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La entrada ¿Maíz con envoltorio? La cordobesa SeedMatriz desarrolló una tecnología para recubrir la semilla y evitar pérdidas productivas por falta de uniformidad se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Lo cierto es que la forma del grano de maíz, casi parecido a un diente, y su falta de homogeneidad en su calibre o tamaño, ocasiona que la distribución, al momento de la siembra, no se realice nunca de forma correcta.
¿Pero eso que significa? “La desuniformidad de siembra y calibre hace que en el surco queden plantas muy juntas. Ellas terminan compitiendo entre sí, dando lugar a plantas dominadas y dominantes. Y quedan además espacios sin cubrir, porque la semilla no siempre cae en el lugar indicado”, explicó a Bichos de Campo Federico Cola, ingeniero agrónomo y socio fundador de SeedMatriz.

“Realmente no se ha tomado conciencia de este problema, que existe en todos los lugares en donde se siembra maíz. Por la forma en que hoy sembramos los argentinos, la investigación realizada nos indica que se pierden a causa de eso unos 700 kilos de producto por hectárea”, agregó Cola. Trasladado al plano nacional, el sistema productivo de maíz argentino pierde anualmente 980 millones de dólares.
Para hacer frente a ese problema, los emprendedores cordobeses arribaron a la idea del “encapsulamiento” de semillas, el cual, gracias una inversión de privados que llegó a los 350.000 dólares, pudieron concretar.
Se trata de un “envoltorio” o cobertura formada por productos de origen vegetal y mezclas químicas inocuas para el suelo, que le otorga a la semilla una forma redonda homogénea. Para realizarlo, el equipo de ingenieros de la empresa adaptó maquinaria ya existente en el mercado y comenzó a analizar la mezcla de distintos insumos recurriendo a la nanotecnología, la microbiología y los micronutrientes para dar con la cobertura deseada.
“Los semilleros lo han querido hacer con otros materiales, que lograban darle una cobertura redonda, pero finalmente dificultaban la germinación en tiempo y forma. Nosotros tenemos 700 fórmulas hechas en laboratorio y todas las semanas probamos cerca de 20 nuevas, así que es innumerable la cantidad de datos que tenemos”, señaló el ingeniero agrónomo, quien también es empresario agropecuario.
La cápsula no sólo mejora el rendimiento en la siembra, ya que el disco encargado de soltar las semillas puede hacerlo de una en una respetando las distancias adecuadas, sino que además potencia el desarrollo inicial del cultivo, protegiendo a la semilla durante su germinación. Según los empresarios, con la tecnología de “encapsulamiento” se podrían recuperar más de 590 millones de dólares por año en este sector.
¿Y qué pasa con el envoltorio en la tierra? El mismo se degrada en forma natural sin dejar ningún tipo de residuo que afecte la macrobiótica del suelo. “Esta tecnología aporta mucho también a la bioseguridad, porque hay una manipulación por parte del operario de la semilla que sale del semillero con terápicos, que son básicamente fungicidas y herbicidas. Con el encapsulado no se tiene contacto con estos productos”, destacó Cola.
-¿Esta tecnología se ofrecerá en forma directa al productor que compre maíz o piensan entablar relación con los semilleros?- le preguntamos.
-Nuestro modelo de negocio está directamente enfocado en los semilleros para que vendan la semilla ya encapsulada, y creo que el productor lo va a pedir. Al igual que hoy por “default” salen todas las semillas curadas, creemos que en un futuro empezarán a salir encapsuladas. Nosotros hoy ponemos el foco en el maí,z pero también hay un montón de cultivos que serían fácilmente encapsulables, como el girasol, la soja, algunas hortalizas y también pasturas.
-Si llevan esa tecnología a otros cultivos, ¿el revestimiento sería el mismo o debería adaptarse en cada caso?
-Tiene que tener una adaptación por cada semilla por los requerimientos tanto nutricionales como hídricos. Posiblemente cambie, ya que cada semilla tiene que tener su ajuste, aunque la mayoría de los componentes serán similares.
-¿Considerás que el costo por semilla se incrementará mucho a partir de la implementación de este encapsulamiento?
-Es posible que no todo el costo se deba trasladar al productor, porque esta tecnología permite que el semillero recupere mucho de la semilla que no puede calibrar. Ahí tiene un ahorro de costo importante. Ahora estamos validando de nuevo el modelo de negocio y cómo se podría trabajar a nivel comercial.
El proyecto se encuentra aún en su etapa experimental. SeedMatriz ya se encuentra trabajando en 20 localidades distintas del país para validar la adaptación de la fórmula en cada suelo y sus potenciales rendimientos.
-¿Cuándo creen que esta innovación llegará a la etapa comercial?
-Según los ciclos biológicos de este cultivo, creemos que para la próxima temporada estará en el mercado.
Seed Matriz recibió en 2019 el apoyo de la Agencia Córdoba Innovar y Emprender. El año pasado, participó en el programa Impulso a Emprendimientos Agtech, que llevó adelante la misma agencia en conjunto con la Asociación de Emprendedores Tecnológicos (Asetec).
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]]>La entrada La historia detrás de la foto: ¿Cómo se ve desde el cielo un campo de experimentación de semillas? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“La semilla comercial que se vende al público tiene atrás muchos años de experimentación y luego de multiplicación, hasta lograr una cantidad considerable y la posterior aprobación de su tecnología”, explicó a Bichos de Campo Camila Duarte, analista de operaciones en Agrality y autora de la publicación.
https://twitter.com/_camiladuarte_/status/1383938660358266881?s=20
Lo que la imagen ilustra es el trabajo sobre distintas variedades de semillas, en este caso los ensayos son sobre soja, de distintos ciclos y en distintos estadios. Al momento cuentan con 54 variedades distribuidas en parcelas de entre 0,5 y 2 hectáreas, que están siendo estudiadas para analizar su respuesta al ambiente.
“Ahí hay variedades de distintos ciclos de duración: de variedades de ciclos tres cortos a seis largos. Durante la siembra, una vez que tenés toda la información de las semillas, se intenta sembrar escalonado para que cuando tengas que cosechar entren más o menos parejas. Por eso hay algunas muy verdes y otras marrones”, señaló Duarte.
Una parte central del trabajo es el roguing o la purificación de la variedad. Previo a la cosecha se analizan los colores de las flores y luego de las vainas, y se trabaja para unificar las características.

“Vos sembrás la variedad en estas parcelas y en pre floración la vas mirando por altura. Cuando está en R1 o R2 haces una purificación de la variedad por color de flor. Si por ejemplo, entre flores violetas ves blancas, se hace un roguing manual con gente para lograr, al final de la campaña, semillas que produzcan todas flores violetas”, detalló la especialista.
El proceso sobre las vainas es el mismo. Una vez analizado su color se procede a extraer aquellas plantas que no cumplen con los criterios esperados. “De esa forma conseguís una variedad más pura que al año siguiente se vuelve a sembrar, con la tecnología nueva incorporada, y pasa a ser comercial”, agregó Duarte.
El trabajo puede extenderse un par de años y los incrementos y ensayos piloto se realizan en función de los requerimientos de los clientes.
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]]>Daniel, agrónomo, asesor técnico y ex comercial de una compañía de agroinsumos, lejos de abandonar el desafío, decidió darse la oportunidad de encarar una producción viable que no requiriese el uso de productos de síntesis química.

“En los últimos veinte años los productores han tenido que cambiar su filosofía de producción y adaptar sus herramientas. Yo soy un formado en una facultad donde gran parte de mis materias era el control de enfermedades y malezas. Fue un desafío cuestionar todo eso, me resultó difícil”, dijo Sánchez a Bichos de Campo.
Por suerte, su sobrino, Rodrigo Sánchez, decidió acompañarlo en la producción de soja orgánica. La firma santafecina Campus Organics SRL (empresa ya se encontraba realizando experiencias similares en la localidad de Murphy) les bridó ayuda en el proceso de reconversión productiva que, como era de esperarse, los enfrentó con más de un obstáculo.

El primer desafío fue encontrar una semilla que no estuviera genéticamente modificada, porque entonces el cultivo no aplica para ser considerado orgánico, y que se adaptara a las condiciones de esa zona en particular. Pero no tuvieron suerte.
En la zona los grupos de madurez adecuados para soja son V y VI. Si bien un semillero local les ofreció esas variedades, les pedía a cambio toda la producción que obtuvieran. Frente a esa situación, los Sánchez optaron por las semillas “libres” no modificadas que encontraron, las cuales son de grupo IV.
El segundo problema: cerrar un contrato de alquiler sin tener un estimado factible de rendimiento no es fácil y menos hacerlo en una zona con tantas restricciones. Finalmente, el campo apareció, pero en la localidad de Gilbert, a 20 kilómetros de Urdinarrain. El asunto igual trajo suerte, porque el lote que consiguieron llevaba cuatro años sin participar de ninguna actividad agrícola.
“Cuando uno abandona un lote, como paso con éste, hay un proceso de evolución hacia el ecosistema original de la zona. Nuestra ecoregión es el Espinal. Unas fotos del lote más una declaración jurada nos sirvió para que una certificadora nos diga que la zona iba camino a lo orgánico. De no ser así, para salir de una agricultura de químicos y hacer una actividad orgánica tendríamos que haber pasado por un período de transición”, explicó Sánchez a este medio.
Es importante aclarar que no es una exigencia de lo orgánico que el suelo pase por este período de “limpieza”. Pero si se busca obtener una certificación que abra las puertas para exportar, como en este caso, hay que tener en cuenta eso.
“El camino del abandono de esos lotes va hacia malezas anuales y luego a malezas perennes de mucha durabilidad. Hubo que sacar algunos árboles y se hicieron trabajos de movimiento del suelo con herramientas. Reseteamos todo para poder trabajar en un plan de largo plazo”, indicó el agrónomo.
¿Y cómo se protegió a la producción de plagas y malezas? Aquí es donde entraron los bioinsumos: preparados a base de microorganismos que oficiaron de controladores naturales. Para el ataque de orugas y chinches, usaron un producto biológico a base del Bacillus thuringiensis, una bacteria, muy común en el suelo, que funciona como plaguicida. Lo único que no pudieron evadir fue a la sequía, que afectó a toda la zona y produjo chauchas y granos un poco más pequeños de lo esperado.
Los Sánchez lograron lo que muchos tildaron de imposible: una producción orgánica en 38 hectáreas, que produjo un rendimiento de entre 1200 y 1400 kg/ha, y que pronto saldrá rumbo a Estados Unidos.

“Con esta experiencia sabemos qué ajustar y qué cambiar. Los cultivos orgánicos son competitivos en la medida en que los precios sigan comercializándose en el doble (que la soja convencional), y son una alternativa enorme para las situaciones en las que las normativas de los pueblos limiten algunas producciones. No hay que abandonar el campo. Hay que sacarle un poco de jugo al cerebro y hacer otra cosa”, señaló el ingeniero.
Concluyó al decir que “la visión sesgada hacia el número, en la que para obtener 3000 kilos hay que hacer cinco aplicaciones de compuestos diferentes, no te da tiempo a decir si una soja como ésta puede o no andar”.
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