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La entrada Agroempresas: Trigo HB4 no pudo vender, pero Bioceres duplicó su valor en Wall Street durante 2021 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La empresa comandada por el empresario Federico Trucco tuvo un año plagado de noticias y avances en su operatoria. Uno de sus hitos sucedió en marzo de este año cuando compró el 6% de la firma de agricultura molecular dedicada a las proteínas vegetales Moolec Science Limited. En aquel entonces sus papeles en Wall Street subieron 75% en tan solo un día. Es que esta operatoria le valió la euforia de los inversores, ya que marca en cierta manera el continuo desarrollo de la empresa para incursionar en nuevos negocios y mejores tecnologías.
Luego, en abril traspasó voluntariamente sus acciones desde la Bolsa de Nueva York, donde comenzó a cotizar en 2019, hacia el Nasdaq. Según explicaron desde la empresa esta operatoria se concretó para continuar posicionándose como una empresa de tecnología ahora también para los inversores.
Peor sin lugar a dudas el gran hito de este año fue la aprobación técnica en Brasil de la harina proveniente del trigo transgénico HB4 tolerante a la sequía. De todas formas la empresa no exportará ni podrá vender semillas, grano o harina de trigo mientras resuelve cuestiones regulatorias.
Mientras tanto, la cadena de comercialización local y de Brasil que incluye a acopiadores, molinos y exportadores solicitan medidas para evitar una posible “contaminación” del trigo convencional que se está cosechando con esa variedad transgénica sembrada por Bioceres. Una vez más, el gran escollo a sortear es el rechazo de organizaciones ambientalistas y algunos consumidores del producto transgénico.
En paralelo, mientras continúa la polémica en Argentina y Brasil, la empresa comenzó los trámites de desregulación de ese OGM en Uruguay, Paraguay, Estados Unidos, Colombia, Indonesia, Sudáfrica y Australia, para poder acceder a esos mercados con esta tecnología en el futuro próximo.
Más allá de cualquier polémica, nada afectó el desempeño de sus papeles en Wall Street y la firma actualmente es una de las recomendadas para comprar por los expertos en portfolios de inversión. El desarrollo de la biotecnología y las nuevas formas de producir alimentos, es una de las tendencias en el mundo y Bioceres es pionera en este segmento en América Latina.
En este contexto, los proyectos del líder de la empresa parecen ir mucho más allá del negocio agrícola. Trucco incluso detalló en una entrevista que entre sus planes se encuentra la posibilidad de incursionar en el sector medicina regenerativa.
De cualquier manera, el 2022 parece asomarse como otro año importante para esta empresa, en donde la tecnología HB4 será el tema recurrente.
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]]>La entrada Una visión polémica sobre el trigo HB4: El ex secretario Miguel Campos cree que estuvo bien liberado, pero que fue multiplicado de modo “vidrioso” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El tema genera una nueva grieta dentro del sector.
En este escenario apareció una posición para calentar la polémica: El ex secretario de Agricultura del primer kirchnerismo (2003 a 2007), Miguel Campos, quien se mostró a favor de liberación de este evento transgénico, pero cuestionó la forma elegida por las autoridades para hacerlo. El HB4 fue habilitado comercialmente en octubre de 2000, pero “condicionado” a una autorización semejante por parte de Brasil, que todavía no sucedió. En medio, se sembraron las mencionadas 53 mil hectáreas bajo un sistema especial de preservación.
Campos, en este confuso escenario, Campos resalto que el ministro de Agricultura tiene la capacidad de autorizar estos eventos sin depender de otras opiniones. “Siempre que considere que son buenos para el sector, no necesita ningún aporte o mandato, tiene la capacidad para liberar el evento que considere apropiado. Así fue como se liberó la primera soja RR en la gestión de Felipe Solá en los 90″, recordó. El mismo Campos, en su gestión, autorizó el maíz transgénico NK603, rompiendo la “política espejo” que había aplicado el gobierno de la Alianza, en la que no aprobaba nada que no estuviera también avalado por la Unión Europea.
El ex secretario de Agricultura, de todos modos, recordó que aún en este tipo de decisiones “hay estamentos públicos que no son vinculantes aunque sí importantes, como la Conabia, el Senasa y los mercados, cada uno da su opinión. Pero el ministro puede o no tenerlas en cuenta”.
Para Campos, entonces, el trigo HB4 era “perfectamente liberable”.
“Se cuestiona que es un producto para consumo humano directo cuando se lo consumo como harina y es lo mismo que pasa con la soja transgénica, que está en un montón de variantes alimenticias”, explicó.
Escuchá la entrevista con Miguel Campos:
A su criterio, los puntos de este proceso que se deben cuestionaron son otros. ¿A qué se refería? A la forma en que se flexiblizó la multiplicación de la semilla y además que su liberación no debió quedar sujeta ad referéndum de lo que diga otro país, en este caso Brasil.
“Nadie cuestiona la flexibilización de la multiplicación que fue previa a la liberación, y que se hizo adrede para incrementar la capacidad de producción del evento no liberado que fue avalada por los funcionarios. Lo vidrioso e ilegal fue haber flexibilizado el evento así”, indicó Campos. Es decir, se sembró a gran escala a pesar de haber sido aprobado de modo condicionado. Esto es lo que alimenta los temores a una contaminación.
Con respecto al segundo punto criticado, el ex funcionario consideró que este OGM “era liberable pero no ad referendum de ningún país. Si se considera que es bueno, pues se libera y los países lo aceptarán o no. Es un riesgo que hay que correr, como se corrió en soja, maíz y con las variedades de colza y otras crucíferas liberadas para resistir al glufosinato de amonio a las que les agregaron al HB4”.
El ex secretario de Agricultura, que actualmente se desempeña como consultor, agregó que este segundo evento en el trigo de Biocerees -la resistencia al glufosinato- traería beneficios al sistema porque permite incluir en la cadena de control de malezas a un nuevo herbicida que frene la perdida de eficacia del glifosato, y que lleva al uso de un gran número de agroquímicos”.

Allí Campos no pudo evitar meterse en otra polémica: Dijo que como agroquímicos deben ser llamados esos insumos, ya que “no son ni fitosanitarios ni agrotóxicos”, como dicen fabricantes y ambientalistas.
Frente al brete, Campos consideró que se debería seguir avanzando en la liberación del trigo HB4, y que si se quisiera se podrían segregar otras diferentes variedades de trigo para poder cumplir con las demandas de los mercados.
“Que aparezcan productos con resistencia a los herbicidas va a permitir la rotación de agroquímicos y eso va a mejorar el sistema. Acá dependíamos de un solo herbicida (glifosato) y así nos fue, tuvimos que ir agregando otros para complementar la resistencia a las malezas y así, luego de 30 años se termina usando un cóctel de herbicidas mayor para compensar la falta de eficacia del glifosato”, advirtió.
Consideró que esto ayudará a responder a las exigencias de una demanda que pide menos uso de estos productos: “que aparezcan otras moléculas es importante para bajar el uso de herbicidas que es lo que pide el mundo. No digo que haya que eliminarlos, pero sí minimizar la cantidad de moléculas. Hoy se usa casi la misma cantidad que antes de que aparezca el glifosato en escena”.
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]]>La entrada ¿Es razonable tener tanto miedo a un escape de trigo HB4? Decídalo usted mismo luego de conocer la historia de las “filtraciones transgénicas” sucedidas en la Argentina se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Todas estas preguntas suenan muy lógicas y razonables hasta que se revisa la historia de otras “contaminaciones” con transgénicos ocurridas en la Argentina en los últimos treinta años. Cuando uno revisa la lista de este tipo de “episodios” -sucedidos bajo la mirada de un Estado que suele ufanarse de sus controles y de la eficacia de su legislación en materia de OGM, y muchas veces además con la complicidad de actores del sector privado-, ya no queda margen para la duda: hay que controlar el HB4 a fondo.

El tabaco transgénico: En la Argentina, en las provincias de Tucumán y de Catamarca, a fines de los noventa se llegaron a sembrar unas 1.000 hectáreas con una variedad de tabaco Burley modificado genéticamente que ni siquiera tenía permiso oficial para ser utilizado en ensayos a campo.
El episodio fue oprobioso para el sistema de control conformado por el INASE y la Conabia (Comisión Nacional de Biotecnología), pues ese tabaco transgénico incluso se llegó a cosechar y el gobierno tuvo que ordenar la destrucción de esa mercadería.
Fueron 300.000 kilos los que se incineraron, que habían sido obtenidos en el marco de un proceso pre-comercial lanzado por una ignota firma Tabatuc, a instancias de la estadounidense Hail & Cotton. El proyecto tenía nombre, “Tabaco 2000”, pero fue interrumpido de cuajo por las resoluciones 452 del Senasa (que ordenó reunirlo en un galpón) y la 740 firmada por el ex secretario de Agricultura de la Alianza, Antonio Berhongaray, que dispuso su incineración.

El maíz transgénico: Berhongaray también fue uno de los protagonistas de la increíble saga del maíz GA21, que es quizá la que más puede parecerse al actual caso del trigo Hb4, aunque ojalá esto no suceda.
Ese transgénico tenía resistencia al herbicida glifosato como la famosa soja RR, y fue desarrollado por Monsanto para su empresa Dekalb Argentina SA, que solicitó permiso a la Conabia para hacer ensayos a campo desde 1997 en cinco localidades. Esas autorizaciones fueron otorgadas por el ex secretario Gumersindo Alonso en 1998.
Cuando asumió el gobierno de Fernando De la Rúa en 1999, Berhongaray comenzó a aplicar una política “espejo” en materia de OGM, que consistía en no autorizar eventos que no tuvieran también el aval de la Unión Europea, por temor a perder mercados. Por eso la aprobación definitiva del GA21 -que en ese tiempo fue cedido por Monsanto a su rival Syngenta- quedó cajoneada en los despachos oficiales.
La presión de los privados era inmensa y hasta parece ser que en la ExpoChacra del año 2000, cuando se daba por descontada la aprobación de ese OGM, manos traviesas regalaron semilla a varios productores líderes, violando todo tipo de protocolo de bioseguridad. Este artículo de Página/12 recuerda ese episodio que fue oportunamente denunciado por Greenpeace: “La difusión de este transgénico no autorizado en la Argentina, estigmatizaría nuestra producción en toda Europa, lo cual sería una gran pérdida de mercados”, advertían los ambientalistas.
Luego de que Néstor Kirchner llegara al poder, ese maíz resistente fue finalmente autorizado por el secretario Miguel Campos en febrero de 2005. Ya estaba sembrado en varios cientos de hectáreas y hasta había un mercado ilegal de híbridos resistentes a glifosato.
Con el pecado original ya cometidos, en 2007 la Comisión Nacional de Semillas (Conase) volvió a prohibir la comercialización de esta semilla a raíz de los inconvenientes registrados con algunos embarques argentinos a la UE, en los que se detectaron trazas de estos materiales. Allí la tolerancia era 0. Pero la prohibición duró apenas un par de meses, se pudo desbloquear y hoy el gen GA21 incluso forma parte de varios maíces apilados presentes en el mercado.

Ese evento transgénicos denunciado por los europeos estaba autorizado en Canadá, pero claramente estaba prohibido en la Argentina, a la cual se le atribuía el origen de las semillas. La variedad había sido creada por Monsanto y su semillera controlada Dekalb, pero esas compañía ya habían pasado a formar parte de Bayer, empresa que confirmó que la semilla se producía en la Argentina y exportada en contraestación para su siembra en el Hemisferio Norte. En Europa, Bayer ordenó destruir cerca de 11 mil hectáreas.
“Nosotros estamos convencidos de que el agrosistema argentino está libre de colza transgénica”, enfatizó en ese momento el ex presidente del INASE, Raimundo Lavignolle, que de todos modos tuvo que ordenar una suspensión de todas las exportaciones de semillas de colza hasta tanto se aclarara el episodio.
En el campo, de todos modos, son recurrentes las quejas de varios productores por esta variedad de colza resistente al glifosato, que ya se comporta casi como si fuera una maleza.

La alfalfa transgénica: Como creó una soja RR, un maíz RR y una colza RR, Monsanto también introdujo el gen de resistencia al herbicida glifosato en el cultivo de alfalfa, que se utiliza intensamente en todo el mundo como forraje para los animales. La variedad pudo ser sembrada en Estados Unidos a partir de 2005, pero un año después su aprobación fue impugnada judicialmente por la falta de estudios sobre su impacto ambiental. El caso llegó a la Corte Suprema y finalmente en 2010 quedó liberado en aquel país ese nuevo OGM.
En la Argentina ese expediente de aprobación nunca avanzó, por lo que resultó muy curiosa una noticia de marzo de 2018 en el que se informaba que personal del SENASA había destruido un total de 147 hectáreas de alfalfa OGM que era ilegal. Estaba sembrada en un establecimiento agropecuario ubicado en la localidad de Nueva Francia, provincia de Santiago del Estero.
Aquel episodio marcó el inicio de una suerte de razzia protagonizada por el INASE y el SENASA para detectar y destruir una producción de alfalfa RR que estaba mucho más difundida en el país de lo que se pensaba. Recién en junio de 2018, como para tratar de disimular semejante papelón, el Ministerio de Agroindustria aprobó en la Resolución 33/2018 la comercialización de una alfalfa tolerante al herbicida glifosato y con contenido reducido de lignina.
Se trataba de una alfalfa que contenía los eventos MON-ØØ179-5 x MON-ØØ1Ø1-8, que fueron desarrollados por Monsanto, pero cuyos derechos habían sido cedidos al Instituto de Agrobiotecnología Rosario (Indear), una empresa creada por el Conicet y la firma argentina Bioceres, que es la misma que ahora tiene cuestionamientos por el trigo HB4. De hecho, desde esa empresa se denunció públicamente la existencia de una alfalfa RR trucha.
En rigor, los operativos oficiales para destruir la semilla de la alfalfa ilegal continuaron por varios meses. Por ejemplo, a mediados de 2019 el INASE seguía informando sobre “el decomiso y destrucción de 15.178 kilos de semilla de alfalfa con eventos transgénicos no autorizados mediante el método de entierro en la localidad de Salto”.

El algodón transgénico: En septiembre de 2019 se conoció otro escándalo en torno a un transgénico que no figuraba en la lista de cerca de 60 eventos autorizados por la Conabia. Eran tiempos de siembra en el norte del país, pero los productores comenzaron a denunciar un severo faltante de semillas debido a los rigurosos controles que había comenzado a realizar el INASE en las plantas deslintadoras, que son aquellas que separan justamente la semilla de ese cultivo textil. ¿Qué buscaba el INASE? Pues una serie de variedades de algodón no autorizadas en el país.
En 1998, luego de aceptar la soja RR, la Argentina aprobó la introducción de maíz y el algodón con el gen Bt, de resistencia a insectos. Pero la ofensiva oficial sobre el mercado se lanzó luego de que veinte años después -en octubre de 2018- se hallara también mucha presencia en los campos de un algodón transgénico desarrollado por Monsanto que nunca había sido liberado para la siembra en el país: el MON-15985-7, que ofrece resistencia combinada a glifosato y a lepidópteros.
Al parecer ese evento había pasado por los sistemas de aprobación oficial, pero Monsanto desistió finalmente de pedir su aprobación comercial por falta de perspectivas comerciales. Luego, esa compañía vendió su semillera de algodón Genética Mandiyú (la única del país) a Gensus, una empresa local que con lógica comenzó a exigir al INASE un sistema de fiscalización de la semilla certificada. De allí los controles que dejaban a los productores sin semilla suficiente.
Otra versión indica que “el algodón RR BT se encontró por casualidad. Un lote de semilla que vendió Genética Mandiyu (ahora Gensus ) era supuestamente BT y por error aplicaron glifosato. Quedaron plantas vivas, que las llevaron a cosecha y de ahí salió semilla que después se multiplico”
Como sea el algodón estaba ahí, sembrado sin autorización. ¿Cómo se resolvió finalmente este problema? Como siempre, un poco haciendo la vista gorda y otro poco aceptando finalmente el avance arrollador de los transgénicos. El famoso LTA puede aplicarse en la mayoría de los casos.
Hacia fines de 2019, la gestión de Luis Miguel Etchevehere en el Ministerio de Agricultura aprobó tres nuevas variedades de algodón transgénico: dos de esos OGM fueron desarrollados por Basf y ofrecían tolerancia a glufosinato de amonio, a glifosato y resistencia a diversas plagas. La otra de Syngenta también aseguraba a los agricultores protección contra distintos insectos, incluida la peligrosa “lagarta rosada”.
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]]>La entrada Lo leyó en Bichos antes que en el Boletín Oficial: Por orden judicial, publicaron la resolución para controlar el polémico trigo HB4 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>¿Y por qué se iban a mandar la parte? Porque Bichos de Campo publicó el texto completo de la Resolución 535/2021 el mismo día en que fue firmada por Serrano, es decir el 15 de octubre pasado. La explicación oficial en aquel momento fue que esa norma no debía publicarse en el Boletín Oficial porque involucraba a una sola empresa (Bioceres). Pero el 17 de noviembre, un fallo del Juzgado Nacional en lo Contencioso Administrativo Federal 3 ordenó a INASE a hacer pública toda la información referida al trigo HB4, incluyendo los lugares donde está sembrado.
Hace unos días, el INASE había informado a la cadena triguera (que está preocupada porque se produzca un caso de contaminación del trigo convencional con esa variante transgénica, que pueda afectar la colocación del cereal en los mercados) que el trigo HB4 ocupa exactamente poco más de 52 mil hectáreas (de las cuales ya se había cosechado un 15%) sobre un total de 370 lotes agrícolas. De todos modos, todavía no se conoce la ubicación exacta de cada uno de ellos.
Más allá de mandarnos la parte, la publicación ahora de la mencionada Resolución secreta confirma lo que se había informado entonces. En principio, que ante la presión de la cadena la Comisión Nacional de Semillas (Conase) había ordenado crear “la Comisión de Auditoría de Trigo HB4 en el ámbito de la Dirección de Fiscalización, dependiente de la Dirección Nacional de Articulación Federal del INASE”. Ese es la oficina del Estado que debe ocuparse de evitar esa posible contaminación, asegurando que ni una espiga de ese trigo se escape de los campos sembrados por Bioceres bajo convenios especiales con unos 250 productores.
No es lo único establecido por aquella resolución. También se estableció que:
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]]>La entrada Con denuncias envenenadas y poco dato científico, varios famosos salen a pedir el fin de los agroquímicos se publicó primero en Bichos de Campo.
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La presentación de la campaña se realizará en redes sociales y estará a cargo de las reconocidas actrices Dolores Fonzi y Laura Azcurra, además del biólogo y filósofo Guillermo Folguera y la doctora en Ciencias Biológicas Alicia Massarini. Más allá de la identificación bajo el eslogan #bastadevenenos, en ningún momento se identifica ni una organización civil ni un colectivo que se ponga al frente de la campaña.
Eso sí, estas publicidades contra el uso de agroquímicos, que denuncia básicamente que los argentinos somos el país que más utiliza estos insumos por habitante en todo el mundo y que afirma que todos tenemos rastros de esas sustancias dentro del organismo, cuenta con el respaldo de varios artistas de renombre como el actor Leonardo Sbaraglia y la cantante Hilda Lizarazu, de militantes de derechos humanos como Nora Cortiñas, de periodistas como Alejandor Bercovich y Julia Mengolini, y hasta de cocineros como Francis Mallman. Mengolini incluso llega a declarar que se hizo los estudios y tiene “glifosato en mi organismo”.
Este es la primera pieza de esa campaña:
En una dirección de internet, la campaña masiva permite descargar un kit para quienes quieran militar en las redes sociales en contra de los agroquímicos y pedir directamente su prohibición. Algunas de las consignas que se emiten allí no le hacen asco las generalizaciones y no mucho menos se sustentan en informes oficiales o literatura científica. A primera vista, desparraman más veneno que los venenos que critican. Estos son algunos ejemplos:

Cualquiera podrá ser al menos por un rato como su artista preferido. Es que la campaña incluso contiene un instructivo para grabar “tu propio video” y sumarlo a las redes sociales. Recomienda: “Usá la cámara trasera de tu teléfono celular. Buena iluminación, no estés a contraluz y que la fuente lumínica ingrese pareja. Plano medio corto, es decir desde la mitad del torso hasta la cabeza con un poco de aire arriba”.
Quien pone la voz en la locución de varios de los spots es Lalo Mir:
La campaña de demonización de los agroquímicos también estará apoyada por diversas historias de personas que han enfrentado problemas de salud que atribuyen a estas sustancias, y a otros que los enfrentaron. Son algunos casos:

La entrada Con denuncias envenenadas y poco dato científico, varios famosos salen a pedir el fin de los agroquímicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada ¿A cruzar los dedos? El gobierno informó dónde está sembrado el trigo HB4 y qué medidas tomará para evitar una contaminación se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Para empezar se conoce ahora con precisión, a partir de la difusión de un informe elaborado por el Ministerio de Agricultura, el INASE (Instituto Nacional de Semillas) y la propia Bioceres, que no son 55.000 las hectáreas sembradas con el HB4 (pensando en producir semillas para cuando se libere) sino 52.755 hectáreas, y que casi la mitad de ellas están ubicadas en la Provincia de Buenos Aires.
Para tener una dimensión, vale decir que estas siembras equivalen a más de 2 ciudades de Buenos Aires enteras, ya que se estima que la capital federal ocupa unas 22 mil hectáreas, el equivalente a 22 mil manzanas de 100 x 100 metros.

De toda la superficie sembrada en los meses de invierno ya se han cosechado unas 7.000 hectáreas, el 14% del total, con rindes más bien pobres pues hasta ahora se obtuvieron solo 8.700 toneladas. De todos modos, es lo habitual en las provincias del norte, que son las que primero se trillan. Los números se irán engrosando a medida que avance la recolección cada vez más al sur. Suponiendo que el promedio sea finalmente igual al nacional, de unos 3.000 kilos por hectárea, estamos hablando de casi 160 mil toneladas. En silobolsas de 200 toneladas cada uno, habrían falta unos 800.

Se sabe dónde está ubicado cada lote de trigo HB4 y está es la condición inicial para montar ahora un estricto programa de control, que pueda evitar la fuga de esa variedad y un potencial episodio de contaminación que pueda perjudicar al resto del cereal producido en la Argentina, cuyo principal destino será la exportación. Se espera una cosecha cercana a las 21 millones de toneladas, y de ese volumen los argentinos solo consumiremos unas 6,5 millones.
El Ministerio de Agricultura apuró este esquema de control un poco por las exigencias de la cadena comercial (acopios, molinos y cerealeras rechazan el HB4 con el argumento de que el consumidor, aquí y en el mundo, no quiere un trigo transgénico) pero otro poco para cubrir sus propios pifies. Esa cartera aprobó la innovación de Bioceres en octubre de 2000, pero condicionó la venta de semillas a que Brasil (principal mercado del cereal argentino) también lo aceptara. Esto no sucedió o mejor dicho sucedió a medias (pues el vecino país solo aprobó la harina de trigo HB4). Por lo tanto, sigue estando prohibido sembrar el HB4.
¿Y entonces? ¿Por qué hay más de 52 mil hectáreas sembradas? Porque el INASE autorizó a la empresa INDEAR (formada por Bioceres y el Conicet) hacer esta expansión para comenzar con la producción de la semilla que sería vendida en caso de una aprobación. Por eso ahora es el propio organismo el que debe cuidar también sus propias espaldas. Si hubiera una contaminación que nadie desea, sería de algún modo corresponsable.
Hacia fines de la semana pasada, Agricultura reunió a toda la cadena triguera para presentar su plan para evitar esta desgracia. Y en las últimas horas se conocieron detalles del sistema que ya se está ejecutando, porque la cosecha ya comenzó. No todos los sectores se quedaron tranquilos, pero desde la agroexportación dijeron a Bichos de Campo que el esquema de trabajo parece riguroso y era mejor de lo que esperaban. “Ahora tenemos que ver que se cumpla y mostrarle al mundo que estamos dándole las garantías que necesitan”, resumió la fuente.
Este es el documento presnetado por las autoridades:
Trigo HB4 presentacion 19_11
En principio, ya se sabe que todo el trigo HB4 que se coseche será almacenado en silobolsas dentro de los propios lotes identificados, y que la propia Bioceres controlará la custodia del almacenaje en esos bolsones “mediante sistemas de sensores remotos que registraran principalmente movimiento y variables de calidad. De esta manera Bioceres podrá en todo momento conocer el lugar y el estado de la producción HB4”.
El esquema se completará con un sistema de trazabilidad en blockchain donde se registrarán todos los movimientos de unas 350 cosechadora con monitor de rendimiento calibrado y transmisión en tiempo
real; tolvas que tengan registro de peso; y camiones con gps, control de peso y transmisión en tiempo
real. En total hay 250 empresas agrícolas involucradas (de golpe aparecieron 25 más respecto de los 225 productores informados originalmente) que han firmado 372 contratos de siembra con la compañía que desarrolló el HB4. El lote más grande tiene casi 3.000 hectáreas. Pero en promedio son mucho más pequeños, de 142 hectáreas.

El INASE dispondrá de unos 50 agentes para realizar inspecciones en cada uno de esos 372 puntos de control y verificar, entre muchas cosas, que los equipos que han participado de la siembra y los que participen de la cosecha sean adecuadamente lavados, para evitar que sean vehículos de una contaminación hacia los campos.
Este sistema permitirá, según prometieron las partes involucradas, “elaborar un mapa interactivo y un monitor de seguimiento permanente en el Ministerio de Agricultura y el control de siembra y cosecha de Trigo HB4”, que a la vez permitirá “informar a los actores de la cadena sobre las tareas de control y el estado de confinamiento de las semillas cosechadas”.
Adicionalmente, las grandes cerealeras han comenzado a instrumentar otras dos estrategias para evitar el escenario más temido: en todos sus contratos de compra del trigo imponen una cláusula especial para comprometer al productor a no vender ese trigo resistente a la sequía y al mismo tiempo comenzaron a instrumentar un sistema de controles en los puertos, ante el ingreso de camiones cargados con el cereasl que comenzará a intensificarse en los próximos días.
La entrada ¿A cruzar los dedos? El gobierno informó dónde está sembrado el trigo HB4 y qué medidas tomará para evitar una contaminación se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Patricia Miranda: Otra mujer está detrás del trigo HB4 y lideró además el primer proyecto argentino para utilizar las plantas como fábricas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Pero Miranda además lideró el primer proyecto de “Molecular Farming” o “fábrica vegetal” para desarrollar una proteína animal en plantas. Consiste en utilizar a los vegetales como usinas productoras de un compuesto de interés comercial, es decir que la planta elegida se utiliza como un sistema de producción.
Según la experta, este sistema posee muchas ventajas ambientales y económicas:
Y hay más: cuando la producción se hace en semilla se puede almacenar a bajo costo y ajustar el procesamiento a la demanda y además del producto principal se pueden comercializar subproductos del cultivo como forrajes y aceites.

En este contexto, el proyecto pionero en el ámbito de “molecular farming” dentro de Bioceres-INDEAR fue la producción de quimosina bovina en semillas de cártamo transgénico (SPC en inglés), una enzima necesaria en el proceso de producción de quesos para coagular la leche y que originalmente se obtenía del cuarto estómago de terneros lactantes.
-¿Por qué se eligió la quimosina?
-Porque hace unos 30 años se previó que la demanda de queso aumentaría muchísimo y se requeriría una fuente alternativa de esta enzima. Así en 1991 la FDA (Food and Drug Administration de Estados Unidos), autorizó a la quimosina como la primera proteína “recombinante” permitida como ingrediente alimentario humano (una proteína recombinante es aquella que se produce en un organismo que no es el original, es decir, transgénico). Desde entonces la quimosina la producen dos grandes empresas multinacionales que se reparten la mayor parte del mercado.
Aprueban un cártamo transgénico para obtener un ingrediente clave para hacer queso
-Entonces, claro, era un producto ideal…
-Cuando INDEAR estudió la posibilidad de desarrollar la rama del molecular farming, decidió enfocarse en enzimas industriales por dos motivos: son necesarias en gran escala, lo que justifica la inversión en tiempo y dinero hasta llegar al producto, y los requerimientos regulatorios serían menos limitantes que para moléculas con otro destino (por ejemplo, médico). En aquel momento, entablamos relación con una empresa canadiense que diseñó un sistema de producción de proteínas en semillas de cártamo transgénico y había desarrollado plantas que expresaban quimosina en sus semillas. Adquirimos los derechos para desarrollar este proyecto.
-¿Por qué se eligió el cártamo, planta oriunda de Asia? ¿No se podía usar una nativa de aquí o no es importante esa característica?
-La elección del cártamo como sistema de producción se basó en algunas características que hacían de esta especie una buena opción. La principal es que es un cultivo apto para crecer en climas semiáridos, lo que permitiría producir en regiones no aptas para otros cultivos. Por otra parte, este cultivo tiene subproductos de gran valor: el aceite de cártamo es el más rico en ácidos grasos poliinsaturados, lo cual permite agregar otro componente a la ecuación económica del proyecto. La producción en plantas puede concretarse en otras especies y se está avanzando en ese aspecto.

Miranda explica que para INDEAR esta iniciativa representaba la posibilidad de abordar un proyecto que ya había completado las etapas iniciales, por lo que permitiría llegar con un producto al mercado en menos tiempo. “Yo lideré el proyecto desde sus comienzos en Argentina, hasta que se superaron las pruebas de laboratorio y funcionales, y se construyó la planta piloto. A partir de entonces estuve a cargo de la aprobación del producto final (la enzima SPC), así como la planta transgénica que la produce. De esta manera, alcanzamos la aprobación del primer cártamo transgénico a nivel mundial y de la primera enzima producida por molecular farming para consumo humano”.
El proyecto siguió avanzando con la creación de AGBM, una Empresa de Base Biotecnológica (EBT) que hizo posible la industrialización y comercialización internacional de la SPC. Actualmente, la tecnología SPC está dentro de una empresa relacionada a Bioceres, Moolec, que planea hacer un relanzamiento de este producto.
A raíz de este proyecto, INDEAR se convirtió en un referente de molecular farming ya que demostró las capacidades de concreción de un proyecto de este tipo desde el desarrollo a nivel laboratorio hasta la capacidad de procesamiento a escala industrial y la obtención de las aprobaciones para la salida del producto al mercado. La SPC fue aprobada para su comercialización en el 2012 y se comercializa desde hace varios años; fue la primera enzima obtenida por molecular farming listada en el Código Alimentario Argentino.

Actualmente Patricia está a cargo de las presentaciones para lograr la aprobación del trigo HB4: “Luego de ocuparme del proceso de aprobación de la SPC dejé el laboratorio de proteínas para hacerme responsable de todos los procesos relacionados con la aprobación de las tecnologías desarrolladas por Bioceres, entre ellas el trigo HB4. Este proyecto lleva más de 10 años en la empresa, pero le ha costado mucho tiempo obtener la primera aprobación completa, y digo ´completa` porque la seguridad ambiental y alimentaria fue confirmada por las autoridades pertinentes (CONABIA y SENASA, respectivamente) en 2016″.
“Pero el tercer paso de evaluación del sistema argentino, el análisis de mercado, que evalúa el impacto que la aprobación de un nuevo transgénico podría tener en la producción y comercialización, recién fue favorable en el 2020. Esos años fueron un periodo muy difícil en el cual no obtuvimos la aprobación ni señales claras de qué solicitaban las autoridades locales para obtenerla”, indicó.
“A modo de comparación, la soja y el trigo fueron presentados en el mismo momento ante las autoridades regulatorias de Argentina (2014) y, mientras la soja fue aprobada en un año, con el condicionamiento de aprobar en China antes de comercializar, al trigo esto le llevó 6 años. Recién en el 2020 obtuvimos la aprobación, aunque la comercialización está condicionada al visto bueno de Brasil, el principal destino de exportación del trigo argentino. Desde esta primera presentación en Argentina han pasado 7 años y 9 países en los cuales ha sido solicitada la aprobación del trigo HB4. Uno de estos países es Brasil, donde el proceso de análisis de encuentra avanzado” (la semana pasada se habilitó allí la importación de harina del trigo HB4).

Para Patricia las ventajas de la aprobación son diversas: por un lado, la posibilidad de adoptar una tecnología que permitirá mejorar los rindes del trigo en zonas de potencial medio y bajo, y estabilizar la producción en todas las regiones independientemente de los episodios de estrés ambiental que son tan frecuentes e impredecibles. Por otro lado, implica la posibilidad de que Argentina sea proveedora de tecnología, el famoso “valor agregado” del que tanto se habla, por ser el país que que generó una nueva tecnología en semillas, que además fue desarrollada por el ámbito académico local.
Otro hito de importancia es que la inversión en investigación se transfiera al sector productivo. “Creo que es importante destacar que en este proceso de transferencia no solo se beneficia la empresa que se ocupó de las etapas avanzadas del desarrollo sino también las instituciones públicas que invirtieron (el CONICET, la Universidad Nacional del Litoral), los productores que la adopten y el país en su conjunto”, reflexiona. “Por último, el hecho de que seamos el primer país que aprueba un trigo transgénico también nos posiciona como protagonistas activos en los desarrollos tecnológicos”.
-A pesar de todas las ventajas que usted describe hay una parte de la sociedad que ve con malos ojos a los productos transgénicos. ¿A qué cree que se debe?
-A un gran prejuicio asociado a los transgénicos y que tiene múltiples componentes. Creo que en su origen se relaciona con lo novedoso, que siempre genera desconfianza; esto se combina con la falta de información o información falsa esgrimida por ámbitos que ven a la tecnología como un peligro. La opinión pública asocia a los transgénicos con un paquete tecnológico de una gran multinacional y el negocio relacionado a un herbicida.
-O sea que la barrera es mental…
-Es que es tal el prejuicio que dos décadas después de este primer evento los desarrollos que no tienen que ver con grandes empresas multinacionales y/o con el uso de agroquímicos, son puestos en el mismo paquete o ignorados para sustentar este prejuicio. Por ejemplo, la berenjena Bt desarrollada en Bangladesh que beneficia específicamente a los pequeños productores al requerir un menor uso de insecticidas y una mayor producción; o el arroz dorado, que ayuda a prevenir la ceguera por deficiencia de vitamina A en países subdesarrollados donde la alimentación se basa en arroz.
La especialista asegura entender las dudas que surgen a partir de las actividades asociadas con los transgénicos porque todos los avances tecnológicos, como cualquier novedad, generan miedos. “Solo hace falta repasar la historia de la humanidad para ver cómo la sociedad reaccionó a cada uno de los desarrollos que con su uso confirmaron la utilidad y beneficio para la comunidad, por eso es responsabilidad de todos actuar en base a información bien sustentada y entender que pueden coexistir diferentes formas de producción, que lo que parece adecuado o sustentable para unos no lo es para otros y que hay que tener una visión más amplia”, resume.
“Creo que, como ocurrió con otros avances tecnológicos, el tiempo va a confirmar la seguridad y beneficios de los transgénicos. Espero que podamos encontrar las vías de comunicación para alcanzar un entendimiento que nos permita aprovechar esta ventana de oportunidad y empezar a hacer uso de nuestras capacidades”.
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]]>La entrada El gobierno argentino aclara que el trigo HB4 todavía no está liberado y anticipa un riguroso sistema para su segregación se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Hoy, por lo que anunció la firma Bioceres, la Comisión Técnica de Bioseguridad de Brasil (CNTBio) autorizó en su reunión mensual la comercialización de la harina proveniente de la molienda del trigo HB4. Esto hizo subir varias posiciones la acción de la firma argentina en el Mercado de Nueva York, pues se supone que es un aval muy claro a la adopción de esa variedad genéticamente modificada. ¿Pero esto significa que realmente quedó liberada la venta de semilla y la posibilidad de siembra en la Argentina?
Según altas fuentes del gobierno argentino, para nada.
“Este es un primer paso, pero hay que ir despacio. Aprobaron la harina (el producto final de la molienda) y no el grano. Pero con esto solo no alcanza para liberar la siembra en la Argentina”, aclaró un funcionario del Ministerio de Agricultura consultado por Bichos de Campo, que está empapado con este tema e incluso trabaja a contrarreloj para dar garantías a la cadena triguera nacional de que no se producirá una contaminación del trigo convencional con esta variedad transgénica, como muchos temen.
Para empezar, consideró la fuente, por ahora el aval de la CTNBio no solo es incompleto (pues abarca solo el producto harina elaborado a partir de las espigas del trigo HB4) sino que es simplemente un pronunciamiento técnico que debe ser todavía validado “políticamente” por las autoridades de Brasil.
“Si la parte política de Brasil aprueba esta normativa técnica adoptada con la harina, es un paso gigante y todo lo demás se va a dar por añadidura. Van a tener que aprobar también el grano para que puedas ingresar el trigo para hacer esa harina, porque si no sería una gran contradicción”, explicó el funcionario.
Pero esta situación promete estirar más los tiempos hasta la liberación definitiva del HB4.
Por un lado porque la Abitrigo (la entidad que agrupa a los molinos de ese país) anunció que iniciaría acciones legales contra la decisión de la CTNBio. Para esto se abre ahora un plazo de al menos 30 días, pues luego de la publicación respectiva de la aprobación de la harina de trigo HB4 se puede impugnar administrativamente esta decisión técnica.
Si existe y prospera una impugnación, que debe realizarse primero ante organismos pertinentes como el Ministerio de Agricultura de Brasil (Mapa), el organismo de vigilancia sanitaria (Anvisa) o el Instituto de Medio Ambiente de Brasil, la comercialización de la harina puede llegar a suspenderse por dos años. Pero si se rechaza, el permiso concedido por la CTNBio quedaría vigente.
Para las autoridades argentinas, de todos modos, eso tampoco alcanzaría a destrabar las siembras del HB4 en el país, pues falta el permiso al grano.
Esta variedad transgénica -que sería la única autorizada a escala global- se ha sembrado la última campaña 2021/22 sobre 55.000 hectáreas pertenecientes a 225 productores argentinos seleccionados por Bioceres, con los cuales se firmaron estrictos contratos de bioseguridad. De ellas, ya se han cosechado cerca de 10.000 hectáreas en el norte del país, con rindes pobres de menos de 1.000 kilos por hectárea. Pero la cosecha se generalizará y aumentará cuando las trilladoras vayan bajando hacia el sur.
El temor a una filtración de ese trigo modificado que contamine el resto de las cargas que la Argentina envía con su saldo exportable (de unos 14 millones de toneladas) a muchos países del mundo -además de a Brasil-, fue el principal argumento de acopiadores, molinos y exportadores argentinos para rechazar (al igual que Abitrigo), la habilitación comercial del HB4 tanto en la Argentina como en el vecino país.

En ese sentido, la fuente oficial consultada por Bichos de Campo comentó que la semana próxima el gobierno presentará a acopiadores y exportadores un diagrama o “tablero de control” del sistema ideado oficialmente para garantizar la segregación absoluta de esa variedad OGM y evitar que salpique al resto del trigo.
“Se van a sorprender mucho con la cantidad de variables” que se tomarán en cuenta para evitar este escenario de contaminación, indicó el funcionario, que, por supuesto, está negociando todos los días este tema con la propia Bioceres. De hecho, al dar la buena noticia surgida de la CTNBio, la empresa rosarina aclaró que no tenía pensado vender ni grano ni semilla esta campaña.
-Más allá que el trigo HB4 finalmente no esté autorizado, en el mercado ya se habla de controles muy onerosos para “certificar” que el trigo convencional está “libre” de ese OGM- apuntó Bichos de Campo a su interlocutor en la cartera agropecuaria.
-Se están diciendo muchas cosas, pero no es así. Por ahora en el mercado local nadie aplica controles y ni siquiera se sabe si existe la capacidad para controlar. No hay un método homologado tampoco- respondió la fuente, negando que los test puedan llegar a costar 5 dólares por tonelada de trigo o 16 mil pesos por camión, como dicen las versiones.
En los despachos oficiales, más bien, se inclinan por pensar qué el método para testear cargas a futuro no será un análisis genético (como se hacía con la soja Intacta), sino algo mucho más económico e igualmente efectivo, como el test por imágenes que ofrecen plataformas como Zoom Agri, y que ya se aplica para identificar variedades de cebada. También aclararon que, para el gobierno, los costos de ese sistema no deberían ser descontados de la billetera del productor.
“Estamos buscando tecnológicamente otras soluciones y estamos armando todos los protocolos para que no haya problemas”, enfatizó el funcionario a cargo de diseñar el que llamó un “ecosistema HB4”, destinado a preservar la cadena de trigo a salvo de posibles contaminaciones. Al decir de Las Primas: los nenes con los nenes, las nenas…
En este esquema, la responsabilidad primordial estará puesta sobre los hombros de la propia Bioceres, que ya informó a las autoridades que acumulará el trigo que vaya a cosechar estas semanas en silobolsas que serán georreferenciados en el campo y que además deberán tener -por exigencia del gobierno- unos equipos para testear online cualquier modificación del estado de esos silobolsas, midiendo por ejemplo la presión.
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]]>La Comisión Nacional de Bioseguridad de Brasil (CNTBio) venía “pateando” la discusión sobre el trigo HB4 desde mayo pasado, al tiempo que pedía nuevos requerimientos de información a la empresa argentina que patentó esa variedad surgida del “cantero” de Raquel Chan, investigadora del Conicet y la Universidad Nacional del Litoral (UNL), que introdujo genes del girasol no solo en el cultivo de trigo, sino también en la soja HB4, que está pendiente de una aprobación semejante en China. Con este gen inserto en su ADN, el trigo HB4 tiene mayor tolerancia a situaciones de estrés hídrico. Además incorpora otro gen de resistencia a las aplicaciones del herbicida glufosinato de amonio.
La aprobación en Brasil, de la cual todavía se desconocen todas sus implicancias, era la condición que el Ministerio de Agricultura argentino, que había aprobado el trigo HB4 en agosto de 2020, puso para la liberación comercial del grano modificado en el país. Esto debido a que el cereal es el principal producto de exportación de la Argentina hacia el vecino país. Finalmente, se aprobó hoy solo la comercialización de la harina de esa variedad, lo que supone que ahora sí podrían verse facilitados tanto la siembra de esa variedad aquí como la venta de la harina en el vecino país.
Bioceres, de todos modos, parece haber cambiado de estrategia, porque informó que no planea ni vender semilla (sembró 55 mil hectáreas en la Argentina para obtener simientes que serán cosechadas a partir del mes próximo) ni exportar granos o harina de trigo modificado a Brasil.
“El 11 de noviembre Bioceres recibió la aprobación regulatoria por parte de CTNBio, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Brasil de su trigo HB4, cultivo que cuenta con una tecnología de tolerancia a sequía única a nivel mundial”, indicó la compañía en su comunicación del suceso, destacando que este OGM ha sido un desarrollo público-privado y celebrando que “la ciencia argentina sigue produciendo impacto. Lo que pasó hoy es un hito más en ese camino”.
“La aprobación en Brasil confirma lo que las autoridades argentinas habían dictaminado: el trigo HB4 es seguro para el medio ambiente y para la salud humana y animal. Bioceres presentó toda la evidencia solicitada, fue evaluada y obtuvimos la aprobación”, agregó la empresa con sede en Rosario, antes de dar señales de qué es lo que piensa hacer ahora.
“¿Cómo sigue el proceso? Independientemente de la aprobación por parte de Brasil, Bioceres seguirá gestionando la producción de semillas y grano de trigo HB4 bajo el programa de identidad preservada que se utilizó en las últimas dos campañas para garantizar la trazabilidad de nuestra producción. Es importante destacar que tanto la semilla como el grano producido son 100% propiedad de Bioceres”, indicó la empresa. Hace unos meses, la empresa firmó un convenio con la fabricante de alfajores Havanna como para desarrollar una línea de alimentos funcionales a partir de ese trigo transgénico. Desde la empresas se informó que además mantienen conversaciones con molinos locales.
Entonces, esto quiere decir que el único productor del nuevo trigo transgénico en el país seguirá siendo por ahora Bioceres a través de una red de socios seleccionados. En total hay 225 productores que ya siembran esa variedad bajo una estricta supervisión tanto de la compañía como del INASE (Instituto Nacional de Semillas), que estableció reglas bastante estrictas para evitar la contaminación cruzada con los trigos convencionales sembrados en el país.
Una posible contaminación del cereal con trazas del OGM de Biocerees ha sido el principal argumento de la cadena de comercialización de trigo (acopiadores, cerealeras, molinos y hasta varias entidades de productores) tanto aquí en el país como en Brasil, donde la poderosa asociación de molinos brasileños Abitrigo anunció que no compraría ni un gramo de la nueva variedad. El rechazo potencial de un trigo transgénico por parte de los consumidores es el telón de fondo que despliegan quienes lo rechazan.
Bioceres, en este escenario de rechazo bastante generalizado, avisó que no cometerá ninguna torpeza y mucho menos se apresurará. “Esto va en línea con la adhesión de Bioceres a los cinco requisitos definidos antes de la liberación comercial del trigo HB4”, indicó un comunicado. Esos requisitos eran:
En este sentido, la empresa nacida en 2001 para apuntalar la biotecnología agrícola nacional apuntó que “continuará implementado los protocolos de stewardship (preservación) y bioseguridad, auditando los procesos de siembra, cosecha, almacenamiento, y transporte” de la nueva variedad.
También recordó que como compañía de biotecnología “viene trabajando desde hace más de 10 años con cultivos regulados, y mantuvo siempre altísimos estándares de seguridad y sin ninguna experiencia negativa, ni en trigo ni en soja ni en otros cultivos”. De este modo, trató de desestimar los temores del resto de la cadena sobre una contaminación incidental.
También aclaró que “seguirá trabajando en el aspecto regulatorio”, pues el trigo HB4 ya fue presentado para su aprobación también por los gobiernos de Uruguay, Paraguay, Estados Unidos, Colombia, Indonesia, Sudáfrica y Australia.
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]]>Los acopiadores están a la espera de que el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, los reciba para presentar sus reparos y negativa a la producción del trigo transgénico HB4. El funcionario les dijo que entre lunes y martes de esta semana se reunirían, pero por ahora no tuvieron novedades.
La semana pasada, Bichos de Campo dio cuenta de la resolución del Inase (Instituto Nacional de Semillas) que obliga a la empresa Bioceres a desactivar el 80% de la cosecha 2019/20 de esa variedad, que no está aprobada comercialmente para su comercialización o, mejor dicho, está autorizada pero no puede cultivarse comercialmente hasta tanto Brasil también la autorice.
Fernando Rivara, presidente de la Federación de Acopiadores, fue contundente respecto de este tema y de la actitud tanto de los funcionarios como del sector privado. “La medida del Inase no es suficiente, es un parche que no dará resultados y que no sabemos cómo se va a ejecutar”, aseguró.
“El Inase está intentando arreglar un desquicio. Se hizo un desastre con el HB4, nunca atendieron los reclamos, objeciones y avisos de precaución y se les viene un problema gigantesco. Están viendo cómo se puede solucionar”, aseguró Rivara.
Rivara además recordó que en esta campaña 2020/21 se sembraron 55.000 hectárea en 350 lotes distintos de 225 productores con el trigo HB4 y se preguntó entonces si al momento de la cosecha, acondicionamiento y comercialización del grano estarán dadas las condiciones para garantizar que el mismo no se mezcle con el cereal convencional.
El gobierno asegura que cuenta con las herramientas necesarias para brindar garantías al respecto, pero Rivara cree que hay que poner un mayor énfasis. “Van a haber 225 cosechadoras cosechando un trigo transgénico al mismo tiempo, porque esta es una cosecha agresiva, que se hace en poco tiempo, para dar lugar a la siembra de soja de segunda”, advirtió.
Y preguntó: “¿Qué van a hacer los cosecheros después de trillar un lote? ¿Van a estar limpiando las máquinas durante un día completo para que no quede un rastro de grano de trigo transgénico? ¿Quién certifica la limpieza de carros y camiones? ¿Las plantas de silo donde se almacene trigo transgénico no van a almacenar en trigo convencional por dos o tres años años? ¿En qué puerto van a exportar? ¿En qué molino van a moler?. No tienen idea lo que es limpiar un molino, no les importó, se manejaron con una irresponsabilidad escandalosa”.
Luego sostuvo que “la única salida es destruir el trigo transgénico, desgraciadamente, porque no me hace gracia que Bioceres pierda plata”. Vale recordar que la semana pasada el Inase dispuso que Bioceres puede conservar el 50% de la cosecha lograda en 2021/22, mientras que la otra mitad deberá inactivarse.
Rivara, que desde el vamos se opuso a esta innovación, insistió con sus críticas. “La contaminación del trigo convencional, que es el único que compran nuestros clientes, se puede dar en cualquier momento. Es un escándalo lo que hizo el gobierno. Si se produce esa contaminación, ¿quién se va a hacer cargo de los platos rotos? ¿Quién paga las consecuencias? Alguien se tiene que hacer responsable de esto y explicarle a la sociedad el daño a los productores, a la cadena, que se va a recaudar menos plata por pérdidas de mercados y que la población va a consumir harina de trigo transgénico”, enfatizó como si la situación ya se hubiera producido.
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