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La entrada Enrique Landa aplica el pastoreo racional desde hace décadas y lo mide a la criolla: “Si al dar vuelta una bosta está seca, no hay sistema. Si está llena de escarabajos y lombrices, es que comenzó a funcionar” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La familia Landa siempre estuvo relacionada a la zona ganadera de Punta Indio, en la provincia de Buenos Aires. El primer campo que compraron allí fue en 1950, el cual destinaron por completo a la cría de animales ya que la tierra no tenía la suficiente calidad para hacer una agricultura rentable. Con los años probaron suerte en distintos campos en las localidades de Lincoln, Madariaga y Pipinas, pero nunca se apartaron demasiado de la Bahía de Samborombón.
Enrique hizo la primaria en Pipinas y de manera temprana se volcó al trabajo en el campo, porque todavía no había colegios secundarios en la zona. En los primeros años de la década de 1970 la comunicación, los teléfonos y la luz eran palabras mayores por lo que Landa –en aquel entonces todavía un niño- dedicó a hacer cursos y a estudiar a la distancia para completar su formación.

“Siempre me gustó indagar y conocer. Tendí siempre más a la parte técnica que a los animales. En el campo siempre tenés que ser medio mecánico, medio molinero, saber soldar, saber de todo. Me fui armando. En el último año de primaria, a la mañana iba al colegio y a la tarde en el tractor, sembrando, arando, lo que fuera”, contó el productor a Bichos de Campo.
En esos mismos años en una estancia que estaba al lado del campo familiar, los vecinos comenzaron a aplicar algo así como el pastoreo rotativo, algo muy innovador y poco conocido en la zona. Gracias a su buena relación, Landa los visitó en varias oportunidades para entender de qué se trataba y, sin saberlo, germinó en él el interés de aplicar ese sistema de manejo tan novedoso.
“Esto era comer el pasto cuando está en su máxima calidad y dejarlo descansar hasta que vuelva a ese mismo estadio. Apuntaba más a los descansos que al momento de comida, que era muy cortito. No es el intensivo de horas que hoy vemos, porque está mucho más tecnificado. Era una semana o quince días y se movía la hacienda. Lo que se notaba y destacaba la gente es que el campo nuestro siempre estaba verde, aun en periodos secos. El campo estaba descansando”, recordó Landa.
Mirá la nota completa acá:
Hoy el campo de los Landa, que él administra junto a un hermano, tiene 1.200 hectáreas -entre superficie propia y alquilada- y alberga 1100 madres. Se maneja íntegramente con pastoreo rotativo.
“Lo primero que marca si el sistema funciona o no son los bicharracos del suelo. Si al dar vuelta una bosta está seca, no hay sistema. Si está llena de escarabajos o de lombrices el sistema comenzó a funcionar. Eso lo leí y lo empecé a observar como forma de medir” el impacto de las rotaciones, indicó el ganadero.
“La intensificación en el campo llevo a que uno tenga que maximizar el consumo de pasto, aprovecharlo al mango y la forma de hacer eso es con un rotativo, sino se pierde mucho. El pasto que no se come, no solo es perdida porque no lo comiste sino que se retrasa el próximo pastoreo porque deja de producir y entra en una especie de letargo que el ciclo no continua como tiene que continuar. Conocer eso es básico para implementar un rotativo”, agregó.
A pesar de que las condiciones del suelo no favorecieron a que la empresa familiar realice agricultura, Landa asegura que prefiere realizar actividades ganaderas ya que brindan un margen de tiempo mayor para actuar y corregir parámetros.
-¿En qué momento considerás que estamos de la ganadería?- le preguntamos a Landa.
-La ganadería argentina es siempre una incógnita. Yo siempre escuché que era bueno, que hay mercados. Ahora nos pasó Uruguay exportando carne vecina. En nuestro país hay un componente político que nos hace estar en un bucle permanente. La carne en el mundo es una exquisitez y acá es popular. Tiene que estar barata por definición.
A continuación remarcó: “La ganadería tiene la ventaja, comparado a años anterior, a la información. Al tener acceso a la información, tanto de mercado, de clima, de comportamiento del consumidor que se puede medir. Hoy hay mucha más previsibilidad de la que se tenía hace 30 años atrás. Hay cuestiones que nos permiten medir sobre bases objetivas. El productor se dio cuenta de que no puede producir por producir. Tiene que producir con lógica porque si no atenta contra su propio interés”.
-¿Es fácil conseguir mano de obra para ganadería?
-No es fácil. Es ganadería por ahí lo es más porque todavía se hace mucho a mano, a caballo y no hay tanta tecnología aplicada en maquinaria. Yo tengo un equipo de siembra directa parada hace tres años porque no tengo tractorista. No consigo uno que sea confiable para hacer trabajo a terceros. Quedó para trabajo interno y lo manejo yo o un empleado. Yo siempre defiendo que cada cosa tiene su profesionalidad. Si voy arreglar un molino que lo arregle quien sabe de molinos.
-¿Qué necesitan para seguir siendo más eficientes del gobierno y de la política?
-Estabilidad. En la ganadería es clave porque son ciclos largos. Los cambios en Argentina son típicos. En 1973 explotó el país y el dinero de 150 hectáreas en Lincoln, que teníamos la posibilidad de comprar pegadas a las nuestras, terminó siendo equivalente a comprar un tractor nuevo con arado. Te agarra eso con una vaca con tres meses de preñada, a la que le faltan seis meses para parir y otros ocho para entregar el ternero, la vendes y la quemas antes de tiempo. La estabilidad es clave.
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]]>La entrada Franco Michelli y sus “cuatro reinas” producen corderos orgánicos bajo el sistema Voisin: “Hacer bien las cosas tiene sus beneficios”, afirma se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Su emprendimiento se llama Cuatro Reinas. Ya contará él por qué.

-¿Desde cuándo se dedica a la producción orgánica de ovinos?
-Soy productor agropecuario desde 1998 y con mi mujer comenzamos con la producción ovina en el 2019, buscando algún tipo de producción ganadera que nos vincule con mi familia y en especial con mis hijas, más allá del rol de padres-hijos. Queríamos que conozcan otra cosa, que nos vean relacionarnos con la actividad, sus actores, los animales, la inclemencia del tiempo y los mercados, las frustraciones y las enormes alegrías que trae aparejada la actividad. También cómo actuar y cómo desenvolverse con las relaciones humanas, cómo dar y recibir una orden o pedido.
-¿Por qué orgánico?
-Porque vemos que el consumidor está buscando productos sanos. Quiere saber de dónde vienen y cómo fueron criados o alimentados los animales; lo mismo ocurre en el caso de las frutas y verduras. En este tipo de producciones no se utilizan agroquímicos de ninguna naturaleza, no se hacen aplicaciones de ningún tipo ni se aplican insecticidas, fertilizantes o herbicidas. Hay una movida mundial con este tema de salud y bienestar. Como productores del primer eslabón de la cadena debemos entender a este mercado que es muy exigente con la calidad y la trazabilidad de nuestros productos.
-¿En qué consiste ser productor orgánico? ¿Cómo se certifica? ¿Cuánto vale?
-Implica una gran responsabilidad en cuanto a que estamos llegando a la mesa de una persona que está confiando su alimentación y la de su familia a nosotros. Hay muchas certificadoras que a través de registros, auditorías, revisiones periódicas y visitas a campo dan fe de que lo que estamos haciendo está dentro del marco de certificación orgánica. Hay mucha información que uno tiene que brindarles y tareas a campo que uno tiene que ir realizando antes y después de la certificación. El valor no es cuantificable, es ínfimo con respecto al beneficio que tiene “hacer bien las cosas”.
-¿Dónde está ubicado su campo? ¿Qué extensión tiene?
-Estamos en Colonia Tirolesa, a 30 kilómetros al norte de Córdoba Capital, en medio de una zona agrícola donde no hay producciones ganaderas a muchos kilómetros de distancia. Si bien es muy reciente (a los márgenes en este rubro hay que calcularlos a varios años) en estos 3 años de producción venimos compitiéndole muy de cerca a la producción agrícola en márgenes por hectárea. Tenemos 70 hectáreas y desarrollamos un PRV (pastoreo racional Voisin).
-¿La alimentación es a campo? ¿Hace pasturas?
-Este tipo de pastoreo lo que trata de hacer es imitar a la naturaleza, imita cómo los rumiantes se mueven y alimentan de forma natural. Para este fin se hicieron 280 potreros de 0.25 hectáreas donde cada uno tiene agua fresca y limpia disponible para la bebida de los animales. En toda la superficie se sembró una pastura con gramíneas y leguminosas como alfalfa, lotus, festuca, pasto ovillo, cebadillo y trébol blanco para lograr la mayor diversidad posible. Los animales se van rotando diariamente, de potrero en potrero, en algunos momentos dos veces por día y no se encierran en corrales. Lo que se quiere lograr con esto es que la materia fecal y la orina de las ovejas fertilicen las pasturas. La alimentación es únicamente a base de pasto y en potreros.
-¿Con que rodeo cuenta?
-Tenemos 1300 madres y en total 2500 animales, donde a las crías las llevamos a 60 kilos vivos para la faena. Las madres que fuimos comprando son raza Texel y raza Dorper, que tienen buen desarrollo de carne. Todo el plantel se cruza con carneros Dorper, ya que el campo también esta inscripto como Cabaña de Dorper.
-¿Quiénes son sus clientes?
-Por el momento nos ocupamos del mercado interno y nuestros principales clientes son carnicerías Premium, hoteles y restaurantes. Vendemos carne envasada al vacío con nuestra marca que es Cuatro Reinas y surge de mi mujer y mis tres hijas.
-¿Cómo los afectó y afecta el covid?
-En lo productivo/familiar nos afectó poco, ya que estuvimos más tranquilos y menos expuestos en el campo con las ovejas que en la ciudad. En lo comercial, en un momento el consumo en hoteles y restaurantes era nulo, así que se resintió un poco la venta. Por suerte van subiendo de a poco el consumo y los pedidos. Ahora veremos qué pasa.
-Finalmente, ¿le resulta sustentable este planteo como negocio y como forma de producir?
-Sin duda. Con este tipo de producciones, donde se tiene en cuenta el sistema en general, se logra la sustentabilidad y sostenibilidad de todo el sistema, logrando generar vida y regenerar el suelo volviéndolo más fértil y sano gracias a que no se aplican agroquímicos de ninguna clase. Así, se logra una armonía en el sistema donde mientras más biodiversidad haya mejor; ahí está la “ganancia“. Además es de muy bajo costo de producción. La ganadería tradicional está basada en insumos mientras que en las producciones orgánicas que utilizan “tecnologías de procesos“, donde la mano del hombre y su capacidad de pensar manejan a los animales.
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]]>La entrada Historia de un encuentro: A Alejandro Wells le decían que no podía prescindir del glifosato, hasta que un día apareció Guillermo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Wells, que venía de trabajar en el área de commodities en Suiza, dio un cambio de timón radical en su vida hacia 2008, en medio de la crisis mundial financiera que desató el gigante financiero Lehman Brothers. “Es ahí cuando entendí que el dinero en un banco podía desaparecer de un día para el otro, y que era mejor tener algo que uno pudiera tocar siempre que se respete la propiedad privada. Así es que compré este campo, sin pensar en el potencial ganadero que tendría”, comentó Wells.
“La Cristina”, al que bautizó así en honor a su esposa, , están ubicado en el departamento Colonia, y actualmente cuenta con 300 animales que se engordan en base al sistema de Pastoreo Racional Voisin (PRV), una técnica creada hace varias décadas por el francés André Voisin, que busca un método productivo respetuoso del ambiente, que no depende de insumos o agroquímicos.
“En Europa hay mucha conciencia del daño que causan los agroquímicos sobre el sistema productivo actual. No es sólo una visión personal, sino una visión neutra de que, lo que estamos haciendo a nivel de agricultura industrial, no funciona”, remarcó Wells, quien también admitió que cuando llegó con su visión, recibió críticas que sostenían que no había forma de producir sin un paquete tecnológico. Así, por lo menos duplica los índices productivos de su zona.
“Yo no soy un Mesías que caí con una idea. Hay ejemplos exitosos en Estados Unidos y hay libros sobre este método Voisin que datan de los años ´60. Lo que ocurre es que a los ingenieros agrónomos no se nos enseña esta técnica”, declaró el ganadero, que antes de abrazar la producción agroecológica había ensayado un esquema de producción tradicional.
“Luego de tres o cuatro años de producir muy poca carne, decidí contratar cinco ingenieros agrónomos que me aseguraron que, para incrementar la producción, debía invertir en un mosquito (una máquina aplicadora) y echar glifosato”, comentó.
Mirá el reportaje completo realizado a Alejandro Wells:
¿Y cómo fue que sucedió el click? Fue gracias a un encuentro.
“Un día me cae Guillermo Rossi, que en ese momento estaba por recibirse de ingeniero agrónomo, quien me dijo que quería apostar al pastoreo racional, porque había leído bastante del tema por fuera de la facultad. Por fin había alguien que estaba dispuesto a jugarse por un sistema productivo de este tipo”, celebró Wells, quien recordó que en aquel momento no había una red de campos que trabajaran de este modo en Uruguay, Hoy Wells asegura que gracias a aplicar este método de producción, logró duplicar su productividad.
El establecimiento de Wells cuenta con 220 hectáreas de superficie de pastoreo, dentro de las cuales existe un esquema racional de 125 potreros, de entre 1 y 2 hectáreas promedio, todos interconectados por un sistema de vías que facilita el manejo del ganado.
El empresario, que dejó todo el diseño en manos de Rossi, asegura que el método de PRV es más redituable que los demás métodos de producción a pasto. “Este sistema es muy rentable para el chacarero, porque puede producir más sin insumos, sus costos son más bajos. Pero al mismo tiempo, no es un negocio para muchas industrias, porque no se necesitan semillas, agroquímicos, tractores ni diésel. Sólo se requiere de electricidad para los cercos”, reveló Wells, que además obtiene parte de la energía que necesita de fuentes renovables.
Para Wells, la pregunta clave que cualquier productor debe hacerse ante la demanda de producir más es a qué costo hacerlo. “Cuando traemos esa pregunta a la mesa, ahí empezamos a ver que muchos sistemas productivos no cierran, o bien que cierran menos que este. En este caso, se obtiene una rentabilidad neta con costos prácticamente cero, salvo la inversión inicial, que tampoco es tan grande, de poner bebederos y cercos eléctricos”, reflexionó.
“La Cristina” logró en mayo de 2017, la certificación como Empresa Ganadera B, tras un riguroso proceso donde demostró su rentabilidad y compromiso tanto medioambiental como social, lo que coloca a la empresa como ejemplo mundial en la producción ganadera natural sustentable.
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