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La entrada Patricia Miranda: Otra mujer está detrás del trigo HB4 y lideró además el primer proyecto argentino para utilizar las plantas como fábricas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Pero Miranda además lideró el primer proyecto de “Molecular Farming” o “fábrica vegetal” para desarrollar una proteína animal en plantas. Consiste en utilizar a los vegetales como usinas productoras de un compuesto de interés comercial, es decir que la planta elegida se utiliza como un sistema de producción.
Según la experta, este sistema posee muchas ventajas ambientales y económicas:
Y hay más: cuando la producción se hace en semilla se puede almacenar a bajo costo y ajustar el procesamiento a la demanda y además del producto principal se pueden comercializar subproductos del cultivo como forrajes y aceites.

En este contexto, el proyecto pionero en el ámbito de “molecular farming” dentro de Bioceres-INDEAR fue la producción de quimosina bovina en semillas de cártamo transgénico (SPC en inglés), una enzima necesaria en el proceso de producción de quesos para coagular la leche y que originalmente se obtenía del cuarto estómago de terneros lactantes.
-¿Por qué se eligió la quimosina?
-Porque hace unos 30 años se previó que la demanda de queso aumentaría muchísimo y se requeriría una fuente alternativa de esta enzima. Así en 1991 la FDA (Food and Drug Administration de Estados Unidos), autorizó a la quimosina como la primera proteína “recombinante” permitida como ingrediente alimentario humano (una proteína recombinante es aquella que se produce en un organismo que no es el original, es decir, transgénico). Desde entonces la quimosina la producen dos grandes empresas multinacionales que se reparten la mayor parte del mercado.
Aprueban un cártamo transgénico para obtener un ingrediente clave para hacer queso
-Entonces, claro, era un producto ideal…
-Cuando INDEAR estudió la posibilidad de desarrollar la rama del molecular farming, decidió enfocarse en enzimas industriales por dos motivos: son necesarias en gran escala, lo que justifica la inversión en tiempo y dinero hasta llegar al producto, y los requerimientos regulatorios serían menos limitantes que para moléculas con otro destino (por ejemplo, médico). En aquel momento, entablamos relación con una empresa canadiense que diseñó un sistema de producción de proteínas en semillas de cártamo transgénico y había desarrollado plantas que expresaban quimosina en sus semillas. Adquirimos los derechos para desarrollar este proyecto.
-¿Por qué se eligió el cártamo, planta oriunda de Asia? ¿No se podía usar una nativa de aquí o no es importante esa característica?
-La elección del cártamo como sistema de producción se basó en algunas características que hacían de esta especie una buena opción. La principal es que es un cultivo apto para crecer en climas semiáridos, lo que permitiría producir en regiones no aptas para otros cultivos. Por otra parte, este cultivo tiene subproductos de gran valor: el aceite de cártamo es el más rico en ácidos grasos poliinsaturados, lo cual permite agregar otro componente a la ecuación económica del proyecto. La producción en plantas puede concretarse en otras especies y se está avanzando en ese aspecto.

Miranda explica que para INDEAR esta iniciativa representaba la posibilidad de abordar un proyecto que ya había completado las etapas iniciales, por lo que permitiría llegar con un producto al mercado en menos tiempo. “Yo lideré el proyecto desde sus comienzos en Argentina, hasta que se superaron las pruebas de laboratorio y funcionales, y se construyó la planta piloto. A partir de entonces estuve a cargo de la aprobación del producto final (la enzima SPC), así como la planta transgénica que la produce. De esta manera, alcanzamos la aprobación del primer cártamo transgénico a nivel mundial y de la primera enzima producida por molecular farming para consumo humano”.
El proyecto siguió avanzando con la creación de AGBM, una Empresa de Base Biotecnológica (EBT) que hizo posible la industrialización y comercialización internacional de la SPC. Actualmente, la tecnología SPC está dentro de una empresa relacionada a Bioceres, Moolec, que planea hacer un relanzamiento de este producto.
A raíz de este proyecto, INDEAR se convirtió en un referente de molecular farming ya que demostró las capacidades de concreción de un proyecto de este tipo desde el desarrollo a nivel laboratorio hasta la capacidad de procesamiento a escala industrial y la obtención de las aprobaciones para la salida del producto al mercado. La SPC fue aprobada para su comercialización en el 2012 y se comercializa desde hace varios años; fue la primera enzima obtenida por molecular farming listada en el Código Alimentario Argentino.

Actualmente Patricia está a cargo de las presentaciones para lograr la aprobación del trigo HB4: “Luego de ocuparme del proceso de aprobación de la SPC dejé el laboratorio de proteínas para hacerme responsable de todos los procesos relacionados con la aprobación de las tecnologías desarrolladas por Bioceres, entre ellas el trigo HB4. Este proyecto lleva más de 10 años en la empresa, pero le ha costado mucho tiempo obtener la primera aprobación completa, y digo ´completa` porque la seguridad ambiental y alimentaria fue confirmada por las autoridades pertinentes (CONABIA y SENASA, respectivamente) en 2016″.
“Pero el tercer paso de evaluación del sistema argentino, el análisis de mercado, que evalúa el impacto que la aprobación de un nuevo transgénico podría tener en la producción y comercialización, recién fue favorable en el 2020. Esos años fueron un periodo muy difícil en el cual no obtuvimos la aprobación ni señales claras de qué solicitaban las autoridades locales para obtenerla”, indicó.
“A modo de comparación, la soja y el trigo fueron presentados en el mismo momento ante las autoridades regulatorias de Argentina (2014) y, mientras la soja fue aprobada en un año, con el condicionamiento de aprobar en China antes de comercializar, al trigo esto le llevó 6 años. Recién en el 2020 obtuvimos la aprobación, aunque la comercialización está condicionada al visto bueno de Brasil, el principal destino de exportación del trigo argentino. Desde esta primera presentación en Argentina han pasado 7 años y 9 países en los cuales ha sido solicitada la aprobación del trigo HB4. Uno de estos países es Brasil, donde el proceso de análisis de encuentra avanzado” (la semana pasada se habilitó allí la importación de harina del trigo HB4).

Para Patricia las ventajas de la aprobación son diversas: por un lado, la posibilidad de adoptar una tecnología que permitirá mejorar los rindes del trigo en zonas de potencial medio y bajo, y estabilizar la producción en todas las regiones independientemente de los episodios de estrés ambiental que son tan frecuentes e impredecibles. Por otro lado, implica la posibilidad de que Argentina sea proveedora de tecnología, el famoso “valor agregado” del que tanto se habla, por ser el país que que generó una nueva tecnología en semillas, que además fue desarrollada por el ámbito académico local.
Otro hito de importancia es que la inversión en investigación se transfiera al sector productivo. “Creo que es importante destacar que en este proceso de transferencia no solo se beneficia la empresa que se ocupó de las etapas avanzadas del desarrollo sino también las instituciones públicas que invirtieron (el CONICET, la Universidad Nacional del Litoral), los productores que la adopten y el país en su conjunto”, reflexiona. “Por último, el hecho de que seamos el primer país que aprueba un trigo transgénico también nos posiciona como protagonistas activos en los desarrollos tecnológicos”.
-A pesar de todas las ventajas que usted describe hay una parte de la sociedad que ve con malos ojos a los productos transgénicos. ¿A qué cree que se debe?
-A un gran prejuicio asociado a los transgénicos y que tiene múltiples componentes. Creo que en su origen se relaciona con lo novedoso, que siempre genera desconfianza; esto se combina con la falta de información o información falsa esgrimida por ámbitos que ven a la tecnología como un peligro. La opinión pública asocia a los transgénicos con un paquete tecnológico de una gran multinacional y el negocio relacionado a un herbicida.
-O sea que la barrera es mental…
-Es que es tal el prejuicio que dos décadas después de este primer evento los desarrollos que no tienen que ver con grandes empresas multinacionales y/o con el uso de agroquímicos, son puestos en el mismo paquete o ignorados para sustentar este prejuicio. Por ejemplo, la berenjena Bt desarrollada en Bangladesh que beneficia específicamente a los pequeños productores al requerir un menor uso de insecticidas y una mayor producción; o el arroz dorado, que ayuda a prevenir la ceguera por deficiencia de vitamina A en países subdesarrollados donde la alimentación se basa en arroz.
La especialista asegura entender las dudas que surgen a partir de las actividades asociadas con los transgénicos porque todos los avances tecnológicos, como cualquier novedad, generan miedos. “Solo hace falta repasar la historia de la humanidad para ver cómo la sociedad reaccionó a cada uno de los desarrollos que con su uso confirmaron la utilidad y beneficio para la comunidad, por eso es responsabilidad de todos actuar en base a información bien sustentada y entender que pueden coexistir diferentes formas de producción, que lo que parece adecuado o sustentable para unos no lo es para otros y que hay que tener una visión más amplia”, resume.
“Creo que, como ocurrió con otros avances tecnológicos, el tiempo va a confirmar la seguridad y beneficios de los transgénicos. Espero que podamos encontrar las vías de comunicación para alcanzar un entendimiento que nos permita aprovechar esta ventana de oportunidad y empezar a hacer uso de nuestras capacidades”.
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]]>La entrada Bioceres obtuvo el tan ansiado permiso de Brasil para su trigo HB4, pero de todos modos avisó que por ahora no venderá ni la semilla ni el grano de esa variedad se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La Comisión Nacional de Bioseguridad de Brasil (CNTBio) venía “pateando” la discusión sobre el trigo HB4 desde mayo pasado, al tiempo que pedía nuevos requerimientos de información a la empresa argentina que patentó esa variedad surgida del “cantero” de Raquel Chan, investigadora del Conicet y la Universidad Nacional del Litoral (UNL), que introdujo genes del girasol no solo en el cultivo de trigo, sino también en la soja HB4, que está pendiente de una aprobación semejante en China. Con este gen inserto en su ADN, el trigo HB4 tiene mayor tolerancia a situaciones de estrés hídrico. Además incorpora otro gen de resistencia a las aplicaciones del herbicida glufosinato de amonio.
La aprobación en Brasil, de la cual todavía se desconocen todas sus implicancias, era la condición que el Ministerio de Agricultura argentino, que había aprobado el trigo HB4 en agosto de 2020, puso para la liberación comercial del grano modificado en el país. Esto debido a que el cereal es el principal producto de exportación de la Argentina hacia el vecino país. Finalmente, se aprobó hoy solo la comercialización de la harina de esa variedad, lo que supone que ahora sí podrían verse facilitados tanto la siembra de esa variedad aquí como la venta de la harina en el vecino país.
Bioceres, de todos modos, parece haber cambiado de estrategia, porque informó que no planea ni vender semilla (sembró 55 mil hectáreas en la Argentina para obtener simientes que serán cosechadas a partir del mes próximo) ni exportar granos o harina de trigo modificado a Brasil.
“El 11 de noviembre Bioceres recibió la aprobación regulatoria por parte de CTNBio, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Brasil de su trigo HB4, cultivo que cuenta con una tecnología de tolerancia a sequía única a nivel mundial”, indicó la compañía en su comunicación del suceso, destacando que este OGM ha sido un desarrollo público-privado y celebrando que “la ciencia argentina sigue produciendo impacto. Lo que pasó hoy es un hito más en ese camino”.
“La aprobación en Brasil confirma lo que las autoridades argentinas habían dictaminado: el trigo HB4 es seguro para el medio ambiente y para la salud humana y animal. Bioceres presentó toda la evidencia solicitada, fue evaluada y obtuvimos la aprobación”, agregó la empresa con sede en Rosario, antes de dar señales de qué es lo que piensa hacer ahora.
“¿Cómo sigue el proceso? Independientemente de la aprobación por parte de Brasil, Bioceres seguirá gestionando la producción de semillas y grano de trigo HB4 bajo el programa de identidad preservada que se utilizó en las últimas dos campañas para garantizar la trazabilidad de nuestra producción. Es importante destacar que tanto la semilla como el grano producido son 100% propiedad de Bioceres”, indicó la empresa. Hace unos meses, la empresa firmó un convenio con la fabricante de alfajores Havanna como para desarrollar una línea de alimentos funcionales a partir de ese trigo transgénico. Desde la empresas se informó que además mantienen conversaciones con molinos locales.
Entonces, esto quiere decir que el único productor del nuevo trigo transgénico en el país seguirá siendo por ahora Bioceres a través de una red de socios seleccionados. En total hay 225 productores que ya siembran esa variedad bajo una estricta supervisión tanto de la compañía como del INASE (Instituto Nacional de Semillas), que estableció reglas bastante estrictas para evitar la contaminación cruzada con los trigos convencionales sembrados en el país.
Una posible contaminación del cereal con trazas del OGM de Biocerees ha sido el principal argumento de la cadena de comercialización de trigo (acopiadores, cerealeras, molinos y hasta varias entidades de productores) tanto aquí en el país como en Brasil, donde la poderosa asociación de molinos brasileños Abitrigo anunció que no compraría ni un gramo de la nueva variedad. El rechazo potencial de un trigo transgénico por parte de los consumidores es el telón de fondo que despliegan quienes lo rechazan.
Bioceres, en este escenario de rechazo bastante generalizado, avisó que no cometerá ninguna torpeza y mucho menos se apresurará. “Esto va en línea con la adhesión de Bioceres a los cinco requisitos definidos antes de la liberación comercial del trigo HB4”, indicó un comunicado. Esos requisitos eran:
En este sentido, la empresa nacida en 2001 para apuntalar la biotecnología agrícola nacional apuntó que “continuará implementado los protocolos de stewardship (preservación) y bioseguridad, auditando los procesos de siembra, cosecha, almacenamiento, y transporte” de la nueva variedad.
También recordó que como compañía de biotecnología “viene trabajando desde hace más de 10 años con cultivos regulados, y mantuvo siempre altísimos estándares de seguridad y sin ninguna experiencia negativa, ni en trigo ni en soja ni en otros cultivos”. De este modo, trató de desestimar los temores del resto de la cadena sobre una contaminación incidental.
También aclaró que “seguirá trabajando en el aspecto regulatorio”, pues el trigo HB4 ya fue presentado para su aprobación también por los gobiernos de Uruguay, Paraguay, Estados Unidos, Colombia, Indonesia, Sudáfrica y Australia.
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]]>La entrada Raquel Chan, la científica que desarrolló los primeros transgénicos argentinos, muestra decepción por tanta resistencia a estos avances. “Como consuelo, tampoco me entiendo bien con los antivacunas o con los terraplanistas” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>-La palabra descubrir no es la más adecuada. Digamos que el gen está en la naturaleza, en la planta de girasol y lo que hicimos fue descubrir su función en la respuesta al déficit hídrico. Con respecto al trigo transgénico, a fines de octubre pasado se aprobó en Argentina pero pendiente de la aprobación de Brasil, así que si bien se dio un paso, sigue sin ser un cultivo aprobado para comercialización. Y sí, siento que es un camino demasiado largo con un final abierto aún, algo que desestimula no solo a mí sino a muchos colegas que invierten sus esfuerzos en generar desarrollos nacionales que impacten en la riqueza del país.
-¿A qué cree que se debe que no se apruebe, a pesar de que tiene tantas ventajas productivas?
-El trigo HB4 ha pasado todas las instancias de prueba de seguridad ambiental y alimentaria en CONABIA y SENASA, y tiene muchas ventajas productivas que han sido evidentes en el último año de sequía. Además, y hoy que se habla tanto (para las vacunas) de la revisión por pares y la publicación en medios internacionales, la descripción de los ensayos y sus resultados, así como los de inocuidad han sido publicados en revistas muy prestigiosas de circulación internacional. La aprobación pendiente requiere de decisiones que no están en mis manos. Este es un desarrollo único en el mundo y creo que a veces nos cuesta como país reconocer los propios logros.

-¿Nos puede explicar de manera simple qué es un alimento/cultivo transgénico?
-Una planta transgénica es aquella a la que se le ha incorporado un gen más, que puede ser propio o ajeno (o sea, de otro organismo), a las decenas de miles de genes que ya tiene. Normalmente se hace esto tanto para estudios básicos, por ejemplo para conocer la función de un gen y conferirle a esa planta una característica beneficiosa que no ha adquirido durante su evolución. Cuando se comprueba, mediante ensayos científicos, que la planta tiene un comportamiento mejor en el campo, se multiplica y pasa a ser un cultivo. En la antigüedad, desde el inicio de la agricultura, se han mejorado los cultivos para que sean más productivos o más nutritivos por cruzas y selección de individuos. La transgénesis es simplemente una técnica más moderna de mejoramiento porque con precisión se agrega un solo gen en lugar de andar mezclando muchos por cruza. En el caso del trigo HB4, el gen que se incorporó proviene de otra planta que también forma parte de la alimentación humana, el girasol. Simplemente, es como si el girasol que es tolerante al estrés por déficit hídrico le hubiese prestado un gen al trigo que no lo es.
-Hay un sector de la sociedad se opone férreamente al uso de transgénicos por considerarlos son malos para la salud sobre todo porque se supone que a estos cultivos trans “se les va a echar agroquímicos sin ton ni son”. ¿Tiene algo de razón este planteo (aunque sea un poco) o es un despropósito total?
-Esas posiciones derivan del hecho de que los transgénicos aprobados para cultivo son resistentes a un herbicida en particular y por eso se mezclan los temas transgénicos y agroquímicos. La realidad es que nuestro desarrollo es de tolerancia a déficit hídrico y se puede usar por esa característica aun sin la aplicación de agroquímicos. Los alimentos, o este trigo como alimento, han pasado los rigurosos exámenes de SENASA y claramente no están llenos de agroquímicos ni los tienen. Además, en el cultivo convencional, no transgénico, se usan también agroquímicos para muchos propósitos: fungicidas para eliminar las plagas causadas por hongos, herbicidas para eliminar malezas que compiten por el agua, la luz y los nutrientes con el cultivo, insecticidas, fertilizantes, etc.
-Además, el uso de agroquímicos no está necesariamente relacionado con el cultivo de transgénicos…
-Así es, a excepción, claro, de los transgénicos desarrollados solo para resistencia a herbicidas, que no es nuestro caso. Cabe explicar asimismo que este tipo de agroquímicos, aun en los cultivos convencionales no transgénicos, se aplican en las primeras etapas del desarrollo y luego de ejercer su función se descomponen naturalmente.
-No lo entiendo…
-En el caso del trigo, y de otros muchos cultivos como maíz o soja, lo que se cosecha y se utiliza son los granos o frutos, y éstos se forman al final del ciclo de vida de las plantas, cuando ellas ya superaron a las malezas hace meses. Por este motivo, es muy muy improbable que los granos de estos cultivos contengan agroquímicos. De todas formas, están los organismos de control que hacen su labor. ¿Por qué le echaría un agricultor agroquímicos sin ton ni son a un cultivo? Eso, además de no tener sentido, tiene un costo alto que sería desperdiciado porque cuando la planta ya está madura, los agroquímicos, en particular los herbicidas no sirven para nada.

-¿Por qué cree que los transgénicos están demonizados?
-No sé si hablaría de demonios; lo que sí sé es que mucha gente, por desinformación, cree que lo que come que no es transgénico, es natural. La realidad es que lo que existía en la naturaleza en algún momento, ya no está. La agricultura como actividad, aunque con otras herramientas, lleva siglos y la humanidad siempre buscó mejores alimentos y más productivos, y fue cruzando y seleccionando para obtenerlos. Es más, muchas especies que están hoy en la góndola no existían en la naturaleza ni siquiera sin mejorar. Ejemplos de ello son el maíz (derivado del teocinte mexicano), el brócoli o la coliflor, entre muchos otros. Lo que hay que diferenciar correctamente es “natural” de “orgánico”. Como dije, lo primero casi no existe y lo segundo se refiere a una agricultura en pequeña escala sin uso de químicos. Lo “no natural” se extiende no sólo a los alimentos, tanto de origen vegetal como animal, sino también a las mascotas, por ejemplo. Muchas de las razas de mascotas preferidas por la población no tienen nada de natural. Tampoco lo tiene la tecnología que usamos a diario. Pero habría que preguntarles a los sociólogos por qué algunas cosas son más aceptadas que otras.
-¿Ha tenido oportunidad de hablar con ambientalistas y científicos que no están de acuerdo con los transgénicos? ¿Han podido entenderse?
-Sí, he tenido algunas oportunidades. Con los biólogos y agrónomos nos entendemos muy bien. Dentro de los grupos llamados ambientalistas hay muchas corrientes distintas; con algunas el diálogo es bueno, no con todos. Como consuelo, tampoco me entiendo bien con los antivacunas o con los terraplanistas. El desentendimiento no se limita al tema transgénicos.

-Cuando usted se puso a trabajar en este tema, ¿pensó en lograr una Argentina pionera en cultivos más productivos y que necesitan menos agua?
-No. Comencé a trabajar queriendo entender el funcionamiento de las plantas, queriendo dar respuesta a la pregunta: ¿cómo hacen las plantas para adaptarse al ambiente? Todo lo demás vino con el pasar del tiempo y la continuación de las investigaciones. No fue un propósito primario, fue surgiendo.
-¿Cómo es, en su experiencia, la investigación en Argentina? ¿Es un trabajo solitario? ¿Tiene reconocimiento o depende del sector?
-La investigación en nuestro país es de altísima calidad aunque se realiza la mayoría de las veces en condiciones lejanas a las ideales. Hay profesionales e investigadores en todas las disciplinas que son motivo de orgullo nacional. Algunos han sido nombrados en estos tiempos difíciles de pandemia y otros, según los temas en los que trabajan, pueden ser más silenciosos, pero hay muchas estrellas reconocidas en todo el mundo, al menos por la comunidad científica internacional, por los aportes cotidianos al conocimiento y la tecnología. En mi área el trabajo es siempre de equipo; hay disciplinas en las que el trabajo es más solitario, pero son las menos. Tengo reconocimiento no sólo del sector, pero no es el motor de mi trabajo sino el de lograr algo innovador y pionero para nuestro país.

-¿Qué le dicen colegas de otras partes del mundo?
-Nuestro trabajo publicado en el Journal of Experimental Botany sobre el trigo HB4 ha recibido más elogios que los que he imaginado o sabido con cualquier otro artículo. Uno de los revisores anónimos escribió textualmente: “This is by far the best paper I have seen in this genre (pursuit of transgenic improvement in “drought tolerance”. Y se traduciría como: éste es de lejos el mejor trabajo de este género que he visto, y con género me refiero a mejoramiento para tolerancia a sequía. El segundo revisor no se quedó atrás. Luego de su aceptación y publicación, el trabajo fue twiteado en todo el mundo, incluyendo países de Europa, Estados Unidos y Australia. En particular en Australia salieron después varios artículos periodísticos comentando el artículo científico, muchos de ellos firmados por científicos de ese país de renombre internacional. No me voy a detener en los otros cientos de felicitaciones que hemos recibido por este trabajo porque son muchas, no me acordaría de todas, y sería injusta con algunas.
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]]>El evento HB4 es “una tecnología de tolerancia a sequía única a nivel mundial”, informó Bioceres en un comunicado donde celebra esta anhelada aprobación. En rigor, a nivel global no existen modificaciones genéticas de cultivos para darle mayor tolerancia al stress hídrico. También es inusual que se aprueben trigos trangénicos, ya que el cereal se utiliza para el consumo humano (a diferencia de la soja o el maíz, que se utilizan como insumos forrajeros o de la industria alimenticia)y la comunidad internacional ha temido hasta aquí una reacción adversa de los consumidores. El evento HB4 básicamente se trata de haber incorporado un gen del girasol, un cultivo que es mucho más resistente ante la falta de lluvias, primero a la soja y ahora al trigo.
Pero este OGM nacional “es el resultado de una colaboración público-privada de más de 15 años entre la empresa y el grupo de investigación de la doctora Raquel Chan (Conicet-Universidad Nacional del Litoral), responsable del descubrimiento”, destacó Biocrees. Días atrás, la propia Chan había declarado como una “frustración” la larga demora en la aprobación de su innovación por parte de las autoridades regulatorias, que dependen de Agricultura.

Bioceres, una empresa nacida en 2001 de la mano de productores ligados sobre todo con Aapresid (la Asociación de Siembra Directa), aclaró que las variedades de este trigo transgénico, que serán comercializadas por Trigall Genetics, un joint-venture entre Bioceres y Florimond Desprez de Francia, no verán el mercado hasta tanto Brasil apruebe el mismo evento. “La comercialización de trigo HB4 en Argentina se encuentra condicionada a la aprobación para importación por parte de Brasil, país que compra aproximadamente el 85% del trigo que consume a Argentina”.
El ex subsecretario de Mercados Agropecuarios del gobierno macrista, Jesús Silveyra, replicó que Brasil no es el único mercado para el cereal de origen argentino. “Nuestro mercado no es únicamente Brasil. No hay segregación en los puertos y el HB4 puede contaminar otros productos no transgénicos como la cebada y el sorgo. Es una decisión apresurada en la que los beneficios pueden ser menores que los perjuicios”, alertó. Y agregó: “Ningún país del mundo tiene aprobados trigos transgénicos. Es un error para el beneficio de pocos poniendo en riesgo el bien común, cuando es sabido que la industria molinera, los exportadores y la mayoría de los productores se vienen oponiendo hace años”.
En rigor, ha habido una larga polémica entre diversos actores de la cadena agrícola sobre la conveniencia de esta variedad transgénica. Esta polémica se reflejó en esta programa especial que hizo Bichos de Campo el día que se presentaba oficialmente esta innovación de Bioceres:
Pero según Bioceres los pases se han dado cautelosamente como para que no surjan inconvenientes. Además de en Brasil, “el proceso desregulatorio del trigo HB4 ha sido iniciado ya en Estados Unidos, Uruguay, Paraguay y Bolivia. La compañía también se encuentra preparando presentaciones para Australia y Rusia, así como en otros países de Asia y África”, se explicó.
A su favor, la compañía de Biotecnología muestra ensayos con resultados muy promisores, que seducen a los productores. “En lotes de producción y ensayos a campo llevados a cabo durante los últimos 10 años, las variedades de trigo HB4 mostraron mejoras de rendimiento en promedio del 20% en situaciones de sequía”, enfatizaron en Bioceres.
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]]>La entrada En medio de una polémica que llegó hasta Macri, hablan los “inventores” del trigo transgénico se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Matías Ruffo y Francisco Ayala, que trabajan en ese compañía argentina, también pueden ser considerados como parte del equipo que “inventó” esta tecnología que hoy divide aguas en la Argentina. Fueron ellos los que tuvieron responsabilidad directa sobre una red de ensayos que comenzó en 2009 y que permitió determinar a campo que el trigo HB4, en condiciones de sequía, puede ofrecer un rendimiento 20% superior al de un trigo convencional.

Ruffo es el gerente de productos y tecnologías de Bioceres. Explicó que la idea original tanto de Chan como de la empresa fue buscar “tecnología que aporten rendimiento y que no sean solo para un manejo de insectos o contra malezas”, como sucede con tantos otros transgénicos. “Pensamos en un trigo tolerante a la sequía. El girasol claramente era un ejemplo de eso, y como no se puede cruzar para poder transferir esa característica, usamos la biotecnología. Entonces hoy tenemos un cultivo de trigo que es capaz de enfrentar un periodo de sequía mucho mejor, sin verse afectado en los rendimientos como otro cultivo que no tiene la tecnología incorporada”, explicó a Bichos de Campo.
El gerente de Tecnologías de Bioceres añadió que el primer logró se consiguió en 2007, en un laboratorio. Los planes de mejoramiento a campo comenzaron dos años después, con el objetivo de generar variedades que tengan incorporado el gen HB4. Fueron casi diez años de ensayos. “Desde ese momento estamos trabajando para generar información y desarrollar estas variedades”, indicó Ruffo.
-¿Y cómo se bancaron semejante costo?- preguntamos.
-Hay varias vueltas de tuerca. Una es que contamos con Bioceres, una empresa que tiene cerca de 300 socios que han venido invirtiendo. Hay gente que cree en nosotros. Otra de las patas es buscar socios internacionales. En este caso fue la francesa Florimond Desprez, con la cual estamos trabajando estas últimas etapas- contestó Ruffo. Se refiere a la difusión regional y acaso mundial de esta nueva tecnología de cuño argentino.
Mirá la entrevista completa con Matías Ruffo:
Francisco Ayala, en tanto, ha sido el responsable directo de las investigaciones llevadas a cabo desde Bioceres. Confiesa que cuando le vinieron con esto de crear un trigo transgénico, “lo primero que pensé es que no iba a funcionar, era altamente escéptico. Ya había habido algunos antecedentes tratando de incorporar eventos en trigo. Pero es un cultivo difícil en muchos sentidos, sobre todo porque es un cultivo político”, señaló.
-¿Qué querés decir?
-Cuando hablamos de trigo, la gente piensa en un ideal casi bíblico. como que es algo que no hay que tocar, que no se puede modificar. Es como si uno estuviera haciendo un crimen contra la naturaleza. Uno es receptivo al sentir de los familiares, amigos, conocidos, con posiciones muy reaccionarias respecto de lo que es la biotecnología en trigo. Pero sabe que es fundamentalmente por una cuestión de desconocimiento- respondió Ayala, que quedó claro tuvo hasta que soportar resistencias domésticas frente a su propio trabajo. Ahora es la propia cadena del trigo y la Secretaría de Agroindustria las que se oponen a la liberación del HB4, por temor a perder mercados.
Ayala cree que con esta posición conservadora la Argentina se priva de producir “un trigo con un atributo que no lo tiene el trigo en su fondo genético naturalmente: la posibilidad de enfrentar mejor las situaciones de sequía”.
-¿Eso está probado en los ensayos?- le preguntó Bichos de Campo.
-Los ensayos los arrancamos con pruebas de concepto en condiciones controladas. Esa es la primera prueba que tenía que superar y realmente el trigo HB4 la superó. Estamos seguros que funciona muy bien. El tema del campo es otra cosa y pasás a un segundo nivel de escepticismo. Pero en el caso del trigo HB4 llevamos desde 2009 más de 36 ensayos distribuidos por todo el área pampeana y la respuesta que vemos en rendimiento realmente es contundente. En los ambientes donde hay mayores niveles de stress, las respuestas del HB4 son altamente significativas, de alrededor del 20% en los rindes a favor de esta tecnología.
Mirá le entrevista completa con Francisco Ayala:
Eso es más o menos lo que presentó Bioceres como resultado de sus ensayos. Frente a una sequía el trigo transgénico produciría 20% más que uno convencional afectado por el mismo fenómeno. En condiciones normales, las diferencias entre la misma variedad, una modificada y la otra no, llega al 10%. Y recién en situaciones ideales (es decir con la humedad justa) se achica esa brecha a 0%.
Es decir, según aclaró Ayala, en los ambientes de alto potencial del sudeste bonaerense, con mas de 5.000 kilos de rinde promedio, “el HB4 tiende a tener una respuesta positiva. No hay un costo ni una penalidad que produzca una merma de rendimiento”.
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