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La entrada ¿Cómo se educa a los chicos en una escuela agrotécnica? En la Ramón Santamarina de Tandil trabajan en una decena de cadenas productivas para que los alumnos aprendan y puedan elegir se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Todas las escuelas agropecuarias tienen más o menos los mismos entornos formativos La propuesta aquí es aprender a hacer haciendo. La idea siempre fue cerrar todas las cadenas agroalimentarias”, dijo a Bichos de Campo Daniel Picart, veterinario y docente de la escuela agrotécnica.

La institución cuenta con 450 alumnos que entre primero y séptimo año transcurren por los distintos módulos productivos.
Las cadenas involucradas son la bovina, tanto en ganadería de cría –la escuela cuenta con un rodeo de Angus- como en el tambo de vacas Holando. En ambos casos los jóvenes están en contacto con la preparación de los potreros, de las pasturas y cereales que servirán de alimento, con la conformación de las dietas y con la fabricación de subproductos a partir de la leche obtenida.
“En el caso de la cadena láctea, hay 137 vacas en ordeñe con 27 litros en promedio. Es un tambo semiautomático, por lo que los chicos están con algo moderno. Esa leche va a nuestra fábrica en donde aprenden a elaborar distintas variedades de quesos, que son premiados constantemente”, contó Picart.
Los alumnos también aprenden a preparar animales para exposiciones, a amansarlos, a enseñarles cómo caminar y a mostrarlos en las pitas.
Un proceso similar se replica con las cadenas ovinas y porcinas. En ambas los estudiantes interactúan con sus cuidados, la producción de su alimentación y sus dietas. En el caso de los porcinos, también participan de la elaboración de sus subproductos luego de su faena –que no se realiza en el establecimiento-.
“Viene la media res entera y en el sector de chacinados los alumnos aprenden a despostar, sacar los cortes comerciales y eventualmente preparar esa carne para venta, preparar un chorizo, una bondiola, entre otros”, aseguró el veterinario.
Mirá la nota completa acá:
La escuela cuenta además con un sector de maquinaria, en donde los alumnos aprenden sobre su uso y mantenimiento; un taller en donde se realizan pequeñas reparaciones rurales; un área de producción de dulces y conservas; un sector para obtener miel, un vivero y una huerta que provee de verduras al comedor escolar.
“Tenemos además un convenio con el INTA a través del cual los pollitos que nacen, alrededor de 400 todos los martes, se les venden y se distribuyen en el conurbano bonaerense en el programa ProHuerta”, indició Picart.
-¿Cómo van ingresando los estudiantes en cada área?- le preguntamos al docente.
-De acuerdo a la complejidad, de menor a mayor. Es de primero a séptimo año. En primer año, por ejemplo, trabajan con aves y abejas, un alumno de tercero con ovinos y porcinos, que son animales menores que implican menor riesgo, y un alumno de quinto trabaja en el tambo.
-¿Los chicos aprenden de todo y deciden lo que les gusta?
-Creo que es un poco la propuesta. A partir de eso ellos encuentran que es lo que más les gusta de las prácticas que han hecho. Creo que salen con una muy buena formación laboral.

-¿Alguna historia te emociona?
-El alumno que se queda, el que sale a las seis de la mañana de la casa y vuelve a su casa a las seis y media de la tarde, que estuvo todo el día en la escuela, incluso trabajando con lluvia, es un chico especial que le pone garra y compromiso. Uno ve la dedicación que le ponen y eso emociona.
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]]>La entrada El Agrotecnológico de Tandil se propuso ser una fábrica de emprendedores: “Les damos las posibilidades para que inicien la actividad en nuestra institución”, afirma su director se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El Instituto cuenta con dos tecnicaturas: una es la de “Técnico en Promoción y Desarrollo de Emprendimientos Agropecuarios” y la otra es la de “Técnico en Industria Agroalimentaria”. Ambas duran tres años y tienen como requisito la presentación del título secundario.
“La dos (tecnicaturas) forman una cadena en definitiva. Por un lado, estamos vinculados a la producción de la materia prima y, en el otro, a la transformación de la misma”, dijo a Bichos de Campo José Alberto Saluzzo, ingeniero agrónomo y director del terciario.
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“El propósito nuestro es que los alumnos sean emprendedores, inculcar esta actividad en ellos. Les damos las posibilidades para que inicien la actividad en nuestra institución. Hemos tenido muy buenos casos de alumnos que han iniciado su actividad aquí, los hemos acompañado en una primera etapa y después se han ido por su propia cuenta”, explicó Saluzzo.
Por supuesto, la experiencia lograda permite también mejorar las aptitudes de aquellos que buscan oportunidades en el mercado laboral. Los egresados se han insertado en sectores tan diversos como el ganadero, lechero, alimentario y hasta en equipos comerciales de empresas de maquinaria agrícola.
El Instituto cuenta con un tambo que tiene entre 120 y 140 vacas en ordeñe diario, y cuya producción se destina a la fabricación de quesos que luego se comercializan en la región.
También cuenta con un molino propio que busca recrear las situaciones presentes en la cadena de trigo. Para eso, de las 297 hectáreas con las que cuenta la escuela, 240 fueron destinadas a la producción de trigo, entre otros cereales de invierno. El objetivo a futuro es sumar una sala de panadería.
“Con nuestra oferta educativa año a año mantenemos una matrícula de estudiantes que asisten porque desean profundizar esas disciplinas. Les gusta trabajar en el sector. La matricula nuestra tiene aproximadamente un 25% de alumnos que vienen del nivel secundario asociado de la escuela”, señaló el director.
Y a continuación aseguró: “Creo que desde el Instituto estamos aportando gente capacitada para iniciar actividades nuevas en el sector de la agroindustria, al igual que acompañar las inversiones que hay. Incluso que ellos emprendendan actividades”.
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]]>La entrada La Rosalía es un establecimiento lechero que lo tiene todo: certificaciones de bienestar animal, energía solar y ahora busca ser el primer tambo carbono neutro se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La empresa La Rosalía está ubicada en el la localidad de Espinillo, en la provincia de Entre Ríos. Cuenta con 455 hectáreas propias, donde se realiza agricultura y producción lechera gracias a sus casi 600 animales, que producen en promedio 28 litros por día. Hasta ahí nada fuera de lo común.
¿Pero qué los distingue? En primer lugar, cuentan con la única habilitación en Argentina para enviar leche a la Unión Europea (UE) de forma directa e indirecta desde 2013. En segundo lugar, se transformaron en el primer tambo en obtener la certificación oficial de Bienestar Animal otorgado por la Organización Internacional Agropecuaria (OIA). Y como si eso fuera poco, recientemente sumaron la tecnología Blockchain para dar trazabilidad a toda su materia prima.

“No tenemos el capital para invertir en duplicar la escala ni la capacidad del campo. Esta innovación es una solución al crecimiento. Crecemos en certificaciones, porque nosotros queremos seguir acá dentro de 50 años. Todo lo que hacemos, lo hacemos pensando en eso”, dijo a Bichos de Campo Laurentino López Candioti, gerente general de esta empresa.
Pero más que empresa, el entrerriano prefiere hablar de comunidad, ya que en el establecimiento de La Rosalía viven 35 personas entre empleados y familiares. Y para mantener la rueda siempre girando, el directorio de este emprendimiento, que está en pie desde 1981, se propuso todos los años realizar un nuevo proyecto que alimente ese interés por innovar.

Esas ideas van desde la producción de queso reggianito con más de un año de estacionamiento y la creación de un destilador de alcohol artesanal, hasta la instalación de un parque de paneles solares para autoabastecerse de energía. ¿Cuál es el próximo proyecto? Ser el primer tambo carbono neutro.
“Un pilar nuestro es la sustentabilidad. Además de ir hacia carbono neutro, tenemos un proyecto que es ser carbono negativo y en algún momento queremos poder vender bonos de carbono. Estamos trabajando en eso con la Bolsa de Entre Ríos”, confesó el productor.
Actualmente dicho proyecto está en la fase de medición de las emisiones e impacto de la producción. Un importante inicio fue la recuperación del 80% de la bosta generada por los animales, que es compostada y devuelta al campo en forma de fertilizante, y la incorporación de cultivos de cobertura. Incluso han plantado bambú tailandés y vetiver para filtrar y recuperar las aguas.
“Nos queremos adelantar a cosas que sabemos que se van a venir, que son necesarias. Si hay algo que tiene el tambo es que uno lo tiene que observar en una serie de años para ver si se hicieron las cosas correctas o no”, afirmó López Candioti.
Y mientras este nuevo horizonte se dibuja, La Rosalía continúa trabajando para mantener las actuales certificaciones que se renuevan año a año.
Como proveedores de materia prima certificada, la alianza con la empresa San Ignacio, a la que ya califican como “partner”, les ha permitido llegar con el 60% de su producción total de leche a países como: Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú (con dulce de leche y queso azul); México, Estados Unidos, Canadá, España, Italia, Reino Unido, Alemania, Suiza, Israel, Kuwait, Bahrain, Filipinas, Japón y Nueva Zelanda (con dulce de leche) y Rusia (con queso azul).
Estos negocios los han obligado a mantener estrictas condiciones de salubridad y seguridad en el establecimiento, que incluyen la sanidad del rodeo, los protocolos sanitarios al día, los protocolos para el descarte de desechos, la calidad de los tanques y el tipo de enfriamiento, los pisos de hormigón y paredes pintadas con pintura epoxi, entre muchas otras cuestiones.
“Creemos que el campo, además de ser revitalizante de las pymes locales, es uno de los sectores con las mejores capacidades competitivas de Argentina y con la mayor capacidad de reactivar rápidamente todo”, sostuvo el empresario.

Fotos: Juan Manuel Hernández
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]]>La entrada Paulina Mayol comenzó a dirigir la pyme láctea que su bisabuelo fundó en 1936: Se enfrentó con el gremio Atilra y con las resistencias al cambio de sus mayores se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Paulina recuerda la gesta de su bisabuelo, que fue continuada por su abuelo, su padre y su tío, con una bandera de Paraguay al lado de la argentina, en el acceso a la pequeña planta.

Ella parece darle mucho valor a esa historia y fue por eso que hace unos pocos meses ganó algo de fama en los medios cuando su familia decidió enfrentar al poderoso gremio de la industria láctea Atilra, que bloqueó de modo violento el lugar exigiendo que se afiliaran bajo su convenio colectivo todos los trabajadores, incluso los del campo que tenía la pyme láctea. Eran 14 sus empleados en total.
“Si había algo malo, yo estaba dispuesto a regularizarlo. Pero me planté e hice las denuncias correspondientes por las que aún esperamos el accionar de la justicia, por los métodos que eligió el gremio para reclamar. Me dolió que actuaran destruyendo las fuentes de trabajo”, explicó a Bichos de Campo la gerenta de Lácteos Mayol. Es que luego de estudiar la carrera de contadora, la mujer de poco más de treinta años decidió volver a Udaondo y hacerse cargo de la empresa familiar de casi un siglo. Seguro que ése, más que pelear con el gremio, es el gran desafío que ahora enfrenta.
Mirá la entrevista completa a Paulina Mayol:
Cuando Paulina volvió a trabajar en la firma de su familia también chocó en muchas ocasiones con su padre Luis y su tío Dardo, que estaban acostumbrados a hacer las cosas de modo mucho más artesanal: trabajaban y trabajaban sin parar. Los choques de cultura fueron tanto o más intensos que con el gremio.
Es que la joven contadora advirtió de inmediato que había que profesionalizar muchos procesos y hasta modificar el rumbo productivo de la empresa familiar, para evitar un choque que parecía cantado. Paulina aclara que a sus mayores “no les reprocharía nada a ellos, ni loca”, en referencia a que ellos lograron sostener la láctea por 80 años a costa de trabajo. Pero había que girar el timón. Estaba convencida.
“El hecho de ser mujer quizás llevó a que algunas cosas costaran mas y la falta absoluta de profesionalización generaba una resistencia muy fuerte al cambio, en parte por miedo a lo nuevo y al fracaso. Fue un trabajo de hormiga en cada uno de los sectores de la empresa”, explicó.
Había mucho que cambiar, empezando por el packaging de los quesos y el dulce de leche, que era azul y oro porque su tío era fanático de Boca y hasta pintó toda la fábrica con los colores de ese club.
En ese proceso de profesionalización, un veterinario llamado Joaquin Chiozza Logroño comenzó a manejar el tambo de la familia, produciendo cambios importantes tales como asegurar las reservas de alimentos para que las vacas puedan pasar el invierno sin depender de la compra de rollos o granos fuera de la empresa. También comenzó a variar la genética del plantel lechero, pasando paulatinamente de la raza Holando hacia Jersey, que ofrece una leche con más sólidos, más funcional para la industria.
“Joaquín es nuestra mano derecha en el campo y un apasionado de lo que hace buscando de modo permanente la innovación. Gracias a él comenzamos a migrar hacia una explotación agroecológica. Empezamos a producir casi el 100% de las reservas que tenemos en el campo y a producir nuestro propio alimento balanceado”, resaltó Paulina Mayol.
“La idea de la producción agroecológica no comenzó pensando en el negocio en sí sino en tener una mayor conciencia sobre el cuidado ambiental. Estamos convencidos de trabajar en esa línea. Luego, si podemos sacar alguna ventaja de este proceso, trataremos de hacerlo. Pero de momento nos importa producir de modo amigable” con el ambiente, recalcó Paulina.
El tambo aporta el 60% de la leche diaria que procesa la planta para hacer quesos de todo tipo, y un dulce de leche muy reconocido por su sabor. La fábrica de los Mayol tiene un par de proveedores más en la zona, pero Paulina reconoce que “es difícil conseguir leche en la zona porque ningún productor nuevo nos entrega”. La mayoría prefiere seguir entregando su leche, como en tiempos de su bisabuelo, en 1936. Vacalin es la principal compradora en la zona.
“Veo en el tambero de toda la vida la resistencia a un cambio de usina o a un cambio de esquema y así diversificar sus riesgos. La realidad es que hay estructuras muy arraigadas en la zona y muy difíciles de librar”, reflexionó.
“Lo que una más quiere es generar fuentes de trabajo en su pueblo, pero lo acontecido con Atilra me hizo repensar el modelo de empresa”, comentó paulina Mayol, quien se vio obligada a retroceder con una serie de inversiones previstas en la planta láctea, para cumplir compromisos con otras empresas alimenticias. Incluso pensaban ponerse a producir dulces de otras frutas, para proveer a un socio mucho más grande que ellos. Pero el conflicto paralizó esos emprendimientos.
“Abandonamos proyectos de crecimiento y de diversificación. La idea era migrar a la producción de otro tipo de dulces y teníamos un proyecto en desarrollo con Molinos Cañuelas pero hoy lo pusimos en el freezer, a la espera de resoluciones judiciales ya que no sabemos si tendremos que reincorporar a personal despedido imputado en la causa penal” que se inció tras el bloqueo de Atilra, sintetizó.
Mayol trabaja ahora con diez empleados, cuatro menos que antes y con un 40% menos de materia prima. Es una pequeña Pyme láctea que se aproxima a celebrar su centenario, si los contextos se lo permiten.
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]]>La entrada ¿Cómo sobrevive un tambo de 3.500 litros? Rosario López Seco cree que solo puede hacerlo agregando valor y por eso se puso a producir quesos agroecológicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Rosario lo tiene re claro. “Este es un tambo de los chicos, y por eso lo que yo digo es que para lograr salir de la subsistencia y no fundirte, tenés que agregar valor (a la materia prima) de alguna manera”.
En su caso decidió hacerlo de dos maneras: levantando una pequeña fábrica de quesos y reconvirtiendo todo el establecimiento hacia la producción orgánica. Por ahora, como todavía está en proceso de transición, no puede utilizar esa calificación, pero ya saca provecho de la venta de exquisitos quesos agroecológicos.
Mirá la entrevista a Rosario López Seco:
María del Rosario López Seco carga con nombre pomposo y que hasta parece patricio. En algún momento su familia era dueña de varios cientos de hectáreas en esta zona campera cercana a Brandsen, cuando su padre manejaba un establecimiento lechero de envergadura, pero los herederos fueron muchos y terminaron convirtiéndose todos ellos en poseedores de no tantas hectáreas. A Rosario le quedaron 165 propias que no le alcanzan, y por eso le alquila otras 190 hectáreas a alguna de sus hermanas. Allí tiene a sus 165 vacas en ordeñe más la recría de vaquillonas. Espera tener 200 en ordeñe hacia fin de año.
Aunque estudió veterinaria en La Plata, Rosario confiesa que al principio le escapó a la actividad lechera que caracterizaba a su familia. “Me resistía a la empresa familiar. Creía que el vínculo se terminaba lastimando cuando se mezcla el negocio con la familia”, admite. Luego reconoce que vivió un buen tiempo equivocada, porque “afortunadamente hoy mis hijas están muy involucradas conmigo en la empresa familiar”.
La empresa familiar es un tambo que va camino a ser “orgánico” (este mes la certificadora OIA debía hacer una primera evaluación, y luego quedaría otra final para agosto de 2022) y que por ahora es reconocido como “agroecológico” por las autoridades de la Provincia de Buenos Aires. Es decir, produce todo el alimento para las vacas sin utilizar insumos químicos ni cultivos transgénicos, entre otras movidas. Rosario lo resume bien: “Es como volver al pasado pero tratando de no ser fundamentalista, porque si no no subsistimos tampoco”.
La empresa familiar incluye una pequeña fábrica de quesos que Rosario pudo construir hace dos años con el dinero de la venta de un campito en Ranchos, y que por suerte ahora está ampliando porque les vienen quedando chicas las instalaciones. Esto implica que los quesos de El Abascay tienen una muy buena aceptación y demanda. Ellos mismos se ocupan de la distribución tanto en localidades de la zona de Brandsen como en tiendas de alimentación naturista de La Plata y Buenos Aires. También los venden por internet, desde su propia página.
Hacen todo tipo de quesos, algunos incluso inventados por ellas mismas. En la línea hay un cremoso, un halloumi ideal para grillar, ricota, un queso tibo, un gouda, un “campeche” (le puso así en honor a uno de sus hermanos) y un sardo, entre otros. Están incorporando un por salud y también empezaron a ensayar con dulce de leche (de leche orgánica). Piensan hacer un queso crema, mientras ensayan una mezcla de queso mitad leche de vaca y mitad leche de oveja.
Los quesos le demandan la totalidad de la leche que produce el tambo, los mencionados 3.500 litros diarios, que de ese modo se valorizan mucho más allá de los 31 pesos por litro que cobran los productores que entregan su leche a las industrias de la zona. Pero hay que estar encima de todo: de la fábrica y del planteo de producción orgánica, para que no se escape ningún detalle.
Rosario viene hace rato trabajando con esas pautas. A sus vacas las hace participes de un pastoreo intensivo, que le permite aprovechar la oferta de pasto del campo. A la par, cosecha el pasto cuando le sobra, para guardar esas reservas para el invierno. Pero también hizo maíz orgánico con buenos resultados. Lo fertilizó únicamente con los purines de sus propias vacas lecheras, que acumulaba en “cavas impermeabilizadas con membrana” ubicados cerca del corral de espera.
Luego de volver al campo familiar, Rosario comenzó a dedicarse a la actividad lechera por su cuenta en 1998 y ya no se imagina haciendo otra cosa. Antes de eso, hizo de todo: fue cocinera, tuvo comercios y hasta un bar en La Plata. Nos queda claro que en todas esas actividades tuvo un único hilo conductor: las ganas de aprender y hacer cosas novedosas.
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]]>La entrada Elena Trucco quedó viuda y comenzó a ordeñar una vaca para ahorrar la leche de sus hijos: Ya cumplió un año al frente de un pequeño tambo que les asegura subsistencia y dignidad se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Mi marido tenía tambo, pero dejó esa actividad para dedicarse a la hacienda de cría; cuando enviudé, no sabía qué hacer, hasta que un vecino me habló de retomar el tambo. Y así empecé, con una vaca”, dijo Trucco a Bichos de Campo.
Y como “la necesidad tiene cara de hereje”, dice el famoso refrán, al verse en una situación en la que debía aprender a subsistir, Trucco comenzó a ordeñar esa vaca para suplir la leche que compraba por packs para sus hijos. “Mi economía venía muy abajo. Mis hijos tomaban mucha leche y yo, teniendo vaca, la compraba en packs; entonces empecé a ordeñar a mano”, relató.
Mirá la entrevista completa a Elena Trucco:
Claro que Trucco también debió aprender a ordeñar. “Al principio no le sacaba todo a la vaca y aprendí. Luego incorporé terneros y más vacas y ahí empezó a ayudarme mi hijo Pablo, quien fue el que en realidad me enseñó a ordeñar, porque él aprendió de su padre”, destacó.
Ya con una producción de cierta importancia, comenzó a elaborar dulce de leche y quesos de manera artesanal para venderlos con ayuda de un vecino, Marcelo Mendieta, quien también tiene tambo. Para aumentar su plantel de vacas vendió un viejo tractor que tenía en el campo.
Hoy cuenta con unas 19 vacas en ordeñe que le dan 150 litros diarios de leche, y se abocó fundamentalmente a la elaboración de masa para mozzarella tras conseguir un cliente fijo. “Como ahora no hay mucho pasto, me disminuyó la cantidad de litros, pero todo lo que saco va a elaboración de masa. Yo tengo un cliente que viene una vez por semana, me paga en efectivo en el momento y levanta toda la mercadería directo en mi campo”, declaró.
“No es que gane para tirar manteca al techo, pero por lo menos me defiendo con esta actividad, puedo sustentar a mis hijos y pienso crecer más. Lo que pasa es que es difícil, yo no tengo financiamiento, entonces con lo que saco, trato de mantenerme y ponerlo en el tambo”, agregó.
Por más que haga frío o calor, llueva o no, Elena, al igual que tantos tamberos argentinos, se levanta cada día a las 4:30 AM y se prepara para ordeñar. “Por lo general empiezo a ordeñar muy temprano, pero a veces lo hago más tarde porque se me congela el pulsador. Al hacer todo yo sola acá, empiezo temprano, así luego puedo dedicarme a la casa y a mis hijos”, comentó.
¿Por qué apuesta al tambo? “Puedo estar con mi familia y no tengo que dejar mis hijos en otro lado para trabajar afuera. Yo soy inmigrante -la delata la tonada paraguaya- y ya dejé todo una vez. Hoy no quiero hacer eso. Yo me levanto de mi cama y voy a mi trabajo que está acá, lo que me permite estar más pendiente de mis hijos y, a su vez, ellos me pueden ayudar”, respondió.
“Mi marido quiso mucho este lugar, por eso estoy tan aferrada y quiero inculcarles ese valor a mis hijos, y quisiera que sigan con esto y amen lo que él tanto amó. Es por amor que estoy acá”, concluyó.
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]]>La entrada María Álvarez emigró a Nueva Zelanda, maneja un tambo de 740 vacas, y extraña los bizcochitos: “Argentina siempre será mi hogar, pero las posibilidades y el bienestar con que se vive acá son algo irreemplazable” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Yo me fui de Argentina a finales de 2013. Primero probé suerte en un tambo de Australia, luego volví a Argentina y después me vine a Nueva Zelanda. Al principio pensé un viaje de un año, pero decidí quedarme y hace 6 años que vivo acá y me encanta”, confesó María a Bichos de Campo.
La diferencia de 15 horas entre Argentina y Nueva Zelanda complicó la entrevista de a ratos, pero luego todo fluyó así como también fluye la vida de Álvarez en un país donde se vive de modo diametralmente opuesto al que conocemos en la Argentina.
Luego de empezar en un tambo como asistente (“farm assistant”), que es el trabajo más básico de allí, Álvarez pasó a gerenciar. “Lo hice para evaluar cómo eran los tambos de allí, un país que es líder en lechería a nivel mundial. Quería ver cómo era el sistema y me terminó gustando; aparte vi una posibilidad de crecimiento y la chance de obtener la residencia”.

-¿Desde chica te gusta el tambo?
-La verdad es que en un principio el tambo no me gustaba. Acá en Nueva Zelanda descubrí que el manejo es muy diferente al de Argentina y no lo siento una labor rutinaria como en mi país. También hice tambo en Australia, pero ahí el sistema es más parecido al argentino. Entonces decidí retornar a Nueva Zelanda porque allí es todo más simple.
-¿Aprendiste el oficio de tu familia?
-No, nada que ver. En mi familia son productores ganaderos, lo que hizo que de algún modo estuviera siempre relacionada con las vacas y al manejo en manga entre otras tareas, pero nunca tuve experiencia en tambos. Por eso fue un desafío para mi.
-¿Ya contás con la residencia en Nueva Zelanda?
-Apliqué hace 2 años y espero obtenerla en breve. La realidad es que se complica cada vez más sacarla. El gobierno neozelandés suele otorgarla a personas con cargos más importantes o bien cargos que sean necesarios como el de médico. A su vez también se requiere de cierta experiencia y de un sueldo de determinado valor y estudios. Es como que se ponen muchas trabas y filtros para otorgarla. De todos modos no es imposible conseguirla.
-¿Y cómo es gerenciar un tambo en Nueva Zelanda?
– El campo en que trabajo se llama Verde Holdings, y queda en la isla sur, en la costa este, a sólo 15 minutos del mar. Estoy encargada del tambo (“Manager”) y de hecho me gustaría llegar a crecer en la posición, en un puesto llamado “contract milker”, pero sólo podría acceder a ese puesto si me sale la residencia, ya que así podría tener un negocio a mi nombre. Hoy por hoy soy empleada del tambo Dairy Holdings. La empresa es dueña del campo y de los animales y yo escojo a los empleados con los que trabajo.
-¿Cuál es el premio que te dieron en abril de este año?
-Los premios son los Dairy Industry Awards, uno de los galardones más importantes de la industria neozelandesa, con repercusión mundial. Ahí obtuve un reconocimiento llamado “Dairy Manager of the Year 2021″ en la región donde trabajo, que es Canterbury North Otago. Todos los manager de mi región se presentan en esta competencia y lo que se requiere es que entreguemos una presentación en donde expliquemos cómo es el manejo que planteamos, a saber: pasto, animales, la mano de obra y finanzas del tambo. Luego ellos evalúan objetivamente de acuerdo a la zona, porque esta competencia es a nivel nacional y se percibe mucha diferencia en los manejos por las cuestiones de suelo y clima, pero de este modo pueden hacer un análisis objetivo.
La primera presentación la hice en febrero, y de ahí pasé a la final de la región donde debí presentarme nuevamente. Luego de cada presentación te dan una evaluación con los puntos a mejorar. Yo tuve que hacer tres veces la presentación: en la primera ronda, en la final regional y en la final nacional. En esta última final no tuve ningún premio pero hubo un argentino, Diego Gómez, quien sí obtuvo uno.
-¿Cómo es el tratamiento a la mujer en una empresa agropecuaria neozelandesa?
-Quedé sorprendida al llegar a Nueva Zelanda por la igualdad de género que hay en lo laboral. En el campo no importa si sos mujer o varón, lo que importa es la actitud. Acá todos están dispuestos a enseñarte, no te piden que cuentes con 10 años de experiencia. Hay muchas más oportunidades que en Argentina. No hace falta experiencia para crecer, lo que necesitás es una buena actitud, algo que me gustaría que pasara en mi país.
A mi me pasó de hecho en Argentina, que recién recibida me pedían de todo y así es difícil insertarse en el mercado laboral. Acá las posibilidades están para todos por igual y es más una cuestión personal hasta dónde quieras llegar. Ser mujer en el agro argentino es complicado. Yo hace varios años que me fui, quizás ahora cambió el panorama, pero en el momento en que estaba, era complejo conseguir una posición como agrónoma en el área de producción, siendo mujer, y menos sin experiencia, pero reconozco que tengo amigos que se insertaron bien en el mercado laboral.
-¿Cómo es el famoso sistema lechero neozelandéz?
-El sistema que manejamos en mi zona es un sistema 2, porque el nivel de suplementación utilizado para dar de comer a los animales es prácticamente nulo. Lo único que hacemos es darles una pastura a base de rye grass y trébol blanco, las cuales hacemos con riego porque de lo contrario no podrían crecer en verano. En invierno directamente no crecen y por eso es que pasamos a las vacas a campos donde puedan consumir cultivos forrajeros. Uno de los más comunes acá es el “fodder beet”, una remolacha forrajera que llega a rendir hasta 30 toneladas de materia seca por hectárea, que aparte tiene mucha energía, por ende es un buen alimento para poner peso a las vacas.
El campo al que pasamos a nuestras vacas queda a poco más de una hora de donde está el tambo, así que todos los días viajamos ahí para darles de comer. A su vez hay que ´transicionarlas´ a este cultivo porque puede generar acidosis ruminal, por eso tenemos tres semanas de transición y en ese periodo les damos pasto y rollo de rastrojo de cebada.
A fines de julio ya empiezan las pariciones, por ende las volvemos a traer al tambo para que vuelvan a acostumbrarse al pasto de vuelta, y así poder volver a ordeñarlas. Este año pasamos casi dos meses sin ordeñarlas.
Luego el sistema es super diferente al de Argentina; acá es todo muy estacionado. Por ejemplo, ahora estamos en parición, luego empieza la inseminación, luego es sólo ordeñe y después secado de las vacas y darles de comer en el otro campo, lo que hace que no se vuelca tan rutinario. Por eso me gusta el sistema neozelandés. En cambio, durante mi paso por un tambo australiano, es como que hacíamos todo junto, estábamos alimentando terneros, secando vacas, transicionando otro tanto y me parecía aburrido y rutinario.
-¿Cómo es un día de tu vida en Nueva Zelanda?
-Mi día empieza muy temprano porque el primer ordeñe es a las 5, pero si puedo levantarme más tarde me gusta desayunar con mates. Acá por fortuna se consigue yerba y ahora que han vuelto las exportaciones argentinas podemos hasta pedir encomiendas de cualquier cosa. Quizás ustedes están habituados a tener a diario determinadas golosinas o masitas. En cambio yo ahora estoy en la otra punta del mundo y a veces digo ´qué ganas de comerme unos bizcochitos´. En general dulce de leche puedo conseguir en algún supermercado de acá, aunque no todas las marcas.
Ahora estamos ordeñando a las vacas, le damos de comer a los terneros y pasamos buena parte del día en el tema de alimentarlos, ya que hay que darles rollos. Después de trabajar suelo hacer planes con amigos sudamericanos, mayormente argentinos y tamberos, y con esto de que tenemos horarios tan raros nos juntamos muy seguido entre nosotros. Mateamos y es lindo tener el vinculo con mi país a través de ellos, al menos una vez por semana.
Una vez que arrancan las pariciones, llego de trabajar y me gusta descansar más. Acá, al levantarme tan temprano ceno antes y a las 21:30 ya estoy durmiendo. Ese fue otro hábito que debí cambiar al venir para acá; los neozelandeses cenan muy temprano, algunos lo hacen a las 18, pero por suerte me adapté bastante bien.
La ventaja de trabajar en horarios rotativos, hace que trabajemos 8 días y tengamos 2 días libres, y otras veces tengamos 3 días libres, así que en esos momentos aprovecho a viajar y alejarme del tambo para desconectarme un poco. Tengo el mar muy cerca y un perro, con el cual me encanta caminar por la playa.
-Te vuelvo a consultar sobre el sistema lechero de Nueva Zelanda. ¿Qué lo hace tan simple y efectivo?
-El sistema neozelandés es mucho más simple, sobre todo en las comidas. Acá la base es pastura y los animales son mucho más chicos. La raza típica es la Kiwi Cross, una cruza entre Holstein y Jersey, con conversión eficiente de forraje a sólidos en leche. Por lo general son vacas marrones, de 450 kilos de promedio y entonces tienen menos requerimientos de comida y con la pastura están bien. Buscamos mucho la fertilidad, y hacemos inseminación artificial con el objetivo de mejorar la genética, parecido a la Argentina en eso. Otra particularidad es que acá no ordeñamos a las vacas durante el invierno y la guachera de terneros es colectiva, con un tráiler que dispone de 60 tetinas alrededor para darles de comer. En Argentina en cambio usan más la estaca individual. Nosotros ahora tenemos, por ejemplo, dos tráileres para alimentar a 120 terneros por potrero.
Los terneros permanecen en galpones y una vez que juntamos 70 u 80 ya los sacamos afuera para que ingresen al mismo potrero junto a las vacas para que coman pastura. Entran a cobertura de 2200 kilos y ahí los vamos moviendo. Les damos la leche ahí también y eso también hace una diferencia al respecto del sistema argentino.

-¿Y cómo es la calidad de vida neozelandesa?
-Ahí está la principal diferencia. Acá hay más rotación en la mano de obra, tenemos francos habituales, los sueldos son muy buenos, te ofrecen buenas casas, los caminos son espectaculares, jamás te vas a quedar encajado porque es clave que los camiones que retiran la leche puedan transitar, tenemos wi fi, luz, tenemos el correo que llega a la tranquera de nuestras casas. Es como que no sentís que vivís en medio del campo aunque vivas a 25 minutos del pueblo más cercano.
-¿Cómo es la exigencia en cuanto a lo sanitario y el cuidado ambiental?
-Acá en Nueva Zelanda cuidan mucho el bienestar animal y cada vez se vuelven más exigentes con los cuidados ambientales, con el uso de antibióticos y con la calidad de la leche. Son tan detallistas que creo que eso es lo que los vuelve lideres.
-¿Y qué hay del precio pagado por la leche? ¿Es mejor que en Argentina?
-Si. El precio de la leche es otro plus. Nosotros por ejemplo le vendemos la leche a Fonterra que es una cooperativa. Los dueños de nuestro tambo tienen acciones allí, entonces ellos cobran bien. A su vez, el 95% de la producción de todo el país se exporta, por ende el precio obtenido es en dólares y al ser una cooperativa no hay mano negra; a cada uno le toca lo que le debe tocar. Si el precio de la leche sube todos ganan y viceversa si el precio baja. Es acorde al mercado internacional y no depende de lo que una empresa diga. Luego, no todos tienen acciones ya que para hacerlo se requiere de una inversión muy grande, pero también se puede vender la leche a Fonterra y los precios siguen siendo buenos.
Acá la lechería es rentable por lo general y al no tener tantas variables en juego uno puede mantener los costos de producción constantes y bajos en lo posible. Ahora bien, donde empezás a ingresar suplementos como granos ya juegan otras variables en el precio y ahí los costos varían mucho, pero al ser tan simple nuestro sistema podemos mantener los costos bajos.
-¿Cómo se organiza el ordeñe en el tambo que gerencias?
-Tenemos 740 vacas con lo cual la carga animal es de 4,1 vacas por hectárea en 180 hectáreas, o sea que la carga es alta. En el campo tenemos un tambo calesita interno. Normalmente en los tambos calesita la gente se para fuera del circulo y las vacas entran derecho. Pero en este tambo no es así, la vaca entra para adelante y luego debe hacer marcha atrás, y nosotros nos colocamos dentro de la plataforma de modo tal que podemos verlas a todas sin tener que pegar toda la vuelta en el circulo como sí lo requiere un tambo calesita común. Pero esto también tiene sus desventajas ya que no es natural para la vaca que deba hacer marcha atrás, y entrenarlas en eso a veces se vuelve una pesadilla. La ventaja es poder ver el ordeñe integral desde dentro del circulo.
Tenemos dos rodeos y un tercero más chico con las vacas que están en tratamiento con antibióticos y enfermedades. Ordeñamos dos veces: a las 5 dos horas y media y a las 14 lo hacemos durante dos horas. Teníamos 660 vacas la temporada anterior y este año llegamos a 740. Al principio tardábamos más por las vaquillonas, que no sabían qué tenían que hacer, pero el tambo calesita en general hace las cosas mucho más simples. Tenemos removedores automáticos de pezoneras, con lo cual sólo se requiere de una sola persona para ordeñar y de otra persona para buscar los rodeos.

-¿Pensás volver a la Argentina María?
-Volver a Argentina es complicado. Extraño a mi familia y amigos, trato de ir una vez cada dos años y que alguien de mi familia venga una vez por año a visitarme, pero volver definitivamente no es una opción para mi salvo que algo me salga muy mal acá o que no pueda obtener mi residencia. Me da tristeza decirlo porque Argentina siempre será mi hogar, pero las posibilidades y el bienestar con que se vive acá son algo irreemplazable.
-¿Tan diferente es la calidad de vida?
-Si. Acá yo veo que, si bien ahora tenemos un gobierno más socialista que ayuda poco al campo, se ven mas facilidades para invertir, para progresar y no hay tantos impuestos a la producción. Es decir, hay impuestos y son altos pero así y todo la ecuación sigue siendo rentable y se ayuda a los productores. Por ahí se nos complica que hay cada vez más cambios en lo ambiental que aún no sé como llevaremos a cabo. Por ejemplo están restringiendo mucho el uso de nitrógeno, uno de los principales factores de producción de pasto para nosotros. A su vez las políticas migratorias complican la búsqueda de personal. No hay gente para trabajar y el gobierno socialista quieren que contratemos a los neozelandeses, pero estos no quieren trabajar en el tambo.
Por otro lado, acá vos sos tu propia limitante, en cambio en Argentina el progreso es difícil. Lo veo en mi hermano y en mis amigos, quienes pese a intentar crecer, no saben cómo saldrán las cosas cada año, si habrá nuevos impuestos, si pondrán mas retenciones. Es difícil trabajar en el campo de modo tan sacrificado con la incertidumbre que te da Argentina.
Yo ya tengo mi novio y mis amigos acá. Es como que ya acepté mi lugar en Nueva Zelanda. Además tengo seguridad y tranquilidad; mi auto siempre queda abierto con las llaves dentro, mi casa nunca se cierra con llave, ni cuando me voy de viaje. Esa tranquilidad no la cambio por nada. Y me doy más cuenta de lo bien que vivo acá cuando vuelvo a Argentina y otra vez me vuelve el estrés de cuidar mi cartera y celular, de mirar a todos lados y de sentirme insegura. Acá esas cosas ni las pensamos si bien han empezado a verse algunos casos de robo. Parece paradójico porque la gente de acá me suele decir que están mal y yo les digo ´vayan a Sudamérica dos meses a darse cuenta lo que es vivir con inseguridad´.

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]]>La entrada La historia detrás de la foto: Diego Muñiz Barreto protegió a sus terneras con mantas térmicas y armó una guachera comunitaria se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Hasta ahí parece todo común y corriente, pero hay dos componentes novedosos que no suelen ser vistos en los establecimientos lecheros. Uno de ellos particularmente surgió a partir de una necesidad. Ambos pueden apreciarse en la foto que acompañó el productor junto a un posteo en la red social Twitter.
Estas terneras van a empezar a producir a finales del 2023, nos van a ayudar a reconstruir este país desde sus ruinas pic.twitter.com/Wr5l8aTF31
— Diego Muniz Barreto (@coco_barreto) July 29, 2021
“Por la escala y cantidad de animales, no nos daba tener una infraestructura tan costosa. En otro tambo que manejo, por ejemplo, hay tinglado, reparo y camas para las terneras, sobre todo teniendo en cuenta que julio es un proceso clave para las pariciones, porque esas vaquillonas deben alcanzar sus picos de lactancia en octubre. Bueno, para que eso ocurra en primavera deben parir en invierno, en una zona donde el clima es tan frío que suele ocasionar problemas de mortandad”, describió el productor y asesor de tambos.
“Cuando vimos que no íbamos a poder hacer el tinglado en nuestro tambo empezamos a pensar opciones, y mi mujer encontró a través de la magia de Mercado Libre una pyme cordobesa llamada Textil Plast VM SA, que arrancó hace un par de meses, y gracias a la cual adquirimos unas capas para abrigar a nuestras terneras”, agregó. He ahí una de las novedades.
Muñiz Barreto incluso admitió en uno de sus tweets que las capitas causaron tal sensación, que debido a la cantidad de consultas tuvo que ofrecer los datos de Damián, de Textil Plast VM SA, la pyme cordobesa que le proveyó esos novedosos implementos.
“Compramos las capitas porque nos pareció que no eran caras, son abrigadas y dan buen reparo. La verdad es que pasamos un mes de julio de los más fríos que recuerde y no se nos murió una sola ternera. Las vemos muy bien y esto implica el bienestar animal. Después de todo los animales realmente productivos deben tener bienestar y aparte es lo que corresponde hacer”, remarcó Muñiz Barreto.
Ante la consulta del costo de las capas, Muñiz Barreto respondió en uno de sus tweets: “60 litros de leche cuestan las mantas, y es la única posibilidad de tener partos en julio y de poder aprovechar la primavera para consumir pasto”.
Sus terneras son raza Holando Argentina, pero con genética neozelandesa, con lo cual se trata de animales más chicos que las tradicionales. “El planteo es más pastoril y son vacas con mayor porcentaje de sólidos. Al ser mas livianas pueden caminar mas, son mas agiles y se adaptan mejor a los distintos climas”, manifestó.
El otro componente particular que se aprecia en la foto de su tweet es que la guachera en la que se crían sus terneras es colectiva. Es decir que no son criadas con estacas separadas como suele ser habitual. “Pareciera que ellas juntas también se llevan mejor, se abrigan al amontonarse y es un sistema de crianza muy de estilo neozelandés. Ese tacho que se ve en el medio tiene 20 tetinas que salen de allí, entonces ellas se colocan en circulo y toman todas juntas dos veces por día”, resumió.
A veces, en tiempos de crisis, y más en la lechería, donde el ordeñe sigue estancado y la producción nacional no despega de los 10.000 millones de litros anuales, se trata de ajustar el ingenio. Es lo que Diego Muñiz Barreto hizo. Al menos en invierno, sus terneras no pasarán frío.
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]]>La entrada El veterinario influencer: Manuel Martínez adaptó su contenido educativo a las redes para llegar a mejor sus alumnos y ahora sus videos recorren todo el país se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Vet.manuelmartinez” es el nombre que tiene en su cuenta de Instagram –y recientemente también en Tik Tok- este veterinario de la localidad de Victoria, que ya está por llegar a los 22.000 seguidores.
¿Alguna vez pensó en ser influencer? Probablemente no, pero ese resultado colateral que se dio luego de buscar alternativas para conectar con sus alumnos en pandemia sí que le dio resultados. Al cabo que el que no se arriesga no gana.

“Yo estoy todo el día con esto. No tenía la posibilidad de compartirlo con la gente porque es un mundo muy distinto al que se imaginan. Prendió mucho en redes porque ni siquiera mis amigos sabían lo que yo hacía exactamente”, contó Manuel Martínez a Bichos de Campo.
Los primeros contenidos estaban destinados casi en su mayoría a sus alumnos del terciario agropecuario en el que enseña, ya que durante los inicios de la pandemia no podían salir al campo a hacer las prácticas de forma frecuente.
“Yo los remitía a algún libro, texto o plataforma dónde había material y no lo buscaban, no les copaba. Lo empecé a subir en redes, a las mismas aplicaciones que ellos usan, y se logró un poco de curiosidad”, recordó el veterinario.
Además del contenido técnico, la cuenta logró empatizar con los más jóvenes a partir del uso de recursos del mundo digital como videos y memes, que invitaban al espectador a través del humor. Eso se fue complejizando a medida que empezaron a aparecer en el radar estudiantes universitarios de distintas provincias, colegas veterinarios y hasta otros profesores.
Y para asegurarse el interés, Martínez no sube casos completos a las redes, acompañados de una biografía o gran descripción como suele estilarse. Lo que hace es publicar casos cuidando de no develar el final, para invitar al debate y a las preguntas. Es a través de los vivos de la plataforma en la que luego resuelven el misterio de forma colaborativa.
“No damos la respuesta hasta el último minuto del vivo. En los últimos que hicimos llegue a tener entre 600 y 700 personas conectadas. Yo lo muestro como una visita a la ferretería. A quien le interese después puede profundizar”, señaló el veterinario.
“Si bien hablo de cosas complejas trato de simplificarlo para que todos lo entiendan. Es súper difícil abarcar a todos porque un vivo puede ser muy interesante para un colega y muy complejo para un estudiante o paciente de campo. Lo más importante es tratar de contarlo con palabras sencillas”, agregó.
A medida que las salidas al campo se fueron retomando, Martínez aprovechó para sumar a su cuenta contenido que genera a partir de las visitas de sus alumnos. Además de recibir estudiantes de quinto año de la Universidad Nacional del Litoral, como parte de un programa de pasantías de la Facultad de la que también es ayudante graduado de cátedra, jóvenes de otras universidades del país arreglan citas para conocerlos y trabajar unos días con él.
Luego de tachar de su currículum la profesión de veterinario y docente, Martínez es también productor lechero, en un tambo que maneja junto a su familia. Ese trabajo, que también queda plasmado en sus redes, se destaca por mostrar una forma de crianza de los animales distinta. Algunas vacas lo abrazan, otras lo corretean hasta que se sube a la camioneta. ¿Martínez es también un gurú de los bovinos? Sus videos darían cuenta de que sí.
-¿Cómo llegaste a formar ese lazo con los animales?– le preguntamos.
-Hemos trabajado mucho con mi viejo, que también es veterinario, porque sabemos la importancia que tiene el cuidado y la mansedumbre de los animales. Desde que son chiquitas son criadas mansas y ponemos a la gente más responsable y dedicada en todas las etapas de la cría y la recría. Lo empecé a subir porque realmente me sorprende, no veo otros campos donde se tenga esa mansedumbre y creo que se puede lograr con poco.
Estas formas de crianza y sus beneficios son cosas que este entrerriano también comunica dentro del sector. “Nosotros no tenemos ni la mejor genética ni las mejores instalaciones a comparaciones de otros y producimos más que otros tambos de la zona. Eso es en parte el bienestar físico pero también el psicológico. La vaca particularmente por naturaleza es desconfiada y gregaria. El hecho de que un animal de otra especie le genere confianza significa que siempre la han tratado bien”, remarcó.
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]]>La entrada Otra innovación en La Cabañita: Las vacas Holando se van volviendo marrones por la “triple cruza” con Jersey y Montbeliarde se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Por eso cada tanto aparece una vaca amarronada en medio de los tradicionales blanco y negro de las Holando.

La Cabañita tiene dos tambos en permanente funcionamiento y provee de unos 20 mil litros diarios de leche a la fábrica láctea San Ignacio, que está contigua.
Longoni, en diálogo con Bichos de Campo, contó que la decisión de ir modificando la raza del plantel de vacas lecheras vino a raíz de la gran inundación que sufrió esa cuenca lechera en 2016. “Tuvimos un abril muy terrible donde llovió durante 25 días. Muchos tambos debieron tirar la leche e incluso la agricultura sufrió ya que se cosecharon granos de mala calidad que fueron destinados a consumo animal”, relata. Mariano, que es hijo de un productor lechero de la zona, recordó que del tambo familiar tuvieron que sacar la leche con una larga manguera, porque era imposible ingresar al predio.
“Ese año fue un click para nosotros porque tuvimos que hacer un gran descarte. En nuestro caso la raza predominante era Holando en un 100% y ese año decidimos comprar 150 vaquillonas de Triple Cruza: Holando, Jersey y Montbéliarde”, agrega Longoni.
Mirá la entrevista a Mariano Longoni:
La Holando-Argentino es la raza lechera más difundida, principalmente en Argentina y Uruguay. Deriva de la raza Holstein, también conocida como vaca frisona, originaria de Alemania y los Países Bajos. El Montbéliarde es una raza de ganado lechero de varios colores del área de Montbéliard, en el este de Francia y se utiliza particularmente para la fabricación de queso. La Jersey, finalmente, es una raza británica de pelaje marrón claro, muy famosa por su alto contenido graso de leche y por la docilidad de sus vacas.

En La Cabañita tienen todos los datos productivos meticulosamente medido: desde la producción, la superficie que consumen de pasto y cuánto consumen de silaje de maíz, soja o trigo. Pero lo que hicieron durante los últimos tres años fue algo más que interesante: con esas vaquillonas Triple Cruza decidieron armar un rodeo aparte para comenzar a evaluar varios parámetros y compararlos con los convencionales, siempre teniendo a las Holando como raza testigo. Fue como hacer un trabajo semejante al que harían los técnicos del INTA pero en campo propio y por ellos mismos.
“Al ser un campo grande nos permitió avanzar. Y además los dueños de la empresa estaban interesados (en esta medición) debido a que tenían que tomar una decisión importante. A partir de eso surgieron datos interesantes tales como la composición de la leche”, cuenta el asesor de La Cabañita. Así, por ejemplo, descubrieron que desde el punto de vista de sólidos, la calidad de la leche obtenida en la Triple Cruza era mejor que utilizando sólo Holando. Este rasgo estaría explicado, en parte, por la incorporación de las vacas Jersey.
“Esto nos da un mejor rendimiento para cuando tenemos que negociar la leche en el mercado, sobre todo teniendo en cuenta que un 88% de la leche es agua y el resto son sólidos”, resalta Longoni.
El otro hallazgo obtenido de ese trabajo comparativo es que pudieron aumentar la carga animal. “Con una vaca Holando no pasábamos a más de 2 vacas por hectárea y con la Triple Cruza logramos de 2,5 a 2,6 vacas por hectárea. De modo que mejoramos la productividad a campo, que fue de 17 mil litros por hectárea con la Triple Cruza contra 14 mil litros que nos daban las Holando”, describe.
En cuanto a la raza Montbéliarde, la incorporación de la misma le dio más rusticidad a los planteles, un rasgo que les faltaba a las otras dos razas, según el asesor.
El sistema de alimentación que desarrolla La Cabañita es de base pastoril con racionamiento de silaje y grano en comedero, lo que les permite ser flexibles ante una coyuntura de altos precios internacionales de los granos. En esos casos puedan achicar el consumo de raciones y alimentarlas más a pasto obteniendo una leche más barata. “Cuando se complica el precio de la leche con respecto al de los granos podemos abaratar la dieta para irnos a pasto; en eso la Triple Cruza es muy apta”, remarca el agrónomo.
Por esa razón es que en La Cabañita decidieron que todas las inseminaciones de este año se hagan bajo el signo de la Triple Cruza, para lo cual el entrecruzamiento alternado de dos razas, conocido también como criss-cross, es fundamental. Y así, a medida que encaran la etapa reproductiva van incorporando paulatinamente los rasgos de las otras razas que componen la Triple Cruza.
En el tambo estipulan que el proceso para convertir el plantel al 100% con la Triple Cruza puede llevarles de 3 a 4 años. “Los números los tenemos bien finos porque la experiencia la hicimos nosotros mismos e incluso nos han consultado de instituciones académicas para conocer este ensayo”, contó Longoni.
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