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La entrada Fernando Milano expone el costo oculto de producir carne con granos: Se consume mil veces más petróleo que en un pastizal natural se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El asunto que no es tan visible, según Fernando, es la ineficiencia de la ganadería en el uso de los combustibles fósiles. O mejor dicho, la ineficiencia de algunos sistemas de producción ganadera, porque no todo es ineficiente. En este sentido afirma: “El pastizal natural en sinónimo de independencia energética”.
“Un ejemplo de esto es el hecho de que un kilo vivo de carne producido sobre pastizales naturales tiene un gasto mínimo de energía subsidiaria (fósil) y que cuando se le empieza a dar grano (elaborado sobre una base fósil) y considerando la gran ineficiencia de los bovinos para usar granos, se termina usando para el mismo kilo vivo de carne, unas 1000 veces más de petróleo”, nos describió.
En esta entrevista, Milano se dedicó a explicarnos por qué considera que la utilización de granos y pasturas implantadas en las dietas de los bovinos no sería un sistema de producción ganadera tan eficiente como creen algunos:
“Para verlo desde una perspectiva histórica, el ser humano trabajó la tierra con energía a sangre hasta fines del siglo XIX o principios de XX. Al país comienzan a llegar los primeros tractores alrededor de 1940, justo cuando estaba en plena explosión la Revolución Verde mundial, entre otras cosas empujada por la fuerza del petróleo”, relato Milano. El petróleo, en ese proceso, comenzaba a tallar como un insumo para la agricultura.
La historia sigue: a fines de los 50 o principios de los 60, las empresas estadounidenses que comercializaban granos comenzaron a ver los frutos de la Revolución Verde y a tener excedentes. “Había un aumento de la productividad muy importante. Y entonces encontraron una manera para diversificar el negocio, que fue empezar a darle de comer grano al animal que ellos más consumen, que es el bovino”, contó el docente de Unicen.
“Así empieza una cuestión rara: no hay cosa más antinatural que darle granos a una vaca, que fue creada por la naturaleza para digerir la celulosa, que es lo opuesto al grano como tipo de forraje”, destacó. Lo cierto es que en Estados Unidos explotaron los feedlot como sistemas de producción de carne.
La historia sigue: En 1973 los países árabes de plantaron y estalló la primera gran crisis del petróleo. “Entonces la ciencia se pone a investigar qué bienes estaban utilizando ese petróleo y de allí vienen los primeros trabajos sobre la eficiencia energética de los sistemas ganaderos”, relató Fernando. Claro que aquí todavía no había feedlots, que irrumpieron recién en los años 90. Pero lo que se investigó primero fueron las eficiencias de los pastizales naturales frente a los verdeos.

“Los pastizales naturales, que son aquella población que naturalmente crece en el lugar, sean gramíneas, arbustos o bosques, tiene un proceso adaptativo extraordinario. Obviamente no produce por hectárea lo que producen otro tipo de pasturas o verdeos, pero tienen la ventaja de la resiliencia. Pero en la Argentina se fueron achicando ya que paulatinamente fueron reemplazados por pasturas y por granos, en el avance de la frontera agrícola”, advirtió el veterinario.
Para Milano, los servicios ecosistémicos que prestan los pastizales naturales son extraordinarios. “El pastizal natural aporta enormes beneficios para la sociedad y uno de ellos es la eficiencia energética. No hay sistema que gaste menos petróleo, porque se basa esencialmente en el sol. Es lo contrario de un verdeo de avena, que lo tenés que sembrar, cosechar y todo es maquinaria. Alguna vez leí un artículo que decía con razón: ‘Comemos petróleo”.
En este punto, Milano nos aporta una investigación de un grupo de la FAUBA integrado entre otros por Elizabeth Jacobo y Rodolfo Golluscio, que fue varios años decano de esa facultad, y que investigó justamente este tema en la Cuenca del Salado comparando diversos planteos productivos.
“En realidad es un trabajo simple de hacer porque es como un presupuesto económico con la diferencia de que, en vez de que la unidad sea dinero, es una unidad de energía (calorías o joules). Se calcula lo que se gasta en energía fósil y se divide por lo que se produjo (en kilo vivo o en energía contenida en ese kilo vivo)”, detalló el profesional, que recomendó a los productores hacer los mismos cálculos en cada uno de sus planteos.
El grupo calculó el uso de combustible fósil y la eficiencia en el uso de combustible fósil (son dos indicadores diferentes) con campos que funcionan a sol y pastizales (en el gráfico, C1 y C3 por ejemplo) contra otros campos que tienen mayor nivel de insumos (C9 a C13).

La evidencia que surge del trabajo es que “hay campos de cría en la cuenca del Salado que usan, por kilo producido, hasta 1.100 veces más petróleo. El número impacta pero las caídas de la eficiencia cuando metés productos agrícolas en la boca de un animal, que es enorme”, destacó Milano.
Para el docente, a esta altura, hay evidencia suficiente de que “los sistemas que se promueven como más productivos por unidad de superficie en realidad son mucho más ineficientes en el uso de la energía fósil y por tanto de mayores gastos (el margen bruto dependerá también del precio final del producto), mayor contaminación (y no sólo atmosférica por dióxido de carbono) y mayor dependencia tecnológica”.
“Cuando en un campo se usa casi exclusivamente energía solar a través del pastizal natural o de pasturas naturalizadas se producen relativamente menos kilos de carne por hectárea al año, pero casi no se gasta nada de energía fósil”, insistió.
Y recordó que “el petróleo permitió grandes avances para la humanidad pero también genero un gran impacto ambiental”. En comparación, afirmó que el pastizal da muchos más servicios ecosistémicos para la calidad de la atmósfera, suelo, agua y biodiversidad y es muy estable (heladas, fuegos, enfermedades, sequías): siempre vuelve solo, sin gastar nada.
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]]>La entrada Los padres de la agroecología: “Esta es una ciencia, debe ser objetiva y estar más allá de la discusión ideológica”, reclama Eduardo Requesens se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>De todos modos, Eduardo advirtió que se está ideologizando demasiado el debate público en torno a la agroecología. “Hay que tratar de bajar los decibeles de discusión para entendernos un poco mejor. No queremos que la agroecología sirva como excusa de una nueva grieta en el país. Hay que trabajar mucho para evitar que eso suceda”, dijo a Bichos de Campo.
Requesens declaró que “se la está asociando a determinados posicionamientos ideológicos, y la verdad es que una ciencia debe ser objetiva y estar más allá de la discusión ideológica. También se la redujo mucho a la problemática de pequeños productores, cuando en realidad tiene propuestas para todas las tipologías de productores, no sólo los chicos”.
“La agroecología es una disciplina científica, es una síntesis entre la agronomía y la ecología, que son las dos ciencias madres sobre la cual se basa. No podemos tergiversar sus verdaderos alcances. No hay cinco agroecologías. Tenemos que ser coherentes porque es muy común que se la asocie con modos de vida, cuando desde lo científico, es otra cosa”, argumentó.
Mirá la entrevista completa a Eduardo Requesens:
Por cierto, a la agroecología se la suele asociar con conceptos como la “soberanía alimentaria” o a la producción de bolsones de verduras de pequeños productores que llegan a mercados de cercanía. Pero Requesens manifestó que “la agroecología también tiene propuestas para los productores extensivos de mediano o gran tamaño, porque los principios básicos son los mismos, pero las aplicaciones varían de acuerdo a la tipología del productor”.
Lo cierto que todo nace en la crisis de la llamada Revolución Verde, que buscó enfrentar la demanda creciente de alimentos con tecnologías nuevas, fundamentalmente en semillas, agroquímicos y fertilizantes. Requesens explicó que ese proceso, iniciado hace unas seis décadas, “tuvo una serie de anomalías que se acumularon a lo largo del tiempo, como la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad”.
“Los que abordamos la agroecología hace años lo venimos notando, y ahora esto tomó estado público y cada vez más gente se da cuenta”, celebró el docente.
Uno de los principios básicos de la agroecología, de acuerdo a Requesens, es “la biodiversificación”. Esto significa “pasar de sistemas con pocas especies o con tendencia al monocultivo a sistemas mucho más diversificados. Por ende, no se aplica solo a productores chicos de productos hortícolas de venta local” sino que también debería implementarse a gran escala, en la agricultura extensiva.
“La agroecología es mucho más que el mero hecho de quitar agroquímicos de un sistema. Si, por ejemplo, te dedicás al monocultivo de soja bajo esquema convencional, y querés pasar a un sistema orgánico, lo único que debés hacer es quitar los agroquímicos, pero eso no quiere decir que pases a un sistema de base agrecológica, porque no tiene diversidad”, desarrolló.
Sin embargo, Requesens aclaró que “la adopción de la agroecología no es algo que se de de un día para el otro. Hay cada vez más productores que evalúan entrar en un proceso de transición, pero el cambio de un modelo a otro necesita tiempo”.
“Es un proceso, porque para reemplazar una agricultura de altos insumos, se requiere de una preparación del sistema para que este pueda defenderse solo. Implica pasar de uso de insumos a usar tecnologías de procesos”, indicó.
-¿Y se prenden los productores?
-En Azul ya tenemos algunas experiencias agroecológicas, con profesionales que están empujando mucho; incluso estamos viendo de armar una unidad de base agroecológica demostrativa, para que el resto de los productores tenga un espejo en el cual poder mirar y comparar.
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