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servicios ecosistémicos – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Sat, 09 Oct 2021 16:02:54 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png servicios ecosistémicos – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Los apicultores no sólo crían abejas: Luis Gómez incursionó en la cría de unos abejorros claves para la polinización en invernaderos… hasta que la burocracia metió la cola http://wi631525.ferozo.com/los-apicultores-no-solo-crian-abejas-luis-gomez-incursiono-en-la-cria-de-unos-abejorros-claves-para-la-polinizacion-en-invernaderos-hasta-que-la-burocracia-metio-la-cola/ http://wi631525.ferozo.com/los-apicultores-no-solo-crian-abejas-luis-gomez-incursiono-en-la-cria-de-unos-abejorros-claves-para-la-polinizacion-en-invernaderos-hasta-que-la-burocracia-metio-la-cola/#comments Sat, 09 Oct 2021 14:07:01 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=82167 Quizás para quienes no estamos inmersos en el universo de la apicultura, el rostro más conocido de esta actividad es la cría de abejas –Apis melíferas-, y la posterior obtención de sub productos como la miel. Los servicios ecosistémicos que ofrecen, siendo uno de sus roles clave la polinización de las flores, son de público […]

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Quizás para quienes no estamos inmersos en el universo de la apicultura, el rostro más conocido de esta actividad es la cría de abejas –Apis melíferas-, y la posterior obtención de sub productos como la miel. Los servicios ecosistémicos que ofrecen, siendo uno de sus roles clave la polinización de las flores, son de público conocimiento. Sin embargo la apicultura no comprende únicamente la cría de estos insectos, sino también la de otras especies como los abejorros o Bombus, para los que existe un mercado muy amplio y por demás competitivo.

Bichos de Campo tuvo la oportunidad de hablar con Luis Gómez, gerente general de la Cabaña Apícola Guaymallén en Mendoza, quien trabajó durante muchos años en un proyecto vinculado a la producción de estos insectos, y montó el primer laboratorio de crianza de la especie Bombus terrestris para polinización en invernaderos.

“Yo soy apicultor de toda mi vida. Desde los 14 años tengo colmenas y desde los 25 me dediqué a lo que es la reproducción, la cría de abejas reinas. Hacemos abejas reinas, núcleos, paquetes, algo de miel y polinización. De ahí deriva el tema de los abejorros”, dijo Gómez a este medio.

-¿Cómo llegaste a tomar contacto con la cría de abejorros?- le preguntamos al productor.

-Hace unos 17 o 18 años recibí el llamado de un productor de tomates bajo invernadero. Ese tipo de producción tiene problemas de cuaje en la flor. Al aire libre, por efecto del viento, el tomate se poliniza bien. Pero cuando lo ponés en un invernadero donde todo está muy quieto hay problemas. La abeja no se adapta, se pega contra el plástico, no puede volar y muere. Aparte la abeja no tiene preferencia por la flor de tomate. Ahí entran los Bombus, que se adaptan perfectamente al vuelo en invernadero, en superficies más pequeñas.

 

En Argentina existe entre siete y ocho especies de Bombus autóctonas. El más conocido es el Bombus atratus, que recientemente fue renombrado como pauloensis. De acuerdo con la especie, el color de sus lomos es amarillo, negro y blanco, y pueden llegar a ser tres o cuatro veces más grandes que una abeja.

-¿La función de estos insectos en la naturaleza es similar al de las abejas?

-Exacto. Es un polinizador nato como lo es la abeja y en la naturaleza el servicio ecosistémico que nos proporciona es fundamental. La diferencia es que no da miel y es líder mundial en la polinización de espacios cerrados. Existen empresas internacionales que se dedican a criarlos, como Koppert y Bioest.

-¿Por qué no producen miel?

-Es una característica de la especie. Ellos recolectan néctar porque necesitan energía para sobrevivir y multiplicarse, pero es muy escaso, apenas unas poquitas celdas. La abeja pasa el invierno como colonia, entonces necesita una gran cantidad de acopio de miel para tener alimento durante ese período. En cambio Bombus no hiberna como colonia sino que lo hace en solitario.

-¿Y su cría es en apiarios como con las abejas?

-No. La cría de Apis melífera es al aire libre, en la naturaleza. La cría de Bombus, en cambio, es totalmente en cautiverio, dentro de un laboratorio. Obviamente te hablo del método artificial de cría, que están todos patentados a nivel mundial. Yo conseguí un protocolo artesanal de cría de la mano de un apicultor que conozco en Alemania.

-¿Cómo se trabaja en los laboratorios?

-Todo parte de una reina fecundada de Bombus. Esa reina tiene que pasar por un período de hibernación, de letargo, y se la instala en una cajita de inicio en solitario. Se la pone con una pelotita de polen de abeja de cinco centímetros de diámetro, que se la puede mezclar con miel. Es un ambiente totalmente oscuro con una temperatura determinada. Ahí la reina pone huevos en esa pelota de polen, nacen larvas y la reina se encarga de alimentarlas. Cuando llega a los cinco o seis individuos, se pasa a una caja de mayor tamaño y se la sigue alimentando. En el transcurso de un par de semanas ya tenés una colonia con más o menos  60 o 70 individuos, que se puede llevar al campo a polinizar.

-Si esto está tan sistematizado implica que existe un mercado importante de abejorros.

-Es un negocio enorme y millonario. Es una actividad económica, no es meramente para dar servicios ecosistémicos. Hay un método eficiente y una demanda de gente que los necesita para polinizar en invernaderos.

Aquí llegamos al punto clave de esta historia. La productores de tomate en invernadero habían comenzado a hacer uso del Bombus pauloensis, una especia autóctona que había comenzado a ser criada de forma oficial en colaboración con el INTA. Si bien ella se adapta a la polinización en espacio cerrados, empezó a dar problemas por su nivel de agresividad para con los trabajadores en el invernadero. Pero además, su uso es muy costoso ya que una colonia de esta especie tiene como máximo 60 individuos, mientras que otras especies pueden llegar a tener entre 300 y 400 individuos.

“Con pauloensis necesitás muchas más colmenas por hectárea de invernadero, y eso eleva muchísimo los costos”, afirmó Gómez. Eso fue lo que hizo que el productor comenzara a investigar sobre otras especies de Bombus en el país, y llegó a dar con el Bombus terrestris, el verdadero protagonista de esta nota.

Un dato importante es que esta especie de abejorro sigue siendo considerada exótica en muchas partes de Argentina, a pesar de que ya está oficialmente declarada su presencia desde Santa Cruz hasta Neuquén, ya que ingresó desde Chile. En esas provincias ya se lo considera asilvestrado.

-¿Cómo da usted con el Bombus terrestris?

-En un viaje al Manzano Histórico, en Tunuyán, Mendoza. Estaba mirando las florcitas como un buen apicultor y me encuentro con un insecto que en principio podía ser un terrestris. Yo sabía que había presencia de él en la Patagonia, porque cruzó por los pasos de baja altura, pero en Mendoza nunca se lo había visto. A mí me brillaron los ojos porque vi la posibilidad de un negocio.

-¿Es un abejorro de Chile?

-No. Chile aceptó su producción en territorio pero es exótico, proviene de Europa. Fue así que se instalaron muchas empresas en ese país y comenzaron a criarlo. Y como todo buen exótico, se adaptó perfectamente al medio ambiente y provocó un impacto allí.

-¿Cuál es el impacto ambiental que pueden producir?

-Cualquier especie exótica que se introduce en un lugar produce un desequilibrio. Lo que se argumenta es competencia por el recurso alimento, la transmisión de enfermedades, y la competencia por los lugares de anidación.

Cuando Gómez identificó lo que creyó ser un Bombus terrestris en Mendoza, decidió contactarse con la Cátedra de Zoología de la Universidad Nacional de Cuyo. Él explicó la situación y pidió un servicio de reconocimiento y clasificación.

Fue así que entre el 30 de diciembre de 2015 y el 6 de enero de 2016, la bromatóloga María José Quercetti y la ingeniera agrónoma María Inés Lillo, realizaron una georreferenciación en la zona indicada por Gómez y enviaron los individuos al Museo de Ciencias Naturales de La Plata para ser estudiados. Cuatro meses después se emitió un informe que confirmaba que los abejorros encontrados eran de la especie terrestris.

-¿Qué hizo usted a partir de eso?

-Sabiendo que era una especie exótica pero naturalizada en Mendoza –algo que fue confirmado Consejo Asesor Apícola de esa provincia- pido autorización al Senasa para su cría y pido el protocolo de cría de Alemania.

En 5 de enero de 2018, Senasa le otorgó la habilitación de cría de Bombus terrestris, y decidió registrar a la Cabaña Apícola Guaymallén como un criadero de ese insecto. Fue así que Mendoza llegó a tener su primer laboratorio de crianza de Bombus terrestris para la polinización en invernaderos.

-Entonces todo lo que hizo era legal.

-Era todo legal. Yo casi dejé la apicultura por esto. Tenía más de 150 hectáreas de invernadero para polinizar tomates. Y cuando se empezaron a enterar que yo criaba terrestris, no le compraron más al INTA.

Y como se dijo anteriormente, el mercado de abejorros no sólo es amplio sino muy competitivo…

“Cuando yo recibo una visita de la gente del INTA, les muestro todo lo que estaba haciendo. Al mes me cayó una inspección de la Dirección de Recursos Naturales de la provincia, con un expediente de más de diez centímetros de alto, con todo el espectro científico de Argentina, diciéndome que yo no podía criar ese insecto. ¿Cuál fue mi error? Desconocer que debía pedir una autorización de este organismo provincial”.

A continuación Gómez agregó: “Apis melífera es una exótica invasiva, también es de Europa. Ese era mi argumento más fuerte. Pero como hace ciento y pico de años que está acá, nadie dice nada y se la cría. Me clausuraron el criadero siendo que esta especie está naturalizada. Desconocieron el estudio de la Facultad de Ciencias Agrarias. Yo gasté 120.000 dólares en instalaciones y a mí me hicieron perder ese dinero porque son muy específicas”.

Mediante la Resolución 1072 del 20 de julio de 2018, ratificada con la 016 del 26 de marzo de 2019, la Dirección de Recursos Naturales Renovables de la provincia de Mendoza prohibió “el ingreso, tenencia, transporte, reproducción y comercio de Bombus terrestris en la provincia de Mendoza y ordena secuestrar, decomisar y desnaturalizar todos los ejemplares de Bombus terrestris en el predio de propiedad del Sr. Luis Miguel Gómez”.

La parte quizás más llamativa de esta historia es que el bloqueo que sufrió Gómez se le volvió en contra a los denunciantes, ya que la provincia también prohibió la cría del Bombus pauloensis, bajo el mismo argumento: que era una especie exótica en Mendoza.

-¿Cómo hacen ahora los productores de tomate para seguir produciendo en invernadero sin los abejorros?

-Ahí aparece otra cuestión. Los productores de tomates de Mendoza hoy en día tienen que hormonear, es decir utilizar auxinas. Una persona, con una especie de cepillo que moja en una auxina, toca las flores una por una. Eso provoca un estímulo como cualquier hormona, que hace que se forme el fruto pero que no haya cuaje. El cuaje es la fecundación de la flor que termina en la formación del fruto. Aquí se forma el fruto, pero está hormoneado.

-¿Y cómo es ese tomate?

-No tiene semillas porque no hay polinización. Si cortás un tomate en pleno invierno y te fijás, vas a ver que está hueco por dentro. Es un tomate químico y la gente lo consume.

-¿Considerás que el INTA continúa criando este abejorro?

-Sí, lo está haciendo en el resto de la Argentina, pero no en Mendoza.

¿A qué se dedica usted ahora?

-Volví a mi actividad histórica que es la rural. Sigo como mi criadero de reinas, produciendo núcleos, reinas y paquetes.

Con pesar Gómez concluyó: “Estuve a punto, era tan buen negocio. Yo me apasioné, me encanta la cría de insectos. No sabés lo hermoso que es crear estos bichos en cautiverio”.

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Un estudio del IPCVA asegura que más del 80% de las tierras de pastoreo demuestran potencial para el secuestro de carbono http://wi631525.ferozo.com/un-estudio-del-ipcva-asegura-que-mas-del-80-de-las-tierras-de-pastoreo-demuestran-potencial-para-el-secuestro-de-carbono/ Tue, 07 Sep 2021 20:42:33 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=79060 La ganadería enfrenta un doble desafío. Por un lado, una campaña sistemática que pretende demostrar que se trata de una actividad dañina para el ambiente. Y, por otra, una nueva estructura de proteccionismo arancelario ambiental que pretende imponer la Unión Europa como nuevo estándar global. Pero en el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna […]

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La ganadería enfrenta un doble desafío. Por un lado, una campaña sistemática que pretende demostrar que se trata de una actividad dañina para el ambiente. Y, por otra, una nueva estructura de proteccionismo arancelario ambiental que pretende imponer la Unión Europa como nuevo estándar global.

Pero en el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) creen que en la actual coyuntura existe una oportunidad si la misma, claro, se sabe y puede aprovechar. “Para el productor la ganadería es más que un trabajo, es un estilo de vida en el que lleva muy presente el cuidado del ambiente y del ecosistema”, indicó hoy Juan José Grigera Naón, presidente del instituto.

“Por supuesto que no negamos que hay que revisar cosas, pero frente a una serie de cuestionamientos ambientales aclaramos que las emisiones de (gases de efecto invernadero de) la ganadería nacional sólo representan el 0,15 % de las emisiones totales del planeta”, apuntó Naón durante un seminario en formato virtual en el cual se mostraron los resultados de un estudio que la entidad encargó a la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET.

En estudio reunió a 45 científicos argentinos que relevaron la situación actual de la sostenibilidad de la ganadería argentina para poner en blanco sobre negro qué es lo que el sector de ganados y carnes está haciendo bien y dónde tiene que mejorar.

“El relevamiento actual que encargamos a la Red de Seguridad Alimentaria del Conicet  involucra investigadores nacionales, provinciales y otras instituciones como el INTI y el INTA, los cuales analizan diversos temas tales como impacto ambiental, efluentes, gases de efecto invernadero (GEI), entre otros”, aclaró Grigera Naón y agregó que “lo que queremos reflejar es que la ganadería no es parte del problema, sino parte de la solución”.

Temas como la huella hídrica, la huella de agua, la huella de carbono, la emisión de GEI, el cuidado ambiental y la sustentabilidad como atributo de calidad cruzan las más de 50 páginas del informe, en el cual se expone que la Argentina está en línea con lo exigido en el Acuerdo de París (COP21), firmado por 174 países más la Unión Europea, en el cual se establece el compromiso de reducir sus emisiones de GEI.

La Contribución Nacionalmente Determinada (NDC por su sigla en inglés) por el Estado argentino en 2016 planteaba para el año 2030 no exceder la emisión neta de 483 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (MtCO2eq). Pero, en el marco de la Cumbre de Ambición Climática, realizado el pasado 12 de diciembre en formato virtual, el presidente Alberto Fernández anunció que esa meta para 2030 sería ahora es de 360 millones de toneladas para alcanzar la situación de carbono neutral en 2050, lo que implica asumir metas mucho más exigentes en ese sentido.

Según el último inventario nacional de gases de efecto invernadero (INGEI), la ganadería de carne aporta un 16% de las emisiones totales nacionales, siendo la categoría fermentación entérica del ganado vacuno la que aporta la mayor proporción dentro de las emisiones del sector agricultura, ganadería, silvicultura y otros usos de la tierra.

La cuestión es que los aspectos ambientales incorporados en las relaciones comerciales internacionales son cada vez más tenidas en cuenta en las condiciones de acceso a muchos de los principales mercados. Es por eso que el estudio en cuestión desglosó cada uno de los ítems clave.

Emisiones GEI. El estudio sostiene que el sector ganadero bovino puede mitigar emisiones en base a procesos naturales y armónicos con la naturaleza, lo que conforma una fortaleza y una oportunidad porque requiere poca inversión económica, debido a que tales atribuciones están asociadas a tecnologías de procesos más que de insumos. “En ganadería, estas emisiones han mostrado una tendencia negativa desde 1990, explicada parcialmente por reducción de cabezas, aunque también por mejoras sustanciales de eficiencia del ciclo productivo. Esta evolución positiva no exime al sector de mayores esfuerzos para controlar y reducir las fuentes de emisión principales, en especial la fermentación entérica y evitar pérdidas de CO2 por deforestación, pérdidas de pastizales y pasturas perennes”, remarca el documento.

También argumenta que “las emisiones de la ganadería Argentina son de por si bajas, debido a que es de carácter extensivo, con la mayoría de los sistemas de producción sobre sistemas pastoriles. Esa base productiva está basada en pastizales ocupando el 95% del área ganadera bovina del país, unos 60 millones de hectáreas, con la mitad del rodeo ubicado en la zona pampeana, que representa alrededor de un tercio de esa superficie”.

Secuestro de carbono. El informe destacó que tanto la genética bovina, como la nutrición balanceada, la alimentación y el manejo del pastoreo “son ejemplos de cuatro tecnologías que han probado su eficacia
para reducir la huella de carbono”, aunque reconoció que es necesario mitigar aún más las emisiones agropecuarias “favoreciendo el diseño y la implementación de buenas prácticas ganaderas que reduzcan el impacto de la producción sobre el cambio climático”.

Según el estudio, “cerca de tres cuartas partes del país tienen a la ganadería bovina como actividad principal o única relevante, y se trata de la misma superficie que tiene baja competitividad agrícola. A su vez, más del 80 % de las tierras de pastoreo demuestran potencial para el secuestro de carbono”.

“Hay consenso en sostener que el sector agrícola-ganadero puede ser un importante sumidero de CO2, particularmente los sistemas productivos a base de pasturas y/o con presencia de árboles, y esto representa una gran oportunidad para el sector, dado que el secuestro de carbono puede contrarrestar parcial o totalmente a las emisiones, o inclusive en algunos casos superarlo dejando un saldo positivo en términos de acumulación de carbono. El desafío es definir cuán cerca o lejos de la saturación de carbono están los suelos, para determinar de esa forma cuál es el potencial de captura y en qué medida esa captura puede llegar a superar, reducir o neutralizar las emisiones del sistema productivo”, explicó el estudio.

Para lograrlo, el informe indicó que es necesaria la cooperación entre el sector privado y los organismos de ciencia y tecnología del Estado. “Con una estrategia basada en el conocimiento se puede conseguir mucho en poco tiempo”, resaltó, aunque aclaró que “sería altamente deseable que la noción de ´Carbono Neto Cero´ entendido como un secuestro y almacenamiento de carbono que iguale o exceda las emisiones producidas por los combustibles fósiles y los procesos biogénicos (entéricos, excreciones animales, descomposición vegetal), sea incorporado como una meta a incorporar dentro de los Inventarios Nacionales de GEI que regularmente reporta el gobierno nacional”.

Huella Hídrica. En este aspecto, el informe consideró que “dado que la mayor parte de la producción ganadera argentina se realiza en pastizales naturales con cargas bajas a moderadas, la huella hídrica es
principalmente verde y es posible la convivencia entre la flora y fauna nativas. Además, el mantenimiento de cierta cobertura vegetal permite obtener beneficios como mejorar la retención de agua y conservar el contenido de materia orgánica de los suelos”.

En Argentina, según el informe preliminar realizado al IPCVA en el marco de un proyecto con el INTI, el 99,2% (16,10 m3) del agua consumida para la producción de un kilogramo de carne deshuesada y empacada corresponde a la huella denominada “verde”, que deriva de las precipitaciones y es aprovechada por los cultivos.

“Sólo el 14% del rodeo nacional es alimentado en confinamiento para su terminación previa a faena, y un 28% adicional lo hace en sistemas mixtos basados en granos. Como resultado, el 71% de la biomasa vegetal consumida por kilo vivo de producción (ciclo completo desde cría) corresponde a pastizales y otras comunidades nativas, en tanto que 21% corresponde a pasturas sembradas, 5% a grano de maíz, 1,5% a pellets de oleaginosas, y 1,5% a silaje. El uso de fertilizantes y agroquímicos es prácticamente nulo para la producción de forraje de los ambientes naturales, y muy limitado en las pasturas y verdeos”, desarrolló.

A su vez, evaluó que “los mayores stocks ganaderos coinciden con las zonas de mayor producción agrícola. En este marco, las rotaciones agrícolas ganaderas contribuyen a mejorar la sustentabilidad del suelo y la biodiversidad”.

Preservación del recurso forestal y servicios ecosistémicos. El informe ilustró que el sistema silvopastoril (SSP) argentino ocupa gran parte de las producciones en pastizales naturales de las regiones extrapampeanas, que contempla una región donde se da una adecuada combinación de forestación y aprovechamiento del pasto en una superficie de 34 millones de hectáreas y, a su vez, de la superficie total forestada. “Aproximadamente el 70 por ciento de los bosques de ñire en la Patagonia tienen un uso silvopastoril con un escaso manejo integral en los establecimientos. En el Chaco, más de 6 millones de hectáreas están en aprovechamiento silvopastoril con distintos grados de intensidad”, sostiene el informe.

Al mismo tiempo, reconoce que “hay preocupación por la deforestación, pero hay una tendencia que muestra una reducción, dado que en el 2007 se dictó la Ley Nº 26.331 de presupuestos mínimos de protección ambiental de los bosques nativos (Ley de Bosques)”.

“Los sistemas de producción de carne con presencia de árboles integrados están vigentes en la Argentina y pueden expandirse, ya que podrían aumentar la capacidad de secuestro de carbono del sistema y otros beneficios, entre los que se puede mencionar: proveer sombra y reparo a los animales”, asegura.

El informe encomendado por el IPCVA a la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET también hizo espacio para quejas, dado de que las llamadas “responsabilidades comunes pero diferenciadas (CBDR, por sus siglas en inglés, Common But Differentiated Responsibilities), establecidas en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, no conceden a todos los países las mismas obligaciones ni responsabilidades”.

“Los mayores niveles de industrialización de los países desarrollados implica que estos históricamente generaron más emisiones de gases de efecto invernadero. Este es un principio fundamental de las negociaciones vinculadas al cambio climático. La intención de los países desarrollados de eludir el principio de Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas impacta directamente en las condiciones de acceso a los mercados de los países en desarrollo y es ciertamente más sensible en el caso de los alimentos como la carne vacuna”, expresa el informe.

“De allí que la problemática ambiental como argumento para restringir el comercio sea ámbito de disputas comerciales severas en el cual podemos encontrar argumentos genuinos para restricciones espurias. Tal como se explicita mas adelante, las negociaciones internacionales deben
basarse en normas públicas basadas en ciencia y no en normas privadas”, concluye.

Un video explica clarito por qué el metano generado por bovinos es parte de un ciclo natural que no es equiparable con las emisiones de origen fósil

 

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¡Qué suerte que las abejas no cobran por sus servicios! La factura por la polinización llegaría a casi 800 millones de dólares http://wi631525.ferozo.com/que-suerte-que-las-abejas-no-cobran-por-sus-servicios-la-factura-por-la-polinizacion-llegaria-a-casi-800-millones-de-dolares/ Fri, 11 Jun 2021 12:04:36 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=69783 Las abejas prestan uno de los servicios agrícolas esenciales: la polinización de muchos cultivos. Internacionalmente denominado como “Servicio Ecosistémico de la Polinización” esa laboriosa tarea de estos insectos y otras especia polinizadoras aporta “beneficios de la naturaleza a los hogares, las comunidades y las economías” que por suerte las abejas no pueden calcular y mucho […]

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Las abejas prestan uno de los servicios agrícolas esenciales: la polinización de muchos cultivos. Internacionalmente denominado como “Servicio Ecosistémico de la Polinización” esa laboriosa tarea de estos insectos y otras especia polinizadoras aporta “beneficios de la naturaleza a los hogares, las comunidades y las economías” que por suerte las abejas no pueden calcular y mucho menos cobrar. La factura, en caso de que hubiera que pagarla, sería millonaria.

Definido como el proceso de transferencia de polen de la parte masculina a la parte femenina de la flor, el proceso de polinización es “el principal responsable de la reproducción de un alto porcentaje de plantas que brindan alimento y sustento a todos los seres de la cadena alimenticia incluyendo al hombre”, recuerda un informe del INTA de Concordia, en Entre Ríos, que relata las primeras experiencias locales para medir el impacto económico de esta tarea de las abejas.

Para el análisis, en principio se recopilaron datos estadísticos para el periodo temporal 2014-2019 en la base de datos de la FAO y de los registros oficiales del Ministerios de Agricultura y entidades de productores. Para cada cultivo seleccionado se recopilo información del grado de dependencia a la polinización (bajo, moderado, alto o esencial), el área cosechada, la producción total y la ganancia bruta de la producción anual.

A partir de estos datos se construyeron las estimaciones del “Valor Económico atribuido a la polinización Entomófila (VEP)”, que varían dependiendo del grado de dependencia de la polinización en cada cultivo y la ganancia bruta de la producción anual.

Pablo Cavigliasso (foto), técnicos del INTA Concordia, explicó que las 27 categorías de frutales seleccionadas por su importancia representan una cobertura de 554.819 hectáreas en la Argentina, con una ganancia bruta de la producción anual promedio equivalente a 1.756 millones de dólares luego de su comercialización.

Del total de cultivos evaluados, 17 de ellos presentan dependencia a la polinización entomófila, ocupando un 41% de la superficie cultivada nacional y el 69.2% de la ganancia bruta anual promedio de la fruta. es decir que la tarea de las abejas tiene responsabilidad directa superlativa sobre la generación de  1.216 millones de dólares.

A su vez, de estos 17 frutales dependientes de la polinización hay solo 9 donde se “gestiona” este servicio. Esos 9 cultivos representan el 16.1% de la superficie cultivada con frutas en el país. Pero el valor de la ganancia bruta anual promedio de esta fruta es del 45% del total. Es decir que la generación de 798.7 millones de dólares tienen relación directa con la polinización.

Cavigliasso también pudo calcular el VEP en los procentajes de las 17 categorías de frutale analizados que van a la exportación. En ese caso, y si las abejas debieran pasar la factura por sus servicios a los clientes del exterior, “se obtiene un aporte anual promedio de 595.7 millones de dólares en la ganancia bruta por la exportación de esa fruta”, se explicó.

Los razonamientos que surgen después de este ejercicio de valorización del servicio de polinización son casi obvios. Por un lado, que el dinero que se genera con esta tarea es tres veces más alto que el valor atribuido a la producción de miel, que es de unos 200 millones de dólares.

También con este trabajo se muestra “la alta vulnerabilidad de los agroecosistemas debido a un déficit de polinización”.

En este sentido, múltiples investigaciones ya han demostrado y reportado la importancia de la polinización en diferentes cultivos de relevancia económica, ya que un 75% de los principales cultivos dependen de los polinizadores, y la contribución de los insectos polinizadores en el rendimiento y calidad de frutos o semillas. A nivel global, diversos estudios  le atribuye un valor en la alimentación humana de 153 mil millones de Euros.

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¿Y si mejor, en vez de pelear y prohibir, no ordenamos los periurbanos? Mauro Casella se hizo esta pregunta y escribió un proyecto de ley innovador para Santa Fe http://wi631525.ferozo.com/y-si-mejor-en-vez-de-pelear-y-prohibir-no-ordenamos-los-periurbanos-mauro-casella-se-hizo-esta-pregunta-y-escribio-un-proyecto-de-ley-innovador-para-santa-fe/ Wed, 23 Sep 2020 12:24:26 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=47698 Mauro Casella, asesor del ex gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, que ahora es el presidente de la Cámara de Diputados de la provincia, se cansó de los debates a vida o muerte que suelen darse en torno a lo que pueden hacer los productores ubicados en los periurbanos de las ciudades. ¡Que acá no […]

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Mauro Casella, asesor del ex gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, que ahora es el presidente de la Cámara de Diputados de la provincia, se cansó de los debates a vida o muerte que suelen darse en torno a lo que pueden hacer los productores ubicados en los periurbanos de las ciudades. ¡Que acá no se puede fummigar! ¡Qué si no puedo hacer nada va a terminar siendo un baldío! Que al final de esta historia de desencuentros siempre, o casi siempre, terminan ganando quienes hacen negocios inmobiliarios.

Mauro escribió junto a Lifschitz un nuevo proyecto de ley de Agricultura Periurbana que pretende salir por arriba de este laberinto. ¿Cómo? La idea es ordenar los cinturones verdes que rodean a las zonas urbanas, con el objetivo de promover allí los sistemas de producción sostenible y “amigable” de alimentos y evitar además la urbanización desordenada. Es que sin normas ni planificación territorial, este tipo de áreas se encuentran presionadas por el avance de las grandes ciudades. Y suelen perder los productores.

A primera vista, el objetivo del proyecto de ley es antes que nada defensivo, pues busca evitar, por así decirlo, que la ciudad se coma al campo. “Esto surge en las áreas metropolitanas de Rosario y Santa Fe, no sólo por el conflicto de público conocimiento por las fumigaciones, sino también por el avance de la ciudad sobre el campo, y por la desaparición de los cordones verdes, donde la presión inmobiliaria e industrial es mucho más fuerte que la que ejercen determinados tipos de producciones como al hortícola”, dijo Casella a Bichos de Campo.

Según Casella, que fue director provincial de Desarrollo Territorial en el Ministerio de Producción santafesino, “en los últimos 30 años Rosario perdió el 60% de estas áreas, o sea que hay que mirar el crecimiento de las ciudades desde el campo y no que se haga una guerra, que si crece la ciudad, se pierde el campo, o bien que avance el campo sobre las ciudades”.

“Por eso queremos generar la figura de suelo periurbano, que hoy en Santa Fe no existe, ya que, o tenes suelo rural, o suelo urbano o industrial”, resumió el asesor.

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El proyecto de ley presentado por Lifschitz pretende entonces crear una tercera categoría, la de suelo periurbano,. En palabras de Casella, “tendría características de suelo rural con algunas afectaciones específicas por el tipo de suelo. Y la idea es promocionar algunas producciones que en Europa ya se conocen como metas de intensificación ecológica; muchas entidades ya lo ven y empiezan a hablar de esto. El objetivo es consensuar metas que sean compatibles social y ambientalmente”.

A pesar de que este terreno periurbano definido en el proyecto de ley sería considerado tierra rural y productiva, por su vecindad a las ciudades debería respetar condicionamientos productivos, de acuerdo a las nuevas exigencias sociales y ambientales.

“Su cercanía le impone una agenda de intensificación ecológica. Aapresid por ejemplo, trabaja con Municipios Verdes, se trabaja también con las Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA), nosotros incluso, durante nuestra gestión hicimos experiencias con la agroecología, y el INTA viene trabajando en los servicios ecosistémicos que puede brindar el terreno periurbano”, manifestó el asesor de Lifschitz.

Casella pidió “no tenerle miedo a la idea de regulación como cobro de impuesto, sino de regulación como planificación a mediano plazo de ese territorio que es tan sensible, y que es un espacio de beneficio muto, tanto para la ruralidad como para la ciudad”.

Esta zona buffer o periurbana con exigencias especiales en términos de compromiso social o ambiental, no implica entonces, definición de prohibiciones, sino metas o pautas para hacer una producción más compatible con el vecino, y que sea consensuado.

“No hablamos de metros, que era la discusión en la que caen la justicia y los productores, sino con lo que hacemos con esa tierra que luego queda sin producir. Las BPA no son modelos productivos sino una forma de hacer las cosas. Luego hay modelos que podemos discutir hacia dentro de este espacio, que tal vez tengan que ver más con la agroecología. Pero todo depende de los consensos que se generen”, remarcó Casella.

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Otra de las incorporaciones en el proyecto de ley es no prohibir la instalación de industrias de alimentos que agreguen valor a la producción y que no sean contaminantes, o bien que no tengan gran impacto ambiental, al tiempo que sugieren la posibilidad de incorporar cultivos energéticos que trabajen la idea de biomasa, la bioeconomía y la producción de servicios asociados.

“En Rosario y en Santa Fe tenemos producciones de bioinsumos que reemplazan a los de síntesis química, y que podrían instalarse en estos espacios, o bien todo lo que tenga que ver con nuevas tecnologías para la agricultura de cercanía y trazabilidad de alimentos, que es algo que tenemos que desarrollar e incentivar”, manifestó.

A su vez, Casella se refirió a que podría explotarse el turismo rural en esas áreas periurbanas. “Mendoza lo hizo con la ruta del vino y tenes todos los circuitos asociados a la producción y a la exportación de vino”, dijo.

Agregó que “también sugerimos modelos de gestión basados en la idea de parques agrarios, que es una idea que ya desarrollamos en el parque agrario Santa Fe Metropolitana, como un mecanismo de gobernanza, en donde participen los productores en la misma planificación de su espacio, y con el Estado aportando dentro de este marco, con el soporte de infraestructura y apoyo a los productores para su reconversión. Esto está contemplado en el proyecto de ley”.

El proyecto también contempla que se exima del impuesto inmobiliario rural a los dueños de terrenos productivos periurbanos que utilicen el suelo con agricultura periurbana. Casella explicó en este punto, que la Administración Provincial de Impuestos establecerá un mecanismo de reintegro o compensación. Y los propietarios de suelos periurbanos que no los utilicen, tendrían un incremento del 100 % del inmobiliario rural.

En definitiva, de acuerdo a Casella, “esta ley no regula prohibiciones en los productores sino que pone blanco sobre negro de un proceso de mercantilización de una tierra de cercanía, que presta muchos servicios, no sólo ecosistémicos sino también económicos y de seguridad y soberanía alimentaria a las ciudades. Hay que poner sobre la mesa estos debates que son de futuro y no de prohibiciones”.

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