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La entrada Modernidad forzosa: India se quedó sin harina de soja y tuvo que aprobar de facto la importación del producto elaborado con porotos transgénicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Pero lo que fue una “fiesta” para las empresas exportadores, terminó siendo un dolor de cabeza mayúsculo para las industrias usuarias de harina de soja, porque se acabaron las existencias internas de producto y los precios escalaron hacia la estratósfera.
Las exportaciones totales de harina de soja de la India en la campaña comercial 2020/21 –indica un informe del USDA– alcanzaron 1,9 millones de toneladas, una cifra que es más del doble de lo registrado en 2019/20.
Como los exportadores de harina de soja –fundamentalmente Argentina, Brasil y EE.UU.– sólo elaboran el producto en base a granos modificados genéticamente, entonces India, que no habilitó la producción ni la importación de soja transgénica, estaba realmente en problemas.
Lo que sucedió es que los productores avícolas, lecheros y acuícolas indios fueron a golpear las puertas de los despachos oficiales del gobierno nacional para que autorice el ingreso de harina de soja elaborada con granos modificados.
Así es como el 24 de agosto pasado el gobierno indio relajó su política de importación de manera temporaria, hasta el 31 de octubre de 2021, para permitir el ingreso de hasta 1,2 millones de toneladas de harina de soja a través del puerto de Nhava Sheva y el cruce fronterizo de Petrapole en la frontera con Bangladesh.
Pero se quedó corto. Por eso el 3 de septiembre el gobierno indio anunció que la harina de soja también podría ingresar a través de tres puertos marítimos adicionales: Mumbai, Tuticorin y Visakhapatnam. Así, de facto, quedó permitido el uso de harina de soja elaborada con porotos transgénicos.
El horizonte temporal para concretar embarques hasta esa fecha, especialmente teniendo en cuenta el período del flete con embarque desde EE.UU. y Sudamérica, es muy limitado, por lo que se espera que no se concrete un volumen demasiado significativo de importaciones.
A partir de noviembre, el ingreso de la cosecha local de soja india debería calmar los precios locales del producto y, por extensión, el nerviosismo presente en el sector agroindustrial.
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]]>La entrada Preguntas transgénicas: ¿Cómo será el retiro de la tecnología Intacta del país? ¿Y se terminan los controles de Bolsatech? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Aquella compañía Monsanto, antes de ser vendida Bayer, había desarrollado tres grandes sojas transgénicas (obviamente con variaciones). La primera soja RR1 resistente al glifosato ingresó al país en 1996 pero nadie pagó aquí regalías por dicha tecnología y todavía hoy se utiliza de modo gratuito. Hace una docena de años llegó su sucesora, la mencionada Intacta RR2 Pro, que incorporaba resistencia a insectos. Monsanto enfrentó muchas peleas con el gobierno y las entidades del campo, pues no había una legislación acorde que le permitiera cobrar regalías por esta tecnología. Luego apareció la soja Xtend, que Monsanto directamente decidió no introducir al país debido a que no tenía garantías de obtener alguna ganancia por ella.
Con la Intacta todo fue muy complejo y trabajoso, pues Monsanto puso en práctica primero un esquema de control compulsivo de todos los camiones de soja. Ante las protestas del sector, luego devino en el Sistema Bolsatech (a cargo de las bolsas de Cereales) y finalmente pasó a ser coordinado por el Estado a través del INASE (Instituto Nacional de Semillas). Pero siempre la que pagó el costo de los análisis (versiones extraoficiales hablan de un presupuestos anual cercano a los 4 millones de dólares) fue la propia Monsanto. Y desde 2018, Bayer.
La compañía alemana anda ahora por otros senderos: sus nuevas obsesiones son la agricultura digital (que también heredó de Monsanto vía FieldView) y la captura de bonos de carbono. La soja Intacta finalmente fue útil para los productores del norte del país (más expuestos a plagas que los de las zonas templadas), pero solo logró una penetración del 10% en el mercado de semillas certificadas de soja, que no redituaba como corresponde a las arcas de Bayer y mucho menos si había que seguir bancando el costoso sistema de control de Bolsatech, que implicaba pagar todos los reactivos para hacer los análisis en los laboratorios habilitados. “Con la Intacta perdimos mucha plata durante diez años”, reconoció a Bichos de Campo un ejecutivo de la compañía que pasó por todo ese tránsito y todos los trances simultáneos.
De allí la decisión, muy meditada, de retirarse del mercado de la semilla de soja certificada con su propis marca Asgrow. Pero también de cancelar los contratos de licenciamiento de la tecnología con una decena de multiplicadores que incorporaron el gen de Intacta RR2 Pro a sus germoplasmas. Según las fuentes consultadas en Bayer, desde hace un año y medio, por lo menos, se les avisó a estos semilleros que iba a discontinuarse el negocio, como para que buscaran con tiempo suficiente otras alternativas para el control de plagas y malezas.
Esto no implica que en la campaña de soja que está por arrancar, la 2021/22, los productores de la Argentina no puedan utilizar la variedad Intacta. Aunque se discontinúe el financiamiento de Bayer al programa de control Bolsatech, la empresa alemana ya habló con las autoridades (el actual secretario de Agricultura, Jorge Solmi, ha sido un histórico opositor al cobro de este tipo de regalías) para dar garantías de que no iniciará reclamos administrativos y mucho menos judiciales por el uso de esta tecnología por parte de los productores.
En la negociación con el gobierno, Bayer también aseguró haberse comprometido a facilitar la continuidad de los certificados que requieren los exportadores de soja y sus derivados, de modo de evitar que China pueda rechazar a futuro algunos cargamentos con el argumento de que no tiene certezas de que tal o cual barco de soja contenga el gen Intacta.
En el caso de los contratos con los multiplicadores, la compañía que absorbió Monsanto avisó con antelación que no iba a renovar los contratos de licencia de dicho transgénico, pero queda claro que no objetará la venta de las semillas de soja con el evento Intacta que ya estaban siendo multiplicadas para su comercialización. Se estima que este “waiver” podría tener efectos esta nueva campaña y la que sigue.
Prueba de ello es una gacetilla recientemente emitida por la empresa Don Mario (GDM), que abastece el 60% del negocio de la semilla de soja fiscalizada en el país, y que anunció sus novedades para la nueva siembra de soja ratificando que su paleta de alternativas “incluye tecnologías RR1 e Intacta y suma este año variedades con tecnología Enlist”. Lo antedicho responde cómo puede ser que GDM siga ofreciendo la Intacta a pesar del retiro anunciado por Bayer.

De hecho, desde esta mirada, uno de los anuncios de Don Mario tendría una vida demasiado corta: “La marca lanza este año DM 40i21 IPRO STS con tecnología Intacta, complementando así a DM 46i20 IPRO STS y asegurando al productor una oferta que marca un salto productivo muy importante respecto a las variedades más competitivas del mercado”, indicó la gacetilla. Salvo que se exponga a un conflicto judicial, Don Mario no podría sostener esta línea de semillas más allá de lo que haya acordado en sus contratos con la ex Monsanto.
“Todo el mundo estuvo avisado y con tiempo suficiente”, ratificaron en la compañía alemana, totalmente decididos a discontinuar este flanco de sus negocios en el país.
-¿Y qué sucederá con el Bolsatech ahora que Bayer dejará de hacerse cargo de los costos de los análisis? ¿Los tendrá que asumir el Estado?
La respuesta de los ejecutivos de Bayer a esta pregunta clave fue la siguiente: El sistema de control que ideó y lanzó Monsanto -incluso con todo el resto del agro en contra- no se limitaba a controlar solo la presencia en las cargas de soja de la variedad Intacta., aunque en los hechos así haya sido Siempre estuvo pensado para incorporar nuevas tecnologías OGM a medida que éstas se fueran presentando al mercado local.
Pues bien, Bayer retira su Intacta y no pondrá más dinero para sostener el Bolsatech. Las empresas que quedan apostando a nuevas tecnologías en soja son las que deberían hacerse cargo a partir de ahora. Eso, claro, si quieren cobrar las regalías que les correspondan.
El mensaje tiene un destinatario más que claro: el resto de la industria semillera tendrá que resolver qué hacer y en todo caso los que más deberían preocuparse son las empresas estadounidenses Corteva (fruto de la fusión de Dow y Dupont) y Stine (un tradicional semillero que acaba de desembarcar en el país). Es que esas son las dos compañías que están lanzado desde esta campaña una nueva soja transgénica, la Enlist, preparada para tolerar las aplicaciones de dos herbicidas, el glifosato y el 2,4D, y que aspira a suplantar después de casi dos décadas las tecnologías OGM de la vieja Monsanto.
Muchachos, les dejamos las llaves… Pero ustedes háganse cargo de pagar las expensas.
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]]>La entrada Raquel Chan, la científica que desarrolló los primeros transgénicos argentinos, muestra decepción por tanta resistencia a estos avances. “Como consuelo, tampoco me entiendo bien con los antivacunas o con los terraplanistas” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>-La palabra descubrir no es la más adecuada. Digamos que el gen está en la naturaleza, en la planta de girasol y lo que hicimos fue descubrir su función en la respuesta al déficit hídrico. Con respecto al trigo transgénico, a fines de octubre pasado se aprobó en Argentina pero pendiente de la aprobación de Brasil, así que si bien se dio un paso, sigue sin ser un cultivo aprobado para comercialización. Y sí, siento que es un camino demasiado largo con un final abierto aún, algo que desestimula no solo a mí sino a muchos colegas que invierten sus esfuerzos en generar desarrollos nacionales que impacten en la riqueza del país.
-¿A qué cree que se debe que no se apruebe, a pesar de que tiene tantas ventajas productivas?
-El trigo HB4 ha pasado todas las instancias de prueba de seguridad ambiental y alimentaria en CONABIA y SENASA, y tiene muchas ventajas productivas que han sido evidentes en el último año de sequía. Además, y hoy que se habla tanto (para las vacunas) de la revisión por pares y la publicación en medios internacionales, la descripción de los ensayos y sus resultados, así como los de inocuidad han sido publicados en revistas muy prestigiosas de circulación internacional. La aprobación pendiente requiere de decisiones que no están en mis manos. Este es un desarrollo único en el mundo y creo que a veces nos cuesta como país reconocer los propios logros.

-¿Nos puede explicar de manera simple qué es un alimento/cultivo transgénico?
-Una planta transgénica es aquella a la que se le ha incorporado un gen más, que puede ser propio o ajeno (o sea, de otro organismo), a las decenas de miles de genes que ya tiene. Normalmente se hace esto tanto para estudios básicos, por ejemplo para conocer la función de un gen y conferirle a esa planta una característica beneficiosa que no ha adquirido durante su evolución. Cuando se comprueba, mediante ensayos científicos, que la planta tiene un comportamiento mejor en el campo, se multiplica y pasa a ser un cultivo. En la antigüedad, desde el inicio de la agricultura, se han mejorado los cultivos para que sean más productivos o más nutritivos por cruzas y selección de individuos. La transgénesis es simplemente una técnica más moderna de mejoramiento porque con precisión se agrega un solo gen en lugar de andar mezclando muchos por cruza. En el caso del trigo HB4, el gen que se incorporó proviene de otra planta que también forma parte de la alimentación humana, el girasol. Simplemente, es como si el girasol que es tolerante al estrés por déficit hídrico le hubiese prestado un gen al trigo que no lo es.
-Hay un sector de la sociedad se opone férreamente al uso de transgénicos por considerarlos son malos para la salud sobre todo porque se supone que a estos cultivos trans “se les va a echar agroquímicos sin ton ni son”. ¿Tiene algo de razón este planteo (aunque sea un poco) o es un despropósito total?
-Esas posiciones derivan del hecho de que los transgénicos aprobados para cultivo son resistentes a un herbicida en particular y por eso se mezclan los temas transgénicos y agroquímicos. La realidad es que nuestro desarrollo es de tolerancia a déficit hídrico y se puede usar por esa característica aun sin la aplicación de agroquímicos. Los alimentos, o este trigo como alimento, han pasado los rigurosos exámenes de SENASA y claramente no están llenos de agroquímicos ni los tienen. Además, en el cultivo convencional, no transgénico, se usan también agroquímicos para muchos propósitos: fungicidas para eliminar las plagas causadas por hongos, herbicidas para eliminar malezas que compiten por el agua, la luz y los nutrientes con el cultivo, insecticidas, fertilizantes, etc.
-Además, el uso de agroquímicos no está necesariamente relacionado con el cultivo de transgénicos…
-Así es, a excepción, claro, de los transgénicos desarrollados solo para resistencia a herbicidas, que no es nuestro caso. Cabe explicar asimismo que este tipo de agroquímicos, aun en los cultivos convencionales no transgénicos, se aplican en las primeras etapas del desarrollo y luego de ejercer su función se descomponen naturalmente.
-No lo entiendo…
-En el caso del trigo, y de otros muchos cultivos como maíz o soja, lo que se cosecha y se utiliza son los granos o frutos, y éstos se forman al final del ciclo de vida de las plantas, cuando ellas ya superaron a las malezas hace meses. Por este motivo, es muy muy improbable que los granos de estos cultivos contengan agroquímicos. De todas formas, están los organismos de control que hacen su labor. ¿Por qué le echaría un agricultor agroquímicos sin ton ni son a un cultivo? Eso, además de no tener sentido, tiene un costo alto que sería desperdiciado porque cuando la planta ya está madura, los agroquímicos, en particular los herbicidas no sirven para nada.

-¿Por qué cree que los transgénicos están demonizados?
-No sé si hablaría de demonios; lo que sí sé es que mucha gente, por desinformación, cree que lo que come que no es transgénico, es natural. La realidad es que lo que existía en la naturaleza en algún momento, ya no está. La agricultura como actividad, aunque con otras herramientas, lleva siglos y la humanidad siempre buscó mejores alimentos y más productivos, y fue cruzando y seleccionando para obtenerlos. Es más, muchas especies que están hoy en la góndola no existían en la naturaleza ni siquiera sin mejorar. Ejemplos de ello son el maíz (derivado del teocinte mexicano), el brócoli o la coliflor, entre muchos otros. Lo que hay que diferenciar correctamente es “natural” de “orgánico”. Como dije, lo primero casi no existe y lo segundo se refiere a una agricultura en pequeña escala sin uso de químicos. Lo “no natural” se extiende no sólo a los alimentos, tanto de origen vegetal como animal, sino también a las mascotas, por ejemplo. Muchas de las razas de mascotas preferidas por la población no tienen nada de natural. Tampoco lo tiene la tecnología que usamos a diario. Pero habría que preguntarles a los sociólogos por qué algunas cosas son más aceptadas que otras.
-¿Ha tenido oportunidad de hablar con ambientalistas y científicos que no están de acuerdo con los transgénicos? ¿Han podido entenderse?
-Sí, he tenido algunas oportunidades. Con los biólogos y agrónomos nos entendemos muy bien. Dentro de los grupos llamados ambientalistas hay muchas corrientes distintas; con algunas el diálogo es bueno, no con todos. Como consuelo, tampoco me entiendo bien con los antivacunas o con los terraplanistas. El desentendimiento no se limita al tema transgénicos.

-Cuando usted se puso a trabajar en este tema, ¿pensó en lograr una Argentina pionera en cultivos más productivos y que necesitan menos agua?
-No. Comencé a trabajar queriendo entender el funcionamiento de las plantas, queriendo dar respuesta a la pregunta: ¿cómo hacen las plantas para adaptarse al ambiente? Todo lo demás vino con el pasar del tiempo y la continuación de las investigaciones. No fue un propósito primario, fue surgiendo.
-¿Cómo es, en su experiencia, la investigación en Argentina? ¿Es un trabajo solitario? ¿Tiene reconocimiento o depende del sector?
-La investigación en nuestro país es de altísima calidad aunque se realiza la mayoría de las veces en condiciones lejanas a las ideales. Hay profesionales e investigadores en todas las disciplinas que son motivo de orgullo nacional. Algunos han sido nombrados en estos tiempos difíciles de pandemia y otros, según los temas en los que trabajan, pueden ser más silenciosos, pero hay muchas estrellas reconocidas en todo el mundo, al menos por la comunidad científica internacional, por los aportes cotidianos al conocimiento y la tecnología. En mi área el trabajo es siempre de equipo; hay disciplinas en las que el trabajo es más solitario, pero son las menos. Tengo reconocimiento no sólo del sector, pero no es el motor de mi trabajo sino el de lograr algo innovador y pionero para nuestro país.

-¿Qué le dicen colegas de otras partes del mundo?
-Nuestro trabajo publicado en el Journal of Experimental Botany sobre el trigo HB4 ha recibido más elogios que los que he imaginado o sabido con cualquier otro artículo. Uno de los revisores anónimos escribió textualmente: “This is by far the best paper I have seen in this genre (pursuit of transgenic improvement in “drought tolerance”. Y se traduciría como: éste es de lejos el mejor trabajo de este género que he visto, y con género me refiero a mejoramiento para tolerancia a sequía. El segundo revisor no se quedó atrás. Luego de su aceptación y publicación, el trabajo fue twiteado en todo el mundo, incluyendo países de Europa, Estados Unidos y Australia. En particular en Australia salieron después varios artículos periodísticos comentando el artículo científico, muchos de ellos firmados por científicos de ese país de renombre internacional. No me voy a detener en los otros cientos de felicitaciones que hemos recibido por este trabajo porque son muchas, no me acordaría de todas, y sería injusta con algunas.
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Hasta el más mediocre de los estadistas sabe que la mejor guerra es la que no se pelea en el territorio propio. Por eso la primera gran batalla de la contienda comercial europea-estadounidense se libró en Brasil.
En septiembre de 1998 la Comisión Nacional Técnica de Bioseguridad de Brasil (CTNBio) aprobó, luego de realizar una serie de estudios científicos, la comercialización de la soja tolerante a glifosato de Monsanto. Pero posteriormente Greenpeace y el Instituto de Defensa del Consumidor de Brasil (IDeC) iniciaron una serie de acciones judiciales contra esa aprobación que dieron lugar –en agosto de 1999– a una medida cautelar instruida por el juez federal Antônio Souza Prudente. Desde entonces tanto la venta como la siembra de semillas de soja transgénica se encuentra prohibida en todo el territorio brasileño.
Puede decirse que la medida cautelar llegó un poco tarde. Sucede que en 1999 la soja transgénica ya ocupaba alrededor del 15% de la superficie total de soja sembrada en Brasil. Y en la campaña 2001/02 esa proporción se encontraba en el orden de por lo menos un 30% del área sojera total. Es probable que en el período 2002/03 el porcentaje de soja resistente a glifosato haya sido superior al 40% del área total sembrada. El jefe de la Unidad de Biotecnología de la compañía estatal Embrapa (Empresa Brasileña de Investigaciones Agropecuarias) estimó que el 60% de la soja producida durante el ciclo 2001/02 en el estado de Rio Grande do Sul podría ser transgénica. Lo cierto es que, al no haber estadísticas oficiales al respecto, nadie sabe con certeza cuánta soja transgénica se produce en Brasil.
Las autoridades estaduales y federales saben perfectamente que en el sur de Brasil se encuentra activa desde hace tiempo una red de operadores que se dedica a ingresar variedades de soja transgénica desde Argentina para luego multiplicarlas en territorio brasileño. En los papeles se trata de una actividad ilícita. Pero en la práctica el contrabando es tolerado por los funcionarios brasileños porque saben que los productores de soja necesitan disponer de variedades modificadas genéticamente para poder competir con sus pares argentinos.
La soja transgénica fue bautizada en el sur de Brasil con el nombre de soja Maradona. Esto porque las variedades ingresadas a ese país desde Argentina permiten obtener plantas petisas, regordetas y muy productivas. Algunos productores brasileños comentan que ese nombre también fue dado por el hecho de que la soja transgénica es tan legítima como el segundo gol que Diego Maradona le hizo al equipo británico en el Campeonato Mundial de Fútbol de 1986. Fue un gol hecho con la mano. Pero el árbitro de ese partido no logró advertir esa situación y lo consideró como un gol reglamentario. Con la soja Maradona sucede exactamente lo mismo. No está considerada en el “reglamento”. Pero los “árbitros” no imponen sanciones. Y los agricultores brasileños siguen entonces anotando “goles” al usar una tecnología de avanzada sin la obligación de pagar royalties.
El hecho de que la guerra comercial promovida por Europa se haya extendido a Brasil no es fortuito. Sucede que Brasil tiene condiciones para convertirse en la primera potencia agrícola del mundo en un plazo de sólo una década (el primer puesto es ocupado en la actualidad por Estados Unidos). La clave de esa potencialidad reside en una región –conocida como el Cerrado– que se encuentra localizada en el centro de Brasil.
El Cerrado brasileño cuenta con 38,5 millones de hectáreas de monte que pueden fácilmente transformarse en áreas agrícolas. En la campaña 2001/02 se sembraron 15,3 millones de hectáreas de soja en todo Brasil. Pero sólo en el estado de Mato Grosso existen 12,2 millones de hectáreas potencialmente agrícolas, mientras que en los estados de Mato Grosso do Sul y Goiás existen otras 15 millones de hectáreas disponibles para sembrar soja. Las restantes 11,3 millones de hectáreas potencialmente agrícolas se encuentran distribuidas en los estados de Bahia, Maranhão, Piauí, Rondônia, Roraima y Tocantins. El Cerrado está siendo “colonizado” por un conjunto de emprendedores agrícolas –muchos de los cuales provienen del sur de Brasil– que están realizando una verdadera revolución agrícola en esa región. El crecimiento de la actividad agroindustrial también es significativo. Se trata de la región agropecuaria más dinámica de toda América latina.
La potencialidad presente en el Cerrado no puede expresarse completamente en la actualidad debido a dos motivos. El primero de ellos es un problema logístico: la soja producida en esa región debe recorrer una distancia del orden de 1500 kilómetros para llegar a los puertos de la costa norte de Brasil y por el momento una gran parte de las nuevas áreas agrícolas no cuentan con hidrovías, ferrocarriles o carreteras adecuadas para transportar los granos. Para solucionar esto las autoridades brasileñas están implementando un ambicioso programa de infraestructura denominado Corredores Estratégicos para el Desarrollo. El proyecto –que ya se está llevando a cabo– consiste en construir ocho grandes corredores en los que convergerán redes viales, férreas y fluviales. La segunda limitante es que las tierras del Cerrado brasileño están conformadas en su gran mayoría por suelos ácidos (4-5 de pH) con elevados niveles de aluminio (un elemento tóxico para las plantas). Este inconveniente suele corregirse con aplicaciones de cal combinadas con fertilizaciones. Pero también podría solucionarse por medio del diseño de plantas de soja modificadas genéticamente para resistir –por ejemplo– la toxicidad por aluminio. La compañía estatal Embrapa cuenta con especialistas en biotecnología agrícola y recursos económicos suficientes para desarrollar cultivos diseñados a medida de una región tan prometedora como el Cerrado. Pero tiene las manos atadas gracias a la prohibición –vigente desde agosto de 1999– de producir y comercializar semillas modificadas genéticamente.
La mayor parte de los brasileños desconoce que la restricción legal para comercializar semillas modificadas genéticamente ha incidido de manera negativa en la competitividad del sector agrícola de su propio país. El principal beneficiario de tal prohibición fue la Unión Europea: si Brasil hubiese tenido desde el vamos el camino libre para poder expresar todo su potencial agrícola, la producción mundial de granos –fundamentalmente de soja– se habría incrementado significativamente y eso habría contribuido a reducir el valor internacional de los commodities agrícolas. La cuestión es que para las autoridades europeas un menor precio internacional de los granos implica un mayor pago en concepto de subsidios agrícolas. Por lo tanto, todo lo que atente contra los incrementos de productividad agrícola contribuye a mantener en orden las finanzas de los Estados europeos. Se trata, en definitiva, de “comprar tiempo”. Lamentablemente, los brasileños no pueden decir lo mismo: en el juego planteado por Greenpeace y el IDeC, Brasil, además de perder un tiempo valiosísimo en investigación y desarrollo, ha dejado de percibir muchos millones de sojadólares.
Sin embargo, Brasil es el país latinoamericano más activo en materia de ensayos a campo de granos modificados genéticamente: entre 1997 y 2001 se realizaron 62 ensayos de variedades de soja transgénica, los cuales fueron desarrolladas por Aventis Seeds, BASF, Monsanto, Embrapa, Cooperativa Central Agropecuária de Desenvolvimento Tecnológico e Económico y el Instituto Agronómico do Paraná. En cuanto al maíz modificado genéticamente, entre 1997 y 2002 se llevaron a cabo 749 ensayos de semillas desarrolladas por Aventis Seeds, BASF, Monsanto, Pioneer (DuPont), Dow Agrosciences y Syngenta . La cantidad total de ensayos de eventos biotecnológicos en maíz, soja, girasol, algodón, trigo y papa –entre otros cultivos– realizados en la Argentina entre 1991 y 2001 es de “sólo” 495. Brasil lleva por lejos la delantera.
“Ojalá que la aprobación de los transgénicos en Brasil tarde la mayor cantidad de tiempo posible, porque en ese caso va a ser muy difícil competir con ellos”, señala un operador agropecuario argentino que siembra varias decenas de miles de hectáreas agrícolas en la Pampa Húmeda. Razones no le faltan para estar preocupado.
La entrada Murió el Diego: Fue tan grande que hasta hubo un momento en que le prestó su nombre a la soja se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Osvaldo Miatello: “Prohibimos el glifosato en Rosario para forzar una discusión en serio” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ver Rosario, la “capital de la soja transgénica”, prohíbe el uso de glifosato?.
“La ordenanza ya fue aprobado por unanimidad por el concejo. Somos 28 los concejales que lo integramos, de distintas facciones políticas, y estuvimos de acuerdo en que avance en esta ordenanza, aunque parezca paradójico y Rosario sea considerada la capital de la soja. Sentimos que hay que hacer un esfuerzo de ambos lados, quienes demonizan al glifosato, y quienes sostienen que no es de los agroquímicos de mayor toxicidad”, explicó Miatello en Bichos de Campo.
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Miatello recordó: “Desde hace años que hicimos pedidos de informes, reuniones, dictámenes de facultades de medicina al respecto. Y como no había posiciones certeras, la propia dinámica de las circunstancias nos llevó a tomar posiciones más duras, como lo es esta ordenanza resultante”.
“Creemos que debe darse una discusión a nivel nacional, porque nosotros, más allá de que queremos ser parte de esa discusión, como concejales de Rosario sentimos que es un tema que nos excede. El problema es que la ciencia no parece ser objetiva, porque hay dictámenes contrapuestos atravesados por intereses y posiciones ideológicas propias. En Europa por ejemplo, se está dando discusión a este aspecto, donde hay países que avanzan claramente en la prohibición del glifosato y otros que no”, añadió el edil.
“En el caso de Argentina, al ser exportadores líderes de soja, entendemos lo que significa prohibirlo. Por eso no cerraremos la discusión acá”, concluyó el concejal rosarino.
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