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La entrada El cabañero Marcelo Treachi protagoniza una revolución ganadera que incluye muchos cambios: De las vacas a la ovejas, de la Holando a la Dorper, de Buenos Aires a Santiago se publicó primero en Bichos de Campo.
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Treachi estudió primero en la escuela agrotécnica de Vedia, que era de una cooperativa de tamberos que tenía una fábrica de quesos. Después cursó la carrera de veterinaria en la ciudad de Buenos Aires. Pero cuando estaba en cuarto año de la facultad, fue convocado por Santiago Di Tella para ser asesor genético de la Cabaña Los Nogales en su remplazo, por cuatro años, porque se iba a Estados Unidos.
“En 1985 comenzamos allí con la importación genética. Hicimos muchísimas transferencias embrionarias, porque era la época en que comenzaban a hacerse las transferencias móviles. Yo asignaba a qué vacas se les podían hacer las transferencias y los servicios de esas vacas. Me reportaba directamente a Guido Di Tella (el ex canciller, a la vez productor lechero) y acumulé una experiencia laboral y de vida muy importante. Me volví a Vedia, me casé y pasé a ocuparme del tambo familiar y otros emprendimientos agropecuarios”, rememora Marcelo.
En Vedia alquiló en 1990 otro campo para agrandar el tambo de su abuelo. Y en 1994, levantó una fábrica de quesos sobre la ruta 7, que debió cerrar cuatro años después cuando su principal comprador se presentó en convocatoria de acreedores. Se reinventó haciendo agricultura y engorde de novillos en Feed Lot. A fines de 2001, vendió todo mis novillos y compró un campo en La Pampa, que en 2003 también vendió en busca de nuevos desafíos.
-¿Y fue así como llegaste a Santiago del Estero?
-En 2004 decidí instalarme y desarrollar un feedlot en Santiago del Estero, una tierra de oportunidades con mucho potencial, donde estaba todo por hacer. Producía novillos de calidad para todo el norte. En ese mismo año logré vender la fábrica de quesos a Miguel Nucete, así que en 2005 mi familia se instaló en Santiago capital.
Mirá la entrevista con Marcelo Treachi:
Treachi se vio obligado una vez más a reinventar su negocio agropecuario cuando el gobierno de Néstor Kirchner cerró las exportaciones de carne vacuna en 2006 y los precios de la hacienda se desmoronaron. “Me agarró con 2000 novillos encerrados en en el feedlot y todavía lo estoy maldiciendo. Lo fui desarmando y compramos una buena superficie sobre la ruta 176, a 15 kilómetros al norte de La Aurora”.
Fue ahí que a su primer cambio le sumó una segunda gran decisión: pasar de ser un productor de bovinos a serlo de ovinos.
“Empecé a pensar en cambiar hacia una actividad que vinculara a mis dos hijas con lo agropecuario. Y pensé en las ovejas, porque son más fáciles de transportar a las exposiciones y a mis hijas les iba a encantar. De paso, yo podía continuar con mi pasión por la genética, pero ahora en ovinos”, relató Marcelo.
-¿Y cómo fueron aquellos comienzos con las ovejas?
-De entrada compré ovejas en general, sin pedigree, para evaluar cómo las podía manejar en este ambiente. Así nación en 2015 nuestra Cabaña La Aurora del Monte, a la que inscribí a nombre de mis dos hijas, María Clara (21) y Felicitas (18). Después compré Dorper de segunda y tercera generación. Hoy ya tengo, de cuarta.

-Todos están hablando de la raza Dorper…
-La Dorper es una raza rústica, sin lana, para la producción de carne, generada en zonas desérticas de Sudáfrica y que para estas zonas norteñas se comportan como una “4 x 4”. No necesita de esquila, tiene una gran resistencia a los parásitos. Consume mucha fibra y en el norte, que tenemos una época del año con mala calidad de fibras, la consume sin disminuir mucho su condición corporal.
-¿Es la única raza que trabajás?
-No. Luego agregué Hampshire Down puro, de pedigree. Ésta es una raza inglesa, carnicera por excelencia, la número uno del mundo en calidad de carnes, por su “marmoreo”. Sería la Angus de las ovejas. Es más apropiada para la pampa húmeda, pero se adapta perfectamente en el norte. En Argentina importamos genética de Dorper, pero en cambio, en genética de Hampshire, nuestro país es líder en Sudamérica, nos hemos convertido en proveedores de genética de élite, a Paraguay, Brasil y Uruguay. Ya están viniendo también de Perú, Bolivia y Colombia. Somos vendedores de genética Hampshire para Sudamérica. Hasta criadores de Sudáfrica nos siguen en esta raza. Se acaba de rematar una borrega Hampshire en 30.000 dólares. Y la cosa cambió, en la actualidad no conviene invertir en animales de doble propósito porque el mundo camina hacia la especialización. O te dedicás a producir carne o leche o lana.
-Decís que en el norte muchos tienen ovejas para autoconsumo, pero pocos son productores de ovejas. ¿Falta mucho para que todo se profesionalice un poco más e incorporen mejoras genéticas?
-Sí, falta muchísimo para que se transformen en productores. La ley ovina ayuda mucho a que el productor compre un animal de mejor calidad, y al comprar un reproductor caro, lo cuida. Porque a ese no lo va a cruzar con un animal regular. Este rubro requiere de un tratamiento personal pero con capacitación, lo cual escasea. Pero genera arraigo, porque la oveja mejora el suelo del campo, permite arrancar con baja inversión y tiene un rápido retorno. Además, sobra mercado porque se vende todo.
-¿Y existe en el norte del país un mercado para tu negocio de cabañero, que es vender reproductores?
-Hay exposiciones locales y nacionales a las que concurrimos y además estamos analizando los remates virtuales. Una cosa es proveer genética a los productores que recién se inician, y otra cosa es si proveés genética de élite, que es un negocio mayor. Algo importante también es que ahora los criadores de las razas Dorper y White Dorper tenemos nuestra propia asociación, de la cual soy cofundador.

-¿Y será Santiago del Estero tu lugar definitivo?
-Me acabo de comprar un campo en Colonia Dora para trasladar mi cabaña ovina. Además un amigo en esta misma zona me consultó para comprarme algunas ovejas con el fin de regenerar su suelo donde cultiva alfalfa. Le propuse asociarnos y ya tenemos 300 ovejas. De paso, estoy trabajando allí para hacer absorción de ovejas generales con Dorper. Santiago del Estero es una linda ciudad para vivir y en la provincia los calores extremos no son tantos, van del 15 de diciembre al 15 de enero. Acá queda mucho por hacer. Y criar ovejas te da muchas satisfacciones cotidianas y tanto a mí como a mis hijas nos llena de felicidad.
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]]>La entrada Otro pequeño productor de Santiago del Estero denunció al Mocase por usurpación: “Vinieron con la misión de cuidar al campesino, pero se están quedando con todo” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Yo tenía un campo que heredé de un tío, entre El Colorado y Los Juríes. Hace cinco años que no puedo entrar. Es el sostén de mi familia”, dijo Lacorte a Bichos de Campo.
Mirá la nota completa acá:
Según relató el santiagueño, durante 20 años se ocupó del terreno recibido, al cual le efectuó reformas. Lo alambró, limpio y preparó para actividades de siembra. Sin embargo un día vio impedida su entrada.
“Fui a trabajar y me encontré con esta gente diciéndome que me vaya, que yo había vendido el campo. Les pedí que me muestren quién lo compro, algún papel con una firma. Nunca pudieron conseguir nada. Me dijeron que no me correspondía porque pertenecía a tierra indígena y que yo debía que vivir dentro del territorio para que sea mío. El campo es mío, yo soy quien todos los años lo trabaja. Todos los años solicito el crédito algodonero por el cual el gobierno avala que yo tengo la posesión”, afirmó el productor.
-¿Conocías a alguna de las personas que estaban allí?- le preguntamos a Lacorte.
-Sí, toda gente que se ha criado conmigo. Son compañeros de escuela, vecinos. Es lamentable, hoy están irreconocibles. Yo también supe pertenecer al Mocase pero con otra clase de mentalidad. Me abrí de la organización porque vi que detrás había una mafia y a mí no me enseñaron a hacer eso.
A continuación agregó: “Vinieron con la misión de cuidar al campesino, que no vengan los grandes terratenientes a quedarse con lo poco que tienen. Pero se están quedando con todo, tengan o no escritura. Se han transformado en empresarios”.
-¿Intentaste recuperar tu campo por las vías normales?
-Hice cinco denuncias, tengo todos los comprobantes. Incluso me he presentado en Santiago, en Derecho de Tierra. Nunca tuve una respuesta de la Justicia. Posiblemente mi denuncia haya ido a parar al inodoro. Creo que hay curro político, hay jueces metidos o apretados. Ya están entrando a la ciudad de Quimilí. Aquí hay dos terrenos tomados por el Mocase. En un tiempo más no vamos a ser dueños de nada.
-¿Creés que si le hubieras acordado con el Mocase hubieses podido conservar tu campo?
-No, no somos esa clase de gente. A nosotros nos enseñaron que hay que ganarse las cosas como corresponde, con sacrificio.
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]]>La entrada Ariel Goitea inició un apiario durante la pandemia y ya tiene su propia marca de miel de monte: “La idea es ir creciendo y llegar a formar una cooperativa”, afirma se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Hace 20 años trabajaba con apicultura y después dejé por cuestiones de trabajo. Ahora retomamos de vuelta, iniciamos con la pandemia”, contó Goitea a Bichos de Campo.

El proyecto inició con sólo cinco enjambres, algunos de los cuales fueron cazados por el apicultor en el monte. El proceso consiste en localizar a la reina dentro de un enjambre natural, y trasladarla a unos cajones especiales que llevan en su interior cuadros con cera estampada. Una vez que el núcleo –la reina con algunas obreras- es movido, el resto de las obreras muda la colmena hacia esos cajones.
“Trabajamos con abejas criollas y ahora estamos mezclándolas con abejas italianas que traemos de otros apicultores, por el tema de la mansedumbre. Nos facilita más el trabajo y al mezclarlas se aumenta la productividad”, explicó el santiagueño.
Para introducir la genética italiana Goitea adquirió abejas reinas vírgenes, que fueron fecundadas por zánganos –la abeja macho- criollos. Eso le permitió aumentar la rusticidad y adaptabilidad de los enjambres.
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Hoy la población de abejas ha crecido tanto que el productor debe realizar controles periódicos para evitar que las colmenas se “enjambren”, es decir, que se formen nuevas familias en el interior de cada grupo. ¿Cuál es el riesgo de esto? Que parte del grupo se separe y se reintroduzca en el monte, en busca de mayor espacio. Eso implicaría una pérdida productiva importante. Es por esta razón que Goitea va aumentando las cajas periódicamente.
-¿Con qué objetivo estás armando este emprendimiento?– preguntamos al apicultor.
-Es un sustento mas para mi familia. De a poquito vamos aumentando las colmenas y a futuro creo que va a ser un sustento más grande. Ya tengo dos cosechas desde la pandemia de un promedio de entre 25 y 30 kilos de miel por colmena. Fue un lindo número.

-¿La miel es de buena calidad?
-Sí, es pura de monte. Comenzamos con la de algarrobo, que es lo que abunda aquí, y después le siguen las otras: brea, tusca, mistol y garabato. Es una miel bien concentrada y clara. Con el correr de los días se va empezando a hacer más oscura.
Por el momento la marca Mielburd solo circula por aquella zona norte de Santiago del Estero, aunque esperan pronto otorgarle un mayor alcance. “La idea es ir creciendo y llegar a formar una cooperativa, y extraer todo aquí en el pueblo. También involucrar un poco más de jóvenes”, afirmó Goitea.
-¿Te gusta lo que estás haciendo?
-Sí, me gusta. Tengo amor por las abejas y eso me ayuda a cuidarlas todos los días.
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]]>La entrada La madera y su tradición: Máxima y Jorge fabrican muebles que recuperan las antiguas costumbres de la época colonial en Santiago del Estero se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Algo de ese espíritu recorre los trabajos que realizan Máxima Flamenco –“la Chiqui” como le dicen- y Jorge Henjes en su emprendimiento de muebles “Los Telares de Santiago”. Los fabrican en el patio de su casa, rodeados de coyuyos, en la localidad santiagueña de Colonia Dora, en el centro de la provincia.
Entre sus montes tupidos y suelos semiáridos, Santiago esconde una tradición que se remonta a la época colonial argentina: la fabricación de muebles de madera y cuero.
“Por la gran disponibilidad de buena madera, en los tiempos de la colonia todos los muebles que había en Buenos Aires venían de Europa o de Santiago del Estero”, contó Jorge a Bichos de Campo. Jorge vivió mucho tiempo en la provincia de Buenos Aires, hasta que recaló en Santiago enamorado de sus costumbres, sus paisajes y por supuesto de la Chiqui.
Hoy esa historia sigue viva en las sillas, mesas y demás muebles que el matrimonio fabrica en conjunto, haciendo uso principalmente de cuero cruzo trenzado y madera proveniente de árboles de chañar y de huiñaj, también conocido como palo azul o palo cruz. Hay varios carpinteros de Colonia Dora que hacen lo mismo.

“Nosotros compramos las plantas en pie y las traemos a un aserradero que nos hace los tablones. A partir de los tablones hacemos todos los cortes acá en casa para armar estos muebles”, relató Henjes.
“Son piezas que artesanos hacían en el lugar hace muchos años. Había un señor que se dedicó a recolectarlos e hizo libro. Son de personas del monte. Nosotros recuperamos esos diseños que se hacía en ese entonces”, señaló por su parte Máxima Flamenco.
El catálogo también se compleja con numerosos tejidos que no solo le dan vida ponchos tradicionales, sino a otras piezas como alfombras y cobertores.
Aunque es posible visitarlos en Santiago, aquellos curiosos pueden encontrar este pequeño pedazo de tradición de manera online.
Mirá la nota completa acá:
-¿Hay un mercado para este tipo de muebles?- les preguntamos.
-Sí, hay muy buenos clientes. No son muchos pero son muy especiales. Los tenemos en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Río Negro.
-¿Cuál es el perfil de aquellos que buscan este tipo de productos?
-Generalmente son personas que están vinculadas a lo tradicional, al campo. Son en su mayoría muchos productores agropecuarios quienes compran este tipo de muebles.
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]]>La entrada En el patio de su casa, la agrónoma santiagueña Celia González y su familia comenzaron a elaborar un biofertilizante a partir de la lombriz californiana se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Allí mismo, los tres integrantes de la familia se han dedicado a producir en estos dos últimos años un biofertilizante. Se trata de un abono orgánico a partir de residuos de origen vegetal usando la lombriz roja californiana, una especie que hoy difunde por las redes sociales. Poco a poco fueron creando un microemprendimiento familiar que hoy les da una gran satisfacción al saber que están aportando su “granito de arena” al cuidado del medioambiente.

“Comenzamos cuando se anunció la pandemia del Covid, momento en que nos dijeron que nos quedáramos en casa y mucha gente empezó -como nosotros- a interesarse por tener su propio huerto con hortalizas sanas y frescas, y de paso, achicando sus gastos”, relata Ignacio, que está estudiando administración de empresas y se ocupa de la parte productiva junto a su padre, y de la comercialización en el emprendimiento familiar.
Fue así cuando crearon la marca: Biofertilizante-Lombricompost. Lo venden fraccionado en bolsas de 5 y 10 litros. Su escala de producción aún es pequeña, apenas unos 300 litros por mes.

“En nuestra provincia nadie lo hacía sino que el abono se traía de otros lados”, explica la ingeniera, y continúa: “Los productos que ofrecemos están dirigidos hacia un nicho de mercado de personas que procuran acercarse, lo más posible, a una alimentación sana y un ambiente saludable. Es gente de la ciudad de Santiago y de La Banda, que busca hacer y mantener su propia huerta y además construir jardines bonitos con plantas ornamentales, arbolado y frutales”.
“Todo empezó como un entretenimiento familiar, con amigos, que se fue convirtiendo en una oportunidad de trabajo en equipo y en contacto con la naturaleza. Hoy nuestra casa es un `punto verde` donde la gente puede aprender sobre la lombriz, sobre las plantas y sobre el cuidado de los recursos fundamentales, que son el suelo y el agua, tan preciada en nuestra provincia”, dice Celia.
Pero en realidad, aclara la ingeniera, que en su casa llevan más de 20 años usando la lombriz californiana y que sus amigos y vecinos les acercan sus residuos orgánicos -como restos de cocina o césped-, con lo que se va generando una conciencia comunitaria. Ya su abuelo Fermín fue un ejemplo en su campo ubicado en Api Pozo, Departamento San Martín, cultivando melón, sandía, higos, duraznos y verduras para consumo familiar, ya que “engordaba el suelo”-así decía él, según Celia- con el guano de las ovejas, vacas y caballos.

“Nuestra mayor preocupación está en ofrecer abonos de calidad y seguros, para que no pongan en riesgo la salud de nuestros clientes. Para eso nos valemos de conocimientos científico-técnicos con el objeto de seleccionar los materiales orgánicos (vegetales, como la algarroba, etc.) que alimentarán a las lombrices, con las técnicas más apropiadas, a fin de que el producto esté libre de metales pesados, de contaminantes orgánicos, de patógenos y hasta de semillas de malezas”, explica.
Para estar completamente seguros, aclara que “pasteurizamos ese material seleccionado, llevándolo a temperaturas que eliminan los patógenos y semillas de malas hierbas, para garantizar inocuidad”.
“Por último, realizamos la cosecha del `lombricompost`, cuando el alimento de la cuna está totalmente transformado al haber pasado por el tracto digestivo de la lombriz, cuyo nombre científico es `eisenia foetida`”.
De todo ese proceso “resulta un producto de aspecto similar a los granos de café de color oscuro y sin olor”, detalla la ingeniera, quien se ocupa del asesoramiento técnico en la producción del fertilizante y de todo lo que refiere a la producción de plantas, como maíz, hortalizas y aromáticas en terreno y macetas, huerto en cajones de madera, huerto demostrativo y de frutales como mandarinos, naranjos, pomelos, limoneros, ciruelos, parrales y melones.

Los tres integrantes de la familia se sienten satisfechos porque la gente que conoce el producto vuelve a comprarlo. A futuro les gustaría celebrar un acuerdo con la municipalidad para replicar este “punto verde” en otras zonas de la ciudad, a fin de que más vecinos, bares y cervecerías puedan acercar sus residuos orgánicos para el reciclado con la lombriz roja.
También pretenden que su lugar sea reconocido como espacio educativo para hacer talleres y capacitaciones o dar charlas a familias o alumnos de escuelas. “De ese modo, lograremos que más gente se comprometa con una mejor calidad de vida”, dice Ángel, quien además trabaja de gerente de una empresa privada. Él además invita a toda la gente a que los visite con su mate y pueda pasar una jornada amena, de aprendizaje y de intercambio de conocimientos. “De este modo podremos estimular a que más gente produzca huertos, coma más sano, fomente los arbolados, los jardines y los espacios verdes”, culmina.
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]]>La entrada Productores irresponsables: Denuncias por el uso prohibido de hormonales en Santiago del Estero, que liquidan las plantas de algodón de los vecinos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“El algodón es nuestro cultivo de origen, nuestro cultivo madre en Santiago del Estero. Pero el enemigo del algodón en este momento son los productos hormonales, el famoso 2,4-D, que está prohibido en Santiago a partir de una fecha que no se respeta, sobre todo de parte de los productores que no son de la provincia”, denunció Valdés ante las cámaras de Bichos de Campo.
Mirá la entrevista:
El 2,4D es un agroquímico muy volátil y por lo tanto las provincias del norte prohíben totalmente su uso a partir de ciertas fechas, cuando comienza a hacer calor y se multiplican los riesgos de una “deriva” del producto hacia los campos vecinos. Tan alto es dicho riesgo que incluso el Senasa a nivel nacional prohibió desde julio pasado, por medio de las resoluciones 466/19 y 875/19, “la baja automática” de los productos 2,4-D formulados con ésteres butílicos e isobutílicos. La única excepción es el 2,4-D en su formulación sal dimetil amina, que es menos volátil.

Pero este tipo de disposiciones parece haber importado poco y nada este año en las provincias del norte, donde ese agroquímico fue muy utilizado, incluso violando las fechas en las que está vedado su uso.
En el caso de Santiago del Estero, Valdés denunció que confluyeron dos situaciones: por un lado el alto precio del glifosato (el herbicida más utilizado para barbechos químicos) llevó a los productores de granos a buscar alternativas. Por otro lado, el algodón explotó. Y su siembra coincidió con la utilización masiva de estos hormonales prohibidos.
“Este año se dio un fenómeno raro, porque el glifosato triplicó su precio y entonces las alternativas de muchos productores para hacer barbecho fueron otros agroquímicos, entre ellos el 2,4-D. En esta región sur de la provincia además hay una presencia algodonera muy grande. Por eso están afectados muchos productores. La situación es grave”, definió Valdés.
-¿Y como se ven afectados los cultivos de algodón?
-Fumiga un vecino, aplica un producto que no está autorizado y eso produce graves consecuencias. Hablé con varios productores colegas y el tema es que si no llueve la planta sigue intoxicada.
-Pero no entiendo cómo afecta el 2,4-D a la planta de algodón…
-Como para que lo entienda la gente: es como si te sacaran un pulmón. La plantita de algodón se queda sin hojas, es decir sin capacidad de respirar. Eso te da mucha impotencia, porque hay una ley que no la respetan.
Pablo López Anido, un socio de Aapresid que también siembra en la zona de Bandera, denunció directamente la situación como “una catástrofe ambiental”, ya que además de miles de hectáreas del algodón recién sembrado “hay miles de árboles severamente dañados por herbicidas incluso en el centro de la ciudad”.
En Bandera Santiago delEstero está ocurriendo una CATÁSTROFE ambiental hay miles de árboles severamente dañados por herbicidas incluso en el centro de la ciudad y miles de has de Algodon afectadas por hormonales @matiaslongoni llama la atención la falta de percepción del problema pic.twitter.com/UvVuoppl6e
— Pablo Lopez Anido (@PabloLopezAnido) December 18, 2021
López Anido también ve con claridad que el mayor problema es la falta de responsabilidad de los propios productores que hacen sus barbechos sin que le importen ni las prohibiciones ni los cultivos de sus vecinos. No se trata solo de una cuestión del tipo de formulación. “Se usan bastantes los productos mejorados. Entiendo qué hay problemas de irresponsabilidades y qué hay problemas estructúrales al sistema. En torno a Bandera hay 300.000 hectáreas de agricultura continua sin interrupción de cultivos anuales, que se barbechan durante 4 meses”, explicó el productor.
-¿Y quién debería controlar que no se usen estos hormonales?– le preguntamos a Valdés en Añatuya.
-Están el gobierno y las entidades, pero es muy grande la provincia y la intención de siembra de algodón superó las expectativas. Hablan de 800 mil hectáreas, aunque de todas maneras arriba de 600 mil es mucho. Nuestra provincia ahora tiene un perfil algodonero muy marcado e incluso tenemos muchas desmotadoras trabajando en la zona, lo que le permite al productor hacer aquí todo el desarrollo del cultivo comercial. Por eso hay que solucionar este problema, que es grave y es triste verlo.
“Cuando la planta de algodón tiene 10/20 centímetros ya existe una inversión grande, y de golpe vas al campo y te encontrás con la planta toda achicharrada. Eso te desmoraliza”, resume el productor afectado.
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]]>La entrada “Un bombón para la hacienda”: Luego de pasarse una vida sobre la picadora, Jorge Diez apostó todo a su propia fábrica de pellets de alfalfa en Beltrán se publicó primero en Bichos de Campo.
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Esa capacidad fierrera quizás sea una de las razones por las que decidió levantar una empresa propia que se encuentra equipada con algunos diseños de su autoría. Se trata de la fabrica “Pellets Don Diez”, ubicada en el kilómetro 714 de la Ruta, cerca de Beltrán, en Santiago del Estero. La planta está haciendo los últimos ensayos y lista para abrir. Se especializará en la producción de pellets de alfalfa o “bombones para la hacienda”, como prefiere llamarlos el propio Jorge.
“Siempre se hacen las cosas por necesidad creo, de ahí se arranca y se aprende”, afirmó Diez a Bichos de Campo. La necesidad, en este caso, es la de alargar la vida útil de la alfalfa y mantener su calidad, desde el verano hasta el momento de su consumo en invierno, cuando los precios de ese alimento para el ganado suelen dispararse por falta de oferta en fresco.
“Es una buena manera de conservar el material. El inconveniente que tenemos en invierno es que tenemos baja cantidad de materia prima. En el verano podés almacenar. Lo que podemos hacer con los pellets es bajar el volumen y abaratar los fletes”, explicó el productor.
Mirá la entrevista a Jorge Diez:
El proceso para fabricar estos bombones consiste en cortar la alfalfa en el campo, con un determinado porcentaje de humedad, e ingresarla en una molienda que la preparará para su posterior pelletizado, enfriado y compactado. Lo obtenido se almacena en silobolsas o big bags y funcionan como alternativa de los fardos tradicionales, que muchas veces se echan a perder antes de ser consumidos.
Los pellets son destinados principalmente a los feedlots, aunque también son demandados desde el sector porcino, el ovino e incluso el equino.

-¿Por qué viniste a Santiago del Estero?- le preguntamos a Jorge Diez.
-Creo que es la mejor calidad de alfalfa que tenemos en Argentina. Es una zona ideal, los productores están sembrándola cada vez más. Acá hay feedlots muy grandes. Hay mucha demanda y apuntamos a ellos también.
Uno de los desafíos que el bonaerense reconoce es el de lograr que los pequeños productores de la región acepten sumar valor agregado a sus producciones y mecanizar la recolección, que en buena parte de los campos sigue siendo una tarea casi artesanal. Muchos productores todavía cosechan la alfalfa a caballo y hacen los pequeños fardos con malacate.
“Es un camino que hay que recorrer. De a poco la gente que se va interiorizando y va conociendo mas sobre el tema pellets. Como es tan bueno y tan accesible, mucha gente en épocas criticas quiere tener su materia prima guardada. Por ahí pasa un poco el asunto”, señaló el emprendedor.
Uno de los objetivos a corto plazo es formar convenios de trabajo con productores pequeños de la zona y realizar el picado de la alfalfa dentro de los campos, previo al ingreso de la fábrica. Eso permitiría obtener la materia prima con los porcentajes de floración y proteína justos para producir el mejor pellet posible. Además sería una alternativa para reducir los costos que muchos afrontan con el enfardado.
“Están los costos de la enfardada y el hilo. Todas esas cosas se las trasladaríamos al picado. El productor ahorraría en costos y nosotros sacaríamos una mejor ganancia. La idea es asociarse con productores para comprarles el material y alivianarles parte del trabajo, teniendo la misa rentabilidad”, sostuvo Diez.

-¿Y cuál es el plan de negocio? ¿La exportación o la venta local?
-El plan de negocio es vender donde se pueda y, si podemos, exportar. Hay potencial exportable, ahí apuntamos.
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]]>La entrada En Fernández, Santiago del Estero, se entregó el premio a “la mejor sandía”. ¿Qué se evalúa en este tipo de concursos? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Apenas llegamos a ver cómo el veterano productor “Titi” Rodríguez, del cual presentaremos material en los próximos días, cargaba en la caja de su camioneta algunas de las sandías que había escogido para participar de este primer certamen que fue organizado por la empresa Agroinsumos Ardisone.

Por fortuna, los colegas de la Revista Campo para Todos eran auspiciantes de este primer concurso a la mejor sandía y escribieron una crónica plagada de detalles y de fotografías. Nos permiten resolver la principal pregunta que nos hacíamos desde que nos enteramos de la existencia de ese certamen: ¿Qué es lo que se evalúa a la hora de premiar una sandía?
Para empezar, la actividad comenzó con la recepción de las sandías que ingresaron en la competencia. “Las mismas fueron numeradas y luego pesadas. Según el reglamento para participar debían corresponder a un material hibrido tipo redonda ovalada”, cuenta la crónica de los colegas santiagueños.
En la línea de largada, los competidores fueron los más reconocidos productores de sandía de esta zona, que suele proveer al mercado central hasta el ingreso de otra importante zona productiva, ubicada en el Cuyo. Los participantes fueron Luis Rubio, Franco Alcalde, “Mundo” Romero, Alejandro Salvatierra, Raul Alcalde, “Titi” Rodríguez, “Nano” Prados, Raúl Romero, Rafael Rubio, Mario Rubio, Miguel Viotti, Gringo Paz, Tito López, Ariel Rodríguez, Daniel Águila.

Nuestro pollo, ya lo dijimos, era “Titi” Rodríguez, que produce no solo sandías sino uno de los mejores melones de la zona, y que nos enterneció: con 80 años a cuestas, nos acompañó a recorrer los cultivos y se agachó varias veces sobre el surco sin problemas.
No nos fue bien. Pese al envidiable tamaño de las sandías que había enviado al concurso, quedó sexto. Esto nos permitió saber que el primer criterio para seleccionar a los ganaderos es el peso de cada fruta.

Cuenta la crónica del evento que no pudimos disfrutar que luego del pesaje se separaron las cinco sandías más pesadas para concursar por un segundo premio “a la sandía más dulce”. Para ello se las calaron y se extrajo la muestra para medir la cantidad de grados brix, que indican la cantidad de azucares que contiene la fruta. Aquí ganó la número 2 de Daniel Águila, con 13° Brix, para una variedad Talisman de Nunhems-Leven.
Quedaba claro que no siempre las de mayor tamaño son las más dulces.
Cierra la crónica de Campo para Todos: “Durante la cena se realizaron sorteos de obsequios a los presentes. De esta manera se dio por finalizado el concurso del que todos salieron contentos por haber participado y pasado un buen momento. Quedó en evidencia la necesidad de que se organicen más eventos de este tipo, que reúnan a las familias de agricultores en torno a una actividad en común”.

Nuestro crédito, Titi, quedó lejos de los ganadores. Sin embargo, tuvo un merecido aplauso cuando recibió un “Reconocimiento a la trayectoria laboral y la importancia que representan como productores para la zona” junto a Raimundo “Mundo” Romero, Miguel Viotti, Antonio Alcalde y en memoria de Juan Prados Rodríguez.
La próxima no nos la perdemos. Prometido.
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]]>La entrada Si una remera dice “made in Bangladesh” quizás tenga algunos hilos de algodón argentino: Desde la Cámara Algodonera se propicia un salto exportador para la fibra se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Almiroty cree que la eliminación de las retenciones a esa economía regional es una medida justa y de hecho ya estaba solicitando una corrección por el “olvido” de las autoridades, que también afectó al arroz. Afirma que además el sector necesita para consolidar su fuerte recuperación de los últimos años de una macroeconomía sana.
-Desde hace algunos años se huele como un aire de revancha del algodón. ¿Es así como parece?
-Estás en lo cierto. Después de la última gran crisis algodonera, que fue a finales del siglo pasado, cuando hubo dos o tres campañas terroríficas, el algodón queda casi como un objeto de recuerdo y de tradición. del cultivo hablaban los mayores, pero las nuevas generaciones no querían saber nada porque habían visto como sus familias se habían fundido de la mano del algodón.
-Además la soja venia arrasando con todo.
-Frente a la vedette soja hablar de algodón era absurdo. Te fundías y encima tenias la soja, con la que no paras de ganar guita en aquellos tiempos. Así que prácticamente entre 2000 y 2012 casi nos convertimos en importadores, porque por suerte nuestra industria textil a duras penas sobrevivió y teníamos que traer algodón de afuera, principalmente de Brasil, del cual habíamos sido siempre abastecedores.
Mirá la entrevista con Carlos Almiroty:
El titular de la Cámara Algodonera, que proviene de una familia históricamente ligada a la producción y el comercio de este cultivo, percibe que ahora -desde hace dos o tres años- hay un claro “reverdecer” de la actividad, que volvió a sufrir nuevos sofocones con el principio de la pandemia pero se reactivó rápidamente a escala global.
“Después del derrumbe del Covid, cuando se paró todo, el cultivo nos dio una muy grata sorpresa. A las pocas semanas seguíamos teniendo mercado y la cadena algodonera no paró. Luego, de mediados del año 2000 en adelante los precios se empezaron a recuperar. El 2021 volvió a ser un buen año”, resumió el directivo sobre ese tránsito.
En estas últimas semanas finalizaron las siembras del cultivo correspondientes a la campaña 2021/22 y las perspectivas son muy alentadoras. El Ministerio de Agricultura hace un cálculo de que se han sembrado 483 mil hectáreas en las provincias del norte, pero el presidente de la Cámara Algodonera no descarta que se haya llegado a más de 500 mil e incluso menciona algunos cálculos que se arriman a las 600 mil hectáreas.
“La siembra pinta muy bien. Todavía no hay mediciones precisas y el número final lo tendremos más cerca de mayo. Pero si nos guiamos por el run run del mercado, de distintos operadores, se está hablando de un incremento muy grande. El año pasado hicimos 420 mil hectáreas y yo pensaba en 20% de incremento, pues este año serían 500 mil. Pero se habla de números mayores y capaz llegamos a 600 mil”, se entusiasmó Almiroty.

-¿Y vamos a tener mercado para tanta producción?
-Sin duda. Este año tuvimos una cosecha de alrededor de 290/300 mil tonelada de fibra. De eso el mercado local se lleva unas 140 mil toneladas, y hoy ese saldo -que serían 150/160 mil toneladas- estamos muy cerquita de completarlo, está casi todo colocado. Siempre hay algún stock que queda, sobre todo ahora que en el campo todo el mundo retiene todo lo que puede porque no hay moneda. El productor vende a cuentagotas porque no quiere quedarse con pesos en la caja de ahorro.
-Me imagino que el gran secreto para crecer es exportar más. ¿Es posible?
-Hay que tener claro que nosotros no movemos la aguja del mercado. Podemos duplicar nuestra producción y no afectamos a nadie, porque no llegamos al 1 % de las exportaciones mundiales. Tenemos una pequeña ventaja que es estar en el hemisferio sur, y por eso siempre tenemos una ventana comercial interesante cuando terminaron las cosechas en el norte. Ahí aparece el algodón argentino, entre abril y junio, en contraestación.
-¿Y dónde lo vendemos?
-El grueso de la industria textil está en el sudeste asiático y el algodón nuestro va a parar allí: Vietnam, Bangladesh, Turquía. La Argentina ha ido un exportador histórico. La cámara se fundo en 1926, y yo te diría que nuestras exportaciones arrancan por los años 60/70. Así que el comercio mundial algodonero conoce nuestro producto,
-¿Y qué le piden al gobierno para poder crecer?- le preguntamos a Almiroty. Surge el tema de la necesidad de eliminar las retenciones pendientes. Pero además completa:
-Una macroeconomía estabilizada, es decir una macro similar al resto de los países capitalistas.
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]]>La entrada Gerardo Bielsa está presente en todos los eslabones de la cadena del algodón y afirma que es uno de los cultivos que más mano de obra aporta se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Desde Camsa, Bielsa se encarga de la siembra y cosecha del algodón, que se realiza en campos ubicados en Gancedo, provincia de Chaco, y en Campo del Cielo, en Santiago del Estero. Lo obtenido es desmotado en instalaciones propias, donde se incursiona en la tejeduría y tintorería de las fibras.

Una vez obtenidos los hilos de algodón, Conbra avanza con la confección de las prendas, su corte y su “tuneado”, proceso que agrega bordados, estampas y sublimados, entre otros adicionales.
“El algodón multiplica. Arrancas con un proceso chico que se va agrandando. Es increíble la mano de obra que tiene el proceso. Yo creo que no hay ningún proceso o cultivo que te dé tanta mano de obra como el algodón”, dijo Gerardo Bielsa a Bichos de Campo.
Mirá la nota completa acá:
Para el productor, el atractivo de cubrir todos los eslabones de la cadena está en las ganas de tener trabajo constante, que en los últimos años le ha permitido colocar sus prendas en múltiples canales comerciales.
“Con toda la cadena integrada hemos llegado a una muy buena calidad y precio, que se lo trasladamos al público. Tenemos una respuesta bárbara. Se están fabricando más o menos entre 7 y 8 millones de prendas por año. Se cortan 700.000 prendas mensuales”, afirmo Bielsa.
Y con el objetivo de lograr un proceso más sustentable, el empresario sumó una máquina recicladora que permite reutilizar todos los excedentes de tela, que llegan a ser entre 2500 y 3000 kilos diarios. Los recortes de las prendas son desmenuzados y molidos, y lo obtenido es mezclado con un 35% a 40% de poliéster, acrílico o viscosa, para hacer nuevos hilos que se emplearán en otras prendas.
-¿Qué necesitan los empresarios de la política oficial para seguir con este ciclo virtuoso?- preguntamos a Bielsa.
-Tiene que salir una nueva ley laboral que deje trabajar y que nos dé una mano. No es imposible, pero cuesta conseguir mano de obra. Hay que concientizar a la gente de que el camino es el trabajo, y dar estímulos para generar mano de obra. Las escuelas deberían hacer docencia para que los chicos sepan que todo se hace con trabajo y esfuerzo.
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