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La entrada Marcelo Rossini tiene una planta de biodiésel en Piamonte, Santa Fe: “Estamos haciendo un esfuerzo enorme para que mis 30 empleados no queden en la calle” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Hay cerca 33 plantas de biodiésel en Argentina que ven un futuro negro por delante. Las hya muy grandes, pero también muy chicas. Uno de esos casos es el de la planta de Marcelo Rossini, ubicada en Piamonte, Santa Fe. “Estamos haciendo un esfuerzo enorme para que mis 30 empleados no queden en la calle, pero no podemos trabajar 15 días y parar otros dos meses”, dijo el empresario en diálogo con Bichos de Campo.

Rossini comentó que su empresa viene mal desde 2018, cuando se enfrentaron a la primera devaluación en el país. Luego, con el advenimiento de la segunda devaluación luego de las elecciones Paso de 2019 y con la disparada de tasas de interés, se vieron obligados a pedir concurso preventivo para poder darle solución a su complicada situación financiera, dado que se les dificultó afrontar los costos crecientes de la materia prima con que trabajan para elaborar el biodiésel, que es el aceite de soja. Y que cotiza en dólares.
“Ahora que la soja llegó a 600 dólares, el aceite de soja vale mas de 900 dólares la tonelada, y para pymes como la nuestra es imposible costearlo, no nos dan los costos y esto nos pasa hace mucho tiempo”, explicó el empresario.
Rossini comentó que el aceite de soja esta expresado en dólares y las petroleras a ellos les pagan en pesos el biocombustible para el corte obligatorio del 10% del gasoil. “Esto siempre fue así, pero ante una adversidad o devaluación del 40% la empresa entra en ruinas. Cualquier pyme pierde dinero con el actual costo de la materia prima. Hoy no sabemos cómo sostener los puestos de trabajo”, manifestó.
La firma de Rossini, Energías Renovables Argentinas SA (ERA), además de fabricar biodiésel tiene otras unidades de negocio tales como la distribución mayorista de combustible, la operación de tres estaciones de servicios, lubricantes y agro productos. Eso le permite aliviar algo las cosas.
¿Qué opinan los productores de biocombustibles sobre la prórroga por 60 días del régimen vigente?
Rossini destacó la ayuda que le brindan tanto la Cámara Santafesina de Energías Renovables (Casfer) como la Cámara de Empresas Pymes Regionales Elaboradoras de Biocombustibles (Cepreb) y los proveedores de aceite de la zona a los que les compran. “Todos ellos nos ayudaron muchísimo, sobre todo Sergio Bernardi, presidente de la Cámara Industrial de Extrusado y Prensado de Santa Fe (CIDEP). Tanto a él como a otros extrusores de la zona les compramos el aceite de soja y no tengo palabras de agradecimiento con ellos”, expresó.
¿Por dónde pasaría una posible solución? Rossini declaró: “Más allá de que estallamos en el gobierno anterior de Macri, creo que no hay que ponerle nombre y apellido a ningún gobierno como responsable directo. Hoy nadie tiene en cuenta a la materia prima nuestra que es el aceite de soja. Por eso yo creo que tenemos que tener una ley tiene que esté atada al costo del aceite y luego debemos sentarnos entre todos para buscarle la vuelta, petroleras, cámaras de biocombustibles y políticos”.
Para Rossini hay una evidente falta de entendimiento entre las partes que deben tomar las decisiones. “Hay que poner reglas de juego claras. Quizás, pienso, una solución sería darles impuestos diferenciales a las petroleras de modo tal de incentivarlas a que nos compren el biodiésel para cortar sus naftas. Pero esta situación tiene que terminar. Es una locura trabajar 15 días y parar dos meses. Estamos todos desanimados, hasta los empleados. Necesitamos que se llegue a un número que nos cierre a todos”, enunció.

En cuanto a la errática publicación de los precios del biodiésel, que deben ser fijados por el propio Estado, Rossini recordó que hubo valores fijados a inicios de 2021, lo que les permitió trabajar durante el primer trimestre, pero con la posterior suba del aceite perdieron rentabilidad y tuvieron que parar nuevamente la producción.
ERA comenzó a operar en el año 2011 y da trabajo a unas 30 personas de modo directo y a otras tantas de modo indirecto, mas las empresas de transporte que contratan para que les haga llegar el aceite de extrusadoras de la zona cercanas a su planta.
Hasta el 15 de abril de este año en Rossini pudieron entregar biodiésel a las petroleras. “Por tonelada nos pagaban aproximadamente 900 dólares, pero en ese momento el aceite valía menos, estaba algo de 700 dólares, entonces había una relación. Ahora el aceite subió y esto nos deja fuera de margen”, resumió.
“Esto no es en contra de ningún actor puntual sino que involucra a muchas personas. Hay que dejar de discutir en torno a partidos políticos. Es muy importante aplicar una política de promoción de los biocombustibles”, concluyó Rossini.

Desde el sector piden un debate amplio y un tratamiento que remarque la importancia de los biocombustibles para el desarrollo de las economías regionales, pero ahora no reina más que la incertidumbre porque desde hace tiempo que no se respetan los precios ya fijados ni los cupos.
Hay una veintena de iniciativas acumuladas en el Congreso que están frenadas. A su vez, para sumar más incertidumbre, desde el oficialismo impulsan un proyecto de ley que propone cambiar el esquema actual, bajando los porcentajes de corte de biodiésel con gasoil del 10% a un rango ubicado entre el 5% y el 3%, según lo disponga la Secretaría de Energía, mientras que el corte obligatorio de bioetanol elaborado con caña de azúcar con nafta se mantiene en un 12% pero podría pasar al 6% según lo decida Energía.
Si se aprobara ese proyecto del Gobierno, muchos empresarios piensan que la industria bioenergética entraría en decadencia. Lo más probables es que Rossini forme parte de ese proceso. Su localidad, Piamonte, tiene menos de 4.000 habitantes que de seguro la extrañarían.
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]]>La entrada En tiempos de diversidad, las extrusoras siguen batallando para que se las reconozca como “algo distinto” de las grandes aceiteras se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Sergio Bernardi, presidente de la Cámara Industrial de Extrusado y Prensado de Santa Fe (Cidep), es uno de los que se ha cargado al hombro esta batalla para convencer a los funcionarios de gobierno que no se puede tratar igual a quienes son en esencia diferentes. Lo entrevistamos en el tercer seminario internacional de extrusores realizado en esa provincia. Y allí insistió: “Lo nuestro no es harina de soja, es otro producto. No hacemos lo que hacen las grandes aceitera sino otra categoría de alimento y proteína”.
Mirá la entrevista completa con Sergio Bernardi:
En diálogo con Bichos de Campo, Bernardi, dueño de una pequeña planta procesadora de soja en la localidad de Llambí Campbell, explicó una por una las diferencias que existen entre ellos, los extrusores, y el entramado industrial aceitero que está ubicado sobre todo en los alrededores de Rosario, un conjunto de enormes fábricas dispuestas para exportar los subproductos de la soja (la harina y el aceite) desde la Hidrovía del río Paraná.
La diferencia original está en el proceso. Mientras esas mega-trituradoras utilizan solventes para terminar de separar el aceite del residuo del poroto de soja (que luego será pelletizado), las extrusoras apelan a un medio 100% mecánico: calientan el grano de soja, lo “cocinan”, para desactivarlo y luego lo muelen a través de un extrusor. Extraen de ese proceso una proporción algo menor de aceite, pero sin utilizar exanos. El residuo que queda se denomina expeller, que tiene características proteicas muy distintas a la harina de soja convencional.
Esta es la primera diferenciación que están gestionando las pymes extrusoras: que se tipifique al aceite de soja que ellos obtienen como un producto “libre de exanos”. Esto les permitiría aspirar a mercados de exportación para ese subproducto, que hoy se utiliza solamente para la fabricación local de biodiesel.
La segunda gran distinción que debe hacerse es de tamaño. La gran industria aceitera tiene capacidad para procesar hasta 70 millones de toneladas de soja y hay plantas -como la de Renova, en Timbúes- que pueden aspirar hasta 30 mil camiones cargados de soja en un día. En cambio, explicó Bernardi, “la capacidad instalada de la mayoría de las Pymes está rondando las 90 toneladas, es decir solo 3 equipos por día”.
“Solo en Santa Fe somos cerca de 100 plantas extrusoras, y a nivel nacional habrá unas 400. En casi todos los casos, están instaladas en el interior profundo, y tienen cinco, diez o quince empleados. Lo nuestro es agregado de valor en origen, trabajo genuino. En más de un pueblo somos la principal industria”, acentuó el dirigente industrial.
Es por esas diversidades que los extrusores reclaman a los diversos niveles del Estado que se establezcan políticas diferenciadas. Este reclamo se da básicamente en tres rubros:
En el plano de la política energética, Bernardi reclamó que se establezcan tarifas más accesibles para las Pymes extrusoras, ya que las mismas no son consideradas actualmente como “electrodependientes”, como sí sucede con otras agroindustrias.
“El 7% de nuestro costo es energía eléctrica. Para nosotros es importantísimo poder definir una política de Estado en materia energética, pues no podemos ser considerados un consumidor más, ya que generamos trabajo, recursos y pagamos impuestos. Creemos que tenemos que tener un tratamiento especial como Pymes”, blanqueó el presidente de la Cidep.
También reclaman los extrusores una estructura de retenciones y de reintegros de exportación diferente a la de las grandes aceiteras exportadoras, además de estabilidad en las reglas de juego. “Hasta 2008 se exportó expeller de soja a los países vecinos, como Uruguay y Chile. Necesitamos que se definan reglas de juego permanentes. En el caso de nuestras Pymes, trabajamos a 500, 600 o 900 kilómetros del puerto. Tenemos que ser tratados de otra manera”, enfatizó Bernardi.
Finalmente, otro rubro en el que los extrusores piden una consideración singular es el laboral, ya que las autoridades de Trabajo y los gremios aplican con ellos el mismo convenio que frente a las grandes compañías, muchas de ellas multinacionales, y eso eleva los costos laborales a extremos difíciles de afrontar.
Bernardi dijo que “venimos trabajando con el Ministerio de Trabajo, donde se entiende la problemática pero no se resuelve. Tenemos de 3.500 a 4.00 trabajos directos y lo que hemos logrado por ahora es que se nos reconozca como industrial por extrusado, que es solo un pequeño avance”.
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]]>La entrada Los emoji del agro: Sergio Bernardi, de las extrusadoras, está 😬 porque no pueden exportar se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Desde la Cámara apuntamos a poder exportar. Hay muchas plantas en condiciones de hacerlo pero limitan factores como la energía y todo el tema de costos que ello conlleva”, destacó.
Aquí la entrevista completa:
Además criticó a la actual gestión de Gobierno: “Tenemos que dejar el proyecto monetarista para ir a un proyecto productivista”, apuntó.
“Es cierto que tenemos conversaciones y reuniones, y hay cosas que se van mejorando. Pero hay una realidad de que el sector necesita un empuje para poder generar esos dólares que el país está necesitando y lo podemos hacer nosotros”, finalizó.
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]]>La entrada La paradoja del expeller: Bajando las retenciones aumentaría la recaudación se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Si bajasen las retenciones al 15% recaudarían mucho más”, aseguró Sergio Bernardi, presidente de la Cámara Industrial de Extrusado y Prensado de Santa Fe, en diálogo con Bichos de Campo.
La Cámara que representa Bernardi nucléa a unas 100 plantas extrusoras de granos de las cerca de 450 que hay en el país. Según indicó, se trata de Pymes que procesan entre 20 y 60 toneladas diarias de granos )de uno a tres camiones) para producir aceite y derivados. “Entre todas las plantas chicas del país hacemos una aceitera de las grandes”, comparó, para establecer una diferencia sustancial con las grandes plantas aceiteras ubicadas a la vera del Río Paraná. La mayor de esas fábricas puede llegar a procesar 20 mil toneladas de soja en un día.
Mirá la conversación de Sergio Bernardi con Bichos de Campo.
Uno de los derivados que producen estas Pymes de la soja es el expeller. De ese producto (que es diferente al harina de soja, pues se obtiene sin usar solventes) hasta 2008 se exportaba a Uruguay y a Chile cerca de 1 millón de toneladas anuales, pero desde entonces, por la cuestión arancelaria y el manoseo de las retenciones, ese negocio perdió atractivo y las empresas se volcaron a los mercados locales.
“Lo que hacemos es valor agregado en origen. (Nuestro sector) está íntimamente relacionado con la lechería y la producción porcina, y nos evita los costos de fletes. Pero si se permitiera la exportación habría muchas más plantas”, afirmó Bernardi. Luego explicó que el mercado para el expeller se encuentra en los países vecinos, ya que se trata de un producto perecedero que dura solo 90 días en buenas condiciones.
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