Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wi631525_new.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
La entrada El INTA insiste con que el suelo es el que sigue pagando la fiesta: “En la Argentina solo se repone el 30% de los nutrientes que se extraen” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>
En marzo de 2004, mucho antes de todo esto, el diario La Nación publicaba una entrevista que era reveladora: “El suelo está subsidiando a los productores y al país”, advirtió en aquel reportaje Roberto Casas (foto), que por ese entonces era director del Instituto de Suelos del INTA. En una frase resumía la situación real: no había renta extraordinaria de la soja por la cual pelearse, porque los dólares que parecían quedar luego del cultivo eran en realidad un subsidio del suelo al sistema.
Ese subsidio no se pagaba en dólares sino en nutrientes. La caja que pagaba la cuenta era la famosa fertilidad de la pradera pampeana, que se iba debilitando. O dicho de otro modo, si las cosas se hubieran hecho preservando el recurso suelo, quizás la rentabilidad de la agricultura no hubiera existido.
Han pasado 17 años y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ratificó aquello que había dicho Casas al informar, con un título contundente, que el suelo sigue subsidiando con el constante sacrificio de nutrientes el festival de dólares que parece dejar la agricultura, y por el que vuelven a pelearse el Gobierno, los dueños de la tierra y los productores.
“En la Argentina, sólo se repone el 30 % de los nutrientes que se extraen“. Eso dice la nota. En otro país merecería ser un título catástrofe. Pero aquí ni fu ni fa, a casi nadie le importa.
El informe arranca citando una sentencia de la FAO que dice que “los suelos son una importante reserva de biodiversidad mundial, que permite la agricultura y la seguridad alimentaria, regula las emisiones de gases de efecto invernadero y promueve la salud de las plantas, los animales y los seres humanos. Sin ellos, nuestro mundo no sería el mismo”.

Luego Marcelo Beltrán, un agrónomo del mismo Instituto de Suelos que presidía Casas, describe el estado de situación de ese recurso tan valioso. “En la Argentina sólo un30 % de los nutrientes que se extraen de los suelos cultivados se reponen mediante el uso de fertilizantes”, indicó el especialista, en sintonía con aquel primer y lejano diagnóstico.
“Desde hace varios años, los suelos de la región pampeana han sufrido un intenso agotamiento de nutrientes como consecuencia de una prolongada historia agrícola”, detalló Beltrán, para quien el problema se agrava con el uso de variedades de cultivos de alto rendimiento, que demandan mayor cantidad de nutrientes.

Alberto “Beto” Quiroga (foto), otro especialista del INTA Anguil, La Pampa, agregó que también la ganadería moderna tiene parte de la responsabilidad. “La intensificación ganadera, con cosecha mecánica de forraje y traslado a corrales, triplicó la tasa de extracción de algunos nutrientes”. Y fue más allá al asegurar que “su concentración en corrales y efluentes de tambos acentúa los riesgos de contaminación”.
Ambos investigadores alertaron, según el informe, que desde la década de 90 y como consecuencia de procesos de erosión de los suelos y la remoción de nutrientes sin reposición por fertilización, se inició un proceso de “síntomas del empobrecimiento en nutrientes y reducciones en los contenidos de materia orgánica”.

Como para multiplicar las voces que replican aquello que dijo Casas en 2004, Hernán Sainz Rozas, especialista en fertilidad de suelos y fertilización de cultivos del INTA Balcarce, aseguró que los niveles actuales en toda la región pampeana muestran valores entre un 30 y 40 % menores respecto a los suelos en condición originaria. Es decir, en la comparación contra suelos vírgenes. esta condición “genera problemas físicos (estabilidad estructural y mayor riesgo de erosión) y menor disponibilidad de nutrientes, particularmente de nitrógeno y azufre”, agregó.
En tanto, los niveles actuales de P-Bray (un sistema de medición de Fósforo) son menores a 15 mg kg-1 (0-20 cm de profundidad) en una vasta superficie de la región pampeana, y en los últimos siete años, este problema se agravó. “Esto indica que los niveles actuales de reposición de fósforo (vía aplicación de fertilizantes) están por debajo de la extracción en productos agrícolas (granos, carne, leche, etc.)”, explicó el INTA.
Respecto del pH, el especialista dijo que “hubo un cambio negativo, que se refleja en la disminución de los valores de pH del suelo, sobre todo al norte y este de la región Pampeana, donde se registran preocupantes niveles”. En casos graves de acidificación, aun no alcanzados en la región, en los suelos con pH por debajo de cinco comienza a liberarse aluminio y esto resulta tóxico para las plantas.

Además, la acidez provoca consecuencias sobre diferentes procesos biológicos y químicos que ocurren en el suelo. “En problemas graves de acidez, se recomienda la aplicación de calcita (carbonato de calcio) o dolomita (carbonato de calcio y magnesio)”, recordó Sainz Rozas. En una práctica habitual en otros países, pero muy marginal en la Argentina. Todavía.
Para Quiroga, “que hoy tengamos más de un 30% de suelos degradados o bajo procesos de degradación, donde se ha roto la relación del ecosistema por la presión antrópica preocupa, porque en estos sistemas algunos de los efectos pueden ser irreversibles. El suelo que se perdió no vuelve”, advirtió.
“Es más fácil mantener la salud de un suelo que recuperar un suelo degradado, que frecuentemente condiciona la rentabilidad”, explicó el experto. Es que, la degradación física de los suelos por pérdida de materia orgánica puede afectar la captación del agua, dar lugar a encharcamientos, escurrimientos y dificultar el acceso a los nutrientes por parte de los cultivos.
Un reciente informe de la Asociación Civil Fertilizar aseguró que el consumo de fertilizantes en 2020 registró un récord con 5 millones de toneladas y superaría el 7% interanual. Pero, para Beltrán estas cifras si bien son alentadoras, aún resultan insuficientes.
“En la Argentina, las relaciones aplicación/extracción en grano de nitrógeno, fósforo, potasio y azufre para los cultivos de grano han mejorado durante los últimos años, pero los balances de nutrientes siguen siendo negativos”, señaló Beltrán, recordando que en el país en general se subfertiliza.
“Esto implica una pérdida de fertilidad interanual que repercute en los rendimientos, en la sostenibilidad de los sistemas productivos y en la conservación de los recursos naturales”, agregó, con preocupación, el investigador de Castelar.
Para lograr la sustentabilidad de sistemas agrícolas, Beltrán consideró de vital importancia implementar rotaciones de cultivos que generen un balance positivo de la materia orgánica del suelo en el mediano plazo. Así, se podrá mejorar la calidad del suelo, lo que se traducirá en planteos menos riesgosos y más rentables para el productor y favorables para la salud ambiental.

Ahora bien: ¿Qué hacer ante este escenario?
La primera recomendación del INTA es realizar un análisis de suelo del lote. “Es necesario que cada productor cuente con un análisis de suelo de calidad para conocer el estado nutricional de los lotes en particular y, así, poder llevar a cabo un manejo racional de la fertilización”, remarcó Sainz Rozas.
En un contexto de fuerte incremento en el precio de los fertilizantes, el especialista planteó la necesidad de desarrollar estrategias de manejo que maximicen su eficiencia de uso. Para nutrientes de alta movilidad en el suelo, desde el INTA recomiendan realizar un monitoreo de los cultivos a fin de detectar alertas con tiempo y actuar en consecuencia.
Pocos productores todavía hace este tipo de análisis. Y tiene una explicación: “En general, los productores no perciben como un problema la disminución del contenido de materia orgánica en los suelos”, se lamentó Beltrán. La explicación parece ser que la tecnología que se emplea en la agricultura moderna de alta producción permite mantener, o incluso, incrementar los rendimientos de los cultivos, a pesar de la degradación de los suelos.
Como si esto fuera poco, además, está naturalizada la capacidad productiva de las tierras de nuestro país. Pero, para el investigador, “la calidad natural de los suelos tiene límites y sobrepasarlos implica que su vulnerabilidad se vuelva crítica”.
La entrada El INTA insiste con que el suelo es el que sigue pagando la fiesta: “En la Argentina solo se repone el 30% de los nutrientes que se extraen” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Según un estudio del INTA, en la Argentina hay 100 millones de hectáreas afectadas por la erosión se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Tan alarmante dato surge del Manual de buenas prácticas de manejo y conservación del suelo y del agua en áreas de secano, presentado por el INTA y el PROSA.
“Este dato cobra mayor relevancia si se lo pone en contexto: solo un 11 % de la superficie del planeta corresponde a suelos con potencial agrícola. Estimaciones de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) plantean que, en los próximos 20 años, más del 80% de la expansión de la superficie cultivada se producirá en América Latina y África subsahariana”, indicó el informe.
“En los próximos años, uno de los desafíos más significativos que afrontará la humanidad es el deterioro de los recursos naturales y, principalmente, el de los suelos cultivados”, vaticinó Roberto Casas, especialista en manejo de los suelos y uno de los editores del libro. “Estamos perdiendo no solo aquellos suelos que son la base de la producción agropecuaria del país, sino que descuidamos los servicios ecosistémicos que nos prestan”, alertó el experto, para quien es importante entender que se trata de un recurso que puede tardar hasta 1.000 años en recuperarse.

En este contexto, el riesgo de que un incremento de la agricultura genere mayor erosión o degradación de suelos es real. “Sabemos que, a partir de 1970, los suelos de la región pampeana sufrieron una extraordinaria transformación debido a la actividad agrícola”, señaló Casas, y agregó que “la adopción de tecnología moderna, sumado al desarrollo de nuevas formas de producción, aceleraron los procesos de degradación”.
La transición de un sistema de agricultura con labranza convencional a uno con siembra directa permitió una mejora considerable de los rendimientos y, además, de los niveles de materia orgánica del suelo. Sin embargo, Casas consideró que en los últimos años se ha producido una “simplificación extrema” de los sistemas productivos pampeanos y extrapampeanos, con un paulatino reemplazo de las rotaciones tradicionales por el monocultivo.
“Esta tendencia a la realización de un solo cultivo tuvo un impacto desfavorable sobre las funciones del suelo y la sustentabilidad del agroecosistema”, aseguró Casas.
De acuerdo con el especialista, la rotación promedio para la región pampeana se componía de, al menos, tres años de soja de primera, un año de doble cultivo trigo (u otro cereal de invierno), soja y recién al quinto año podía incluir maíz o sorgo. “En los últimos años, el esquema cambió hacia uno con mayor participación de gramíneas en una rotación de tres años: trigo-soja, maíz y soja de primera”, explicó.
En este sentido, Casas resaltó el protagonismo que están cobrando los cultivos de cobertura en las rotaciones agrícolas, “se sumaron 338.200 hectáreas a escala nacional de cultivos que protegen el suelo y brindan servicios ecosistémicos”.

El territorio argentino alberga una delicada diversidad de tierras. Por esto, el problema de la erosión no es solo por las pendientes de los suelos, sino por las lluvias: las mayores intensidades (es decir, la cantidad de agua caída en un lapso determinado) y frecuencias marcan la diferencia y pueden hacer que el problema cambie de categoría –leve, moderado o severo–.
“Determinar el riesgo de erosión es fundamental para la conservación de los recursos, sobre todo porque la pérdida de unos pocos centímetros de suelo puede impactar de manera irreversible en el potencial productivo de los cultivos”, destacó Casas.
En ese contexto, la fórmula para una producción más sustentable es una agricultura que proteja y aproveche mejor los recursos. “La sistematización de los lotes con terrazas es una estrategia sustentable y está comprobado que reduce hasta un 90% la erosión”, señaló Casas y agregó: “Se estima que la superficie sistematizada con terrazas para control de erosión es de 940.000 hectáreas, mientras que 265.000 están protegidas por sistemas de cultivo en contorno”.
Para Casas, la presión que se ejerce sobre el suelo está llegando a límites críticos y, lejos de revertirse, tenderá a agravarse. Por esto, junto con 208 referentes y especialistas en conservación del suelo y del agua en las distintas regiones y sistemas productivos del país compilaron en un libro las prácticas más importantes para evitar el avance del deterioro.
“Esto pone en evidencia que existen tecnologías probadas en cada una de las regiones para producir de manera sustentable”, analizó Francisco Damiano, especialista del INTA y editor del libro.

“Pudimos sintetizar 214 buenas prácticas”, indicó Damiano y añadió: “En función de su distribución en el territorio y su importancia estratégica, las prácticas están agrupadas en control de erosión, siembra directa, fertilización, gestión de pastizales, sistemas silvopastoriles, manejo de áreas deprimidas y mallines, cosecha de agua y control de salinidad y sodicidad”.
En los últimos años, el riesgo de erosión aumentó considerablemente debido al incremento de lluvias extremas, la disminución de la cobertura vegetal por la simplificación de los sistemas de producción y las malas prácticas de manejo, como la siembra a favor de la pendiente. En este sentido, Casas advirtió que “la conservación del suelo constituye un deber inexcusable, ya que se trata de un recurso natural estratégico para la Nación”.
La entrada Según un estudio del INTA, en la Argentina hay 100 millones de hectáreas afectadas por la erosión se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>