23-0,30 dólares por toneladas para el caso del gas, y de 0,20 dólares por tonelada para la energía eléctrica. “Esto es, un efecto incremental total de US$ 0,50/t de soja en los costos operativos para obtener harina con la calidad requerida internacionalmente”, se precisó.
Luego, “extrapolando la información de la planta de crushing modelo a toda la industria, se estima que para incrementar el porcentaje de proteína en la harina de soja mediante el proceso de secado adicional se podría haber asignado –en la campaña 2016/2017- recursos adicionales por 18,5 millones de dólares por una mayor utilización de gas y energía eléctrica”.
Como ya se dijo, el secado adicional provoca una reducción de los volúmenes de harina obtenidos por la industria. Esta es la causa de un incremento gerométrico de las pérdidas. Diversos trabajos calcularon la pérdida diferencial de 3,07% sobre el total de poroto de soja molido o a moler. Si se considera un precio FOB argentino actual de 338,80 dólares para la harina de soja, este proceso adicional de secado “habría implicado en la campaña 2016/2017 una caída en la facturación de la industria oleaginosa argentina de casi 385 millones de dólares, debido a la reducción del volumen de harina obtenido, medido en toneladas”.
Finalmente, suponiendo que toda la harina de soja industrializada por Argentina en el período 2016/2017 se comercializó con un porcentaje del 46,5% de proteína, mientras que Brasil y Paraguay ofrecieron un 48% y Estados Unidos un 47,5%, el trabajo de la BCR consideró “un descuento global del 0,5% para la mercadería argentina sobre el valor FOB de sus exportaciones”, como penalización por calidad.
“En dichas condiciones, y de manera aproximada, las deducciones comerciales totales que penalizarían a la exportación de harina de soja argentina procesada durante el período 2016/2017 ascenderían aproximadamente a 43 millones de dólares”, estimaron los analistas rosarinos.
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]]>La entrada Mariano Otamendi: “No estamos haciendo bien los deberes cuando vendemos el trigo” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Pasamos de no poder exportar en la época kirchnerista, a tener que colocar trigos de muy baja proteína. Teníamos dos tipos de trigo, los de baja proteína y los de proteína 10,5%. Lo que deberíamos estar haciendo ahora es estudiar a nuestros compradores, sabiendo qué es lo que piden, en lugar de estar despachando trigo mezcla en los puertos, colocando esos trigos en el Mar Negro y sudeste asiático a precios de cereal forrajero y con flete carísimo. Todo eso castiga el bolsillo del productor”, lamentó Mariano Otamendi, directivo de la Asociación Argentina Pro Trigo (Aaprotrigo) en Bichos de Campo.
Escuchá la nota completa:
Según Otamendi, a diferencia de lo que sucede aquí, “hace 20 años que el trigo dejó de ser un commodity en el mundo”. En ese sentido relató que en Canadá existen más de 15 clases de trigo y se ha reconocido la incorporación de variedades nuevas que rinden más, y que son vendidos por separado. “Mezclar trigo forrajero con trigo pan y medir eso por proteína, al molino no le dice nada”, explicó el productor.
Lo que la Argentina debería hacer, según Aaprotrigo, es “mirar los valores FOB, a los que se exporta el trigo. Y recién luego descontar fletes y gastos portuarios”.
“Así operan nuestros competidores. Por ejemplo, si miramos los valores FOB del Golfo de México, una tonelada de trigo ordinario, del duro, con proteína 11%, cotiza en 235 dólares, y en 240 dólares para posiciones más largas, cuando el trigo blando opera en 190 dólares la tonelada”, ejemplificó Otamendi.
Y concluyó: “Mientras nosotros vendemos excelentes trigos, pero mezclados, entonces los terminamos colocando en 190 dólares la tonelada, como si fuese un trigo malo. A eso me refiero con que no hacemos los deberes como debe ser”.
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