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Venezuela – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Sat, 12 Jun 2021 22:39:52 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png Venezuela – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 El veterinario Alexis Ferrer escapaba de su querida Venezuela y entró a la Argentina vía Misiones: Allí se quedó, incorporando genética a las ovejas http://wi631525.ferozo.com/el-veterinario-alexis-ferrer-escapaba-de-su-querida-venezuela-y-entro-a-la-argentina-via-misiones-alli-se-quedo-incorporando-genetica-a-las-ovejas/ Sat, 12 Jun 2021 13:20:37 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=69867 Alexis Ferrer es veterinario recibido de la Universidad del Zulia, en Venezuela, su querido país, el que debió abandonar tristemente por razones conocidas. Allí además tenía un establecimiento rural, al que ellos llaman “unidad productiva”, donde se dedicaba a la cría de ovinos y caprinos y se había especializado en introducir nuevas líneas genéticas para […]

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Alexis Ferrer es veterinario recibido de la Universidad del Zulia, en Venezuela, su querido país, el que debió abandonar tristemente por razones conocidas. Allí además tenía un establecimiento rural, al que ellos llaman “unidad productiva”, donde se dedicaba a la cría de ovinos y caprinos y se había especializado en introducir nuevas líneas genéticas para mejorar las majadas.

Ahora Alexis y su familia viven en Misiones, donde trabaja para un establecimiento ganadero que desde hace un tiempo está incorporando el ovino a su planteo. Se siente dichoso con eso: “El que trabaja en lo que le gusta no lo considera un trabajo”, afirma en diálogo con Bichos de Campo. Nos cuenta que son muchos los profesionales que tuvieron que dejar la sufrida Venezuela y migraron a la Argentina. “Acá hay 120 médicos veterinarios venezolanos”, relata.

¿Y cómo fue que él recaló en Misiones? Ferrer relata que luego de un viaje de 7 días para llegar a la Argentina junto a su esposa, sus tres hijas y su padre, ingresaron a la Argentina por Iguazú. Su destino inicial era la provincia de Buenos Aires donde lo esperaban dos hermanos. “Pero nos pasó lo que todo el mundo cuenta: el que conoce Misiones, llega y aquí se queda”, relata.

Mirá la entrevista completa a Alexis Ferrer:

Ferrer está agradecido de poder trabajar en lo que se preparó en Venezuela. Allí era asesor en ganado ovino como caprino, en sistemas de leche y de carne. Tras migrar a la Argentina buscó desempeñarse en el área que mejor conocía, cosa que pudo continuar cuando conoció a Daniel Angeloni, un médico de Posadas que además es propietario del establecimiento La Negrita.

En aquel momento Angeloni estaba dando los primeros pasos con el ovino y contaba con un majada de 96 animales. Ferrer participó del crecimiento de la actividad y sobre todo de la mejora genética: “Hoy ya tenemos unos 246 animales y muchos de ellos con una genética diferente a la que se venía trabajando”, asegura.

El desafío inicial era cruzar razas para poder producir carne. Ferrer sugirió la introducción de otras dos razas al plantel, con las que por cierto ya había trabajado en Venezuela: White Dorper y Anglo Nubian.

“La idea era mantener el color blanco pero al mismo tiempo disminuir la cantidad de lana, aumentar la calidad de carne, el rendimiento carnicero y mejorar ciertos parámetros reproductivos tales como intervalos entre parto, fertilidad, prolificidad-porcentaje de corderos nacidosrespecto al número de ovejas paridas, entre otros”, describe el veterinario. También comenzaron a introducir una variante de la raza sudafricana que se está poniendo de moda en el país: la black dorper o cabeza negra.

Empezó como un hobby y terminó vendiendo carneros de la raza Dorper por varios millones de pesos

 

Se trata de ovejas de pelo (y poca lana) de origen sudafricano, las cuales, según Ferrer, tienen una gran adaptación para resistir tanto el calor como el frío.

Con los meses acumulados de experiencia, Ferre establece que hay varias diferencias entre producir ovinos en el estado venezolano de Zulia y en Misiones. Apunta que el primer cambio tiene que ver con la temperatura. “Zulia se encuentra en el primer paralelo norte de la línea ecuatorial, lo que la hace una zona extremadamente cálida. Durante el mediodía las temperaturas pueden llegar a 40 grados y este año incluso marcaron récords de 50 grados y con una humedad relativa bastante alta. Allá usamos ovejas de pelo cuando la tradición en Argentina es usar ovejas de lana”, sintetiza.

En cuanto al aspecto nutricional, Ferrer cuenta que en Misiones preparan la época invernal con verdeos- Rye Grass y Avena- o con reservas nutricionales, mientras que en Venezuela se preparaban con esas mismas reservas para la época estival, dado que había ocasiones en que podían pasar hasta 5 o 6 meses sin precipitaciones en el verano.

Las reservas nutricionales son especialmente armadas para los momentos críticos. “Recuerda que esto es un negocio y que tienes que producir dinero. Buscamos bajar costos, por eso el animal se suplementa sólo cuando lo requiere. Suplementamos los corderos desde que nacen hasta su destete. También suplementamos a los reproductores cuando están en época de monta sirviendo a demasiadas hembras, y lo mismo en el momento de efectuar los servicios, les damos un balance energético a las hembras para asegurar la fertilidad y prolificidad”.

-¿Y le ves futuro a la ganadería ovina en Misiones?

-Le veo presente y le veo futuro. Lo que es producir alimentos jamás pasa de moda y además aquí están dadas todas las condiciones agro climatológicas para producir ovinos y caprinos de calidad. No tenemos esas restricciones que tenemos en mi tierra con esos veranos tan extensos, y tampoco tenemos los fríos extremos de la Patagonia. Por otro lado, cruzando ovinos de pelo con ovinos de lana podremos mejorar la cantidad de partos al año pasando de 1 a 1,5 o 1,8 partos- responde el veterinario venezolano.

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¿De qué se quejan los productores en Venezuela? “El gran negocio aquí es la importación: la finca más grande es un puerto”, nos dice el colega Gilberto Esteva http://wi631525.ferozo.com/de-que-se-quejan-los-productores-en-venezuela-el-gran-negocio-aqui-es-la-importacion-la-finca-mas-grande-es-un-puerto-nos-dice-el-colega-gilberto-esteva/ http://wi631525.ferozo.com/de-que-se-quejan-los-productores-en-venezuela-el-gran-negocio-aqui-es-la-importacion-la-finca-mas-grande-es-un-puerto-nos-dice-el-colega-gilberto-esteva/#comments Tue, 24 Nov 2020 11:02:54 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=51450 Venezuela es para los productores argentinos como el cuco para los niños: el caso del país caribeño se utiliza siempre como ejemplo de lo que podría suceder aquí si se siguen haciendo las cosas de cierto modo reñido con las leyes de mercado y el respeto a las instituciones. ¿Pero qué problemas atraviesa realmente el […]

La entrada ¿De qué se quejan los productores en Venezuela? “El gran negocio aquí es la importación: la finca más grande es un puerto”, nos dice el colega Gilberto Esteva se publicó primero en Bichos de Campo.

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Venezuela es para los productores argentinos como el cuco para los niños: el caso del país caribeño se utiliza siempre como ejemplo de lo que podría suceder aquí si se siguen haciendo las cosas de cierto modo reñido con las leyes de mercado y el respeto a las instituciones.

¿Pero qué problemas atraviesa realmente el agro venezolano? Gilberto Esteva Grillet dirige hace 20 años el portal Visión Agropecuaria desde el estado Portuguesa, en la parte occidente de Venezuela, una zona clave en agricultura extensiva, resumió a Bichos de Campo la situación de los productores de su país con una fase lapidaria: “Hemos regresado a los años ´60”, declaró.

“En maíz supimos sembrar hasta 250 mil hectáreas llegando a rindes de 5 mil a 6 mil kilos por hectárea y hoy no se siembran mas de 100 mil hectáreas con rindes de 3.500 kilos por hectárea. En arroz manejamos la misma cifra de hace años. En café éramos autosuficientes y desde antes del petróleo vivíamos de él, y aunque todavía quedan algunos vestigios de ese reconocimiento mundial por ese producto, lo cierto es que hoy quedó relegado a producciones marginales en los cerros de no más de 2 o 3 hectáreas y el Gobierno se apoderó de la mayoría de las marcas que había, las expropió e hizo lo que quiso”, remarcó el periodista venezolano.

Según Esteva, las cosas en su país han cambiado mucho porque el mismo Gobierno, a partir del liderazgo de Hugo Chávez, expropió empresas y las puso a trabajar con personas que actúan en su favor, sobre todo a partir de los negocios de importación de alimentos. “El gran negocio de Venezuela es la importación. En el momento de la cosecha el Gobierno importa y la finca más grande es un puerto por donde llegan los productos importados”, aseguró el periodista.

Semejante política justo en el momento de cosecha provoca por lógica un derrumbe en los precios agropecuarios y les genera más incertidumbre a los productores. “La idea es llenar los silos de las agroindustrias del Gobierno. Entonces el precio se cae y el productor debe darle su cosecha al mejor postor. Normalmente vienen muchos compradores de Colombia a rematar”, relató.

Mirá la entrevista completa a Gilberto Esteva:

Según esta mirada, muy distinta era la realidad venezolana hasta cerca del año1998, cuando Venezuela registraba excedentes de arroz y se los vendían a Colombia. Según Esteva, “hoy ya no vienen tanto porque la producción de arroz bajó mucho y el productor se reinventó y siembra la soja o el frijol chino luego de la siembra de maíz, que por supuesto es la mas importante de Venezuela, ya que las arepas son el pan nuestro de cada día. Entonces, es la variedad de alternativas lo que le hace seguir insistiendo al agricultor venezolano”.

El chavismo, a principios de este milenio, inauguró una política de intervención muy fuerte del Estado sobre la economía, pero para Esteva claramente no fue una política en favor del productor local sino hacia los negocios de importación.

“Siempre fue negocio la importación de alimentos en Venezuela y no sólo con este gobierno socialista sino que anteriormente también, pero por lo menos algunos como Iván Colmenares, que gobernó Portuguesa en los ´90, hizo paros en la carretera y apoyó a los productores prohibiendo el ingreso de camiones de maíz de afuera hasta tanto la cosecha de aquí estuviese recogida y pagada”, comparó.

Uno de los problemas más acuciantes de los productores venezolanos es el precio al que entregan sus productos. “Antes de este gobierno socialista había tres actores para determinar un precio: la agroindustria que compraba el producto, el productor que llevaba el producto a esa agroindustria y el Gobierno como el réferi o mediador. De todo esto los que siempre salían golpeados eran los productores, porque sólo sobre el momento de la cosecha se enteraban cuánto iban a cobrar”, manifestó el comunicador venezolano.

Para Esteva, los productores “hacían (su trabajo) casi a ciegas y por eso yo los llamo héroes. Estoy en esto de la información agrícola hace 20 años y no he visto personas más entregadas a su labor que ellos, que no saben hacer otra cosa, pero lo que hacen lo hacen bien”.

El periodista aseguró que, para enfrentar esa situación de vulnerabilidad, “en el estado de Portuguesa muchos productores se convirtieron en agroindustria, porque se asociaron a corporaciones fuertes. Entonces los mismos productores se pagan y se dan el vuelto; siempre el Gobierno mete la mano y determina los precios porque tiene que pasarles los costos, pero últimamente obtuvieron cierta rentabilidad”.

Otra gran preocupación para los productores venezolanos es la falta de financiamiento. “Anteriormente el sistema de Gobierno tenía una cartera agrícola de préstamos con intereses bonificados y había un cierto subsidio. Los fertilizantes producidos por nosotros estaban subsidiados y lo mismo el alimento concentrado para animales, pero hoy no hay nada de eso”, explicó Esteva.

“Antes teníamos varios fertilizantes para los cultivos. Hoy hay uno solo y encima costoso porque se importa, y lo mismo ocurre con el petróleo: ya no producimos gasolina sino que se la compramos a Irán”, agregó el periodista.

Para Esteva, Venezuela podría autoabastecerse de muchos de los alimentos que produce porque tiene tierras, agua y una posición geográfica privilegiada. “Tenemos toda una agroindustria montada aunque no esté mantenida. Tenemos los agricultores pero no tenemos tractores nuevos. Todo lo que hay en el campo está avejentado. Teníamos todas las marcas de maquinaria, pero hoy se traen tractores chinos y de la India sin mucha garantía de repuesto o servicio técnico”, se lamentó.

En este contexto, asoma otro problema en lo inmediato, que tiene que ver con el cuidado forestal porque al no tener petróleo los habitantes no tienen gas para cocinar. “Estamos echándole cada vez mas leña al fuego. No es lo mismo cocinar con leña al aire libro que en un departamento, y más si hay que subirla por escaleras, porque el mantenimiento de las centrales eléctricas fue dejado de lado”.

Acerca de la situación energética de Venezuela, Esteva declaró que “supimos enviar electricidad al norte de Brasil y le podíamos dar electricidad a las islas del Caribe, porque el caudal del río Caroní que es un afluente del Orinoco es tan grande, que supimos tener una de las electricidades más baratas del mundo, pero no hubo tampoco generación de energías alternativas, por eso podría decir que hasta estamos peor que Cuba”.

En lo agronómico, Esteva dijo que “es viable la soja, debido a una serie de variedades que logró adaptar la fundación venezolana Danac, dedicada a investigación agrícola. Se la intenta sembrar desde hace un par de años pero las políticas no han ayudado a producirla”.

En un momento la soja y el petróleo valían mucho en el mercado internacional y el comunicador expresó que “el ex presidente Hugo Chávez hizo convenios con Néstor Kirchner y Lula Da Silva para sembrar 500 mil hectáreas; se inauguraron plantas de procesamiento y se decía que iba a salir de todo con la soja, pero como muchas de las cosas fue dinero sin fondo y todo quedó en nada”.

Ahora, si hay miseria que no se note, dice el refrán. Esteva dijo que “uno va al mercado y consigue todo. Aquí hay un boom de lo que damos a llamar bodegones, que son supermercados o abastos pequeños pero que tienen muchas cosas importadas. Podés conseguir aceite de oliva, carne de Paraguay o de Argentina, café o azúcar de Brasil, café de Colombia, pero solo el 20% de esas marcas son venezolanas. El negocio pasa por montar una empaquetadora, ponerle una marca, comprarle a al Gobierno esa importación y comercializarla”.

Según Esteva, “el sueldo promedio de un venezolano de 0,80 centavos de dólar mensual solo le permite comprar medio kilo de queso al mes”. ¿Y cómo viven?. Esteva dijo que “hay un gran oficio que se inventó en estos tiempos que es el bachaqueo, es decir, la reventa de productos, un fenómeno laboral ilegal que surgió alrededor de 2013 con la crisis económica en Venezuela y que consiste en la compra de bienes subsidiados para posteriormente revenderla por un precio real, quedando el subsidio como ganancia personal, y según Esteva, el Gobierno no escapa a este negocio.

Cómo puede hacerse política para destruir riqueza en un país como Venezuela, se preguntarán. “Eso hay que preguntárselo a estos políticos que dicen llamarse como tales. Hoy hablan de Venezuela pero no conocen cómo es. Hay una hegemonía comunicacional que todos los días repite que estamos bien, que estamos avanzando y que ahora sí vamos a cambiar, y entonces sacan a dos o tres productores y te muestran cómo lo ayudan, y le entregan semilla, pero es todo una mentira, una gran farsa, y lo peor es que hay mucha gente que sigue creyéndolo”, respondió Esteva.

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Yelmi Urrutia impulsa las huertas en Venezuela: “Hay una magia que se instala en las familias que deciden cultivar” http://wi631525.ferozo.com/yelmi-urrutia-impulsa-las-huertas-en-venezuela-hay-una-magia-que-se-instala-en-las-familias-que-deciden-cultivar/ Thu, 10 Sep 2020 18:55:16 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=47138 Yelmi Urrutia es ingeniera agrónoma y trabaja en una ONG venezolana llamada Acción Campesina, una organización con 27 años de trayectoria que desde el año pasado desarrolla un proyecto para impulsar huertas familiares. Yelmi (en la foto) tiene la responsabilidad de coordinar este proyecto que ha crecido notoriamente a lo largo de estos meses, hasta […]

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Yelmi Urrutia es ingeniera agrónoma y trabaja en una ONG venezolana llamada Acción Campesina, una organización con 27 años de trayectoria que desde el año pasado desarrolla un proyecto para impulsar huertas familiares.

Yelmi (en la foto) tiene la responsabilidad de coordinar este proyecto que ha crecido notoriamente a lo largo de estos meses, hasta estar presente en 21 municipios de Venezuela. Son unas 1.480 familias las que participan y en el 60% de los casos las huertas son atendidas por mujeres.

“Iniciamos en febrero de 2019 y, según el espacio con el que cuenten las familias y las condiciones edafoclimáticas, las acompañamos a producir todo lo que ha sido posible”, describe. “Algunos rubros que son muy usados aquí en Venezuela para sazonar las comidas, como ají dulce, pimentón, cebollín y cilantro; leguminosas como caraotas negras (porotos negro), vainitas (chauchas), quinchoncho (arvejas), otros frijoles; maíz amarillo; papa; musáceas (diferentes bananas); calabacín (zuchini), auyama (zapallo); patilla (sandía), tomate, pepino, fresas (zonas de mayor altitud); lechugas; acelga, berenjena, yuca, zanahoria, remolacha… En total hemos producido unos 32 rubros diferentes a lo largo de este tiempo”.

Un dato importante y que tiene que ver con eso de lo que se habla tanto hoy en día de la alimentación consciente, soberana y saludable: lo que se produce es muy importante para la dieta de las familias ya que gracias a las huertas han incorporado a sus dietas alimentos nuevos que también era la primera vez que sembraban y cocinaban. Un ejemplo (que aquí en Argentina nos va a sonar raro) es la acelga y otro dato relevante es que algunas familias han podido vender o intercambiar los excedentes.

“Nos adaptamos a los espacios de que disponen las familias; se trabajan desde 5 metros cuadrados hasta extensiones mayores, cuando se cuenta con agua para regar. Actualmente la temporada de lluvias nos ha permitido sembrar en algunos casos hasta unos 40 a 50 metros cuadrados de maíz y otros cultivos propios de la temporada”, cuenta Yelmi.

Las familias trabajan todo el año, aprovechando el ciclo de lluvias. Cuando es la época seca se dedican a los cultivos que demanden menos agua y van reduciendo las superficies. Todo es manual porque trabajan en superficies pequeñas.

“No usamos productos químicos que contaminen el ambiente”, enfatiza. “Hemos usado con mucho éxito para el control de plagas, enfermedades y desinfección de suelo productos entomopatógenos como Trichoderma; Beauveria Bassiana, Bacillus Thurigensis, así como diferentes formas de preparación de extractos vegetales para control de plagas. También impulsamos el uso preferente de abonos orgánicos”.

Las familias que han vendido producción lo hacen a otras familias o a comercios, sin embargo la mayoría de la producción es para el autoconsumo, para compartir con vecinos y otros familiares.  También se realizan donaciones a comedores solidarios y, en las zonas donde hay pesca, se intercambian los productos de la huerta por pescado.

Con respecto a esta situación de Covid, las huertas han sido más fundamentales que nunca porque garantizaron la buena alimentación durante la cuarentena, en especial para las personas que se quedaron sin trabajo o suspendidos durante un tiempo. “Además nos han contado que dedicar el tiempo a las huertas les ha resultado una forma de distraerse y desestresarse, nos cuentan la enorme satisfacción que experimentan cuando cosechan y consumen sus productos”, destaca Yelmi.

“Hay familias que en cuatro meses han producido alrededor de 200 kilogramos de alimentos y esto ha sido muy significativo en el periodo de hiperinflación y crisis general que venimos viviendo desde hace tiempo en Venezuela”.

“Hay una magia que se instala en las familias que deciden cultivar las huertas y se involucran personas de todas las edades. Además, el Proyecto cuenta con un componente de género, donde divulgamos el derecho de las mujeres y las niñas a vivir una vida libre de violencia y sensibilizamos en torno a la igualdad, y hemos tenido una gran apertura de las familias hacia este tema”, añade.

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Perniles rusos en Caracas: El Senasa reforzó los controles para evitar un contagio de la Peste Porcina Africana http://wi631525.ferozo.com/perniles-rusos-en-caracas-el-senasa-reforzo-los-controles-para-evitar-un-contagio-de-la-peste-porcina-africana/ Mon, 23 Dec 2019 19:49:25 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=31791 Los alertas que casi en soledad viene enviando el titular de la cátedra de Agronegocios de la FAUBA, Fernando Vilella, respecto a un masivo ingreso de carne de cerdo de Rusia en Venezuela, pusieron aquí en alerta a las autoridades saniarias, que decidieron redoblar los controles para evitar un posible contagio de la Peste Porcina […]

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Los alertas que casi en soledad viene enviando el titular de la cátedra de Agronegocios de la FAUBA, Fernando Vilella, respecto a un masivo ingreso de carne de cerdo de Rusia en Venezuela, pusieron aquí en alerta a las autoridades saniarias, que decidieron redoblar los controles para evitar un posible contagio de la Peste Porcina Africana (PPA), la enfermedad de los cerdos que ha causado estragos en Asia.

“A partir de información sobre el ingreso a Venezuela de carne de cerdo proveniente de Rusia, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), continúa reforzando las medidas de prevención para disminuir el riesgo de introducción de Peste Porcina Africana (PPA) a la Argentina”, indicó un comunicado oficial.

El gobierno de Rusia, país que tiene una amplia frontera compartida con China, epicentro de la crisis sanitaria, envío días atrás 13.500 toneladas de perniles de cerdo, en una operación que fue anunciada por el presidente Nivolás Maduro destinada a mejorar su imagen. “Garantizaremos al pueblo venezolano el alimento que requiere en esta época decembrina”, dijo Maduro al efectuar el anuncio de esta importación.

Senasa, que citó este caso como motivo de alarma, dijo que de todos modos “desde los primeros indicios del aumento de prevalencia y dispersión de la enfermedad en países de Asia y Europa, y conforme a las recomendaciones de los foros regionales e internacionales, el Senasa realiza un trabajo de identificación y evaluación de los riesgos de introducción de la PPA”.

“Los controles están dirigidos principalmente a aquellos factores identificados como de mayor riesgo, como el transporte internacional y el manejo de los residuos alimenticios en transportes de pasajeros y cargas internacionales”, se explicó desde el organismo. Las fotografías que difundieron desde allí dan cuenta de que los controles se han intensificado en el aeropuerto de Ezeiza y otras estaciones aéreas que reciben vuelos internacionales.

Respecto del caso de los perniles ruros, el Senasa informó que junto a otros servicios veterinarios de la región están solicitando información ampliatoria al Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (INSAI) de Venezuela, respecto a las condiciones de ingreso de estas mercancías a fin de ponderar los riesgos.

Mientras tanto también “se reforzaron los controles dirigidos a los pasajeros de vuelos procedentes de dicho país (Venezuela) para detectar el ingreso no autorizado de productos de riesgo (carnes porcinas, embutidos frescos o secos, salazones)”.

La temible PPA, que provocó el sacrificio de millones de cerdos en China y otros países afectados, es una enfermedad para la cual no se ha encontrado cura todavía. Nunca fue detectada en Argentina y otros países de la región. “Esta enfermedad provoca grandes pérdidas económicas a la producción porcina de los países infectados, aunque no afecta a las personas ni altera la inocuidad de la carne”, aclararon desde Senasa.

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Sirlene Araujo Díaz: “En producción agropecuaria, Venezuela ha retrocedido 70 años” http://wi631525.ferozo.com/sirlene-araujo-diaz-en-produccion-agropecuaria-venezuela-ha-retrocedido-70-anos/ Tue, 19 Mar 2019 15:05:50 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=20117 Sirlene Araujo Díaz es de los miles de ciudadanos venezolanos que emigró a la Argentina buscando refugio en medio de la grave crisis que atraviesa su país. Está aquí, entre nosotros. Periodista agropecuaria y directora del sitio Vida Agro, cuenta que en su país, como sucedió en algún momento en la Argentina, desde hace trece […]

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Sirlene Araujo Díaz es de los miles de ciudadanos venezolanos que emigró a la Argentina buscando refugio en medio de la grave crisis que atraviesa su país. Está aquí, entre nosotros. Periodista agropecuaria y directora del sitio Vida Agro, cuenta que en su país, como sucedió en algún momento en la Argentina, desde hace trece años que no hay cifras oficiales sobre el sector agropecuario local.

Y es que los números productivos, son feos, muy feos, como para ser admitidos por el régimen bolivariano que gobierna Venezuela desde hace dos décadas. Según la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), de tan maltrecho que está el sector agropecuario local, en 2018 solo cubrió un 20% de la demanda nacional de alimentos. Es decir, solo satisfizo la demanda de 2 de cada 10 venezolanos.

“Desde 2006 que no tenemos cifras oficiales del sector agropecuario en Venezuela. Por eso las cifras que tenemos son de gremios privados como Fedeagro. La agricultura del país está pasando el momento más oscuro de toda su historia. Si 2018 fue peor, en 2019 es probable se acabe la agricultura en Venezuela. Hemos retrocedido 70 años en producción”, resumió Sirlene a Bichos de Campo.

A modo de ejemplo, Araujo Díaz citó la producción arrocera, y mencionó que “en la década de 1940 producíamos 300.000 toneladas. En 2018 se produjo esa misma cifra, cuando en 2008 veníamos de registrar más de 1,5 millones de toneladas. Y como ese, todos los rubros agropecuarios vienen cayendo desde 2007 a esta parte, desde que en Venezuela rige el control de precios de las materias primas y control cambiario”.

Escuchá la entrevista completa a Sirlene Araujo Díaz:

En general la economía venezolana se mueve al ritmo del petróleo. “El 98% de los ingresos de divisas al país llegan del petróleo y el 2% restante viene de otras actividades. Hasta 2008 vivimos un boom petrolero sin igual, con un barril a 150 dólares, y así teníamos para subsidios y para compra de materia prima, fertilizantes y maquinaria, con un dólar preferencial aparte. Pero ahora, habiendo caído drásticamente la producción y el precio del petróleo, no hay dólares preferenciales para dar, y además las reservas internacionales bajaron a la mitad”, explicó la periodista venezolana.

Araujo Díaz, que vive en Argentina desde agosto de 2018, recordó que “en 2006 comenzaron las expropiaciones de tierras y de empresas, lo que quitó a muchos productores del sector. Además, aumentó la inseguridad, y con la hiperinflación y escasez de combustible, se hizo una formula explosiva que llevó a no producir. Muchos abandonaron sus fincas y abandonaron el país. Es un entramado complejo que ya va más allá de la parte económica, debido a que también se vio extorsión y persecuciones”.

En cuanto a la compra de semillas e insumos por parte de los productores, Araujo Díaz dijo que “hay dos opciones, o bien lo hace a través del mercado negro, en donde debe pagar precios exorbitantes, o bien accede a la compra a través del Estado como proveedor. Agroisleña, que era la principal casa, fue expropiada y se convirtió en Agropatria, desde donde hoy centralizan la compra de semillas e insumos, y el productor debe anotarse en una lista de espera, para ver si le alcanza el fertilizante o el insumo que le dará el Estado. Hoy todo es a través del Estado”.

En referencia a los precios pagados a los productores, la periodista declaró que “a diciembre de 2018, sólo le pagaban 16 bolívares por un kilo de maíz, lo que no llega ni siquiera a un dólar. ¿Cómo puede ese mismo productor hacerse de fertilizantes o maquinaria con lo que le pagan?”, se preguntó.

Maíz, arroz y caña de azúcar, seguidos de carne y leche, son los principales productos que hacían en Venezuela. Sirlene recordó que “hasta 2004 Venezuela llegó a exportar arroz porque había excedentes. Lo mismo pasaba con el maíz, pero sólo hasta 2004. Luego uno escucha las declaraciones oficiales y piensa, qué descaro, porque la realidad es otra. Hay desabastecimiento y eso es real. Se somete a la población con el hambre”, subrayó.

¿Y cuántos años llevaría que la parte productiva de Venezuela vuelva a ponerse de pie?- preguntamos.

-Primero debe darse un cambio de régimen. Con (Nicolás) Maduro no se podrá avanzar. En los rubros de corto plazo como horticultura y floricultura llevará de 4 a 5 años, pero recuperar la ganadería venezolana llevará incluso hasta 10 años- contestó.

En lo personal, Sirlene, que lleva más de 12 años de experiencia como periodista agroalimentaria, se mostró muy agradecida por el apoyo recibido en Argentina: “Llevo 5 meses aquí. Huí de Venezuela, buscando cómo insertarme, sin dejar de seguir de cerca lo que sucede en mi país. Trato de mantener mi web actualizada a distancia, pero el escenario es complejo”.

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La exportación de vacas Holando a Venezuela: Otro negocio que quedó en manos de los amigos del poder http://wi631525.ferozo.com/la-exportacion-de-vacas-holando-a-venezuela-otro-negocio-que-quedo-en-manos-de-los-amigos-del-poder/ Mon, 21 Jan 2019 02:22:50 +0000 http://bichosdecampo.com/?p=17190 Los negocios de exportación de productos argentinos a Venezuela en tiempos de romance entre el kirchnerismo y el chavismo siempre estuvieron cortados con la misma tijera: comenzaban pareciendo para muchos y terminaban en pocas manos. En las manos de los empresarios amigos del poder. Sucedió con la maquinaria agrícola, donde el INTA comenzó llevando una […]

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Los negocios de exportación de productos argentinos a Venezuela en tiempos de romance entre el kirchnerismo y el chavismo siempre estuvieron cortados con la misma tijera: comenzaban pareciendo para muchos y terminaban en pocas manos. En las manos de los empresarios amigos del poder.

Sucedió con la maquinaria agrícola, donde el INTA comenzó llevando una multitud de fabricantes a Caracas y luego los negocios se repartieron entre unas pocas empresas que se afincaron allá. Sucedió con la venta de arroz cáscara, que se inició gracias a gestiones de la federación de productores de arroz de Entre Ríos pero terminaron en manos de una empresa desconocida llamada Bioart, que pertenecía a un grupo de jóvenes empresarios santafesinos (los hermanos Vignati) ligados a Julio De Vido.

Entre los negocios que algunos empresarios del agro local hicieron en Venezuela, uno de los más desconocidos e intrigantes ha sido sin duda el de la exportaciones de vacas lecheras de la raza Holando Argentina. También en este caso la cosa pintaba al principio como muy ventajosa para el sector lechero argentino. Pero quien terminó haciendo la mayor parte de los envíos fue finalmente quien se convirtió en el principal ladero empresario del ex secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Hablamos de Ider Peretti, el ruralista K que fue también presidente de la CGE (Confederación General Económica) y condujo otras entidades creadas por Moreno.

Ver A pedido de Moreno, Ider Peretti se recibió de “experto en inventar sellos de goma”

Suele decirse que el acercamiento de Peretti al kirchnerismo se produjo a partir de este negocio de exportación de vaquillonas a Venezuela. En realidad, estas conversaciones con Caracas no lo tuvieron al principio como protagonista. La primera venta de vacas lecheras se produjo en febrero de 2005 y fue presenciada nada menos que por el mismísimo Hugo Chávez. Un año antes, en 2004, el presidente venezolano había sellado los primeros acuerdos comerciales con su par argentino, Néstor Kirchner.

El embarque de los primeros animales se realizó, en medio de un gran despliegue de funcionarios, en el puerto bonaerense de Dock Sud. La carga fue de 878 vaquillonas preñadas que se habían vendido a una cooperativa lechera bolivariana en un monto cercano a 1 millón de dólares. Según las versiones de aquella época, el promedio de la operación fue de 900 dólares por animal. Chávez, que ocupó un lugar preferencial a un lado de la manga por la que los animales ingresaban en las bodegas del buque Zebu Express, prometió en ese acto que muy pronto se iban a importar 2.000 animales adicionales.

Como se dijo, Peretti no tuvo nada que ver con aquel primer envío. Las vaquillonas fueron vendidas por el Centro de Inseminación Artificial La Elisa (Ciale), una empresa líder en el negocio de la genética bovina. Los animales provenían de Trenque Lauquen, Arrecifes y Capitán Sarmiento.

La exportación de animales en pie de razas lecheras era toda una novedad: no había registros de ellas en 50 años. Por eso, el hecho fue muy ponderado por los empresarios del sector ganadero. “Para la Argentina es muy importante, porque la capacidad de exportar genética de este tipo no tiene techo”, explicó al diario La Nación el presidente del Ciale, Ricardo Smith Estrada.

Pocos meses después, en noviembre de 2005, Venezuela hizo otro pedido: esta vez quería 1.500 animales, en una operación que representaría para el país negocios por 1,5 millones de dólares. La petición fue hecha por el ministro de Agricultura venezolano, Antonio Albarrán, al entonces subsecretario de Agricultura, Javier de Urquiza, y al presidente del Senasa, Jorge Amaya. Junto a Carlos Cheppi, titular del INTA y luego embajador en Venezuela, eran el tridente agropecuario que había hecho campaña para Néstor en la elección de 2003.

En agosto de 2006, la Argentina cumplía seis meses de su último foco de aftosa registrado en Corrientes, y en el Ciale se aprestaban a concretar esa segunda exportación a Venezuela. Jorge Cabezas, gerente de la empresa, señaló entonces a la prensa que se proyectaba el embarque de un segundo lote de 1.500 vaquillonas Holando, y que los animales serían provistos por unos 80 criadores de las diferentes cuencas lecheras.

En aquellas declaraciones, Cabezas indicó que el valor de cada vaquillona sería de entre 700 y 800 dólares. “No son animales de primer nivel sino vaquillonas buenas de rodeos generales, ya que buscan ejemplares de esas características por una cuestión de costos”, explicó. A la par de este negocio, Ciale comenzaba a explorar una segunda vía de negocios, que era la exportación de animales de la raza carnicera Brangus. Los contactos fueron confirmados entonces por la Asociación Argentina de Brangus.

Pero esas vetas de nuevos negocios para los ganaderos argentinos de buenas y primeras se abortó. Y a partir de allí los envíos a Venezuela fueron realizados con exclusividad por el entonces titular de la Sociedad Rural de Morteros. Para concretar estos envíos, Peretti trabajó a la par de su esposa, la abogada Daniela Borgogno, quien manejaba una firma dedicada a los remates de hacienda en esa cuenca lechera cordobesa.

Según surge de los archivos periodísticos, un segundo embarque se concretó en noviembre de 2006 y fue finalmente de 1.700 vaquillonas provenientes de la cuenca lechera de Morteros. Según Peretti, los animales se adaptaron tan bien a las condiciones climáticas y productivas de Venezuela, que “los amigos venezolanos nos visitaron nuevamente, llevándose 1.600 vaquillonas de primer nivel genético, de gran tamño y calidad en su mayoría preñadas”.

El tercer envío, por esas 1.600 vacas lecheras, se concretó en julio de 2007 y allí Peretti se mostraba exhultante, y hasta contaba a la prensa todos los detalles del negocio. Los animales fueron trasladadas en 26 camiones doble piso y 11 camiones simples desde Córdoba, bajo un riguroso operativo de seguridad. Ya en Buenos Aires fueron cargados sobre el buque Friesian Express, de bandera filipina, que partió rumbo al golfo de Maracaibo.

“La operación concretada por Sociedad Rural de Morteros, a través de las firmas consignatarias Daniela Borgogno y Cía SA y Ferias Grimaldi Santa Fe SA, les permite obtener un precio promedio de 800 dólares por vaquillona, involucrando a una importante cantidad de productores tamberos”, se informaba entonces. Las vacas se consiguieron en la zona de influencia de Peretti, que iba desde Selva, en Santiago del Estero; a Porteña y Marull, en Córdoba; y hasta Sunchales, en Santa Fe.

Luego no hubo más difusión pública de esos negocios, aunque se sospecha que podría haberse concretado algún otro envío. Lo cierto es que todo se cortó cuando en abril de 2010 el embajador argentino en Caracas, Eduardo Sadous, denunció la existencia de una “embajada paralela” y deslizó que funcionarios argentinos y venezolanos reclamaban suculentas coimas por el intercambio de productos. El embajador, que después terminaría procesado por falso testimonio (lo cual no es constancia de nada), indicó que los retornos podían ir del 15 al 20%. Y hasta mencionó a un tal Eduardo Cavanagh, un supuesto mintermediario que se habría quejado ante él porque algunos funcionarios lo habían dejado afuera del negocio de la exportación de vacas Holando Argentina.

En abril de 2010, luego de esas denuncias, el sitio La Política Online informó que entre 2006 y 2007 se realizaron en total cinco embarques de hacienda con destino a Venezuela. “La casa consignataria encargada de la mayor parte de las operaciones fue Daniel Borgogna SA, que pertenece al presidente de la Sociedad Rural de Morteros, Ider Peretti y a su esposa”, informaba el portal.

Según este artículo, una fuente cercana a dichas operaciones, que evitó identificarse, contó que “para poder exportar hacienda a Venezuela había que pagar una comisión de entre un 20 y 25%. Muchos no estaban de acuerdo y preferían no participar”. También apuntó la nota que cada una de las cinco operaciones que se llevaron a cabo representó un negocio de aproximadamente 3 millones de dólares.

“Las fuentes aseguraron que por cada animal vendido, el gobierno chavista pagó precios superiores a los valores de mercado. En ese momento, Venezuela abonó entre 750 y 800 dólares por animal, mientras que el precio ofrecido en la Argentina era en el mejor de los casos de 400 dólares”, informó LPO. Los tamberos, está a la vista, eran el pato de la boda.

Hasta aquí la historia de un negocio que siempre estuvo cargado de sospechas. Lo que sigue ahora es una copia del presupuesto que la propia Daniela Borgogno envió a la diplomacia bolivariana. La cotización de cada vaquillona de exportación es aquí muy superior a las cifras que se manejaban hasta ahora:

Como se verá en este presupuesto, el valor individual para la exportación de 1.600 vaquillonas presupuestado por Borgogno al señor Juan Carlos Giménez, el agregado comercial de la embajada venezolana en Buenos Aires en los últimos años, es de 2.660 dólares CIF, incluyendo los gastos del flete marítimo hasta Puerto Cabello y la alimentación de cada vaca a bordo durante los 14 o 15 días de traslado. Sin el flete (700 dólares), el valor por animal era de 1.960 dólares. En ese caso, la suma total de la operación sería de más de 3 millones de dólares.

En el mismo presupuesto, la esposa de quien con el correr del tiempo se transformaría en la mano derecha del secretario Moreno también le pone precio a los toros: 6.760 dólares por cada puro de pedigree y 4.760 dólares por los puros controlados.

La pregunta, a esta altura, es quién ordeñaba a quién.

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SanCor, Cresta Roja y la política berreta que solo parece demorar la historia http://wi631525.ferozo.com/sancor-cresta-roja-y-la-politica-berreta-que-solo-parece-demorar-la-historia/ Tue, 27 Mar 2018 19:44:41 +0000 http://bichosdecampo.com/?p=7787 Por Matías Longoni (@matiaslongoni).- ¿Qué tienen en común la cooperativa láctea SanCor y la avícola Cresta Roja? Son dos empresas alimenticias líderes de la Argentina, si. Ambas han caído en desgracia en los últimos tiempos, también. Así podríamos seguir largo rato, estableciendo paralelos entre una y otra. Pero el parecido que debe destacar por estas […]

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Por Matías Longoni (@matiaslongoni).-

¿Qué tienen en común la cooperativa láctea SanCor y la avícola Cresta Roja?

Son dos empresas alimenticias líderes de la Argentina, si. Ambas han caído en desgracia en los últimos tiempos, también. Así podríamos seguir largo rato, estableciendo paralelos entre una y otra.

Pero el parecido que debe destacar por estas horas es que ambas empresas están pasando a manos de grupos empresarios que hace bastante tiempo habían manifestado su interés por ellas. Es decir, terminan siendo absorbidas ahora, en 2018, por otras firmas que en su momento -varios años atrás- ya habían querido comprarlas y no pudieron hacerlo.

Este martes se confirmó, por un lado, que la cooperativa láctea SanCor (o mejor dicho, lo que queda de ella) convocó a sus asociados a una asamblea extraordinaria el 12 de abril para analizar y aprobar la venta de 90% de las acciones a la empresa agroindustrial Adecoagro. En esa asamblea se aprobaría la constitución de una nueva sociedad anónima a la cual se transferirán las plantas productivas, personal, centros logísticos y las marcas de SanCor y demás activos y pasivos vinculados a la oferta”. Luego Adecoagro desembolsaría, según fuentes extraoficiales, unos 120 millones de dólares para quedarse con el 90% de las acciones de la nueva firma.

Adecoagro, que fue fundada en 2002 con fondeo del magnate internacional George Soros, ya había hecho el intento de comprar la mayoría de SanCor a fines de 2006, cuando hizo una oferta para quedarse con el 67% del paquete accionario de la cooperativa láctea que, por aquel momento, vivía una grave crisis de endeudamiento que amenazaba llevarla a la quiebra.

Recordar: Página/12 : El rescate a SanCor llegó desde el Caribe

La política, en aquel momento, metió la cola. El ex presidente Néstor Kirchner consideró inadmisible que una entidad cooperativa del fuste de SanCor pudiera pasar a manos de un símbolo del capitalismo salvaje como Soros y recurrió a la ayuda que -en forma de petrodólares- le ofrecía su nuevo amigo, el presidente de Venezuela Hugo Chávez. La historia es conocida. Venezuela otorgó un generoso financiamiento por 80 millones de dólares a la láctea argentina, que se fue cancelando a lo largo de los años con envíos de leche en polvo hacia el país caribeño.

¿Qué sucedió desde entonces con SanCor? Jamás pudo remontar aquella crisis. Apenas la surfeó cuando comenzó  de a poco a desprenderse de varias de sus joyas y negocios más apreciados, como la fabricación de yogures y postres, que hace un par de años cedió a la aceitera Vicentin por 100 millones de dólares, o de sus famosas leches maternizadas. En el contexto del favorable acuerdo con Venezuela, además, muchos de sus gerentes acomodados hicieron la plancha y algunos hasta se enriquecieron, mientras el conjunto de productores lecheros se empobrecía. A la vez, nunca se pusieron en marcha políticas de reducción de costos. Y se acumularon nuevos pasivos, no solo con el sistema financiero y comercial sino especialmente con el Estado y sus propios trabajadores, a los que se les deben varios años de aportes.

La política local, finalmente, no logró salvar aquella cooperativa. Solo demoró la historia y agrandó el quebranto inicial. Doce años después de su primera oferta, Adecoagro (ya sin Soros) se quedará finalmente con la empresa láctea (que ya no es ni la sombra de la que era entonces).

En el caso de Cresta Roja la historia es bastante parecida. En las últimas horas, la jueza comercial Valeria Pérez Casado otorgó la “tenencia precaria ” de los bienes de la empresa avícola (la incubadora, las granjas y dos plantas de faena) a una firma llamada Wade SA, que pertenece al empresario Joaquín De Grazia, titular a la vez de la mayor avícola del mercado local, Granja Tres Arroyos.

Cuando estaba en manos de sus fundadores, los hermanos croatas Ivo y Milenko Rasic, la política vernácula cebó a Cresta Roja, por entonces la segunda mayor avícola del país, con 13% del total de la faena, a hacer lucrativos negocios con Venezuela, que luego terminaron complicándola cuando bajaron los precios del petróleo y el gobierno de Chávez y luego de Maduro comenzó a escamotear los pagos.

Rememoran los entendidos del negocio que en aquel momento De Grazia ofreció ayuda a los Rasic haciendo una oferta por una parte de la empresa, pero que éstos se negaron. Así llegó la convocatoria de acreedores en julio de 2014 y un primer salvajate a Rasic de parte del gobierno de Cristina Kirchner y Daniel Scioli, que inyectaron millonarios fondos a la avícola para que no se cayera y dejara en la calle a más de 3.500 trabajadores justo antes de las elecciones de octubre de 2015.

Con el macrismo en el poder, la política siguió metiendo mano en los asuntos de Cresta Roja, ya que el Gobierno empujó a un empresario “amigo” a hacerse cargo de las operaciones en febrero de 2016. Se trataba de Santiago Perea, que fundó un grupo llamado Proteinsa.

En octubre de ese mismo año, un envalentonado Perea ofertaba 121 millones de dólares para quedarse con la avícola en una subasta judicial. Con semejante oferta se impuso a un segundo grupo liderado por, sí, Granja Tres Arroyos, la empresa de De Grazia, que solo ofertó por 80 millones de dólares.

Se especuló entonces que, bendecido por la política, Perea compraba Cresta Roja solamente para ordenarla y revenderla al poderoso grupo Brasil Foods (BRF). Pero algo falló y a mediados de 2017 la compañía avícola rescatada por los sucesivos gobiernos volvía a ser un colador por donde se fugaban cientos de millones de pesos. Los más perjudicados, una vez más, fueron la AFIP y los trabajadores: muchos se quedaron sin trabajo y con indemnizaciones impagas, y a los que conservan el puesto ya les deben un salario completo y los aportes patronales de muchos meses.

Fue recién en febrero pasado que el gobierno parece haberse resignado y aceptó una nueva propuesta de Granja Tres Arroyos para hacerse cargo de la malograda Cresta Roja, no sin antes haber gastado sumas millonarias de recursos públicos en tratar de enderezar la empresa. De Grazia desembolsaría los mismos 80 millones que ofreció hace dos años.

Gracias a la política que supimos conseguir, en este caso el pase de manos se demoró unos 4 años, desde 2014 a la fecha. En el medio, lejos estuvo Cresta Roja de mejorar su situación. Todo lo contrario, se acumularon nuevas deudas, hay un nuevo concurso de acreedores, y quedó un enorme pasivo laboral. Granja Tres Arroyos absorbe ahora una empresa que es la sombre de lo que supo ser aquella gran avícola.

¿Qué tienen en común entonces la cooperativa láctea SanCor y la avícola Cresta Roja?

Que ambas son empresas de un país, la Argentina, donde la política berreta siempre prefiere estirar las agonías y congelar la historia en vez de enfrentarse con los verdaderos problemas.

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