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La entrada CNA 2018: Solo una de cada cinco explotaciones rurales tiene seguro y es ínfima la participación en el mercado de futuros se publicó primero en Bichos de Campo.
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La inmensa mayoría de estas explotaciones tiene contratado un seguro contra granizo, mientras que son solamente 6.021 los establecimientos rurales que han recurrido a una cobertura multirriesgo. Hay casi 30 mil explotaciones que además cuentan con cobertura de riesgos de trabajo.
También habla a las claras de lo poco que arbitran riesgos los productores argentinos el dato de que solamente 12.452 de las 250 mil empresas agropecuarias toma cobertura de precios operando con los mercados de futuros.
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]]>La entrada La evolución de una buena idea: La cobertura para sequía de S4 será ofrecida directamente por algunas compañías de seguro se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Santiago, decíamos, tuvo una buena idea. S4 (o Solapa 4) era una empresa dedicada a la agricultura de precisión, y por eso manejaba bastante bien los flujos de información y datos que venían de los dispositivos de la maquinaria pero también de los satélites. A partir de esta idea, esta AgTech evolucionó hacia otra cosa. Diseñó la primera cobertura por índices para la producción agrícola de este país desamparado, donde los productores que pierden una cosecha por sequía o inundación no tienen de donde agarrarse.
Los seguros multirriesgo, tantas veces prometidos por el pedestal de la política, nunca prosperaron por la deserción patética del Estado a invertir en estos menesteres. Y sin subsidios oficiales sobre la prima (como sucede en otros países del mundo) esa pólizas llegan a valer de 6 a 9% del valor asegurado.
Hace un tiempo Bichos de Campo entrevistó a González Venzano para conocer la historia de esta idea de la cobertura por índices. Hace unos días volvimos a juntarnos con él para ver cómo había evolucionado. Las novedades, de cara a una nueva campaña agrícola en soja y maíz, es que confía en poder ofrecer ahora el producto a través de aseguradoras tradicionales (hasta ahora solo se podía contratar como cobertura mediante un agente del mercado de futuros ROFEX). Y que, movilizados sobre todo por la inestabilidad macroeconómcia que se apoderó de la Argentina, en S4 han decidido internacionalizarse más rápidamente avanzando hacia los países del Mercosur, especialmente hacia Brasil.
Mirá la entrevista completa con Santiago González Venzano:
En la charla, el ejecutivo repasó cómo funciona este seguros por índices. Contó que un día en S4 se preguntaron “qué había pasado con el riesgo y vimos que la industria del seguro no había incorporado tecnología. Lo que había era la póliza de granizo, que era la misma que había firmado el abuelo del productor. Es decir que hay una cultura del uso del seguro, pero los productos ofrecidos son muy chicos, solamente para cubrirse frente a un evento, cuando las grandes pérdidas en la Argentina se deben a la sequía en primer lugar y las inundaciones en segundo”.
Con información satelital disponible desde 2000, lo que hizo entonces S4 fue crear mapas de riesgo sobre la superficie agrícola argentina, primero a nivel de partidos y desde esta campaña con una grilla con celdas de 20 kilómetros por 20 kilómetros. En cada uno de esos 1.200 grillas ellos determinan el índice verde en el periodo crítico de los cultivos, que refleja de modo casi exacto el nivel de vigor con el que están creciendo las plantas sembradas dentro de ese cuadrante.
A partir de ahí, construyen un índice que sirve para determinar el posible impacto que esté teniendo en esa zona una sequía o una inundación. Si el clima juega en contra, el índice de esa campaña se alejará del índice promedio de riesgo histórico, confirmando el daño. González Venzano dice que en lo que va de esta experiencia ha habido una correlación muy grande (de 0,87 a 1) entre lo que arroja el índice construido por S4 y la caída definitiva de los rendimientos.
“Con este índice un productor puede lograr un nivel de cobertura frente a la sequía. Porque puede decir: quiero cubrir el 80 o 90% del valor histórico. Lógicamente cuando más alta sea esa cobertura más alto será el costo de la prima”, explicó Santiago. Es fácil saber determinarlo en función de la elección de cada productor: hay que entrar al sistema de S4 y buscar el cuadrante correspondiente al campo que se quiere asegurar, para conocer el índice histórico. En promedio, según el dueño de la idea, el costo promedio de una cobertura se redujo a 3%.
En la crítica campaña 2017/18, donde la sequía más brava de los últims 50 años arrasó con 30% de la producción de soja y maíz, S4 tuvo una prueba de fuego que fue bastante exitosa, ya que los 3 mil productores que contrataron la cobertura para asegurar un capital de más de 80 millones de dólares recibieron en sus cuentas bancarias, como indemnización, una cifra equivalente al 10% del capital que estaba en juego, unos 8 millones de dólares. “Pudimos comprobar que nuestro índice leyó muy bien la sequía. Si bien no era mucha, ya estábamos cubriendo más superficie que un seguro multirriesgo tradicional”, recordó González Venzano.
Luego vino la campaña 2018/19, que fue climaticamente excepcional y que además se desarrolló en el marco de una gran inestabilidad económica en la Argentina. Por eso el nivel de demanda solo se mantuvo, no creció como habían previsto. El hecho de que esta cobertura por índice se pudiera ofrecer solamente a través de un corredor o agente habilitado por el Rofex fue una gran limitante a su difusión.
Ahora se viene la campaña 2019/20. “Una novedad este año es que El Norte y Paraná Seguros -y seguramente lo hagan también Nación Seguros y Provincia Seguros-, han presentado esta cobertura como innovación a la Superintendencia de Seguros”, comentó el directivo de S4, que espera una rápida aprobación para poder salir a ofrecer el producto a través de esas aseguradoras. “Generalmente los productores agropecuarios trabajan con un productor de seguros de su pueblo, que va a estar también ofrecido esta póliza junto a la de granizo”, se esperanzó.
Además han decidido achicar la ventana para poder contratar esta cobertura hasta fines de octubre próximo, cuando todavía no son muy claros los pronósticos climáticos sobre la nueva campaña y la incertidumbre del productor todavía es elevada.
Respecto de la macroeconomía, el dueño de la idea de S4 dice que hay muy poco por hacer salvo cruzar los dedos y esperar que se estabilice cuanto antes. “Uno puede paralizarse leyendo los diarios, pero no debería dejar de preocuparse por las cosas de la microeconomía y hay que seguir buscando eficiencia en los procesos de cada empresa”, recomendó.
-¿Seguís pensando que tu idea tiene que funcionar en un país como la Argentina?
-Sí. Y es que hay una gran necesidad, que es cubrir los riesgos climáticos, que además van aumentando porque aparece todo el tema del cambio climático. Lo otro es la oportunidad, el desarrollo tecnológico que existe. Lo que hace la Internet de las cosas es aumentar exponencialmente el caudal de datos que hay que manejar y hay un enorme desarrollo de la inteligencia artificial.
Por lo pronto, mientras esperan que la Argentina recupere una senda de serenidad necesaria para que prosperen este tipo de emprendimientos, S4 ha decidio apurar su internacionalización. “Siempre nos vimos como una empresa global, pero ahora estamos apretando el acelerador en eso. Nuestro foco es Sudamérica, que es donde está el gran número de soja y maíz del mundo. En Estados Unidos (donde el Estado sí interviene fuerte en el negocio agrícola) es muy difícil pelear. En cambio Brasil es inmenso y nos da un montón de posibilidades”, relató González Venzano, que dice que allí la cobertura por índice es todavía desconocida y se ofrecería mediante la red tradicional de aseguradoras.
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]]>La entrada Sin avances concretos en la era Macri, las compañías insisten en la necesidad de tener un “seguro para catástrofes” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Llegó la cosecha récord 2018/19 y toda esa discusión volvió a quedar en segundo plano, pues la política siempre se las ingenia para que nunca parezca urgente lo que resulta verdaderamente importante. Como la emergencia climática pasó, ya no se discute tanto como antes la necesidad de contar con un seguro multirriesgo o en su defecto con la cobertura por índices que prometió implementar el propio gobierno, al menos como experiencia piloto.
Pero está llegando a su fin este periodo de gobierno y el problema persiste: la Argentina no cuenta con un sistema efectivo para permitir a sus productores seguir en carrera si los agarra una sequía feroz o una inundación de esas que todo lo tapan.
Carlos Comas, gerente de riesgo agropecuario de La Segunda, es una voz autorizada para hablar de estos asuntos y comenzar a ensayar una evaluación de lo que sucedió hasta aquí. Su compañía es una de las de mayor inserción en el sector (emite el 25% de las agro-pólizas) y tiene una larga historia, ya que nación en 1933 de la mano de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).
Mirá la entrevista con Carlos Comas:
El balance del especialista, tras una nueva gestión de gobierno, es bastante decepcionante. “Por ahora no se llegó a hacer ningún tipo de producto, ninguna cobertura, sobre todo con los riesgos sistémicos, como es una inundación o sequía. Ahí lo único que puede actuar es la Ley de Emergencia, que es muy poco paliativa”, se sinceró Comas respecto de los resultados de la Mesa de Riesgo Agropecuario armada en el ámbito del Ministerio de Agricultura.
Pero las compañías especializadas (son 25 las que tienen trato con el sector agropecuarios sobre un universo de más de 180 aseguradoras) insisten en que la Argentina no debe demorar más tiempo el diseño de una herramienta que le permita hacer frente a estos eventos sistémicos. “El seguro es un resarcimiento económico. Nosotros estamos tratando de que se puedan realizar coberturas con un seguro catastrófico, donde el Estado pueda participar con una capa y a partir de ahí construir una cobertura” más sofisticada.
-¿Y cómo funcionaría este tipo de seguro para catástrofes cuando se desata una sequía o una inundación?
-Lo único que uno de entrada debería cubrir son los costos. Para los productores esto sería muy bueno porque cuando actúa un riesgo sistémico afecta a muchísimos productores y se pierde mucho, o sea que tener los costos cubiertos para la otra campaña va a ser buenísimo. Esto está en funcionamiento en muchos países. Nosotros deberíamos arrancar por eso- contestó Comas.
Ver Hugo Rossi: “Nos tocó el triste récord de declarar 95 situaciones de Emergencia Agropecuaria”
Claro que la discusión llega siempre al mismo límite: ningún seguro de esta envergadura puede funcionar si el Estado no destina parte de su presupuesto a disminuir el costo del sistema para el productor. En rigor, según el gerente de La Segunda, en el 90% de los casos en el mundo intervienen de alguna manera los gobiernos. Solo 10% de los seguros agrícolas se hacen enteramente entre privados.
“En estos casos, el Estado funciona como agregador, logra una dispersión, y con eso uno pude bajar la tasa. A partir de ahí en forma privada cada productor puede tener la opción de incrementar los niveles de aseguramiento”, explicó el especialista.
Para tratar de cerrar la cerrada negativa de las autoridades nacionales a invertir dinero en este tipo de coberturas (siempre la excusa es el déficit fiscal), la cámara de aseguradoras ya propuso a la Provincia de Santa Fe hace un ensayo. La propuesta etsá bajo análisis y, según Comas, “ha sido muy bien vista, pero hay que esperar que se ponga en funcionamiento con alguna partida o fondo para darle impulso”.
Dos fortalezas de este tipo de políticas de cobertura básica son que se pueden segmentar para una determinada región o según la escala de productores. También que no requiere de un costoso sistema de inspecciones, ya que “creemos que la Ley de Emergencia debe ir pegada a este seguro catastrófico, porque cuando se declara la Emergencia una región que sufrió una sequía o inundación, ya actúa automáticamente el seguro”, indicó el experto.
Mientras tanto, mientras los sucesivos gobiernos no decidan dar prioridad a este tipo de herramientas, en la Argentina seguirá existiendo casi como única opción el riesgo contra granizo, que explica el 99% de las coberturas vigentes, con 50% de las áreas de agricultura extensivas aseguradas.
Tampoco prosperarán otras opciones, que Comas conoce al dedillo pues se ofrecen al productor en otros lugares del mundo, como los Seguros Índice, en los que a partir de datos se puede estimar la pérdida de rendimientos. O los seguros de lluvia, que dispara una indemnización inmediata al productor si llegara a llover menos de lo que éste necesitaba. Mucho menos los seguros de ingreso o hasta de márgen bruto que existen en países como Canadá, donde los productores llegan a asegurarse un margen de ganancia.
“En la Argentina, en seguros agropecuarios solo se puede asegurar cantidad, no el precio, porque para eso están las bolsas de comercio. Acá no está regulado todavía”, nos aclara Comas. Pero que existe, existe.
-Lo que parece claro es que sin el Estado como socios no vamos a avanzar o todo será muy lento…
-Es fundamental que el Estado esté presente. Si queremos ser el supermercado del mundo le tenemos que dar estabilidad al sistema productivo. y eso te lo da el seguro.
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]]>No será un seguro multirriesgo como aquel que prometió alguna vez Cristina Fernández de Kirchner. La alternativa de contratar para el campo un seguro como el de los autos resulta prohibitiva por lo cara. En los despachos del Ministerio de Agroindustria se calculó que tener un seguro agropecuario que incluya a la sequía y la inundación tendría un costo de entre 4.000 y 5.000 millones de pesos soplo de prima. En tiempos de emergencia fiscal, imposible destinar tanto dinero.
Cuando en 2012 Cristina advirtió que su anuncio sobre el seguro obligatorio iba a salirle tanta plata sencillamente reculó y no habló más del asunto: violín en bolsa y a otra cosa. Pero la realidad se empeña en mostrar que la Argentina no puede seguir atendiendo las emergencias agroclimáticas sin contar con mecanismos más efectivos y modernos que la Ley de Emergencia Agropecuaria, que solo ofrece paliativos.
Desde hace mucho se analiza la posibilidad de implementar un seguro multirriesgo, pero siempre la pared a chocar fue la misma: por el alto grado de siniestralidad, la prima iba a salir carísima y las empresas aseguradoras no venderían ni una póliza salvo que hubiera un significativo subsidio estatal que bajara los costos. Esa excusa se repetía como latiguillo. Durante años, décadas, no hubo avances.
En Agroindustria hay dos funcionarios empecinados en torcer esta historia, o al menos intentarlo. Son el secretario de Coordinación y Desarrollo Territorial, Santiago Hardie, y el subsecretario de Coordinación Política, Hugo Rossi, quien tiene a su cargo la administración de la Emergencia Agropecuaria. Dice uno de ellos: “Después de tantos fracasos repetir la misma fórmula sería de necios, por eso estamos pensando en otra cosa”.
¿En qué piensan? Para empezar a definirlo habría que dejar de hablar de un seguro y empezar a llamar las cosas por su nuevo nombre: el Estado Nacional trabaja en una “cobertura” que incluiría los daños provocados a los cultivos y las pasturas por los excesos hídricos y su feroz contracara, la sequía. ¿Para cuándo? En esta misma campaña 2017/18 habrá un ensayo a gran escala para cubrir a los productores más chicos de maíz en 30 distritos cuidadosamente seleccionados de varias provincias que producen ese cultivo. La idea es probar el sistema y hacerle todas las correcciones que hagan falta. Dar los primeros pasos y comenzar a generar un mercado.
Lo de la denominación, seguro o cobertura, parece una tontería pero no lo es. Si uno dice “seguro” marcha preso, porque cae inevitablemente en los términos de la actual legislación en la materia. Esa normativa instala de inmediato una serie de ítems (como el IVA, los impuestos internos, las comisiones de las aseguradoras, una tasa para la Superintendencia del Seguro, etcétera) que de inmediato colocarían el proyecto de nuevo por delante de este plan piloto a la muralla de los costos prohibitivos. Un seguro multirriesgo tradicional tiene un 10 o 12% de costos más los impuestos, explican.
La figura de cobertura por índices, en cambio, le permitirá a Agroindustria destinar el presupuesto acotado que tiene, de unos 50 millones de pesos, para este plan piloto, evitando que la prima sea excesivamente onerosa. La fórmula será firmar un acuerdo con el Banco Mundial, para que con ese dinero sea ese organismo el que licite una cobertura entre las reaseguradoras internacionales. Así la plata rendirá muchísimo más en caso de que la sequía o la inundación vuelva a ensañarse con los productores de maíz. Para empezar, no será necesario en este esquema que un inspector de la aseguradora vaya a inspeccionar los daños a cada campo. Nada más lejos que eso.
El sistema funcionaría de la siguiente manera: en base a información climática y de rendimientos disponible desde 2000, se fijará un índice de siniestralidad para cada partido que será de público conocimiento. Previamente a la próxima cosecha de maíz, en febrero de 2018, en ciertas fechas se tomarán imágenes satélites para medir el índice verde (y diagnosticar sequía) o los espejos de agua (y diagnosticar inundación) en cada uno de los 30 partidos testigo.
Si el umbral de daño detectado por los satélites supera al del índice promedio determinado para ese distrito, entonces se “disparará” la cobertura y se harán efectivos los desembolsos a los productores afectados. Pero si esos fenómenos climáticos no sucedieron y los cultivos no sufrieron daño, simplemente sucederá que el Estado habrá perdido el dinero invertido en la cobertura. Como sucede con un automóvil que no sufre robos ni accidentes.
¿Todos los productores serán beneficiados? En principio no, sería imposible. La idea es cubrir parte (cerca de la mitad) de los costos de implantación de una hectárea de maíz, poniendo el acento las primeras 50 hectáreas por pequeño productor y luego decreciendo en los porcentajes cubiertos hasta las 150 o 200 hectáreas implantadas. “Con esto se alcanza cerca del 80% de los productores, los más pequeños. Porque la idea es favorecer el arraigo”, dicen los funcionarios a cargo.
Como no se trata de un seguro individual, los productores de cada partido serán incluidos en el sistema sin poner un peso, salvo que quieran asegurar la totalidad de sus sembradíos y no solo la fracción contemplada. En ese caso deberán pagar por su cuenta la cobertura adicional. La idea en Agroindustria es “crear un mercado” que eche raíces sólidas. En ese sentido, se aclaró que las aseguradoras locales podrán sumarse al operativo luego de esta experiencia inicial, o complementándola. En una segunda etapa se incluirá además al cultivo de la soja y también a las pasturas, de modo de incorporar a los ganaderos.
Un esquema definitivo debería quedar plasmado en el proyecto de ley sobre Seguros Agropecuarios que prepara el Ejecutivo y que el Congreso debería tratar en sus sesiones de 2018 (al menos esa es la aspiración oficial), para poder contar con una nueva tanda de recursos en el Presupuesto 2019. La aspiración es que, por ejemplo, se rebaje el IVA y otros costos de este tipo de coberturas, para hacerlo más accesible.
La norma, además, crearía una comisión mixta semejante a la que hoy funciona para la Emergencia Agropecuaria, que sería la encargada de definir un plan plurianual de seguros y administrar un fideicomiso específico. Según el plan oficial, esto no significaría la eliminación del actual régimen de Emergencia y Desastre Agropecuario, pero los recursos que allí se administran se orientarían sobre todo a atender las necesidades de los productores familiares en caso de contingencias climáticas, ya que los de extensiones más grandes tendrían acceso a esta cobertura de mínima.
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]]>El Ministerio de Agroindustria busca implementar un seguro multirriesgo para cultivos extensivos. Este año se harían las primeras pruebas piloto para maíz y la intención es que el año que viene se avance con su implementación para la soja y las pasturas.
Según los anticipos, el Estado se haría cargo del subsidio de gran parte de la prima y así se reduciría el costo de los seguros para el productor. De este modo se expandiría la ayuda en caso de que hubiera sequía o inundaciones.
En los últimos años hubo quejas del sector privado porque no nunca se amplió el monto de $500 millones de que dispone Agroindustria para hacer frente a las situaciones de emergencia agropecuaria en todo el país.
La nueva cobertura funcionaría en base a índices elaborados con información disponible desde el año 2000 sobre la ocurrencia de sequías o excesos hídricos. Con esos datos se generan valores promedio que serán contrastados con la realidad en base a imágenes satelitales. Si la información relevada indica que hay una seca o inundación mayor a la que indica el índice se dispararía la cobertura.
Entrevistado por el programa Bichos de Campos (AM 630 radio Rivadavia), el subsecretario de Coordinación Política, Hugo Rossi, explicó que ya cuentan con la información técnica para realizar la pruebas pilotos en maíz. “En el caso de las inundaciones se van a tomar dos momentos, primavera y otoño (cosecha). Con el uso de las imágenes satelitales nos ahorramos el costo de la tasación del daño, que es una de las variables que encarecen este tipo de seguros”, explicó.
Rossi agregó que el Estado tomará a su cargo la cobertura ante aseguradoras internacionales y que se hará cargo del pago de gran parte de la prima. El funcionario explicó que “en el caso del maíz, y suponiendo un costo de producción por hectárea de u$s 450/500, lo que vamos a hacer es definir qué porcentaje de ese momento se va a cubrir. Podrían ser cerca de u$S 300, que es más del 50% del costo”.
Así, “dependiendo de cuánto sea el índice para la zona y el daño relevado por las imágenes, se define cuánto se paga. Si el resultado es bajo porque la seca es menor no se van a pagar los dólares sino un porcentaje. Y si es catástrofe se va a acercar a los u$S 300”, aclaró el funcionario.
La penetración del seguro multirriesgo es baja en la Argentina. También para el programa Bichos de Campo, Miguel Angel Fusco, del área investigación y desarrollo de Aacrea y especialista en el tema, dijo que “según un censo de la Superintendencia de Seguros de la Nación, cuya última información disponible es de 2015, de toda la masa (de productores) asegurada un 77,2% fue contra granizo, el 22,3% granizo con adicionales y sólo 0,85 % fue seguros multirriesgo, que es contra seca o inundaciones”.
Fusco destacó que el seguro multirriesgo no es una cobertura difundida porque su costo es alto para el productor y muy riesgoso para la aseguradora, debido a que debe cubrir superficies muy amplias. Por eso, destacó, en Estados Unidos el Estado tiene una participación importante en la cuestión cubriendo gran parte de la prima. Los subsidios pagados por esta cuestión el año pasado sumaron “u$S 4.200 millones. De cada dólar que el estado subsidió, 86 centavos fueron a los productores y 14 centavos a empresas”, agregó.
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