“El lote estará destinado a realizar estudios de manejo de la canopia, manejo de enfermedades y plagas, fertilización, podas y sistemas de conducción en su etapa inicial. Estos ensayos buscan dar una respuesta a demandas territoriales generadas por un sector productivo que es protagonista del resurgimiento de la vitivinicultura en la provincia de Entre Ríos”, contó no sin orgullo el ingeniero agrónomo Guillermo Enrique Meier.
Tanto en la costa del Paraná como en las costas del Uruguay, en Entre Ríos están surgiendo en los últimos años varios proyectos vitivinícolas que aspiran a remontar una cuesta difícil. Es que en esa provincia las primeras vides fueron plantadas por Justo José de Urquiza en 1863 y asños después, en 1907, la provincia llegó a ser la 4° productora de uvas del país, con 4.900 hectareas y 30 bodegas. Todo esto duró hasta que en 1935, durante la Década Infame, un decreto del general Agustín Pedro Justo ordenó erradicar los viñedos, romper toneles y derramar el vino. Recién en 1993, una nueva regulación del INV puso fin a la prohibición.
Una cosa es hacer vino y otra cosa es fundar una región vitivinícola
Al INTA Concordia le llevó un tiempo más volver, pero finalmente lo hizo, cuando la demanda de los nuevos productores lo definió como una prioridad. Por ello, “tanto el diseño del lote como la elección de las variedades y los portainjertos fueron realizados conjuntamente con representantes de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos y docentes de la Tecnicatura Superior en Enología y Fruticultura”, explicó Meier.
Ahora, a observar, ensayar y tomar apuntes. A partir de cuarto o quinto año y cuando las plantas comiencen a producir uva, la Experimental de Concordia también se dedicará a la elaboración de vinos lo que permitirá avanzar en estudios enológicos directamente vinculados a los sistemas productivos.


