“Más allá de sus éxitos productivos o sus novedades tecnológicas, el modelo agropecuario dominante en la zona pampeana posee una dinámica esencialmente excluyente y concentradora”. Esa es la principal conclusión de una extensa investigación sobre lo sucedido en el agro pampeano entre 2008 y 2018, es decir entre el duro conflicto por las retenciones móviles en tiempos del kirchnerismo y el reciente gobierno de Cambiemos, más cercano a los intereses empresarios del sector.
Esta investigación está contenida en un nuevo libro que acaba de ver la luz y se llama “Los números rojos de la Argentina Verde”. Lo escribieron tres profesionales vinculados al Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios (CIEA), que funciona en el ámbito de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA: Juan Manuel Villulla, Diego Fernández y Bruno Capdevielle.
“Este libro analiza la situación económica de las mayorías sociales del agro pampeano entre 2008 y 2018. Intentamos así un balance del período que vaya más allá de contabilizar toneladas de granos, rindes por hectárea o cabezas de ganado, y que apunte a lo que consideramos la verdadera medida del éxito de un modelo agrario: el bienestar de las personas que lo conforman. En otras palabras, entendemos que las metas productivas deben estar en función de la satisfacción de las necesidades de nuestra sociedad, y no volverse un fin en sí mismo ni, peor aún, un objetivo que se vuelva en su contra”, explican los autores en la introducción.
Para definir su universo bajo estudio, los autores se basan en el censo de población de 2010, que definía que los trabajadores asalariados constituían el 60% de las personas ocupadas en el sector agropecuario pampeano, y los trabajadores por cuenta propia y sus familias representaban otro 25%. “Entre ambos grupos sociales sumaban el 85% de la población económicamente activa del campo, contra un 15% compuesto de empleadores de distintas escalas”, se explicó.
Las conclusiones del estudio, o los “número rojos” del agro pampeano, es que la situación de esa mayoría de trabajadores de la comunidad agropecuaria no les fue tan bien como indican los números de incremento de la producción.
Según dijo Juan Manuel Villulla a Bichos de Campo hay muchos indicadores que confirman que, entre 2008 y 2018, la situación de esa mayoría silenciosa del campo ha empeorado, confirmando el caracter “excluyente” y “concentrador” de este periodo:
- Hubo una pérdida del 10% de los puestos de trabajo, tanto en agricultura como en ganadería (son 11.839 familias afectadas)
- Se produjo la desaparición del 30% de las explotaciones.
- Se registró un aumento del 40% de las toneladas cosechadas, de 20% del área sembrada y de 7% del stock ganadero, pero con un 10% menos de personal y 30% menos de explotaciones.
- Desaparecieron en promedio 3 productores por cada trabajador despedido.
- Medidos por hora, los salarios agrícolas estuvieron por debajo de la línea de pobreza entre 2008 y 2011, levantan entre 2012 y 2016, y vuelven a caer desde 2017 hasta quedar debajo de la línea de pobreza de nuevo este año, en 2019. Todo a pesar de las quitas de retenciones.
- En el caso de los salarios ganaderos, estuvieron por debajo de la línea de pobreza todo el período estudiado.
- La presión impositiva ha sido homogénea sobre pequeños productores y grandes, no estableciendo ninguna ventaja a los pequeños y medianos para competir contra las grandes escalas. El caso testigo son las retenciones.
- En este mismo sentido, creció la presión para el pago de Ganancias. La proporción de productores que pagan en la máxima categoría de este impuesto pasó de 2% en el año 2000, al 72% en 2017.
Todos estos datos, a juicio de Villulla y sus compañeros de investigación, confirman que el campo “durante el período analizado no sólo no ofreció un espacio de inserción real a distintos sectores postergados de la sociedad argentina para que se incorporen de un modo u otro a su universo productivo, sino que, además, tendió a expulsar grupos sociales que ya estaban insertos en el”.
El macrismo, supuesto aliado de los productores, vino a empeorar esta situación, según dicen los autores. “Durante los últimos cuatro años se ampliaron las asimetrías entre el capital y el trabajo, con un claro retroceso de este último, en cuanto a cómo se distribuyó la riqueza generada por el sector”, se explicó.
