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La entrada Carolina Salcedo produce maíz en Córdoba y analiza la veda exportadora: “Uno siente que rema en dulce de leche de repostería” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Carolina participó días atrás de la asamblea de productores que en Jesús María en rechazo al cierre de las exportaciones de maíz. Bichos de Campo le preguntó por qué lo hacía y qué sentía frente a esa medida. Contestó: “uno se siente que rema en dulce de leche de repostería”.
Escuchá la entrevista completa:
“Honestamente una se siente desazonada, como golpeada, porque es tanto el esfuerzo del productor agropecuario, del tambero, del que produce vacas y el feedlot, es tanto el esfuerzo”, se lamentó la productora.
Luego amplió sobre su estado de ánimo: “El campo es parte del país, no es un sector aislado. Somos todo lo mismo y nos necesitamos. Si al campo, que es el gran productor de divisas, se lo apoyta lo que va a llevar es que a todos nos vaya mejor. Pero si se le ponen límites el país se va a empobrecer”.

Salcedo recordó además que en todo el planeta “estamos en una situación de pandemia y nadie va a salir fácil. Entonces lo que que hay que hacer es potencia lo que tenemos para que pueda derramar para abajo. La Argentina está muy endeble como para darnos el lujo de quedarnos sin los que pueden ayudar a que esto se reactive de manera más fácil”.
-Muchos productores piensan que este cierre del maíz sigue despupés con la carne y con la leche… ¿Vos sentís ese temor?
-A mi me produce temor la falta de libertades. El hombre tiene derecho a producir y ganarse el pan con su propio trabajo. Si se quitan las libertades, si tenemos un sistema donde no se puede vender, nos van a dejar de una manera en una situación en la que no vamos a poder seguir produciendo Y. en el país la mayoría de los productores son pequeños y medianos, no hay demasiados grandes multinacionales. Hay productores grandes, si los hay, pero la mayoría de los productores comen de lo que producen. Y no es que no venden por oligarcas o avaros, sino porque esa es su manera de ir cobrando su sueldo.
Carolina cree que este cierre de las exportaciones del maíz, el manoseo en el mercado, conduce inevitablemente hacia una mayor sojización de la agricultura. “Con este tema del maíz se llega a lo que tanto se critica, el tema del maíz apunta a que la gente se vaya a sembrar soja”, repite.
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]]>La entrada Rafael Aliaga, de Man Agro, asegura que se puede hacer una agricultura sustentable sobre tierras alquiladas: “La naturaleza y el mercado no te perdonan nunca” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Somos agricultores sin tierra dentro de un marco bien establecido de misión, visión y valores”, dijo Aliaga a Bichos de Campo. Explicó que en lo agronómico “hicimos cada año lo mejor que pudimos a nivel de manejo en campos. Jamás hicimos sojización, ya que de las 60 mil hectáreas que sembramos el 50% son gramíneas. Siempre mantuvimos la rotación”, enfatizó.
El presidente de Man Agro, que tiene su sede central en Pergamino, participó de una jornada organizada por la Regional Aapresid Pergamino-Colón, en la cual se mostró “in situ” el sistema de producción “siempre verde” (busca imponer los cultivos de serviio o de cobertura). En ese contexto opinó que el contagio de estos nuevos sistemas más amigables con el ambiente a otros productores deberá ser “primero económico y es la cruda realidad”.
Para Aliaga, modelos como este de intensificación que propone Aapresid, “ya se están contagiando y como el productor agropecuario argentino es tomador de tecnología, yo creo que lo va a tomar”.
Mirá la entrevista completa a Rafael Aliaga:
“La realidad muestra que si no hacés las cosas bien, el alambrado de al lado te mostrará que alguien hace las cosas mejor, con lo cual ese empresario perderá competitividad. Por eso, mantenerte en ese punta de lanza es importante porque te permite estar siempre en capacidad competitiva. Y para poder mantenerte en el mercado tenés que ser muy bueno en lo tuyo. La naturaleza y el mercado no te perdonan nunca, por eso tenés que hacer las cosas bien”, remarcó el empresario agrícola.
El presidente de Man Agro contó que en la empresa trabaja un equipo de más de 40 personas entre ingenieros agrónomos, licenciados en Administración de Empresas y contadores públicos, entre otros, y que están por incorporar un ingeniero en Gestión Ambiental para que les ayude a auditar de modo interna que las Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA) se hagan de modo correcto.
“Si Aapresid pueda mostrar sus resultados exitosos en este campo de Salto es porque hay tecnología dentro. De lo contrario este sistema no sería factible; no podrías lograrlo sin la soja RR o sin maíces con biotecnología dentro y sin paquete de herbicidas aunque lo uses en menor cantidad”, remarcó.

El agrónomo recordó que, en su caso, el trabajo de siembra en tierras arrendadas empezó con el arado de reja y vertedera, y luego pasó por el cincel- una herramienta de labranza vertical-, hasta que vio nacer la siembra directa. “Hoy todo lo que hago es en directa y realmente vimos el virtuosismo de eso. Quien no lo ve es castigado por el propio mercado y termina desapareciendo”, declaró.
Le preguntamos a Aliaga si el sistema agrícola argentino, donde un 70% de las siembras se hacen en campos alquilados, favorece la sustentabilidad, o si al contrario la conducta rentista de muchos dueños de campos genera una actitud desaprensiva. Opinó que es su caso, “si el dueño del campo te pide una renta mayor a la que realmente podés producir dejamos el campo, nos retiramos. No apuesto si no es algo razonable”.
“En nuestro caso el contrato más largo fue a los 7 años con gente que parecía perfecta y a los 3 años nos exigieron algo que no correspondía y ahí les devolvimos el campo y nos fuimos sin ningún reclamo. Cada año prefiero saber que hago las cosas conforme a lo que es la ecuación del año y sabemos que cada año es distinto. Si el año que viene la soja vale 600 dólares la tonelada no podemos estar pagando el mismo alquiler, es ridículo”, expresó Aliaga.
-¿Y cuidan los arrendatarios los campos que alquilan? ¿Para qué cuidar lo que no es suyo?
-Eso es cierto en parte, pero no todas las empresas hacen eso. En nuestra empresa por ejemplo nos hemos negado a hacer minería; y a su vez tener ese articulo 39 que permite el contrato accidental nos permitió crecer sanamente sin abusar del dueño de la tierra ni que este abuse de nosotros. Hacer contratos de muy largo plazo es lindo pero si el mercado o negocio te marca otra cosa no lo es. Hay que poner un punto de equilibrio lógico.
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]]>La entrada ¿Qué corno es la Agricultura Siempre Verde? Al final la “intensificación” no era comer mucho sino variado se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El lunes, cuando comenzaba la semana de actividad más fuerte del congreso, pude escuchar una charla brindada por varios de los productores y técnicos que están al frente del sistema Chacras de la institución organizadora, que no es otra cosa que una red de campos ubicados en diversas latitudes donde Aapresid realiza ensayos agronómicos. Algo así como las experimentales del INTA, pero más abocadas a los dilemas que debe resolver la agricultura extensiva convencional (a algunos les gusta llamarla “agricultura industrial”) que se inició tres décadas atrás, con la irrupción de la siembra directa. Todo ellos estaban ensayando distintos aspectos de un nuevo modo de hacer la agricultura, el bendio “siempre verde”. Mostraban buenos resultados y querían comenzar a contagiar al resto de los agricultores.
También puede escuchar al doctor Rattán Lal, un experto indio que trabaja en Estados Unidos y que recibió el Premio Mundial de Alimentos 2020 por sus innovadoras investigaciones sobre la restauración de los suelos. El tipo machacó conque el sistema global está crujiendo fuerte debido al cambio climático y la acelerada urbanización. También dijo que al planeta no le queda otra opción que comenzar a producir más alimentos con menos recursos y sobre todo regenerando el suelo. Habló de su propia huerta casera donde produce pepinos y berenjenas de modo “agroecológico”, pero también de la agricultura de altura en edificios transparentes, en los techos de las casas y hasta en el planeta Marte de ser necesario. Para las planicies como el medio oeste nortamericano o la pampa húmeda argentina también tuvo una receta: la “agricultura siempre verde”, mencionó , es regeneradora de los suelos, la epidermis del planeta.
¿De qué hay que regenerar los suelos? ¿Y por qué hay que hacerlo con la agricultura siempre verde?
Trato de interpretar: Con lo primero que me surge vincular ese nuevo concepto es con la figura del “desierto verde” tan meneada por los críticos ambientalistas en los años de fuerte sojización de la agricultura local: hasta 21 millones de hectáreas se llegaron a plantar con la oleaginosa. Ahora se moderaron a 17,5 millones y reapareció el maíz y la hacienda como contrapeso, pero hubo un momento en que uno iba por la ruta y veía todo soja, solo soja, hasta en las banquinas. Como la mayoría suele recorrer las rutas en verano, lo que se veía era el cultivo sembrado en primavera que iba a cosecharse en el otoño (o en el mejor de los casos que se sembraba en verano, detrás de un trigo). Una y otra vez se sembraba así la soja, hasta el cansancio e intoxicando el sistema con monocultivo.
Los de Aapresid han sido responsables de buena parte de ese proceso: ellos fueron los que introdujeron aquí finalmente el paradigma de la siembra directa, admirado a nivel mundial porque sirvió para detener la erosión pero provocó -ahora a años luz se lo ve mucho más claro- otros problemas en los suelos.
La siembra directa fue uno de los vértices claves del tridente que impulsó la sojización. Lo hizo junto a la transgénesis de la ex Monsanto y el herbicida glifosato, uno de los hijos dilectos de la Revolución Verde. A esta altura, al hacer estos análisis habría que hablar también de una cuarta responsabilidad y de un cuadrado, ya que las retenciones impuestas desde el Estado también han colaborado mucho -quizás más que el resto- a conducir la agricultura argentina hacia ese sendero donde no se estaban haciendo demasiado bien las cosas y la sustentabilidad corría serios riesgos.
¿Es la Agricultura Siempre Verde el equivalente actualizado de aquel desierto verde? Luego de escuchar varias charlas en Aapresid me voy dando cuenta que nada que ver, que no son lo mismo aunque buena parte de las palabras se repitan.
La primera palabra que se repite es “verde”, pero eso debe ser por culpa de que los citadinos y los militantes ambientalistas que crearon el concepto de “desierto verde” no suelen andar mucho por las rutas en invierno. Queda claro que la mayoría de ellos más bien salen a vacacionar en verano, cuando la mayoría de las sojas lucen ese verde tan lustroso. Y por eso desconocen lo que es el barbecho.
Pienso: si los ambientalistas salieran a recorrer las rutas de la región agrícola también en invierno, quizás a alguno de ellos se le hubiera ocurrido hablar del “desierto ocre”, que es el color que tienen las tierras en letargo, a la espera de un cultivo nuevo. Esto sucede en buena parte de los campos que se dejan en reposo luego de la cosecha, en abril, mayo o junio, y hasta la siembra en septiembre, octubre o noviembre. Para que no aparezcan invadidos de yuyos, en esa espera se apela a los insumos químicos.
Escuché a los técnicos de Aapresid que presentaron los resultados de sus ensayos en cada una de las chacras. Los escuché con la atención que merece alguien que está haciendo algo importante y digno al mismo tiempo. La dignidad surge en que parte de sus tareas pasa por revisar algunos conceptos del modelo de siembra directa que favoreció aquella sojizacióny fue una de las causas de aquel desierto, verde en verano y ocre en el invierno.
Creo, realmente creo, que es muy digna la posición de quien acepta que puede haberse equivocado en algún aspecto e intenta revisar lo que hizo. Mucho más digna es esa actitud que la de muchos ambientalistas que se suben a un púlpito y empieza a arrojar piedras hacia los supuestos pecadores, sin siquiera reconocer que pueden ser parte del problema. Aapresid se está haciendo cargo y corre riesgos. Eso hay que mencionarlo.
La revisión de Aapresid -que ya se había empezado a insinuar en el pasado congreso y que se hizo viva voz en este-, apunta a buscar soluciones a los efectos colaterales que dejó el avance del “desierto verde” sobre el ambiente agrícola argentino. El problema agronómico no es local, sino que es común a muchas otras agriculturas semejantes en todo el mundo: Mencionaré solo algunos colaterales que a esta altura merecen poca discusión por o evidentes que son: Deterioro del recurso suelo, aparición de malezas resistentes, y extrema dependencia de la agricultura a los insumos externos.
Reparo en que hay una segunda palabra que los especialistas de Aapresid repiten mucho y que me asusta porque complica al análisis: “Intensificación”. Ya tenemos dos palabras que son comunes a aquellos tiempos en que se iniciaba la siembra directa y ahora, cuando el modelo agrícola ingresa a boxes para su revisión. Verde e Intensificación. Se decían antes y ahora.
Ando cada vez más confundido: ¿No era que aquella bendita intensificación de la agricultura desde finales de los años 90 fue la que provocó muchos de estos efectos colaterales que ahora notamos y no podemos ocultar? ¿No era que habíamos hecho soja demasiado intensamente? ¿Que fuimos muy intensos al utilizar siempre los mismos principios activos para combatir ciertas malezas? ¿No salta a la vista que la intensificación fue la que nos trajo hasta aquí? ¿Por qué intensificar la intensificación?
Pienso: ¿No habría que apretar el freno en vez de seguir acelerando?
Es lo que proponen, frenar más que acelerar, quienes impulsan la agroecología como remedio a estos daños colaterales de aquella primera intensificación. Dicen que ya no hay que echar más insumos de base química, ni usar semillas modificadas, aunque en esa decisión de clavar las alpargatas en el piso se resignen los altos rendimientos que, según el tal Rattan Lal, necesitará obtener el mundo para alimentar a 11.300 millones de habitantes a 2100, mientras además se ocupa de detener el calentamiento global.
A mi, confieso, me caen bien quienes pregonan la agroecología como el gran remedio a muchos excesos de la agricultura moderna. En Bichos de Campo le damos bastante espacio a contar sus experiencias porque también son un síntoma claro del agotamiento de una época donde la palabra “intensificación” se ha usado demasiado, casi tanto como la soja y el glifosato.
Pero tengo reparos: Simpatía no significa que uno deba darles la razón en todo lo que dicen. Percibo con claridad que sus planteos quizás sean adecuados para una agricultura de cercanía y de baja escala, poco mecanizada todavía. Creo que puedan ofrecer algunos alimentos seguros y nutritivos a la población. Pero lo cierto es que los planteos que prescinden de todos los insumos y las tecnologías todavía hacen agua cuando deben producir a gran escala los cultivos que más demanda el mundo y que son los que generan divisas.
Entonces la mirada vuelve otra vez a esta revisión en la que se ha embarcado Aapresid y muchas otras organizaciones de la agricultura pampeana, como el INTA y Aacrea y varias facultades de agronomía que no son la de La Plata. ¿Por qué me proponen de nuevo intensificar si lo que hay que hacer es reducir la utilización de algunos insumos para poner además freno al deterioro sistémico que están sufriendo los suelos de la región?
Ya no me acuerdo quién fue, cuál de los técnicos lo dijo: lo más probable es que la frase la hayan repetido varios y que gracias a ello el concepto logró penetrar alguna de las capas ociosas de mi cerebro: la intensificación que se propone ahora no implica una mayor utilización de insumos sino de “procesos”. Dicho de otro modo: no se trata de aplicar más remedios sino de cambiar el modo en que vivimos para evitar de ese modo caer enfermos.
La comparación con la alimentación es muy efectiva para entender este concepto de intensificación hacia una “agricultura siempre verde”: si nosotros comemos siempre en un local de comida rápida, siempre lo mismo, terminaremos dañando nuestro organismo al punto en que el médico terminará recetándonos alguna pastilla contra el colesterol o para prevenir riesgos cardíacos. Ese es el escenario actual para la agricultura argentina: está pasada de pastillas, porque va sumando uno y otro remedio para enfrentar los distintos efectos colaterales de este proceso de deterioro que le causó el comer repetidas veces lo mismo.
En cambio, dicen los médicos y ahora los agrónomos de Aapresid, si comenzamos a comer surtido y sano, si lo hacemos diverso, nutriremos a nuestro organismos de modo armónico y le aliviaremos muchos trastornos. El doctor no necesitará medicarnos y las pastillas serán necesarias solamente en casos muy puntuales de enfermedad.
La “intensificación”, desde este nuevo abordaje, no es comer más de lo mismo. Sino comer de muchas cosas diferentes, buscando un equilibrio.
Da algo de risa escuchar ahora a los principales agrónomos del país hablar de manejos holísticos o disputarle conceptos a la más rancia agroecología vernácula. Ahora todos parecen hippies que abusan del vicio de la vicia. Pero es que finalmente la búsqueda de la agricultura convencional no es ahora ir detrás solo de mayores productividades por hectárea sino detrás de un equilibrio. Los de Aapresid se dieron cuenta de que no podían alimentarse todos los días en Pumper Nic, por no mencionar marcas en vigencia.
Reviso: ahora ya sé que la intensificación que pregonan desde Aapresid no es utilizar más pastillas sino comer variado y sano para evitarlas. ¿Pero qué tiene que ver esta intensificación con el siempre verde? ¿Habrá que eliminar la soja que formaba aquellos inmensos desiertos? ¿Y habrá que morfar lechuga por toda la eternidad?
No, nada que ver. Ese “siempre verde” no tiene que ver con eliminar el “desierto verde” sino con prolongarlo a lo largo de todo el año. Entonces, lo que habría que eliminar no es la soja sino aquel “desierto ocre” de los barbechos. Ese en el cual los ambientalistas no repararon simplemente porque no viajan demasiado en los inviernos.
La prédica apunta a sembrar soja o maíz o algún otro cultivo de verano como se hace ahora, pero rotando siempre con algún cultivo de invierno, que evite que el suelo quede al descubierto, en barbecho químico. De esto versaron la mayoría de las charlas técnicas del congreso de Aapresid: de que existen alternativas, ya sea como cultivos de renta o simplemente “de servicio”, que aportan cobertura a los suelos agrícolas en todas las épocas. Es lo que están investigando en las chacras de las que hablaba al principio. No se trata de dejar de comer. Se trata de confeccionar una dieta balanceada y adecuada a cada zona (cada organismo), que prevenga más que curar.
El concepto “siempre verde”, en definitiva, refiere a una opción agronómica que promueve evitar las etapas de letargo en las que el suelo no solo se teñía de ocre sino que parecía muerto, porque en efecto se iba muriendo con el paso de los años.
Los cultivos de servicio o de cobertura que se están ensayando por todos lados son la opción para construir un “puente verde” sobre el “desierto ocre”, para asegurar una continuidad que tiene efectos más que comprobados sobre los campos: evita la compactación del suelo, permite que se recuperen las poblaciones de microorganismos y otras faunas visibles, como las lombrices. Así devuelve nutrientes y permite una mayor infiltración del agua, mejora los niveles de captura de Carbono. Y así permite recuperar paulatinamente niveles de fertilidad previos, y por lo tanto reduce la necesidad de pastillitas, sean estas de fertilizantes o de agroquímicos.
Puf. Me llevó varios días tratar de entender todo esto para poder explicarlo. Intensificar no era comer más sino distinto, más verde, más diverso y más vivo. Me merezco un choripán por tanto esfuerzo.
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]]>La entrada Retenciones bajo la lupa: Jorge Saénz Rosas, de CREA, señala que ese impuesto afecta a las rotaciones y la sustentabilidad del sector agrícola se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Cuando se sacaron las retenciones a los cereales en 2016, empezó a aumentar claramente las superficies sembradas con estos cultivos, siendo este un factor clave para la rotación de cultivos y sustentabilidad de los sistemas”, mencionó el productor en Bichos de Campo.
Aquí la entrevista completa con Jorge Saénz Rozas:
De este modo, para Saénz Rozas, la persistencia de las retenciones ha generado un mapa agrícola que finalmente no es sustentable, porque ha llevado al abuso de los cultivos de mayor renta y menor costo, en especial la soja.
Dijo también que “la tecnología aplicada se ve afectada por las retenciones”. Y que “los productores terminan haciendo planteos más defensivos”, refiriéndose al menor uso de insumos, fertilizantes, genética o bien herramientas de agricultura de precisión. Queda claro que las retenciones terminan siendo nocivas para quienes espiran a desarrollar una agricultura más armónica con el medio ambiente.
Para Saénz Rozas, además, las retenciones han tenido un impacto en el despoblamiento en el ámbito rural. “Porque el dinero no vuelve al campo, y los accesos se tornan cada vez más complicados”, señaló.
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]]>La entrada Otro documental que demoniza el "agronegocio" se produjo con ayuda oficial y se estrenará en un cine público se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En la crónica de Télam que anticipa el estreno en el Gaumont se cuenta que el filme sigue de cerca al fotógrafo Matías Sarlo en medio de un campo de soja de la Pampa Húmeda, en un registro que aparece como “un modo de indagar sobre productos que comemos y no son alimentos”, según señaló el propio director.
Fidalgo contó que gracias a esta producción logró “empezar a conocer el laburo de un montón de gente, a establecer otro tipo de contacto con la naturaleza, y a indagar sobre el tema de los alimentos que comemos”.
“Muchas productos que ponemos sobre la mesa no son alimentos, la soja no es un alimento apto para consumo humano, es un insumo para engorde de animales”, señaló.
Mirá un resumen de “Fotosíntesis”;
En esta película, el director acompaña y captura el trabajo de Sarlo, fotógrafo free lance oriundo de Rafael Obligado, provincia de Buenos Aires, que en este proyecto tiene como meta retratar en un período de 10 años como desparece una cultura del trabajo en el campo, arrasando con los trabajos y los pueblos. Fidalgo y Sarlo hicieron juntos 50 viajes por la Pampa Húmeda (llegando a Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y el norte de Buenos Aires).
“Yo soy de Rosario, una ciudad rodeada de campos, pero cuando hablamos del campo no sabemos de qué estamos hablando”, reconoció el director, que de todos modos consideró: “Hacer esta película fue como tomar un poco de conciencia de qué es lo que nos rodea, me abrió un camino para hacer mis propias búsquedas, siempre me interesó la ecología pero era como algo abstracto”.
La idea de Sarlo que luego se retrata en el documental era hacer un registro en un período de 10 años sobre las mutaciones y cambios de costumbres y pérdidas culturales del mundo rural a partir de la sojización o intensificación del modelo extractivista, con la aplicación de los llamados paquetes agrotecnológicos. El fotógrafo organiza series temáticas de 10 fotografías y las clasifica: remates rurales, chacras abandonadas, prácticas rurales que persisten, historias de vida.
“El documental muestra un poco lo que pasa después del agronegocio, la desintegración de los pueblos. Hay mucha soledad en esos pueblos en los que la economía es lo que los mueve hasta que no empecemos a salir de este encierro del agronegocio”, expresó el cineasta. “El diagnóstico ya lo tenemos, hay personas que se fueron a vivir al campo y se encontraron con que los fumigan con agrotóxicos a 100 metros, y hay enfermedades, problemas, cáncer”, describió.
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]]>La entrada Eduardo Soto: “La política agropecuaria de Cambiemos gatilló la apuesta tecnológica en los cultivos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Todavía queda mucho terreno por recorrer, pero estamos por el camino correcto. Se ve en consumo de fertilizante y rindes”, destacó Soto.
“Nos habíamos ido de mambo con la soja, pero fue en defensa propia. Eso fue muy malo desde el punto de vista de la sustentabilidad, por pérdida de fertilidad química y física, y por la aparición de inconvenientes como las malezas resistentes”, explicó a Bichos de Campo.
Aquí la entrevista completa:
Con la política del gobierno de Cambiemos, según este agrónomo y funcionario, la matriz productiva comenzó a revertirse. “Hablamos de cosecha récord porque hubo inversión en tecnología, ya que por más que tengas buen clima no se alcanza. Siendo el primer año con estás políticas sin sequía o inundaciones, se ven los resultados”, destacó.
Soto explicó en que en la Provincia están trabajando y poniendo el foco en una intensificación sustentable de los sistemas agrícolas, tanto para aportar fertilidad como para bajar la intensidad de malezas resistentes. Entre esas opciones se analiza con especial interpes la incorporación al menú de la arveja.
“Hay que generar los mercados y la semilla de calidad, pero para eso tenemos que difundir mucho la idea. Ya no podemos analizar los cultivos por separado sino tenemos que interpretar todo el sistema. Y la arveja mejora los balances”, finalizó.
La entrada Eduardo Soto: “La política agropecuaria de Cambiemos gatilló la apuesta tecnológica en los cultivos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Conversaciones en la Fauba // Carina Álvarez: “Para el cuidado del suelo, lo que falló fue la rotación” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“La Siembra Directa es una técnica importante. Lo que hace es no mover el suelo, y evita la erosión. Pero para que la Directa sea como corresponde, es necesario que esté acompañada por residuos, rastrojos que queden protegiendo el suelo. Ahí es importante una rotación. Y la Argentina se basó en los últimos años en el monocultivo de soja”, explica.
Mirá la entrevista completa a Carina Álvarez:
¿Y qué consecuencias provoca la falta de rotación? La docente de Agronomía enumeró que los efectos de tanta soja sobre soja son un menor aporte de Carbono, que el suelo quede en partes desnudo y expuesto a la erosión, y que se vaya reduciendo la materia orgánica presente en los suelos.
“El origen de la materia orgánica son los residuos. Y si uno aporta pocos residuos, la materia orgánica cae. Y con ella caen un montón de cosas: los nutrientes, la calidad física del suelo, etcétera”, indicó la especialista.
Álvarez pone énfasis en la progresiva disminución de los nutrientes. “Nuestros suelos eran ricos en nutrientes, pero con cada cosecha va disminuyendo la presencia de éstos en el suelo y los estamos enviando al resto del mundo. Fuimos extractores de nutrientes, siempre trabajamos con un balance negativo. Es grande la deuda”.
“Hay que tener la conciencia de que uno debe reponer nutrientes”, indicó la docente de la Fauba, que enumeró las opciones para hacerlo: o bien fertilizar con minerales, o bien con abonos orgánicos, o bien fijando el Nitrógeno desde la atmósfera. “Las leguminosas son fábricas de Nitrógeno con energía solar. Y la soja tiene capacidad de fijar Nitrógeno desde la atmósfera. El día que la retiremos del sistema y si vamos a gramíneas, va a haber que fertilizar más con Nitrógeno”, advirtió.
¿Y qué sucede si seguimos haciendo soja sobre soja durante otros 20 años? Carina dudó ante la pregunta: “Es difícil saberlos, porque el suelo tiene reservas. Pero gradualmente vas perdiendo rendimiento. No hasta llegar a cero, pero podés hablar de pérdidas de 20 a 30%”, evaluó.
Otro efecto de la intensificación agrícola sobre los suelos ha sido que los campos “están sometidos al tránsito de maquinaria, muchas veces desordenada. El deterioro físico del suelo es otra consecuencia, porque produce compactaciones donde luego no puede avanzar la raíz”, indicó Álvarez, para quien es preciso que los productores analicen también este tema y mejoren esta parte del proceso.
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