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La entrada Historias de Traslasierra: Goyo Aráoz de Lamadrid se enamoró del paisaje serrano de San Javier y comenzó a producir allí sus propios vinos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Se llama Hotel y Bodega Aráoz de Lamadrid, y está ubicado en San Javier, cerro arriba. Para describir lo que hizo con esas 11 hectáreas de sierras cordobesas, que al principio era un monte virgen, “completamente cerrado” como definió el propio Goyo, harían falta muchas fotos. Intentaremos relatarlo y graficarlo también.
“Casi que nos subíamos a los alambres para ver porque no se podía ni entrar”, relató en diálogo con Bichos de Campo sobre el día en que decidieron comprar ese predio. Antes Gregorio había hecho de todo: fundó y dirigió escuelas, trabajó como paisajista en los Estados Unidos y administró establecimientos porcinos en San Andrés de Giles. Sus hijos agrónomos siguen por allí.
Su finca soñada se llama “El Tala” y está ubicada ciertamente en uno de los pueblos más bellos del valle de Traslasierra. De eso no quedan dudas y basta con ver la nota en video o las fotos.
“Vinimos a este lugar por unos amigos que nacieron y que viven acá, y ellos siempre me decían que este era uno de los lugares más maravillosos del mundo y lo comprobé. Este era un lugar de vacaciones al principio, pero terminamos quedándonos por lo mucho que conectamos y por el bienestar que nos genera”, remarcó Goyo Lamadrid.
Mirá la entrevista completa a Goyo Aráoz de Lamadrid:
Primero Goyo hizo su casa, con ánimo de pasar allí sólo breves temporadas. Pero luego se fue aquerenciando con el lugar, con sus vecinos y con los artistas de San Javier, a quienes comenzó a comprarles obras para adornar los entornos de su lugar, ya que luego construyó unos pocos dormitorios para recibir visitas.
Más tarde comenzó a implantar algunas hectáreas de vides, para probar hacer su propio vino “entre montes”. Implantó las hileras de uvas con sumo respecto del paisaje original, a tal punto que entre los viñedos se aprecia gran cantidad de árboles autóctonos, algunos con más de 200 años de vida. ¿No te dan sombra sobre las uvas, preguntamos. Goyo se ocupa de podarlos para dejar solamente el extremo superior de la copa.
“Quisimos construir una enología cuya identidad fuera bien cordobesa, tratando de expresar el monte y las aromáticas, algo bien propio de Córdoba, y entonces quisimos que los vinos pudieran expresar esos sabores y lo hicimos tratando de que todo esto haga sinergia, una palabra que me parece maravillosa”, resaltó.
Goyo se llama igual que aquel militar- Gregorio Aráoz de Lamadrid- que luchó por la Independencia, que enfrentó a los federales, y que fue definido por Sarmiento como “el más valiente de los valientes”. Por la fama de su chozno, este hombre prefiere que le digan Goyo.
Queda claro que nuestro Goyo contemporáneo ha trabajado lo suficiente a lo largo de toda su vida como para darse ahora muchos gustos. Y en efecto, cada uno de los rincones de su hotel y bodega han sido intervenidos, pero con respeto y suma delicadeza. A este emprendedor le gusta de estar encima de todos los detalles y va de aquí para allá, aunque a veces parece cansado en algunas lomadas. La bodeguita la armó en la parte más alta del predio y vale la pena visitarla.
Allí tiene implantados casi todos los varietales que añoramos por nunca haberlos probado bien, Cabernet Frank incluido. Por dentro, esa bodega es casi un museo, porque hay esculturas, cuadros y cosas raras colgando de los techos y paredes. Al bajar, se aprecia una cava que guarda las botellas de vendimias anteriores, que todavía “no son suficientes como para sacar conclusiones”, nos contó Gregorio.
“Al principio la idea era hacer un vino para nosotros, teniendo la mitad de viñedo con monte y parque y la otra mitad con monte natural preservado tal cual así y sin tocarlo. En esta tarea de preservar la flora autóctona y sinergizar con la viña nos ayudaron mucho a configurar esta identidad tanto nuestro enólogo Federico Zaina, de Tunuyán, Mendoza, como Pedro Rosell, muy conocido en el mundo de los espumantes”, recordó Goyo.
Uno de los consejos que grabó a fuego luego de sus charlas con Zaina y Rosell fue el siguiente: “Vos podés copiar si no venís del mundo de la enología, porque de repente tenés un vino en la cabeza y querés igualarlo, pero eso siempre es copia. Vos tenés que construir algo distinto y original porque eso es mucho más lindo que la copia. En eso basamos la originalidad de nuestro proyecto, en roda la sinergia del monte con las aromáticas nativas del lugar, la polinización propia que se produce y con la expresión de este terruño y con sus minerales que son muy propios como el cuarzo, el feldespato y la mica”.
La bodeguita Aráoz de Lamadrid produce ocho cepas entre tintos, blancos y rosados y de allí salen unas 18 mil botellas anuales que no llegan a salir de Traslasierra, porque son vendidas allí mismo, entre turistas, sibaritas y gente que quiere tomar un trago de este vino.
Junto a otras bodegas de la zona, que está comenzando a tallar como una de las nuevas regiones vitivinícolas, Goyo comenzó a elaborar un vino con denominación de origen Traslasierra. Le pusieron de nombre “Chuncano”, como se conoce a los habitantes de esta zona de Córdoba.
En la bodega disponen de 2 grandes tanques de fermentación (de acero inoxidable) de 4500 kilos, y otros dos de 2500 kilos, lo necesario para vinificar 12 mil litros aproximadamente. Y en su cava tienen 28 barricas de roble, y mas de 6 mil litros en guarda. Sus nuevas estrellas son tres “huevos” comprados en Francia: sirven para custodiar el vino en reemplazo de las barricas.
Cerca de la bodeguita, otro de los rincones preferidos de Goyo es un invernadero que construyó con madera y mucho talento. En el medio se puede apreciar la estatua de una cosechera en minifalda y bromeamos sobre la idea de pensar que si fuera real, no habría problemas para conseguir mano de obra en tiempo de vendimia. Aquí, por ahora, no hay problemas para conseguir manos que recojan la uva de los parrales. En tiempo de cosecha, trabajan el propio Goyo y los suyos más cercanos.

Esa estatua cosechera de bronce no será presa fácil de los mozos, pues aparece custodiada por miles de espinas. Es que Gregorio tiene una colección de 7 mil cactus que va recolectando de sus viajes o que le traen sus amigos. Están por todas partes.
Goyo es un hombre admirable porque fue capaz de transformar su entorno hasta fundirse él mismo y sus ideas en ese paisaje. Finalmente decidió vivir en San Javier a pesar de que podría haberlo hecho en cualquier otro lado. Y sobre todo, decidió vivir plenamente lo que le queda de vida.
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]]>La entrada En Traslasierra, a falta de ferias por el Covid 19, los bolsones agroecológicos acercan a los productores con el consumidor se publicó primero en Bichos de Campo.
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Durante esta pandemia a Domingo (foto) se le complicó la comercialización de sus productos y fue entonces cuando entró en escena Andrés Plager, vecino de la zona y perteneciente a la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje, que trabaja entre otros temas con el concepto de “paisaje productivo”, que es aquel entorno rural que da beneficios económicos y, a la vez, tiene su propia cultura y formas de ser habitado.
Así, entre mate y mate, surgió la idea de armar los bolsones de productos para distribuirlos con previo pedido a través de un formulario online para que esta herramienta sumara a los aportes que todos hacen en las mejoras de la finca
Y, contrariamente a la idea de que iba a ser muy complicado o que nadie iba a llenar el formulario, la cosa funcionó: “Con los bolsones semanales hemos llegado a armar una red de productos de todo el Valle sin que el productor pierda ni un centavo, ya que la mercadería se vende al precio estipulado por el productor. Nosotros sólo somos un punto de conexión para ayudar a estos productores en medio de esta pandemia dado que en su mayoría comercializaban en ferias y eso se paralizó con el Covid 19”, dice Plager .
“Hemos hecho muchas cosas”, rememora Domingo. “En la década de los 90 éramos productores de aromáticas, pero las políticas de ese entonces nos llevaron a ir abandonando esa actividad y pasamos a recolectar huesos, aluminio, vidrio y hierbas medicinales para poder sobrevivir. En 2001 adquirimos un crédito donde se pudo acceder a una tela antigranizo junto al asesoramiento técnico de un ingeniero que el Gobierno nos brindaba para poder comenzar a producir verduras”.
A fines de 2008 comenzaron la transición a la producción agroecológica y desde 2011 trabajan sin ningún tipo de agroquímicos. “Fueron más de 2 años de aprendizaje y de errores”, dice Domingo. Hoy siguen trabajando con la Secretaría de Agricultura Familiar, en algunas ocasiones con el INTA y están involucrados con el movimiento de los trabajadores excluidos (MTE), que forma parte de la UTEP, Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular.
“Nuestro objetivo es llegar a adquirir nuestro propia tierra para producir, ya que nosotros pagamos alquiler”, explica Domingo. “También queremos tener nuestro local en unos de los principales centros urbanos y crear una escuela de agroecología para la formación y visibilizarían de la producción agroecológica, recuperando esos saberes de producción que mis padres y abuelo tenían”.

“En este contexto tan crítico debido al Covid 19 hemos logrado una logística en todo el Valle y hemos podido acercar a los productores y a los consumidores, en algunos casos hasta bajando el precio de los productos al no haber intermediarios; también se ha desarrollado el mercado local, se han generado economías más solidarias y más alimentos sanos, entre otros beneficios”, se entusiasma Plager (foto) y agrega:
“Trabajamos en un grupo liderado por la IFLA Américas, que es la Asociación Internacional de Arquitecto Paisajistas que tiene convenio con el IICA (Instituto Interamericano de cooperación para la Agricultura), por lo que estamos buscando financiamiento para mejorar y ampliar estas idea que es la del uso de tecnologías para acercar a productores y consumidores, como también en la difusión de los paisajes productivos, en su rescate y valorización desde varios aspectos como su cultura y soberanía alimentaria”.
La coyuntura provocada por la pandemia afectó las bocas de distribución de los productos agroecológicos, que eran las ferias, pero a la vez fue una oportunidad para ver que había otras posibilidades de servicio y logística para seguir vendiendo.
Hoy, además de verduras, los bolsones traen pastillas de propóleo, dulce de leche, mermeladas, bokashi (abono orgánico) caldo de ceniza (insecticida ecológico), quesos de cabra, aceite de oliva y hasta Fernet artesanal entre otros productos a elección.
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]]>La entrada Daniel Spinardi es 'jaulero' y padece los caminos rurales: "Sólo 10% tiene posibilidad de cargar hacienda sobre la ruta" se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Un 5, y a medio andar. Falta inversión en mantenimiento, cuidado de las cunetas, levantamiento y nivelamiento de los caminos, y hacerlos más anchos”, respondió a Bichos de Campo Daniel Spinardi, transportista de hacienda de San Javier, en Santa Fe.
Como afirma, el mal estado de la red vial y las inclemencias del tiempo no facilitan su trabajo diario. Por eso reclama: “Hay que trabajar para mejorar los caminos. Y también hay que mejorar el estado de los puentes. Hay zonas donde todavía hay puentes de madera, que estaban hechos para que pase solamente un chasis. Entonces arriesgamos montones de situaciones con equipos de doble piso”.
“No te olvides que el 90% de las cargas las hacemos en caminos rurales y solo 10% (de los productores) tiene posibilidad de cargar hacienda sobre la ruta”, explicó Spinardi, quien además es integrante de la Asociación Argentina de Transportadores de Hacienda (AATHA), una cámara que tiene 11 años y está trabajando bastante por instalar la problemática de los jauleros en la cadena de ganados y carnes.
Al respecto, Spinardi mencionó que “hay unas 1.000 empresas de transporte de hacienda, que se reparten entre lo que va a faena a frigoríficos, la hacienda que va a los remates feria y los movimientos de ventas particulares de campo a campo”. La mayoría de ellas tiene más de un camión, pero hay una alta presencia de Pymes transportistas en ese sector.
Mirá el reportaje completo realizado a Daniel Spinardi:
Sobre la complejidad del trabajo de los jauleros, Spinardi precisó que “lo que se está complicando es la descarga en algunos frigoríficos, pero eso es debido al aumento de faena. Los frigoríficos faenaban un cierto cupo, pero con la aparición de nuevos mercados como China, muchos de ellos ahora están a full, y eso ocasiona demoras en la carga y descarga”, precisó.
El directivo de la Asociación contó que, sin embargo, “las plantas frigoríficas están trabajando para mejorar las descargas y sé que han hecho otras inversiones muy necesarias como es el caso del congelado de la carne. En definitiva, nosotros los jauleros ofrecemos un servicio, de modo que hay que adaptarse al medio. En estas épocas que no son fáciles, es bueno tener trabajo gracias a China y a los demás”.
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