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La entrada Nuevas tecnologías en lechería: ¿Qué rol cumplen los operarios de un tambo cuando llegan los robots? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El objetivo era poner en práctica nuevas formas de trabajo que mejoraran los niveles de producción, así como el bienestar de los operarios. Cinco años después, los indicadores arrojan resultados positivos, cristalizados en la gran adaptabilidad de los animales a un sistema de extracción de leche ciento por ciento automatizado, y a un mejor rendimiento de los trabajadores.
Tal es el caso de Maximiliano Zenklusen, técnico en Producción Agropecuaria de la localidad de Rafaela, que desde hace cuatro años se encarga de supervisar el funcionamiento del tambo robot de la EEA local. A diferencia del ritmo de trabajo que tiene un tambero tradicional, cuya jornada de ordeñe arranca entre las tres y las cuatro de la madrugada, la automatización generada por este sistema ha permitido que los operarios tengan turnos reducidos –ingresan entre las 6 y las 7 de la mañana y se retiran al mediodía- y un menor desgaste físico.
¿Pero cómo se trabaja en un tambo completamente robotizado? Para responder esa pregunta hay que indicar, en primer lugar, que un sistema de ordeñe automatizado supone la confluencia de tecnologías de la robótica y de la información.
En el caso del mecanismo aplicado por el INTA Rafaela, se trata de uno con autonomía propia que funciona las 24 horas del día, y que gracias a sus sensores y cámaras supervisa a cada animal que ingresa de modo voluntario para ser ordeñado. Dichos sensores monitorean el estado físico de cada individuo y analizan la producción de cada pezón, la periodicidad con que busca ordeñarse y el promedio de leche extraído.
Toda la información recolectada opera sobre la dieta del animal, que recibe más o menos cantidad de balanceado en función de esos indicadores, y sobre la posterior atención veterinaria.
¿Y dónde entran los operarios? En el momento en que es necesario revisar los datos recogidos y chequear los puntos débiles del rodeo en general. En el ensayo llevado adelante por INTA Rafaela, el período en que el animal puede ordeñarse va actualmente desde las ocho de la noche hasta las siete de la mañana. Esto cambia en función de la estación del año, para evitar el estrés por las condiciones climáticas.
En un día normal, Zenklusen y su equipo ingresan al establecimiento alrededor de las seis de la mañana y observan los datos recolectados por el equipo durante la noche y madrugada. Aquellas vacas que no se hayan ordeñado deberán ser buscadas e ingresadas al sistema. Luego de que se controlan los indicadores de cada animal se procede, de ser necesario, con la atención veterinaria.
Pero no todos es análisis de información. Los operarios también llevan adelante la detección de los celos, la inseminación, el armado de las parcelas y el control del balanceado suministrado. Además supervisan la adaptación de las nuevas vaquillonas que ingresan, que por lo general adoptan el ordeñe voluntario dentro de las primeras 24 horas.
Un dato interesante es que gracias al sistema de cámaras y sensores integrados, todos los operarios pueden recibir alertas en sus celulares que les permiten continuar con el seguimiento aún estando lejos del campo.

¿Qué resultados ha arrojado este innovador sistema de trabajo? En los cinco años de funcionamiento de este tambo robotizado, que tiene en promedio a 65 animales en ordeñe, la producción ha mostrado un crecimiento más que importante. Según el último informe realizado en base a los datos de octubre de este año, cada animal produce unos 34,6 litros de leche en promedio e ingresa a ordeñarse de manera voluntaria entre 2,2 y 2,4 veces por día, número que varía en función del período de lactancia en el que se encuentre el animal. Esto supone una producción mensual de entre 60.000 y 65.000 litros, lo que triplica la media nacional.
El INTA Rafaela ya ha recibido la visita de más de 4.500 personas que en los últimos años se han acercado para analizar esta nueva forma de producción de leche.
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]]>La entrada Esteban Bilbao es especialista en aplicaciones selectivas y cree que los productores deberán incorporar esa tecnología para reducir el uso de agroquímicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Las aplicaciones selectivas, dirigidas, inteligentes o precisas –los adjetivos son múltiples-, suponen un cambio en la forma en que se trabaja actualmente con los herbicidas. Si ahora la pulverizadora ingresa a un lote y aplica herbicidas sobre el 100% de la superficie del lote agrícola, con esa nueva tecnología solo se realizarían aplicaciones en los lugares en donde se identifique puntualmente a la maleza que se queire combatir.
“Lo que se hace es poner sensores de verde al pulverizador, al famoso mosquito que fumiga. Arriba del ala se colocan sensores conectados a los picos y uno recorre el lote sin aplicar. Donde el pico detecta la maleza, se da la orden de aplicar”, explicó a Bichos de Campo Bilbao.

Las marcas de sensores disponibles en la actualidad son dos: una mide el índice verde, es decir que funciona por colorometría, y el otro mide el nivel de clorofila de la maleza a remover. En paralelo, distintas empresas se encuentran desarrollando la identificación por cámaras, que a futuro podrían sumarse a las maquinarias.
“Apuntamos a mejorar la eficiencia, y eso lo mejoramos poniendo el herbicida en donde tiene que estar. Con esto venimos midiendo ahorros del 78% en barbechos. Aplicamos entre el 20% y el 30% del lote nada más”, aseguró Bilbao.
Mirá la entrevista completa acá:
Según las estimaciones de Viento Sur, se puede llegar a un ahorro económico de 29 dólares por hectárea por año, además de una reducción en el impacto ambiental que esta empresa mide utilizando el índice EIQ de Estados Unidos.
Bilbao cree que esta tecnología será clave para comenzar a saldar la polémica por las aplicaciones, pero a la vez sabe que no alcanzará solo con esto. “Esto es biología y es evolución. Si hacemos siempre lo mismo las malezas se adaptarán. La idea es ir haciendo un manejo integrado de malezas, ir rotando en las distintas formas de manejarlas, a eso sumarle los cultivos de servicio y la rotación. Y esto, las aplicaciones dirigidas nos dan un aire muy grande para hacer un mejor uso de los herbicidas”, sostuvo el especialista.
Bilbao consideró además que esta tecnología puede ayudar en aquellos casos en donde la discusión por las aplicaciones derive hacia una prohibición total de los agroquímicos en los periurbanos, ya que el trabajo con los sensores permite hacer controles y auditorias sobre lo que se aplica en tiempo real.
De nuestro archivo: Esteban Bilbao tiene una receta para terminar con la eterna pelea sobre agroquímicos: Aplicaciones dirigidas que reducen hasta 75% el uso de glifosato
-A veces las tecnologías puede tardar en difundirse porque resultan caras para los rpoductores. ¿Cómo está este proceso?- le preguntamos al asesor.
-El costo de esta tecnología esta estanco, hace muchos años que cuesta lo mismo y las empresas están decididas a que cueste lo mismo. Probablemente cuando salgan tecnologías nuevas de marcas nuevas, sean disruptivas en la cuestión del costo. Lo que sí nos va variando es el costo de manejo de malezas. Por eso lo que antes era impagable de la tecnología, hoy se paga porque el costo creciente por malezas que estamos teniendo.
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]]>La entrada Gabriel Tinghitella, de CREA, anticipa las herramientas que llegarán al campo: “Si disponés de una tecnología que te permite reducir 80% el uso de un químico, estás haciendo agroecología” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ingeniero agrónomo egresado de la UBA, Tinghitella cuenta a Bichos de Campo que desde siempre tuvo interés por las cuestiones tecnológicas. “Ya trabajando en CREA, desde 2014 empezamos a recibir a los primeros emprendedores que venían con soluciones tecnológicas para los problemas del agro y así fue como se empezó a formalizar, profesionalizar y definir un rol nuevo dentro de la organización. Hoy hay una oferta enorme y muy variada de todo esto”, manifiesta.
Hoy el agro enfrenta una presión social muy grande, visible. Recae sobre éste la figura demoníaca por el uso y abuso de agroquímicos. Frente a esta situación, hay como dos vertientes: la agroecología promueve eliminar de cuajo el uso de ciertos insumos; mientras que la agricultura convencional promueve su reducción mediante la incorporación de distintas tecnologías.
Tinghitella explica que, frente a este dilema en su rol de productor, él prefiere explorar ambas variantes y sus soluciones concretas.
“En cuanto a la reducción en el uso de insumos, desde CREA hacemos cosas concretas a tal fin: tenemos sensores para aplicación selectiva de herbicidas, tenemos centrales meteorológicas que se integran a la pulverizadora y que nos permiten controlar las condiciones de aplicación, pero también vamos mirando de reojo los nuevos desarrollos que van apareciendo, que en algunos casos te proponen hacer control eléctrico de malezas para reemplazar el uso de químicos. También hay tecnologías que hacen control mecánico de malezas de forma selectiva y sin remover el suelo”, enumera.
Mirá la entrevista completa a Gabriel Tinghitella:
– Las aplicaciones selectivas de herbicidas parecen ser un camino concreto, ¿Es así?
-Sí. En Argentina tenés disponibles dos marcas comerciales de sensores para aplicaciones selectivas que están hace varios años, y ya hay montones de máquinas equipadas con esas tecnologías. Estas te permiten hacer aplicación selectiva, sobre todo en el barbecho, cuando no tenés cultivos en los lotes. Esos sensores van montados sobre el botalón de la pulverizadora y van emitiendo luz o bien van relevando lo que hay en el suelo y en el barbecho, y cuando aparece una maleza cambia la forma en que se refleja, y una vez detectada por el sensor, se manda una señal a una electroválvula que abre el pico para que se aplique el herbicida sólo en la zona donde se detectó la maleza, lo que genera un ahorro muy significativo en el uso de herbicidas. Todo depende del nivel de enmalezamiento que tengas en el lote, pero podés ahorrar del 50% al 90% en el uso de insumos.
– ¿Y qué grado de adopción tenemos de esa tecnología?
-Hace poco tuve la oportunidad de ver un relevamiento cualitativo de equipos que se habían vendido, y podría decirte que hay de 450 a 500 máquinas equipadas con esa tecnología. Si mirás ese número a nivel país, es un número relativamente bajo en función de la cantidad de pulverizadoras que hay dando vuelta, pero hay algunos lugares de Argentina donde la tasa de adopción de esas tecnologías es altísima. De esos 450 a 500 equipos que hay, más de la mitad están ubicados en la región del Chaco santiagueño.
-¿Por qué?
-Ahí en el norte se combinó todo para que se adoptara tanto esta tecnología. Son lotes grandes, donde mayormente se hacen cultivos en verano y donde tenés muchos pulsos de emergencia de malezas. Antes, cada vez que entrabas al lote tenías que fumigar todo, pero ahora tenés a disposición una tecnología que te permite entrar dos o tres veces, y en cada aplicación quizás pasás a usar el 15% o 20% de lo que usabas antes. Ahí se dio la tormenta perfecta en nivel de adopción tecnológica. Y luego de ver el beneficio en esa zona ves como empieza a diseminarse hacia otras regiones.

-El beneficio no es solo ambiental, sino también de costos. ¿Reducís mucho los costos de agroquímicos en los márgenes?
-Totalmente. Por lo menos en aplicaciones de barbechos estás haciendo un ahorro del 80% en el uso de agroquímicos. El riesgo de deriva también se reduce 80% y hasta tenés 80% de ahorro en el uso de agua en el pulverizador. A su vez, tenés muchos menos viajes de bidones con agroquímicos por las rutas, de modo que yo veo que los beneficios son para el sistema en general.
– ¿Crees que esto se generalizará dentro de un par de años?
-Yo creo que sí, porque implica correr la carrera de la eficiencia. Vos calculá que en algunos lugares y en algunas condiciones particulares, ese ahorro en el uso de insumos que te permite esa tecnología quizás explica tu margen como productor.
-Con la aparición de las malezas resistentes me imagino que el peso económico de los agroquímicos en la ecuación de los productores es mucho más grande que antes…
-Si, y en el último tiempo se ve mucha aparición de malezas tolerantes y resistentes. Otro beneficio que te dan estas tecnologías, por ejemplo, es que podés elegir un herbicida más específico que generalmente es un poco más caro, pero como lo usarás en dosis menores podés permitirte su uso.
-¿Entonces finalmente la tecnología terminará resolviendo este dilema del abuso de agroquímicos? ¿O será en combinación con la agroecología? De hecho, estamos incorporando algunos principios de ésta, por ejemplo con la incorporación de los cultivos de servicio y más rotaciones.
-No son excluyentes para nada. Tranquilamente podés hacer un control de malezas en barbecho por competencia sembrando un cultivo de servicio, pero también hay casos donde hay utilización combinada de las dos herramientas. Y hay lugares donde tenés que recurrir a estas tecnologías porque quizás en el invierno, que es cuando normalmente sembrás los cultivos de servicio, no tengas agua para implantar el cultivo. Entonces en ese caso recurrís a una solución más tecnológica, pero de ningún modo creo que sean caminos excluyentes. Si disponés de una tecnología que te permite reducir el 80% o 90% del uso de un químico estás haciendo agroecología en cierta forma.
– ¿Qué haría falta en Argentina para que esta adopción sea todavía más rápida y se pueda resolver de modo amigable la presión social en materia de uso de agroquímicos?
-Una de las cosas que sucede con las tecnologías digitales es que te permiten dejar registro de todo lo que hacés, y eso ayuda mucho porque objetiviza los hechos, permite documentarlos. Por ejemplo, estas centrales meteorológicas que se integran a la pulverizadora te permiten monitorear temperatura media a la que se está aplicando, así como también la velocidad y dirección del viento, además de poder monitorear cómo está trabajando el equipo. Combinando todo eso podés obtener otros datos interesantes. Por ejemplo, cuál es el riesgo de deriva o de inversión térmica cuando aplicás, y entonces podes fijar umbrales o alertas. Con esto dejás de hablar en el aire porque ya generás datos.
-Digamos que hasta ahora muchas prácticas se hacían casi por ‘conocimiento vulgar’, pero hoy podés obtener parámetros objetivos que te van a decir si lo estás haciendo bien o mal las cosas.
-Sí. Al menos podés tener la referencia de lo que te indica la ciencia y vas a poder tomar decisiones en función de esos umbrales. Lo que te garantizan estas tecnologías es poder tomar decisiones de acuerdo a lo que la biblioteca te marca como correcto.

– ¿Le ves salida por ese lado respecto de la presión social que sienten los productores?
-Creo que ayuda mucho, y luego veo que más allá de estas herramientas a disposición para ser más eficientes en el uso de los agroquímicos, empiezan a aparecer soluciones nuevas que proponen correr a los insumos de la ecuación y ofrecen alternativas nuevas. Por ejemplo, lo que te mencionaba de empresas que trabajan en control eléctrico de malezas.
-¿Ya están aquí?
-Hay una empresa en Argentina que trabaja en eso, pero varias en el mundo ya lo hacen. Hay otros que proponen control de malezas con láser; otros que están desarrollando soluciones para que con el sensor puedas detectar la maleza y hacer control mecánico dirigido solo en la zona donde la detectaste. Hay como un almácigo de soluciones nuevas que está sucediendo ahora. Esto no es nada ajeno para nosotros. El año pasado tuve la oportunidad de viajar a Agritechnica en Alemania, y ahí conté más de 30 empresas que están ofreciendo soluciones con foco en malezas para otro tipo de campo, para extensiones más pequeñas como se da en la Unión Europea. Son productos que están casi disponibles, solo falta liberar alguna cuestión de regulaciones para permitir su comercialización.
-¿Y en Argentina cómo estamos?
-Acá en Argentina quizás venimos un poco más atrasados pero ya empiezan a aparecer equipos. En la última edición de Expoagro una firma presentó una plataforma autónoma para control de malezas en cultivos. No era mecánica, era química, pero digo que la robótica llega para cualquier tipo de escala y sistema de producción.
-Hablamos mucho de malezas. ¿Se podrá también pensar en algún tipo de tecnología para reducir los insecticidas, fungicidas u otro tipo de insumos químicos?
-Eso está un poco más atrás de lo que conozco, pero sí sé que hay algunos desarrollos. Para control puntual de enfermedades se están explorando algunas soluciones con luz ultravioleta. Es decir, en lugar de hacer aplicación de agroquímicos están haciendo pasadas de máquina para iluminar cultivos con pulsos de luz ultravioleta. En insectos hay un caso interesante de combinación de principios de agroecología con tecnología. Por ejemplo, para controlar orugas en soja se busca distribuir unas avispas que son parásitos que oviponen en las orugas. Pero el problema que tiene el control biológico para hacerlo a gran escala es la distribución del predador natural. Entonces se está desarrollando tecnología para que una pulverizadora o un dron recorra un campo, distribuya unas pelotitas de plástico perforadas que por dentro van impregnadas con los huevos de esas avispas parásitos que están a punto de eclosionar, y entonces distribuís todo eso en el campo. Cuando se suman los grados que le faltan a los huevos que están precriados, eclosionan, salen por los agujeros de esas bolitas de plástico y hacen su tarea estando distribuidas en todo el lote. Ese es un caso interesante. Hay una experiencia en Uruguay que tuve la posibilidad de conocer, y aunque esté aún en proceso de desarrollo, hay gente que ya lo está explorando.
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]]>La entrada ¿Vos sabés todo lo que sucede dentro de un invernadero? Un desarrollo de estudiantes platenses permite un monitoreo continuo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El objetivo del trabajo fue mejorar la producción y reducir los riesgos fitosanitarios en cultivos bajo cubierta. El equipo interdisciplinario de la UNLP creó una plataforma que brinda un servicio integral para el productor agropecuario. La plataforma, denominada Pliot, facilita la automatización de tareas repetitivas realizando acciones de monitoreo y control en invernaderos.
El diseño consiste en una red de sensores y actuadores, conectada de forma inalámbrica dentro del invernáculo y enlazada a un servidor. El invernadero envía datos a la nube (internet) y el software permite la visualización de distintas variables para que luego se puedan ejecutar distintas acciones.
“Pliot surge frente a una necesidad del cordón frutihortícola bonaerense, pero puede adaptarse a cualquier tipo de producción de cultivo bajo cubierta. Si bien apuntamos en primera instancia a las plantineras, que poseen más tecnología que los invernaderos, este sistema también puede usarse en hidroponía, floricultura y para la producción de flores ornamentales”, detalló Federico Raggio, estudiante de Ingeniería Electrónica.
Según el joven, una primera versión del sistema se encuentra hace más de un año en funcionamiento y con grandes resultados obtenidos en una importante plantinera de la capital bonaerense. El equipo de la Universidad tiene una alianza estratégica con dicho vivero con el fin de trabajar en conjunto y mejorar el producto.
“Con el objetivo de ofrecer un buen servicio, al grupo se fueron sumando integrantes de distintas especialidades. Se incorporó un ingeniero agrónomo para poseer un conocimiento exhaustivo de cómo afectan a la producción las distintas variables a medir y las acciones a tomar en consecuencia, además de ser el nexo con la industria del agro. También se sumó un estudiante de Ingeniería Industrial con la idea de tener un mejor manejo del emprendimiento; y una estudiante de Diseño en Comunicación Visual porque estamos convencidos de que la apariencia externa interpela al usuario, facilitando el uso del mismo. El buen diseño nos ofrece un balance entre usabilidad y funcionalidad, logrando un aporte de valor al proyecto”, afirmó Raggio.

Además del estudiante forman parte del equipo los alumnos Bautista Bertone (Ing. Industrial), Danilo Parra (Ing. Electrónica), Francisco Quarin (Ing. Electrónica) y Juan Cruz Scatuerchio (Ing. Electrónica). También lo integran el Ing. Electrónico Martín García Zambon; la estudiante de Diseño en Comunicación Visual de la Facultad de Artes, Micaela Quarin; y el Ing. Agrónomo de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales, Torcuato Saino.
Francisco Quarin detalló que el sistema “permite hacer mediciones como humedad ambiente, temperatura ambiente, humedad del suelo, radiación solar y emisión de gases. También la automatización de aperturas cenitales de los invernaderos y la automatización del sistema de calefacción y refrigeración de plantineras. Además puede realizar un seguimiento más exhaustivo de la producción evitando riesgos del personal y controlar las distintas variables fuera del horario de trabajo”.

El decano de Ingeniería Horacio Frene destacó “el aporte al desarrollo tecnológico de estudiantes y graduados de la Facultad para dar respuesta a una necesidad del sector frutihortícola”. Y celebró la participación del equipo multidisciplinario de la UNLP en el certamen. El Concurso de Planes de Negocio de Base Tecnológica IB50K, organizado por el Instituto Balseiro y la Universidad Nacional de Cuyo, premia con más de 50 mil dólares a las iniciativas tecno-emprendedoras de jóvenes estudiantes terciarios, universitarios y profesionales noveles.
Cabe mencionar que los ocho planes de negocios seleccionados pasaron por un proceso de evaluación técnica y económica a cargo de tecnólogos, investigadores y expertos en negocios. La final tendrá lugar el 27 de noviembre y se realizará de manera abierta al público bajo la modalidad online.
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]]>La entrada El sueño de tener un campo totalmente conectado: Desde Less incorporan sensores y telemetría a todo lo que se imaginan se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Vimos que había muchas variables que no se tomaban y que con sensores e internet de las cosas se podía empezar a medirlas para tomar luego mejores decisiones”, resumió García Marra en Bichos de Campo.
Aquí la entrevista completa con el ingeniero electrónico:
Con el correr de los años, estos jóvenes están convencidos de que tenían razón: en el agro hay muchísimas cosas que pueden generar datos, que se pueden medir, y que por lo tanto permiten entender mejor lo que sucede, para a partir de esa compresión generar soluciones.
En esta avanzada hacia una agricultura inteligente, uno de los productos de Less que está teniendo éxito es una lanza para silobolsas. Se trata de un dispositivo plástico que se clava en el silo luego de armado con la función de que monitoree permanentemente el nivel de temperatura, humedad y dióxido de carbono del grano almacenado.
El dispositivo está calibrado de una forma tal que si alguna variable de esas se mueve demasiado le envía una alerta al productor o acopiador, para indicarle que algo anda mal y se puede -por ejemplo- haber abierto la bolsa. Todo en pos de atender rápido el asunto y no perder el valioso capital allí almacenado.

Otra área en la que han incursionado con éxito es en todo lo que tiene que ver al riego para cultivos intensivos y también los extensivos. Estos dispositivos tienen el propósito concreto de medir el suelo constantemente para llevar a cabo la mejor gestión del agua, aplicar en el momento justo y la cantidad adecuada.
El sistema está preparado para utilizarse en conjunto con una estación meteorológica sin partes móviles con hasta diez diferentes variables medidas, incluyendo velocidad y dirección del viento, precipitación y radiación UV, entre otras. Los equipos pueden alimentarse con paneles solares.

García Marra ve una infinidad de solucione que pueden llegar al agro de la mano de los sensores. “El único tema es mejorar la conectividad en los campos, porque existen muchos sitios sin internet todavía”, bregó.
“Pero pienso que a futuro todo esto va a crecer. Ya podemos ver que con la agricultura de precisión está todo cada vez más automatizado. Combinando sensores con inteligencia artificial, será muy útil para la toma de decisiones”, se ilusionó.
En el camino de medir todo, de todos modos reconoció: “Una gran limitante que vemos para escalar hoy es la medición en tiempo real de la fertilidad de los suelos, es muy difícil todavía de calibrar por las diferentes texturas de los suelos. Pero ese sería como encontrar el Santo Grial para la agricultura”, imaginó.
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]]>La entrada El caso Smart Farming: Alejandro Palladino está convencido de que la revolución digital de la agricultura puede aplicarse también en la lechería y la ganadería de carne se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Hacía falta dar una vuelta de rosca a nuestro laburo habitual, y notamos que los cuellos de botella están en el manejo de la información”, dijo Palladino a Bichos de Campo. Este profesional venía de coordinar nada menos que el área de lechería de los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA). La información es oro en polvo para él.
Mirá la entrevista completa a Alejandro Palladino:
“En CREA hay una buena base de datos de tambos y me tocaron hacer algunos análisis estadísticos, donde encontramos que no necesariamente el resultado económico de una empresa estaba asociado al sistema de producción”, indicó Alejandro.
En este punto Palladino aclaró que “una discusión permanente en la lechería es precisamente cuál es el mejor sistema de producción. Nosotros encontramos que dentro de los 10 tambos top de resultado económico, había 10 sistemas de producción diferentes, ya fueran muy pastoriles o muy encerrados. Cuando mirabas en detalle, lo que marcaba la diferencia entre ellos era el nivel de gerenciamiento”, explicó.
“Cuando entrabas a estudiar el caso de cada uno de estos tambos top, claramente se veía que tenían una gestión de la información muy grande”, remarcó el ingeniero agrónomo y consultor en nutrición y alimentación de vacas lecheras. De allí surgió la idea de comenzar a trabajar fuerte en la captura de datos también en el sector lechero y el ganadero.
Ver: Comederos inteligentes: lo último en ganadería de precisión
En Smart Farming elaboran tableros de comando smart, que toman los datos generados por diversos sensores y distintas fuentes de una empresa, y los unifica en una base de datos común. Luego transforman esos datos en información para la toma de decisiones, logrando mejorar los resultados de cada empresa. Eso es al menos lo que prometen.
A modo de ejemplo de la importancia de analizar la información en una empresa ganadera, Palladino describió que “hoy un robot de ordeñe tira el flujo de leche de cada vaca. Nosotros podríamos decidir aumentar el número de vacas que admite un robot, seleccionando aquellas que se ordeñan más rápido, debido a que liberan el robot más rápido. Eso nos permitiría tener más ordeñes. Esa es una herramienta que está disponible y casi no se utiliza, más allá de que la robótica sea nueva en el país”.
Para el investigador del Conicet, “el gran valor está en cruzar las distintas bases de datos, los distintos software, la visión más sistémica, dado que cada software y sensor resuelve un problema puntual, y muchas veces el problema que te marca un sensor, te proviene de otro sector”.
Palladino volvió a ejemplificar el hecho de ganar valor sistémico en la cadena ganadera, y expresó que “en el robot de ordeñe es muy importante el flujo de los animales, pero, hacer que las vacas caminen para llegar al robot dependen de un montón de cosas, entre ellas, los horarios en los que se les da el alimento. A partir de un dato como el bajo número de pasos por puerta, terminamos identificando que el problema está afuera, porque el tambo no tiene bien organizada toda la logística de distribución del alimento, entonces los animales no pueden llegar de forma consistente al robot”.
“Pequeñas variaciones de una hora en el suministro de comida de vacas en el tambo, hace que el circuito de circulación al robot de ordeñe se altere, y entonces baja la producción y se generan cuellos de botella. Por eso es clave transformar ese dato en información, y esa información en una toma de decisión. Eso es lo que tratamos de resolver”, respondió Palladino.
Para el agrónomo, este desarrollo implica “un cambio en el modelo de negocio de un consultor, donde generalmente en los trabajos tradicionales uno llegaba, juntaba información disponible, de calidad que nadie sabía, y se tomaban decisiones en función de lo que se veía y de la experiencia”.
Para Palladino, esto reconvertirá a los contratistas y asesores a la era digital, como analistas de datos. “Nosotros estamos en este momento, diseñando un software para levantar datos de forma sencilla, que hoy están en un cuaderno Gloria. El hecho de poder saber cómo varía la producción de leche en el día a día nos da un montón de información, y estamos hablando de un dato que tiene todo el mundo, pero generalmente las empresas se sientan a fin de mes a ver cómo les fue”, explicó.
La entrada El caso Smart Farming: Alejandro Palladino está convencido de que la revolución digital de la agricultura puede aplicarse también en la lechería y la ganadería de carne se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada En Cordoba ensayan con sensores en los silobolsa, que avisarán a las patrullas rurales si alguien anda cerca se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La iniciativa comenzó a implementarse en la ciudad de Río Cuarto y fue anunciada por el ministro de Seguridad, Alfonso Mosquera, y el ministro de Agricultura y Ganadería, Sergio Busso.
El desarrollo de los hardware y software estuvo a cargo de tres empresas cordobesas: Arbot, Landtech Dexel S.A y Soft Selection, según detalla la información suministrada desde Casa de Gobierno.
Los dispositivos estarán disponibles para todos los productores de la provincia y, según la información oficial, son fáciles de instalar, económicos, flexibles, adaptables, regulables, bidireccionales, seguros y encriptables.
En un parte de prensa, el ministro Mosquera destacó que la prueba del dispositivo fue “auspiciosa y nos parece eficaz”, y si bien manifestó que el sistema está en desarrollo, “Córdoba se pondrá a la vanguardia en materia de seguridad en silobolsas”.
“El sector agropecuario y Córdoba son una misma cosa y por supuesto todo lo que pueda hacer el gobierno provincial en favor de la producción, que es nuestra columna vertebral, lo haremos”, aseveró el funcionario provincial.
Busso resaltó que la provincia tiene “Patrullas Rurales, que son ejemplo de trabajo conjunto entre productores y fuerzas de seguridad, pero es importante sumar también el avance tecnológico que complementa la labor”.
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]]>La entrada Horticultura 4.0: Daniel Tawil promueve poner sensores desde el invernadero hasta la góndola se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Esos datos se suben a la nube (Big Data), se procesan y son bajados y tomados por varios actores de la cadena para medir variables, prevenir enfermedades, y hasta tener información puntual de la empresa productora y del lote, en una suerte de trazabilidad. “El que entra en esta tecnología va a ir a paso lento, pero hacia adelante”, afirmó a Bichos de Campo Daniel Tawil, un ingeniero agrónomo que apuesta fuerte a la introducción de estas innovaciones.
Hace más de 10 años Tawil fundó una fundación llamada Horticultura Argentina Sustentable, con una rama social puesta en los trabajadores, y con otra puesta en el desarrollo de la bio-horticultura, donde trabajan con abejas para polinizar y no usan agroquímicos. También incursionó en hidroponia, donde ha visto buenos resultados.
Y aunque la escasa conexión a internet que hay en el medio rural no siempre ayuda, Tawil ya se imagina en funcionamiento una red recolectora de datos en el cinturón del Gran La Plata, uno de las regiones hortícolas más importantes que tiene la Argentina. Allí, asegura, “hay una cantidad de horticultores que están dejando la informalidad. Las terceras generaciones están empacando en origen, con maquinas tamañadoras, y utilizando riego por goteo computarizado”, agregó.
“De este modo, las empresas van a convivir con mucha información virtual. Cuando cada sector implemente esto, partiendo desde el productor en el origen de la cadena, hasta llegar al transporte y recepción en grandes supermercados o en el Mercado Central, llegará un momento en que tendrás una facilidad de trazabilidad, y el consumidor podrá ingresar y ver, desde el nombre de la empresa, hasta el lote e historial del producto”, puntualizó.
Mirá la entrevista completa a Daniel Tawil:
Una de las ventajas de este sistema, de acuerdo al agrónomo, es que, “aplicado al periurbano de La Plata, se podría habilitar a unos 100 productores a levantar información de sensores o de plataformas, e incluso tomar ellos las fotos por celular o tablet, y esa tecnología podría llegar a la estación de Gorina. Se podría medir temperatura y humedad, la presencia de insectos, y hasta cuáles serían las condiciones predisponentes de enfermedades para prevenir que se expandan a las zonas de producción”.
Tawil, que estuvo cuatro años en Israel, donde se especializó en genética del tomate y luego de regreso a la Argentina desarrolló el tomate cherry junto con los israelíes, explicó que la información más útil para recoger y analizar de parte de un horticultor tiene que ver con variables relacionadas al clima.



“El año pasado hicimos un monitoreo permanente de temperatura y humedad a través de sensores, pero si a estos les cambiás el bulbo, podrían funcionar como tensiómetro y medir cantidad de agua del suelo. Es decir que los sensores pueden ir cambiando sus bulbos de acuerdo a las variables que quieras registrar y subir de modo online o diferido”, remarcó.
A modo de ejemplo de que, a medida que se van usando los sensores, se pueden controlar más y mejor las variables climáticas, Tawil relató que “en febrero de 2019, en el periurbano de La Plata detectamos 50 grados centígrados debajo del invernadero, y en esas condiciones, las resistencias genéticas de la semilla se bloquean. Entonces se generan conflictos entre quien compra y vende esas semillas. Los sensores te alertan el tema de la temperatura, para que puedas mejorar esos estándares de sanidad”.
Otra de las incorporaciones que pueden hacerse en un invernadero, según Tawil, es la de un “fitomonitoreo” de plantas.
“Por ejemplo, en el tomate podés poner un aparato que mide de manera online el crecimiento del diámetro, lo que te permitirá ajustar variables como el riego, si agregás un tensiómetro y entonces podrás saber si estás regando demás o bien si estás dilatando el crecimiento”, desarrolló.
Además de los sensores, Tawil mencionó la posibilidad de conectar a una plataforma, que toma el GPS del celular; y mediante la cual, a medida que se recorre el lote, se pueden tomar imágenes que ayudarían a detectar una enfermedad, referenciar el foco de la misma, y entonces, a la hora de aplicar determinado producto, pulverizar solo en ese foco cerrado, y no en todo el invernaculo. “Ahí ahorrás producto y estimulás las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA)”, remarcó el ingeniero agrónomo.



No es una tecnología que avance a pasos agigantados. En la horticultura generalmente los ciclos tienen siete años, pero si de algo está seguro Tawil, es de que las nuevas tecnologías agropecuarias ya están presentes en la horticultura. Si desean contactarse con Daniel Tawil, pueden hacerlo enviando un mail a su correo electrónico daniel.tawil@gmail.com
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]]>El fundador de Smartium Agro, Andrés Travacio, explicó a Bichos de Campo de qué se trata. “Hacemos Internet de las Cosas para el Agro, lo que significa conectar cualquier dispositivo a internet, y así una persona pueda seguir una vaca, una maquinaria, el estado del suelo o del clima. Todo desde su casa y a control remoto”.
El producto estrella de Smartium Agro y uno de sus primeros lanzamientos es un sensor lanza para silobolsas. E aparatito, en realidad, tiene múltiples sensores de humedad, temperatura y hasta de dióxido de carbono. Envían datos que, leídos por algoritmos inteligentes, detectan problemas de calidad y seguridad del grano almacenado en tiempo real. “Mide la calidad del grano almacenado, pero no sólo eso, sino que, ante casos de rotura del silobolsa te manda un alerta”, describió Florencia Bonicelli, integrante del equipo Smartium Agro.
Mirá la entrevista completa a Florencia Bonicelli y Andrés Travacio:
“Smartium es una mezcla de dos mundos, el del campo con el de la tecnología, con particularidades muy diferentes entre uno y otro, y a veces entendernos entre uno y otro es complicado. Congeniar todo eso y alinear equipos lleva tiempo”, apuntó Travacio. “La idea es que los productores puedan tomar mejores decisiones y optimizar su trabajo en el día a día”, agregó Bonicelli.
El corazón de Smartium Agro, según Travacio, es el de “potenciar tecnologías que no son desplazadoras de trabajo en el campo, sino que todas las capas de información que vamos generando le permiten al productor hacer Inteligencia Artificial, usando muchos menos recursos”.
Dentro de la paleta de productos de la empresa también hay estaciones Meteorológicas (LoRAIN e iMetos ECO D3), que brindan al productor parámetros de lluvia, humedad y temperatura, y que permite planificar, organizar y optimizar las tareas y los tiempos, con resultados económicos.


“Tenemos dos estaciones, una más simple y otra más compleja. La básica mide temperatura, humedad y pluviómetro, y te manda alertas para tomar decisiones. Y la más compleja es del tipo agronómica, ya que mide intensidad y dirección del viento, con lo cual favorece decisiones de aplicaciones de productos”, desarrolló Travacio, y resaltó que “al ser datalogger, permiten incorporar otro tipo de sensores como los freatimetros para medir la influencia de la napa”.
Acerca del grado de adopción tecnológica de parte de los productores, Travacio reveló que “el INTA viene haciendo un trabajo muy interesante desde 1980 a la actualidad, en donde evalúa cómo es la curva de adopción de distintas tecnologías por parte del productor argentino, y hay un abismo entre las tecnologías blandas y las duras como el caso de la maquinaria. La predisposición a incorporarlas es totalmente diferente”.

Travacio recordó que con los sensores empezaron en 2013 con una tecnología israelí. La probaron en unos campos pero vieron que las prestaciones de esa tecnología no eran las adecuadas para la situación de Argentina por las grandes distancias que había que cubrir.
“En Israel había campos con menores superficies y acá había que cubrir cientos de kilómetros. Además, la distancia entre poblados es larga, y al tener baja densidad poblacional se complica. No podés poner una torre al lado de la otra. Hoy lo vivimos con la cobertura del servicio de celulares”, explicó.
Por esa geografía de Argentina, de baja densidad poblacional y grandes distancias, desde la empresa notaron que esa primera tecnología incursionada no fue buena, razón por la cual empezaron a ensayar otra tecnología de comunicaciones, que es la que usan actualmente. Se llama LoRa. “Hay una alianza global y también para Argentina y América del Sur hay una banda o frecuencia especial asignada, que está homologada. Entonces seguimos esos protocolos”, remarcó Travacio.
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