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La entrada Martín Videla Dorna cuenta la experiencia de Villegas, el partido bonaerense que diseñó otra fórmula para convivir con los agroquímicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Martín Videla Dorna es un ingeniero agrónomo de Villegas, que se dedica también a las aplicaciones, y que fue protagonista central de una negociación para que ese partido tuviera las regulaciones más “amigables” con el sector agrícola. Es una isla en medio de una catarata normativa que está dejando miles de hectáreas productivas inundadas de prohibiciones para el uso de esos insumos.
Videla Dorna, que forma parte del centro de ingenieros agrónomos de General Villegas e integra el flamante colegio bonaerense de ese tipo de profesionales, contó a Bichos de Campo cómo funciona el sistema implementado por una ordenanza que se aplica desde hace algunas semanas. Incorpora además otras dos novedades: hay una zona buffer (de amortiguamiento) con una lista de productos prohibidos y donde es necesario contratar a un fiscalizador homologado por la provincia.
Mirá la entrevista con Martín Videla Dorna:
-¿Cómo es que Villegas se convirtió en el partido bonaerense con menso restricciones a los agroquímicos?
-Acá se trabajo durante tres o cuatro años con la gente del municipio, en un convenio de colaboración que ya fue una novedad porque colaborar no es algo muy común en la Provincia. Empezamos a trabajar con los concejales de todas las ramas políticas, con alguna grieta pero charlable. Aceptaron los parámetros técnicos que planteamos, los números y las investigaciones sobre el tema. Se dijo: “Así no podemos seguir”. La idea era lograr algo lógico, porque cuando hicimos las cuentas para aplicar restricciones (como las que hay en otros partidos), nos quedaban miles de hectáreas sin trabajar en Villegas.
-¿En algún momento se pensó en aplicar una prohibición como en otras zonas?
-El planteo de los opositores empezó con alrededor de los 100 metros, un numero manejable, pero el oficialismo quería cero metros. Se llegó a un punto intermedio de 40 metros para la franja de exclusión, en la que no se puede aplicar ningún tipo de agroquímicos en general.
-Es una franja mínima…
-Pero de ahí en más nace una franja o zona buffer que ronda entre los 300 y los 500 metros. Hicimos algo novedoso, que es no poner como límite una cantidad exacta de metros sino tomar el primer alambrado que surja a partir de los lotes, porque habíamos visto que cuando vos pones una franja fija a lo mejor te cae en la mitad de un lote. ¿Entonces que hay que poner? ¿Una bandera?
-En Pergamino hubo unos productores detenidos porque fumigaban y se pasaron unos metros el limite imaginario.
-Se pasaron 12 metros de la línea imaginaria. Y lo mismo pasó en Tandil ahora. Por eso decidimos que esa área buffer vaya variando, pero es de alrededor de 300 metros. Fuimos a una calle, a un alambrado, pero metemos el lote completo. Eso lo hizo la municipalidad, hizo planos que están disponibles por si un productor tiene que fumigar pueda fijarse si el campo esta dentro o afuera de la zona buffer.
-¿Y en esa zona de amortiguamiento qué condiciones se fijaron?
-En ese área se pueden usar productos de banda verde y azul (no los de banda roja, de mayor toxicidad). Pero en la ordenanza se introdujo otra novedad, que es que prohibimos algunos productos. Son los hormonales (2,4D y Dicamba) y atrazina. Los hormonales tienen el problema que gasifican en épocas de más temperatura, se subliman muy fácilmente y entonces se mueven como gas, y entonces no los podés manejar, porque no se mueven como una gota. La atrazina, porque sabemos que es un herbicida con mucho problema de llegada a las napas. También el Paraquat, que es un desecante de alta volatilidad, y el clorpirifos, que es un insecticida que volatiliza muy fácil y encima tiene un olor a huevo podrido importante. Yo creo que es un producto con los días contados en la Argentina, y de hecho ya está prohibido en muchos lugares.
-¿Y el productor no se queda sin alternativas para los tratamientos?
-No, y de hecho todos estos productos son viejos. Ninguno tiene menos de 25 o 30 años desde que se están usando en forma intensiva, y hoy están absolutamente reemplazados. Por supuesto que muchos de los productos que los reemplazan son más caros. Lo que sucede es que muchos de estos productos tienen la licencia vencida, se importan de China en tambores, los rebajan acá, los llevan a la concentración que corresponde y los venden muy barato. Una de las razones de la alta difusión de esos productos es el bajo precio. Es difícil pelear contra eso. Pero la única forma era reglamentarlo.
-Ya tienen la ordenanza. ¿Funciona? ¿Conviven bien los vecinos con el nuevo sistema?
-Esto empezó el mes pasado y por supuesto hubo llamados, gente enojada, gente que decía que no se puede, y cuando se reglamentó se dijo: ¿quién controla esto? El Municipio no está en condiciones de hacerlo, tiene dos o tres ingenieros agrónomos que están en otra cosa. Así que había que ofrecer el servicio de fiscalización a través del colegio de ingenieros agrónomos. Algunos ya hicimos el curso de fiscalizadores que da la Provincia, pero la idea es que todos lo hagan en el corto plazo.
-¿Cuál es el ro de ese fiscalizador?
-Ese fiscalizador tiene la obligación de estar presente el día en que se haga la pulverización en la zona buffer. Y tiene la obligación de controlar dos cosas. Las condiciones climáticas, que van a estar escritas en la receta agronómica, y si los productos que están recetados son los que corresponden.
-Suena a un agrónomo controlando a otro agrónomo…
-No es el ingeniero que hizo la receta sino otro. Eso generó alguna rispidez con algunos arrendatarios o la gente que siembra, porque hay que pagar esos honorarios, es un costo más. Pero es así o no podés sembrar. Si esto se hace con la receta y un profesional que controle, no puede salir mal. Quedan absolutamente claras las responsabilidades de cada uno. Los fiscalizadores son ingenieros agrónomos matriculados por el colegio y aceptados por la municipalidad de General Villegas. El tema agroquímicos está en boca de todo el mundo, todos el mundo opina. Esta es una forma de darle tranquilidad al vecino del periurbano y de brindarle seriedad a ese trabajo, que es controlar y demostrar que controlamos.
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]]>La entrada Los estudios de Alejandra, un informe del INTA y la necesidad de comenzar a estudiar la relación de los cultivos con las napas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Nos llamó la atención la coincidencia. Es que veníamos de conocer a Alejandra Maquiavelo, una agrónoma que trabaja en dicha experimental del INTA y que justamente tiene como principal objetivo de trabajo estudiar el comportamiento de las napas subterráneas de su zona de incumbencia (que incluye nada menos que algunos fenómenos muy particulares, como la Laguna La Picasa) y su vinculación con los cultivos que se siembran sobre ellas. Parece que no, pero ambas cosas están más relacionadas de lo que vulgarmente se supone.
Alejandra nos habló de la “agromodelación”, una especialización que en la Argentina casi no se conoce y que ella está estudiando junto a otros dos colegas agrónomos (Horacio Videla, del INTA Laboulaye; y José Corigliano , de la Universidad de Río Cuarto) mediante un intercambio con una universidad de Holanda, donde tienen una gran cultura sobre el manejo del agua. “La agro-hidrología combina el estudio de la hidrología con el componente de la producción, de los cultivos”, nos resumió.
Mirá la entrevista completa con Alejandra Machiavelo:
La tarea de Alejandra será clave en esa zona del sur de Córdoba y Santa Fe y norte de Buenos Aires, donde las napas han subido de los 4 metros de profundidad a solo 2 metros en promedio, y se han convertido en un factor clave para los rindes agrícolas, cuando hasta hace muy poro tiempo no tenían casi incidencia.
“Nosotros estamos en una zona donde, en los años donde la disponibilidad de agua de lluvia es restringida, las napas freáticas aportan y conforman gran parte del rendimiento. Entonces se ha vuelto muy importante estudiar y predecir cuánto va a ser el aporte de la napa y cuál va a ser el comportamiento”, nos explicó la técnica del INTA Villegas.
En coincidencia con lo que nos contaba Alejandra, el INTA Informa emitió un informe en el que se explica que “la agricultura actual requiere de una mirada sistémica e integrada que les permita a los productores tomar decisiones inteligentes en un contexto de alta variabilidad climática interanual”.
Pensando en un año Niña como el actual, en medio de un contexto de déficit hídrico, desde el INTA proponen adaptar la demanda agrícola a la variabilidad de la oferta de agua. “Esto requiere, como primer paso, conocer la variabilidad climática histórica de la zona y también el pronóstico a mediano plazo”, indicó Jorge Mercau, investigador del INTA San Luis y coordinador del Proyecto Disciplinar Interacción de Agroecosistemas y Napas freáticas.

Por un lado, señaló este investigador, “hay que tener en cuenta el agua que hay en dos metros de suelo para decisiones agrícolas, y la cercanía y calidad de la napa freática mediante freatímetros”. Esa información se usa para apoyar la decisión de incorporar o no un cultivo de servicio o cosecha en invierno, o sembrar más tarde o más temprano los de verano.
En esta línea, el INTA recomendó a los productores analizar cómo la variabilidad climática se transforma en variabilidad de rendimientos. “No alcanza con saber si va a llover más o menos, sino que siempre intentamos estimar si un cultivo va a rendir más o menos de acuerdo a la decisión que se tome”, ponderó Mercau.
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