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La entrada A punto de ser filósofo, Ignacio Avellaneda consiguió trabajo en una finca de lavanda de Cafayate y le cambió la vida se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En San Rafael vivió la experiencia de trabajar con personas con capacidades diferentes, desde darles de comer, los remedios y demás, hasta de cocinar la cena para 70 personas todos los días. Allí le tomó el gusto a la Filosofía como ciencia. Pero a los 4 años decidió volver con su familia.
Mientras se definía en qué carrera estudiar comenzó a armar peñas con amigos y amigas, en su casa familiar, y a una de ellas cayó una chica desconocida que lo flechó. Era Mercedes Dávalos, que estudiaba arquitectura. Pronto se organizó un viaje a Cafayate y de regreso, se pusieron de novios.

Por eso de cumplir con los mandatos familiares, en 2010 Ignacio comenzó a estudiar administración de empresas en Tucumán. Cursó el primer año, pero decidió contarle a su padre que su verdadera vocación era la filosofía. Su progenitor lo aceptó e Ignacio siguió estudiando en Tucumán, pero empezó filosofía en la UNSTA. Mercedes se recibió en el año 2014, y decidieron casarse en el año 2015. Ignacio suspendió su carrera y dio clases en dos colegios de Salta. Luego decidió volver a Tucumán a cursar y aprobar las materias que le quedaban, pero esta vez con su esposa.
Allí tuvieron a su primer hijo, Bernardo, y en 2019 nació María Magdalena. Al año siguiente sólo le faltaba preparar su tesis para ser Licenciado -que pergeñaba, sería sobre metafísica medieval- cuando tuvo que detener de nuevo su carrera para buscar trabajo, y se volvieron a Salta.
Recuerda Ignacio que un día entró a una iglesia y le rezó a San José que intercediera ante Dios para que le saliera un trabajo. Y dos días después, toda la familia de Ignacio, con amigos, fueron a festejar el cumple de su madre en Cafayate. En la fiesta, se enteró su amigo Tobías Villada, de la necesidad de Ignacio y le dijo: “¿Te animarías a ser encargado de una finca de lavanda? Yo quiero dejar ese puesto para dedicarme de lleno a los viñedos”.

Ignacio y Mercedes lo pensaron y le dijeron que sí. Tobías les arregló una entrevista a ambos con Mary Carey-Wilson, una inglesa, propietaria de la finca -junto a su esposo, el chileno Pedro Salfate-Dore-, en la casa de éstos, en Salta capital. Mary ya había entrevistado a ingenieros agrónomos. Pero a los pocos días le notificó que lo había seleccionado a él, filósofo, para administrar la finca y los productos que allí elaboran, de modo que se instalara con Mercedes y sus hijos.
Fue todo un desafío de adaptación a una nueva vida y de aprender todo desde “cero”. Sin embargo, se suele decir que -como deben incursionar en la base de todas las ciencias empíricas-, los filósofos resultan ser dúctiles en muchos órdenes de la vida. Y parece que así fue.

Primero se fue Ignacio, en julio del 2020 a una casita de la finca La Armonía, ubicada en el kilómetro 4351 sobre la ruta 40, en el Departamento San Carlos, a sólo 3 kilómetros de Animaná y a 7 de Cafayate, en pleno valle calchaquí de Salta, sobre la cuenca del río San Antonio, a una altitud de 1.750 metros (la parte más alta). El 8 de ese mes nació Encarnación, su tercera hija. El 14 de agosto ya se instaló Mercedes con sus 3 hijos. Como la casa les resultaba chica, Mercedes aplicó sus conocimientos de arquitectura, y comenzaron una ampliación a manos de su padre, que es constructor. Aún están en obra.
Aprovechando la nueva gestión, Ignacio, bajo la dirección de Mary, comenzó con mucho entusiasmo una limpieza de yuyos de la finca, churquis, tuscas, y una renovación en la comercialización de los productos. El campo consta de 35 hectáreas, de las cuales 5 fueron dejadas como monte natural, con abundante jarilla, 3 hectáreas y media con plantaciones de lavanda “angustifolia”, 4 hectáreas de romero, y un cuadro de 800 metros cuadrados con rosa de Damasco o damascena o de Castill,a muy perfumada.
Cuentan con un laboratorio en la misma finca, donde preparan, fraccionan y etiquetan los productos bajo la marca Zencial: ofrecen aceites de lavanda y de romero –en alambique de extracción de aceite, por arrastre de vapor-, hidrolato o agua de lavanda y de romero, y productos derivados como cremas para manos y pies, y para masajes descontracturantes, cuya receta es de Mary. Proyectan sumar velas de romero y de lavanda, con cera de soja, y jabones de lavanda y de romero. Es inminente también la producción de aceite de jarilla.
En menos de un año, Ignacio ya puede explicarme que su aceite es de altísima calidad debido a las virtudes de su suelo, muy calcáreo, en el que la lavanda se adapta muy bien aunque es muy requerido para plantar viñas, actividad que no descartan como complemento, en el futuro. Además el agua de las napas proveniente del río San Antonio es óptima -apta para consumo humano, a diferencia de la del río Calchaquí, que tiene mucho boro- y ellos la extraen con una bomba de 50 Hp a 180 metros de profundidad. También por razones del clima, su altitud y el proceso de elaboración. Su aceite contiene un 40% de acetato de linalol, cuando lo común es que tengan un 20%.

Hoy procesan unos 3 a 5 litros de aceite de lavanda por año y lo fraccionan en botellitas de 10 mililitros. Están muy justos para elaborar los productos derivados, de modo que piensan ir aumentando la producción cada año hasta llegar a un piso óptimo de 15 litros.
Por ahora comercializan sus productos en Salta, Tucumán, Mendoza y Buenos Aires. Es muy buscado por “maso” y aromoterapeutas. Están en pleno proceso de renovación de la imagen de la marca.
La lavanda es un ansiolítico natural y tiene propiedades antiinflamatorias, descontracturantes, mientras que el romero es un antidepresivo natural y estimulante. El agua de romero es antibacterial y lo usa mucho la gente a la que le cuesta afeitarse diariamente.
Hoy Ignacio se sorprende de lo bien que se adaptó a la vida rural y a la vida empresaria, cuando hace apenas un año que se soñaba escribiendo libros y dando clases. Piensa retomar su carrera y alternar su trabajo escribiendo y dando clases, al menos por internet.

Hoy se nutre del gran libro de la naturaleza –dice-, mientras contempla las cumbres nevadas bajo “el árbol” sagrado de los nativos, el algarrobo. Aprendió a distinguir el algarrobo blanco del colorado, porque es más frondoso y no tiene espinas, y también el churqui de la tusca, porque aquel tiene una vaina o fruto negro y esta una flor pequeña. Ha bajado 13 kilos de su peso en 8 meses, de tanto caminar la finca “rumiando la vida”, mascando la también sagrada hoja de coca, formando en su boca el clásico “acullico”.
Su nueva vida le hizo cambiar la idea de su tesis filosófica, que le falta para ser licenciado: la abstracta metafísica que preparaba, por la de “ética aplicada a la empresa”.
Ignacio y Mercedes han tejido con Mary y Pedro una trama de amistad tan bella como un poncho salteño. Ahora luchan todos juntos por un largo sueño que Mary venía desarrollando desde hace 30 años. Tienen un pedido de 1000 jabones para entregar en un mes y los llena de futuro.
Ignacio, como la mayoría de los salteños, también canta folklore. Y en su casamiento, el famoso Damián Paz, le hizo la segunda voz a Ignacio, interpretando juntos la zamba “La flor trasnochada”, de la que Damián es autor y que hoy nos quiere dedicar en esta nota, interpretada por Los Paz:
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]]>La entrada Viejos anhelos de “minga” y de trabajo comunitario se respiran en el Valle Calchaquí se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Verónica Guantay, campesina y agricultora del paraje Corralito, en el Departamento de San Carlos, en Valle Calchaquí Sur, es Referente de CUM, una organización intercomunitaria que nuclea a cada vez más familias campesinas vinculando a las comunidades del Valle.
Verónica me explicó que gracias a este nuevo ímpetu comenzó a salir de su casa e ir a reuniones comunitarias donde pudo enterarse de los problemas de sus vecinos y luego, al viajar, también de los de otros pueblos. Así comenzar a buscar soluciones en conjunto. Ahora están todos comunicados. A pesar de la poca señal, lo hacen por telefonía móvil, sobre todo en este tiempo de cuarentena.

Hace tres años lograron crear el Mercado Campesino CUM (foto), autogestivo, mediante un comodato celebrado con la Municipalidad de Cafayate, que les cedió un local en el Mercado Municipal para comercializar los excedentes de las producciones de su agricultura familiar. Elaboraron un reglamento interno por el que no se permite la reventa, todo tiene que ser elaborado de primera mano.
A partir de las ventas en el mercado, se aporta un porcentaje para afrontar sueldos de dos mujeres -integrantes de la organización- que atienden diariamente el local.
Verónica me contó que allí venden los productos de sus huertas, frutas, huevos, algunos dulces y mermeladas, arropes, quesos, miel y hierbas aromáticas. Ofrecen sobre todo un bolsón de verduras y hortalizas de estación. Gracias a las y los técnicos que las asisten pudieron conseguir algunas becas para trabajar en las huertas y éstos acompañan técnicamente y apoyan la logística para para recolectar y llevar sus producciones hasta Cafayate.
Eloísa Ferro, técnica de INTA San Carlos, me detalló que se fue creando una red de alianzas con las municipalidades de Cafayate, Animaná, Angastaco y de San Carlos, junto a las escuelas agrotécnicas y la Tecnicatura Superior de Agroalimentos de San Carlos, para abordar integralmente las problemáticas de salud, vivienda, acceso al agua y a la tierra, las producciones de la agricultura familiar y su comercialización.
Proyectan líneas de trabajo sustentados en la organización colectiva y comunitaria. Así se creó una Feria semanal y una Fonda mensual de comidas, hoy suspendidas por la cuarentena. Las comidas que sirven en las Fondas deben ser tradicionales y suelen repartir folletos con sus recetas.
Además, algunas mujeres de la organización conformaron un Grupo Cambio Rural al que llamaron “Sabores Campesinos”, integrando a unas 13 mujeres para intercambiar conocimientos y prácticas de elaboración de dulces, mermeladas, quesos y mucho más a base de productos de sus huertas. Llevan dos años construyendo una cocina comunitaria (foto) y algunas cocinas familiares para poner en valor su cultura alimentaria y poder ofrecer alimentos seguros y habilitados.

Las comunidades campesinas organizadas trabajan con líneas de microcréditos y fondos rotativos, con un 98% de éxito. Comenzaron a recaudar dinero con la venta de las comidas en las fondas, para destinar a un fondo semilla, que hoy ya se ha multiplicado por diez. Armaron un botiquín veterinario y se capacitaron para ser agentes sanitarios de sus propios animales.
Las y los vallistos mantienen costumbres ancestrales de conservación, como el charqueado de carne y el secado al sol de frutas y verduras, de uva, de zapallo, de tomate, de pimiento, para poder alimentarse todo el año.
En algunas comunidades, que cuentan con agua dulce a partir de vertientes de los cerros, poseen 2.500 plantas frutales como manzana, pera, damasco, pelón, membrillo, uva; nogal, hortalizas de hojas, tubérculos como la papa andina, y además crían sus animales para obtener carne, leche y elaborar quesos.
Verónica Guantay me cuenta que ahora aprovechan todo para elaborar mermeladas y dulces, como también empanadillas con dulce de cayote, quesadillas, que son alfajorcitos rellenos de arrope de uva o de chañar.

En las Fondas servían empanadas, cazuela de cabrito, cabeza guateada, mote de habas, locro y de postre, mazamorra y anchi y esperan volver pronto para recaudar y comprar los materiales para terminar su cocina comunitaria y apuntalar otros proyectos comunitarios e intercomunitarios. Han emprendido un camino de recuperación de identidades que incluye a la “minga”, ese antiguo modo de ayuda mutua y de trabajo comunitario. Así la construyen, mediante jornadas solidarias, donde nadie cobra por su mano de obra, que es el costo más alto.
Ahora es tiempo de vientos Zonda y trabajan en sus huertas de mañana. Juntos, han logrado tener más agua para sus tierras y cambiar algunas normativas municipales. Habían perdido la noción de poder ser protagonistas y sujetos de su propio desarrollo. Hoy se están formando y mejorando su calidad de vida.

Desean volver pronto a encontrarse en el Mercado CUM y a realizar las Ferias y Fondas donde puedan volver a comer en familia, junto a sus niños y abuelos, los platos tradicionales, celebrando la memoria y la vida, enterándose de las necesidades comunes, intercambiando sus saberes y los frutos de sus producciones.
Se percibe en el valle calchaquí un aire caliente, un viento cálido como el huayra puca (viento rojo, en quichua), fraterno, que los arremolina y envuelve, y que los empuja a encontrarse y a proyectar sueños colectivos de trabajo con mucho futuro. Ojalá ese viento nos llegue, nos envuelva y contagie a todos.
Las mujeres de Sabores Campesinos eligieron para obsequiarnos una chacarera de Diego Brandán y Germán Kalber, interpretada por un joven cantor y músico de San Carlos, Abel Mendoza: “Dueño del Tiempo”, en su CD Conexiones siderales.
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]]>La entrada El derrotero del pimentón de los Valles Calchaquíes: De 'oro rojo' a economía de subsistencia para cientos de pequeños productores se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Cuando empezaron a cultivarlo en la zona lo llamaban ‘el oro rojo’, porque el precio que tenía era algo significativo y ayudaba a los productores en aquel entonces a avanzar en su condición socio-económica”, relató a Bichos de Campo el productor, que aclaró que hoy las cosas cambiaron y ya casi no quedan productores de grandes extensiones.
-¿Y qué sucedió con las grandes superficies con pimentón?
-Con toda esta crisis, muchos vendieron sus extensiones en su mayoría a inversores extranjeros que, por lo general hacen algo de vid. Pero la realidad es que muchas están abandonadas. Por ahí se ve el trabajo societario pero en general el grueso de la producción está en manos de pequeños productores.
Para dimensionar la pérdida de productores y la precarización de la actividad, Medrano declaró que “pasamos de 1.800 hace unos 15 años atrás, a ser 1.200 productores pimentoneros, y todos pequeños y con economía de subsistencia, algo que va en contra de la calidad del producto y de la condición socioeconómica de la zona. Al no tener recursos para hacer una buena labor agrícola, los rendimientos andan en 1.200 kilos por hectárea cuando lo normal sería obtener 2.500 a 3-000 kilos por hectárea”.
Mirá el reportaje completo realizado a Tomás Medrano:
Medrano también se lamentó de que “estuvimos tres años con el mismo precio. El de 2015 se repitió en 2016 y también en 2017”. Sí, fueron años de mucha inflación.
“Lo que pasó fue que nos sacaron de las licencias no automáticas para la importación, pasando a hacerlas automáticas. O sea que hubo un ingreso irrestricto de afuera, lo que hizo que las grandes industrias compraran directamente pimentón ya elaborado de Perú, Chile, China, India, y a la vez empezamos a sufrir con un dólar bastante retrasado”, retrató el directivo, tratando de encontrar una explicación a la persistencia de bajos precios.
Ver Informe oficial sobre la producción de pimiento para pimentón
“Cuando planteamos la problemática de las licencias, nos dijeron que teníamos que reconvertirnos. ¿Saben lo que significa esto para un productor que nació y se crió en esto y es un devoto de los cultivos? No lo entiende, y se le hace imposible. Y en los últimos tres o cuatro años quedaron muy golpeados, incluso aunque los precios hayan tendido a recuperarse”, explicó el presidente de la Asociación de productores pimentoneros de los Valles Calchaquíes.
-En este contexto, ¿qué esperan del nuevo gobierno de Alberto Fernández?
-Hay que ayudar, no regalando, pero sí financieramente. Los productores chicos no queremos que nos regalen nada pero sí que nos den una facilidad para poder llegar a producir. Las pymes deben ser recuperadas y en el lugar en el que estas existen. Hasta que no haya leyes que definan una política de Estado para las pymes, esté quien esté, para las producciones alejadas, estaremos igual. Hay que tener previsibilidad para que nos permita proyectar la producción de acá a 10 años.
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]]>La entrada La salteña Milagros Patrón Costa pide tener “una mirada federal” para lograr el desarrollo de las provincias más lejanas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La funcionaria reconoció que todas esas producciones están lejos de los puertos, por lo que lo ideal sería avanzar en el agregado de valor en orígen. “Cuando uno va a los valles y ve cómo se está trabajando y cómo creció la industria vitivinícola, fue un proceso muy virtuoso y podemos verlo como una agroindustria que se desarrolló y que sigue teniendo potencial de crecimiento”, puso como ejemplo.
Patrón Costa se refirió a otra producción como la de los pimientos y dijo que “es un desafío que tenemos a futuro, el de tener nuestro pimiento para pimentón dentro de una bolsita, que tenga sello de origen y que diga que ese pimentón que consumimos es el que producimos en los Valles Calchaquíes. En este desafío hay un montón de productores que tienen una posibilidad importante”.
También se refirió a la reactivación del tren Belgrano Cargas en el norte argentino y mencionó que “ha sido un paso muy importante y también creo que esa es la mirada del futuro; no importa quien lo haga cuando lo que se hace está bien. Creo que es importante acompañarlo y reconocerlo, porque al final lo importante es que el ferrocarril Belgrano llegue. Esto no es sólo para los productores, sino para que haya desarrollo en el lugar”.
Milagros pidió “mirar al ferrocarril con mirada federal. Siempre pensamos en un país que no tiene mirada federal, y nosotros necesitamos mirarnos entre todos los argentinos con esa mirada de unidad. Eso es todos juntos, y todos juntos no debe ser un eslogan sino una mirada en general”.
Miraá el reportaje completo a Milagros Patrón Costa:
La secretaria de Asuntos Agrarios de Salta mencionó el caso de la carne en la provincia y remarcó que “tiene un potencial inmenso y si hay algo en lo que tenemos que focalizarnos es en la producción ganadera para consumo interno y para exportación también. Acá hay frigoríficos que exportan pero también hay productores que exportan”.
Asimismo aludió a la importancia de “que los terneros sean de acá y que el feedlot sea de acá para transformar nuestro maíz y no tener que mandarlo al puerto”.
A modo de balance ya que el gobierno de Juan Manuel Urtubey finaliza después de doce años, Patrón Costa explicó que “la provincia debe dar estímulos, trabajar y sentarse a discutir con los productores acerca de sus necesidades, evaluar la incorporación de tierras para la ganadería, pero también debe haber seguridad jurídica, y debemos mirar al país con largo plazo”.
“Es muy difícil pensar en inversiones que den rentabilidad si no hay seguridad jurídica y continuidad en el tiempo”, sostuvo.
Al respecto del balance de la gestión de Urtubey como gobernador de Salta, la funcionaria expresó que “ha sido un gobierno importante que siempre ha planteado diálogos y consensos, de poder sentarnos en las mesas de discusión y creo que ese es el desafío de la Argentina para el futuro”.
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]]>La entrada Sabores y saberes: Cocinar y cantar en un viejo molino de pimiento de los Valles Calchaquíes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Allí fueron con su programa de radio “Regresando a lo Nuestro”, que sale por FM Radio Ceibo, y montaron una prestigiosa peña folklórica con nombre bien criollo: “El Caedero”. María Elvira además, es la encargada de la producción y logística de las presentaciones de Peteco Carabajal en el NOA. Ahí nomás pensé en lo bueno que sería tenerlos a mis amigos allí para que me fueran contactando con los personajes de la región.
Así fue como mis amigos me presentaron al cheff salteño (recibido en el IGA), Matías Dobruskin, de 43 años. Matías también decidió irse a vivir a una finca de 90 hectáreas de su familia junto a Sandra, su esposa, en San Carlos. Allí crían cabritos y cultivan pimientos.

En un antiguo galpón de almacenamiento de los pimientos, donde se hacía la molienda para el pimentón, Dobruskin pudo montar un restorán “criollo y gourmet”, como señala el cartel sobre la ruta 40. El restó “El Molino” queda a escasos 20 metros de la ruta y a solo 300 metros de la plaza principal del pueblo, que no tiene más de 4 mil habitantes. Fue bautizado así en honor al viejo molino a piedras que funcionaba en el lugar, que funcionaba con corriente trifásica. Hoy se puede apreciar como adorno del lugar.

Matías y Sandra son muy simpáticos y macanudos, y reciben a sus comensales con mucho afecto, todos los días menos los martes a la noche. Sirven platos abundantes y cobran precios un poco más caros para lo que sería común en Salta, pero mucho más baratos que en Buenos Aires.
Allí amasan con harina gruesa de trigo, “en rama”, que cosechan en la misma finca en invierno, y es más pesada y más sabrosa, con todos sus nutrientes. También usan el pimentón, de modo que les queda una masa anaranjada, y con ella cocinan sorrentinos de cabrito tiernizado. El menú añade woks, risottos, espaguetis de espinaca, o fideos de tinta de calamar con salsa de mariscos, bondiola de cerdo agridulce, cabrito a la cerveza, al disco de arado, o cabrito braseado, empanadas salteñas, flanes caseros, cayote en cascos almibarados, higos en almíbar con nuez. Y vinos regionales, de los cuales recomienda el malbec y el torrontés, claro.
También cocinan humitas en chala, tamales redondos (en Tucumán los hacen de forma rectangular), mezclando carne de cerdo y de vaca, que antiguamente se hacían con la carne de la cabeza de los animales.
Matías nos quiso dejar dos consejos culinarios: como no hay choclos frescos todo el año para hacer las humitas, siempre se preparan de más y se freezan para el invierno. Pero hay que tener cuidado de enfriarlas bien antes de freezarlas , y luego, al desfreezarlas hacerlo lentamente, bajándolas un día antes a la heladera. Si no, pueden fermentar con facilidad.
Y nos dio la receta de una buena masa casera para las empanadas. Se necesitan:
En marzo se ven los campos rojos con sus pimientos al sol, como en la zona del pueblo de Cachi, sobre el mismo suelo de los campos, luego de las cosechas, porque casi no llueve en todo el año, apenas 170 milímetros. Cuenta Sandra que en una hora se seca un pantalón.

Me explica Matías que la zona de San Carlos sufre gran escasez de agua porque allí el vital elemento pasa por napas muy profundas, y hoy se ha vuelto muy caro para los productores agrícolas hacer perforaciones de más de 200 metros de profundidad, y colocar bombas de agua potentes, a 40 o 50 metros bajo tierra. Pero además, están llegando a pagar 60.000 pesos por mes de luz. De 80 pesos que pagaban la hora de luz para irrigar sus campos, se les ha ido a 250 pesos.
Suelen arrendar parcelas de la finca donde se pueden cultivar pimientos, orégano, ají, avena, alfalfa, cebada, cebolla, comino, tomate, sandía, melón, maíz, y pasturas en invierno para las cabras. Aún conservan cercos de monte natural, con añosos algarrobos, churquis, molles, talas y chañares de donde pueden extraer leña para calefaccionar su restorán en los inviernos y no gastar en estufas eléctricas.
San Carlos fue la ciudad más importante de los valles calchaquíes durante la colonia, y perdió -por un solo voto – una elección para ser la capital de Salta. Tiene una larga historia de luchas, porque los bravos aborígenes la atacaban, destruyendo hasta una misión jesuítica en 1660. También los españoles la destruyeron antes de retirarse frente al avance de los patriotas desde Tucumán. Vale la pena recorrer también sus alrededores, donde hay muchos vestigios de los pueblos originarios.
El cantautor salteño, de Campo Quijano, Juan Carlos Díaz Cuello, cayó una noche a comer y luego desenfundó su guitarra, para al final de la noche escribir y componer un bello huaynito que tituló El Molino, pero que aún no ha grabado en estudio.
Entonces le pedimos una canción editada, que tiene un precioso video turístico y cultural: Cosita Linda, y que nuestros amigos nos dedican como para que a todos nos den ganas de ir a esa mágica región, sobre todo para los carnavales de febrero, a compartir con diablos y copleros entre harina y albahaca.
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]]>La entrada Sabores y saberes: Los Amaichas, la primera bodega de un pueblo originario se publicó primero en Bichos de Campo.
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Mario fundó en Tilcara una mítica peña, El Diablero, y que luego dejó a unos amigos, que pasaron a llamarla, por la canción de Fandermole, “Sueñero”. Ambas peñas hicieron historia. Hoy, Mario, es un experto en organización y capacitación campesina, sobre todo de comunidades originarias. Pero además se hizo experto en vitivinicultura en el NOA.
En 1986 se fue a vivir a Tilcara a liderar un proyecto de desarrollo social de los pueblos originarios, financiado con fondos de una ONG italiana, que se aplicó también en Amaicha del Valle. Y a poco de andar nació un sueño, el de producir vino en la Quebrada. Comenzó a experimentar con distintas cepas que podían adaptarse a esa zona. Fue el pionero. También trabajó con criadores de llamas, en la zona de Yavi, y con apicultores y horticultores de la Quebrada de Humahuaca.
En el año 2000 se fue con un camión a Cafayate a buscar uvas, y a su regreso realizó la primera pisada de uvas de la Quebrada de Humahuaca, en la plaza de Tilcara, amplificando la voz grabada del poeta Jaime Dávalos recitando El Nacimiento del vino. Aquí están esos versos:
Pero Mario nunca logró el apoyo necesario del Estado provincial ni del municipal para desarrollar la vitivinicultura en la Quebrada. Hasta que el gobierno de Tucumán, en el año 2009, lo invitó a reforzar la misma experiencia en Amaicha del Valle, en el noroeste de Tucumán, a 2200 metros de altitud. Allí nomás se fue a vivir, para desarrollar un proyecto vitivinícola con una inversión de unos 11 millones y medio de pesos.
Amaicha fue el mejor lugar para que el Diablero concretara su sueño, ya que cuenta con una población aproximada de 5.000 personas, de las cuales 85% son originarias y apenas 15% son foráneas. Además, en la época de la colonia, esta comunidad logró que la corona española les devolviera sus tierras por cédula real, en 1716. Luego, hace muy poco, en 1995, el gobierno de Tucumán les otorgó el título de propiedad actualizado, sobre 52.000 hectáreas.

Además, los pobladores ancestrales de Amaicha llevan 300 años de cultura viñatera, porque desde el siglo XVIII hacen vino patero y mistela, y es común ver en sus casas las prensas para el orujo y los lagares de cuero vacuno.
Así fue que se entregaron 49.000 plantines de vid llevadas desde Mendoza, a 60 comuneros aborígenes, que ocuparon unas 20 hectáreas entre todos (para 1 hectárea hacen falta unas 6000 plantas).
Años después Fernando Dupont instalaría la primera bodega de la Quebrada de Humahuaca, con su propio nombre, en Maimará. Y más tarde se creó otro establecimiento, en Perchel, en la zona de Huacalera, y otro más en Uquía. Pero las tres bodegas están en manos de privados y no de comunidades originarias.

El Diablero Arias, junto al ingeniero agrónomo Vicente López Curia y toda la comunidad aborigen amaicheña, en 2016 lograron fundar “la primera bodega comunitaria de pueblos originarios de la Argentina”, como se anuncia, y la tercera del mundo, pues existe una en Australia y otra en Canadá.
Con un volumen de 50 mil litros anuales, que se fraccionan en bodega, en Amaicha se producen dos vinos. Uno se llama Sumak Kawsay, que significa en lengua cacán “saber vivir”, o “buen vivir”, y es de uva Malbec, añejada en roble francés. Y otro, más caro, de Uva Criolla. Van por la tercera vendimia, y el enólogo es Agustín Lanús.

El proyecto aún no es del todo rentable, pero ya sustenta varias fuentes de trabajo para quienes operan en la bodega y genera ingresos a los comuneros que desde sus parcelas proveen las uvas, Además sostiene un comedor infantil.
Sería como un nuevo concepto enrolado dentro de la economía social y solidaria, en manos de una comunidad entera, donde todo un pueblo es propietario. Y no se trata de una cooperativa sino una forma jurídica nueva, cuyo fin es generar ingresos genuinos para el sostenimiento de toda la comunidad. La AFIP les dio lugar a una figura propia, inédita, otorgándoles una excepción, al considerarlos como sujetos que no tributan, ya que funcionan sin fines de lucro, y por lo tanto no pagan el impuesto a las ganancias.
Cuentan con la ventaja de tener como cacique a Eduardo Nieva, un nativo de Amaicha que fue a Buenos Aires a estudiar abogacía, se recibió y se especializó en derecho de los pueblos originarios. Es él quien ha logrado que el modelo de vida ancestral de su comunidad pudiera hoy estar ajustado a derecho con su identidad particular, inaugurando nuevas formas jurídicas que deberán ir siendo incluidas en el derecho institucional argentino.
Esto es necesario porque en Amaicha se manejan con un sistema conformado por una Asamblea General, un Consejo de Ancianos y un Cacique, que aboga por mantener y desarrollar la identidad y el territorio comunitario a través de la administración de los recursos naturales, para lograr la soberanía alimentaria, con diversas unidades productivas como: Ganadería, Turismo, Medicina Ancestral, Artesanos, etcétera. Y ahora también una bodega.

Esta agroindustria ha sido emplazada estratégicamente sobre una loma, y ha sido hecha de grandes dimensiones, toda de piedra, para captar la atención del turismo que pasa por la ruta. A su alrededor se instalan puestos para venta de artesanías y otros productos también elaborados por la comunidad.
En Amaicha del Valle hay una escuela agrotécnica que podría abastecer de personal idóneo a este proyecto, que podría ser una buena fuente de salida laboral para que los jóvenes no tengan que migrar.
Le mandamos un saludo a Omar Ávalos, nativo del lugar y protagonista del proyecto, además de cantor, que todos los años se llega a Buenos Aires a promocionar los vinos, acompañados por ancianas copleras, cuyo canto sagrado supo recopilar la gran Leda Valladares, en su memorable disco Grito en el cielo:
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